En el corazón de Konoha, bajo el peso de los errores pasados y la carga de la pérdida, Sasuke Uchiha se encontraba en una encrucijada de su existencia. Un anhelo profundo, casi irracional, de reconectar con aquellos que ya no estaban, lo consumía. La visita al cementerio se había convertido en un ritual doloroso, incapaz de calmar la sed de su alma. Sin embargo, la risa inocente de su hija Sarada, que torpemente caminaba a su lado, lo trajo de vuelta a la realidad. Ese día, la responsabilidad de cuidar a la pequeña recaía sobre él, ya que su esposa, Sakura, había sido llamada urgentemente al hospital para prestar su poder.
Sarada extrañaba a su madre, y para aliviar su pesar, Sasuke decidió dar un paseo. Eligió las afueras de la aldea, aún sintiéndose incómodo al caminar libremente por las calles de Konoha. Se dirigieron a un viejo muelle, gastado por el tiempo, el mismo lugar donde su padre le había enseñado el jutsu de fuego y lo había elogiado por primera y única vez. Sentado en la orilla, con Sarada a su lado, observó la decepción en su rostro infantil al no poder alcanzar el agua. Una libélula capturó su atención, y en su afán por alcanzarla, casi cayó al agua. "Sarada, no", la reprendió Sasuke, con la intención de no ser demasiado brusco, y la sentó entre sus piernas, permitiéndole seguir observando los insectos sin peligro.

De repente, una extraña luz blancuzca emergió del centro del lago. Sasuke se puso en alerta, su Rinnegan y Sharingan brillando, listos para la batalla. Pero no había presencia maligna alguna, solo él y Sarada. La luz, extrañamente atractiva, lo impulsó a investigar. Tomó a su hija, ajustó su chakra en las plantas de sus pies y caminó sobre el agua hasta el epicentro del destello. No había rastro de chakra, ni control, solo una manifestación natural que él, quizás paranoico, no podía ignorar. La luz se intensificó, cegándolo momentáneamente.
Cuando recuperó la visión, todo parecía normal. La luz había desaparecido, y el muelle lucía menos maltratado. Sin embargo, Sasuke, absorto en sus pensamientos sobre la cena, ignoró las sutiles anomalías. Al regresar al lugar donde debería estar su hogar, encontró una casa diferente, una que solo evocaba recuerdos de antaño. ¿Se había desmayado? ¿Estaban muriendo él y Sarada? Una voz masculina, que creyó no volver a escuchar, lo sacó de sus cavilaciones: "¿Quién es usted? ¿Qué hace frente de mi casa?".
Sarada lo observaba con curiosidad. Al girar la cabeza, se encontró con la imponente figura de su padre, Itachi, tan vivo y real que desmentía cualquier ilusión o genjutsu. A su lado, un niño de unos cinco o seis años. "Padre, Nii-san", susurró dolorosamente, sin ser escuchado. La voz de Fugaku interrumpió: "Exijo que me di...". Pero antes de que pudiera terminar, Mikoto apareció. Su expresión se desfiguró al ver a su madre sonreír, una imagen que permanecía nítida en sus recuerdos. Comprendió entonces que la luz lo había transportado al pasado, su anhelo cumplido de forma inesperada.

"¿Y tú quién eres?", interrogó Mikoto, reparando en su presencia. "Me recuerdas un poco a mí misma", comentó sonriendo. "Yo... No era capaz de articular palabra alguna, aún no era capaz de asimilar que estaba frente a su fallecida familia." "Eres un Uchiha", afirmó Itachi, señalando el símbolo en su espalda y la de Sarada. "Yo vengo de un lugar lejano", pudo responder al fin, "De un tiempo lejano", pensó amargamente.
Fugaku, escéptico ante la falta de equipaje del extraño, pero intrigado por su sonrisa, que le recordaba a Mikoto, añadió: "Oh, entonces debes estar cansado. ¿Te gustaría entrar un rato?". Sasuke meditó si decir la verdad, sabiendo que él aún no había nacido. "Sasuke", respondió amablemente. "¡Eh! ¡Tu nombre es igual al de nuestro bebé!", exclamó Mikoto emocionada. "¿Y ella?", preguntó acariciando la mejilla de Sarada. "Sarada", contestó.
Al entrar en lo que alguna vez fue su hogar, la familiaridad lo envolvió: el ruido de la cocina, el golpeteo de la rama del cerezo, el aroma de su infancia. Itachi entretenía a su yo infante mientras Mikoto preparaba la merienda. "Creo que ella también quiere ir a jugar", comentó Fugaku, observando a Sarada inquieta. Ser abuelo le brindaba una alegría inesperada. Se preguntaba si Sasuke era un buen padre, notando la forma en que miraba a Sarada, como si fuera el ser más hermoso del mundo.
"Es una niña preciosa", comentó Mikoto. "Se parece mucho a ti." "Ella tiene el encanto de su madre", argumentó Sasuke, pensando en la reacción de Sakura. Sarