Arquitectura Japonesa Contemporánea: Explorando la Fusión de Naturaleza y Espacio

En la cultura tradicional japonesa, la casa no puede entenderse sin su conexión con la naturaleza. Esta relación cualifica la configuración de la vivienda y el valor simbólico de ciertos elementos constructivos.

A principios del siglo XX, esta conexión se reflejó en los escritos de autores occidentales y japoneses, quienes contrastaron las apreciadas cualidades de la casa tradicional con los rápidos y sustanciales cambios que ocurrían en la cultura y arquitectura japonesas. A lo largo del siglo XX, la adopción de técnicas y lenguajes occidentales, junto con la búsqueda de un lenguaje propio, hizo que el interés por la casa y su relación con la naturaleza se alejara del foco arquitectónico principal. No fue hasta finales del siglo XX y principios del XXI que la importancia de esta relación fue reclamada nuevamente por diversos autores, quienes la situaron en el centro de las preocupaciones de diseño de algunas de sus obras. Estas actitudes pueden estar influenciadas por los ideales presentes en la tradición, pero sin imitar el referente.

El arquitecto japonés Junya Ishigami, nacido en 1974, es conocido por sus estructuras experimentales que interpretan la arquitectura tradicional, reflejando el fenómeno de la naturaleza a través de alusiones a bosques y nubes. Su propuesta para el pabellón Serpentine en Hyde Park, Londres, es un ejemplo de ello. El diseño de Ishigami, inspirado en los techos, consiste en una serie de láminas de pizarra que crean un dosel que parece emerger del suelo del parque. “La propuesta, que juega con nuestra perspectiva del entorno, enfatiza el sentimiento orgánico del césped”, declara el japonés, que trabajó como arquitecto en SANAA antes de fundar Junya Ishigami + Associates en 2004.

Pabellón Serpentine de Junya Ishigami

La comisión del Pabellón de la Serpentine, iniciada en el año 2000, ha sido encomendada a arquitectos de renombre como Frida Escobedo, Francis Keré, Bjarke Ingels, Sou Fujimoto, Herzog & de Meuron, Peter Zumthor, Jean Nouvel, Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa, entre otros.

La obra de Sou Fujimoto en Ishigaki fusiona arquitectura, paisaje y diseño interior en una experiencia sensorial única. El arquitecto japonés Sou Fujimoto diseña Earth, una villa vacacional en la isla de Ishigaki, como una extensión natural del paisaje. La villa, de forma circular y con cubierta ajardinada, se integra completamente en la topografía. Desde el interior, las vistas enmarcadas por grandes puertas correderas de vidrio permiten una experiencia inmersiva del mar y la vegetación tropical. Diseñada para alojar hasta 10 personas, el nivel superior alberga tres dormitorios, una sala de juegos y una zona de baño. Los materiales, principalmente hormigón visto, madera natural y vidrio, se utilizan con sobriedad para complementar y amplificar el paisaje. El espacio social se abre a una piscina infinita que sigue la curvatura de la edificación, reforzando la percepción de fluidez y movimiento. En la planta inferior, un gimnasio, un baño frío y una sauna se organizan en torno a un tragaluz situado bajo la piscina, creando juegos de luz que simulan estar bajo el agua. La vegetación en cubierta completa el diálogo entre interior y exterior.

Villa Earth de Sou Fujimoto en Ishigaki

Sou Fujimoto crea edificios inesperados, futuristas, ambiguos. Su arquitectura puede ser ambigua, aire y tierra al mismo tiempo. En la visión de Fujimoto, profundamente japonesa y a la vez occidental, une Oriente y Occidente en un equilibrado ying yang. Sigue una senda recorrida por maestros como Kenzo Tange, Arata Isozaki, Tadao Ando, Toyo Ito, Kazuyo Sejima.

“En la cultura asiática es bastante natural que los opuestos puedan crear una armonía. Imagino que de forma inconsciente la filosofía y la espiritualidad zen subyacen en mi obra y, en realidad, en la de todos los arquitectos japoneses”, explica Fujimoto. Ha proyectado el Pabellón Nicolas Ruinart, puro minimalismo de cristal frente a un emblemático edificio del siglo XVII. Este pabellón es una síntesis de su arquitectura, que se volverá colosal en la gran Expo Universal de Osaka 2025, cuyo master plan ha diseñado.

“Me inspiré en la identidad del champagne”, señala el arquitecto. “La fachada de cristal tiene un sutil degradado que va del blanco opaco a la transparencia total, como si fuese una burbuja dentro de una copa”. La forma curva del techo, que no llega a ser esférica, también remite a la forma de la burbuja. “La luz es otro material: crea el espacio. Desde fuera, la fachada tiene un aspecto muy elegante, pero cuando estás dentro y miras hacia la maison Ruinart tienes cierta sensación de ensoñación, como si flotara. Sientes que tú mismo estás dentro de una burbuja. O en medio de la niebla”, señala.

La piel blanca de su pabellón bebe del particular subsuelo de Ruinart, cuya bodega se despliega a casi 40 metros bajo tierra. Este laberinto de pasadizos es Patrimonio Mundial de la Unesco.

“Frente a la naturaleza y la tradición el ego de un arquitecto es minúsculo e inútil. O debería serlo”, defiende Fujimoto. “Hay que ser honesto con una historia y un paisaje tan maravillosos, porque siempre nos dan las inspiraciones.”

Su pabellón recuerda a su primera gran obra en Londres, el proyecto para la Serpentine Gallery en 2013: una delicada estructura de barras de acero, toda blanca, en la que el público podía trepar y sentarse a distintas alturas. Fue el arquitecto más joven seleccionado para el Serpentine Pavillion, que ya habían diseñado arquitectos como Zaha Hadid, Oscar Niemeyer, Rem Koolhaas o Alvaro Siza. “Me abrió muchas puertas en Europa”, admite Fujimoto, que en la última década se ha consolidado como uno de los grandes arquitectos japoneses.

Pabellón Serpentine 2013 de Sou Fujimoto

El secreto de la arquitectura japonesa reside en la armonía entre tradición y modernidad. “Una de las razones por las que la arquitectura japonesa es única se debe a que nuestra arquitectura tradicional, milenaria y hecha de madera, es completamente diferente a la moderna. Pero en el siglo XX, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, de repente la arquitectura occidental fue importada y causó mucho efecto y sorpresa”.

Tras los bombardeos de Tokio, los arquitectos experimentaron con nuevos códigos. “Kenzo Tange intentó mezclar la arquitectura occidental con la tradicional japonesa, unirlas. Ese fue un punto de inicio. Todos los arquitectos empezaron a pensar cómo podíamos entender un nuevo concepto de modernidad en el contexto japonés para luego armonizarlo con nuestra propia historia. En general, no hubo un conflicto o una imposición, sino una voluntad de armonía”, continúa Fujimoto.

“Si hay dos cosas diferentes frente a ti, tienes que ser innovador para mezclarlas”, dice, ejemplificando la creatividad histórica de los arquitectos japoneses. A partir de los años 90, ese estilo japonés se incorporó a la arquitectura global.

La estética japonesa se adentra en el enigma de la sombra, un concepto explorado por el escritor Junichiro Tanizaki en su obra "Elogio de la sombra". Fujimoto condensa esta atmósfera dual en sus obras, donde los límites entre exterior e interior se diluyen.

Fan de Gaudí, el descubrimiento de Antonio Gaudí resultó trascendental para Sou Fujimoto. “Cuando tenía 14 años, en la biblioteca de mi padre, encontré un libro de un tal Antonio Gaudí... ¡Fue mi primer encuentro con la arquitectura! Ahí empezó todo.”

La fascinación japonesa por Gaudí también ha marcado a arquitectos como Toyo Ito, quien apadrinó al joven Fujimoto y le fichó para el Pabellón de Japón de la Bienal de Venecia de 2012, premiado con el León de Oro.

“Todo empieza en la naturaleza. Crecí en Hokkaido, una isla al norte de Japón, con una vegetación muy salvaje. De niño me pasaba los días jugando en los bosques. Ese contexto es muy importante para mí. Cuando me mudé a Tokio para entrar en la universidad experimenté un shock: era todo lo contrario, una gran ciudad muy tecnológica y artificial. ¡Pero también me encanta esa cosa loca y superartificial! Porque la arquitectura es artificio, un artefacto construido por el hombre. Pero siempre intento ligarla a la naturaleza, como hacía Gaudí”.

Desde que fundara su estudio en el año 2000, la naturaleza ha estado presente en todos sus proyectos. Fujimoto empezó diseñando pequeñas casitas pensadas para encajar en el denso enjambre de los barrios tokiotas o para aislarse en una ladera. Todas ellas asombran: la House H es como un juego de matrioshkas acristaladas, la House N transgrede el concepto de casa-jardín, la Final Wooden House parece un puzle de tablas de cedro, un bungalow cual jenga gigante.

“La arquitectura permite crear lugares para la alegría de vivir y eso es algo maravilloso. A veces es como un juego físico, pero otras es como un juego mental. La arquitectura puede servir para abrir tu mente, hacerte sentir algo diferente, dar rienda suelta al potencial secreto de cada individuo”.

Si Le Corbusier tiene Villa Saboya o Frank Lloyd-Wright la Casa de la Cascada, el de Fujimoto podría ser cualquiera de sus primeras residencias. “Un icono no tiene por qué ser monumental, puede ser algo pequeño pero muy visionario. En mis días de joven arquitecto ese tipo de pensamiento era mi esperanza. En mis proyectos más modestos pensaba que podía crear el futuro”, reconoce.

La máxima que él mismo ha acuñado para definir su arquitectura es la de futuro primitivo: “Mi obra parte de una especie de situación primitiva que se relaciona con las cuevas, el habitáculo más antiguo de la humanidad: un espacio natural, inintencionado. Pero al mismo tiempo trato de crear algo nuevo para el futuro, un artefacto diseñado”.

Ese futuro es el lema de la Exposición Universal de Osaka 2025, Diseñando la sociedad del futuro, con un complejo master plan a cargo de Fujimoto. Se espera que más de 28 millones de personas pasen por la Expo, que reunirá a 153 países en la isla artificial de Yumeshima, en la bahía de Osaka, donde ya se está construyendo un colosal anillo de madera de 700 metros de diámetro. Esa gran estructura circular de 60.000 metros cuadrados estará coronada por un techo-jardín, como si fuese una ladera en la que podrán pasear los visitantes.

Master plan de la Expo Universal de Osaka 2025 por Sou Fujimoto

“Japón posee una larga tradición de construcción de madera. Pero en los últimos años se ha ido frenando por el encarecimiento de los materiales y sobre todo por las regulaciones contra los seísmos. Osaka es una oportunidad magnífica para ensayar nuevos sistemas y reintroducir la madera a escalas grandes”, sostiene el arquitecto, que desplegará la Expo en medio de su anillo, como si fuese un valle con los distintos pabellones nacionales.

“La Expo Universal es un evento muy complicado, que empezó en el siglo XIX y cobra un nuevo significado en el XXI. En estos tiempos de crisis y divisiones, el hecho de que tantos países se unan en un solo lugar es casi un milagro. Cada país muestra sus tradiciones, culturas, paisajes maravillosos, gastronomías... Por eso escogí la forma del círculo: una unidad formada por todas las diversidades. Los visitantes lo sentirán físicamente, porque la arquitectura puede transmitir esperanza”.

La arquitectura japonesa contemporánea ha sido el fruto de una particular coyuntura, que incluye la alta densidad de población, una economía moderna y eficiente, una larga historia y la permanente presencia de desastres bajo la forma de terremotos. En el siglo XXI, factores como el estancamiento económico, el envejecimiento de la población y desastres como el accidente nuclear de Fukushima han impuesto aún más presión sobre las bases socioeconómicas de la arquitectura japonesa.

La casa sigue siendo el más potente foco de creatividad. Las limitaciones de toda índole a las que deben hacer frente los arquitectos (normativas, económicas, espaciales…) resultan ser el mayor revulsivo para materializar planteamientos que escapan a cualquier definición tipológica al uso. La Casa en Kashiwa de Yamazaki Kentaro, articulada en torno al concepto de “contenedor”, es un neto ejemplo de una ductilidad máxima en el ámbito doméstico. Por su parte, la vivienda en Chiharada de Studio Velocity refleja cómo, a veces, es el arquitecto quien escoge ceñirse a una restricción -mantener esta casa próxima a una residencia principal- para dar lugar a una especie de ingenuo torreón en cuyo interior se busca no solo maximizar el espacio, sino también generar una peculiar vivencia fenomenológica a partir del juego con los niveles en que se disponen las diferentes dependencias.

Irse literalmente a las alturas es lo que sugiere Studio Velocity con su Office in Sanno, donde la cubierta se convierte en zona habitable.

Por el modo en que se aventuran a proponer ideas de particular audacia, llaman la atención la Casa-S de Yuusuke Karasawa y la Stairway House de Nendo. Con la transparencia como rasgo común entre ambas, la primera muestra un recorrido interior que se denomina “red de niveles complejos”. Si Studio Velocity planteaba una experiencia amable y ligada a la naturaleza, Karasawa toma como parámetro la tecnología digital para conseguir un lugar entrelazado, intrincado y sofisticado, reflejo del espíritu de la sociedad de la información de hoy en día, “en la cual se exige diversidad y orden al mismo tiempo”.

La Stairway House concreta sus funciones desde lo más tradicionalmente hogareño: la convivencia armónica, el vínculo con el jardín, la abundancia de sitio para la comodidad de las mascotas… Pero posee una incontestable fuerza en lo material y lo ideal gracias a esa pura escalera que constituye la columna vertebral, el cerebro y el alma de esta vivienda. Todo esto sin olvidar la conciencia de la relación con el entorno natural.

Caracterizada por una transparencia extrema y por haber sido edificada causando el menor impacto posible, Hiroshima Hut, de Suppose Design Office, se posiciona como una residencia que busca la vinculación armónica entre los habitantes y el paisaje -incluyendo los animales salvajes que viven en él-.

Trasladar la inspiración de la naturaleza a la ciudad es también la intención de Akihisa Hirata con Tree-Ness House. La imagen del árbol y sus ramas se manifiesta con una poética más nítida y atemporal en la estructura fractal que define el interior de la Capilla Agri, de Yu Momoeda Architecture Office.

Una potencialidad que explorar es justamente la que exhibe Junya Ishigami a través de propuestas como el pabellón para la Serpentine Gallery de 2019 o la plaza KAIT en el Instituto de Tecnología Kanagawa, donde la transparencia y la más depurada geometría exponen dos de las mejores virtudes de la construcción japonesa. Ishigami aboga por ampliar los límites, liberar la arquitectura mediante nuevas tipologías y crear un nuevo sentimiento en ella.

Plaza KAIT de Junya Ishigami

Desde su primera edición en 2000, los pabellones de verano que la Galería Serpentine presenta constituyen un singular escaparate mediático donde se funde el arte con la arquitectura. El pabellón de 2013, proyectado por el japonés Sou Fujimoto, es una pieza cuya tectónica ligera e imagen casi evanescente contrasta con propuestas anteriores. Inspirado en la forma inasible y proteica de las nubes, el edificio de Fujimoto es una suerte de bosque anisótropo compuesto por esbeltos perfiles de sección tubular, pintados de blanco, que se ensamblan formando un riguroso mecano que da lugar a áreas de mayor o menor densidad, dependiendo del programa.

El arquitecto japonés Junya Ishigami es un maestro en dar espacio a la atmósfera. Con sus proyectos lleva, paso a paso, la naturaleza del exterior al espacio interior o la integra en la construcción como «readymade». Su estudio, fundado en 2004, se encuentra en el sótano de una antigua discoteca en el barrio Roppongi de Tokio. A pesar de la falta de luz natural y vistas, el estudio ofrece espacio suficiente para trabajar, especialmente en los modelos tridimensionales que a menudo surgen de sus proyectos.

“Los arquitectos tenemos mucha fantasía e imaginación ambiental. Pero tiene razón. La situación del estudio podría ser mejor. Pero me consuela el que desde mi casa vea un pequeño edificio con mucho verde alrededor.”

En Japón, la relación entre las vistas del espacio interior y exterior siempre ha sido muy importante. En la arquitectura tradicional japonesa, originalmente no existía la ventana clásica. La casa tradicional consta de una estructura maestra y elementos de relleno, a veces fijos y a veces móviles, sólidos o translúcidos. Los espacios se separan mediante puertas correderas con papel de arroz, permitiendo modificar el tamaño, la función y la apertura de cada habitación. Es un juego dinámico con la luz y el espacio.

Las fachadas también se diseñan según esta idea de flexibilidad, con capas de revestimientos móviles y de diversa translucidez que crean diferentes ambientes lumínicos. La escenificación con transiciones suaves entre luz y sombra es una de las peculiaridades de los templos y jardines históricos japoneses.

El santuario Ise, en la prefectura de Mie, es uno de los edificios tradicionales que más admira Ishigami. El juego de capas abarca todas las edificaciones, y cada árbol, cada rama y hoja que se refleja en el papel de arroz aporta una dimensión más a la percepción del espacio. “Me fascina profundamente la manera en que la naturaleza influye en la arquitectura.”

Santuario Ise

“¡Sin duda! La arquitectura y la naturaleza se funden la una en la otra sin interrupción, se engranan y se vuelven una. Llegaría incluso a decir que la naturaleza en Japón no solo es el entorno, es un material de construcción inmaterial sin el cual la arquitectura japonesa es impensable.”

Sin embargo, Ishigami lamenta que esta interpretación histórica de la naturaleza como material arquitectónico se esté perdiendo. En lugar de fachadas complejas con límites abiertos y fluidos, surge una arquitectura de marcos rígidos. “Las fachadas complejas con diversas capas requieren, uno, una cierta profundidad y, dos, un cierto tamaño del espacio, para que esa escenificación estética sea perceptible de forma consciente. En tiempos en los que aumenta la población y suben los precios de los inmuebles, la superficie es un bien caro y, por eso, es cada vez más difícil pensar de forma generosa. Tenemos que conformarnos con soluciones eficientes.”

“Yo intento conservar la generosidad en el pensamiento y mi pensamiento crítico. Mi forma de proceder ha cambiado mucho en los últimos años. Antes me esforzaba por llevar la naturaleza, al interior de la casa de forma específica, con ventanas, con aberturas en el muro, con vistas creadas de forma consciente. Pero esto a menudo ya no es posible, puesto que muchos espacios vitales no tienen ningún contacto con la naturaleza, ni siquiera con la ciudad que los rodea. Mi oficina es el mejor ejemplo. Por eso he empezado a escenificar la naturaleza en los espacios interiores y crear así un cierto ambiente exterior.”

Lo hace incluyendo verde, materia viva, orgánica, en su arquitectura. En "House with Plants", para una joven familia de Tokio, erigió un montículo en medio del salón y creó sobre él un suelo de bosque con árboles y arbustos. Por otro lado, se sirve de componentes inorgánicos de la naturaleza, que recrea o utiliza como «readymades» arquitectónicos.

En Dari, en el suroeste de China, está planificando un conjunto de ocho casas de fin de semana. La naturaleza en ese paisaje presenta grandes piedras redondas, rocas erráticas de tres a cuatro metros de altura que andan por el bosque. Esas rocas se utilizan como apoyos y pilares para un techo de hormigón que flota sobre ellas. Alrededor, los edificios solo se acristalan.

“Sí, utilizo mucho vidrio, puesto que tiene muchas ventajas que otros materiales de construcción no tienen. Pero el vidrio no es más importante que la madera, el ladrillo, el acero o el hormigón. Simplemente es diferente.” Otro proyecto con un encanto arcaico es un restaurante en Yamaguchi, que recuerda a un sistema de cuevas creado artificialmente. La tierra se utilizó como encofrado para el hormigón, dejando la estructura de la tierra visible en la superficie.

“Creo que nuestro entendimiento de la arquitectura tiene que evolucionar permanentemente, puesto que las ciudades cambian y, con ellas, las condiciones vitales y las posibilidades de diseño. Cuanto más se relega la naturaleza, más atención tenemos que prestar a crear un cierto ambiente natural. Esta es mi apuesta arquitectónica.”

Muchos arquitectos, sobre todo en Japón, reaccionan a este cambio con la máxima transparencia, resultando en edificios totalmente acristalados, como la casa Na de Sou Fujimoto. “¡Una casa fantástica! Estos son planteamientos interesantes, que trabajan con la completa disolución de los límites entre el interior y el exterior, entre la privacidad y lo público. Para mí, personalmente, este concepto es demasiado duro. Yo prefiero una transición suave, compleja, como la conocemos de nuestra historia arquitectónica. Eso no significa que tengamos que utilizar necesariamente paredes de papel de arroz. También podemos trabajar con la luz, con la profundidad de los espacios, con ángulos de visión escenificados de forma consciente y con juegos de sombras...”

La increíble Plaza + Taller del Instituto Tecnológico de Kanagawa (KAIT) de Junya Ishigami

“El componente más importante en la arquitectura y la planificación urbana es la diversidad. Vivimos en un siglo de la densidad. Las ciudades son cada vez más grandes y están más densamente pobladas. Nuestra tarea es afrontar esa evolución de forma inteligente.”

“Con mi tipo de arquitectura quiero contribuir, al menos, mínimamente a mejorar y enriquecer el mundo. Con mis proyectos, quiero crear un pequeño mundo dentro del grande. Quiero agrandar el mundo.”

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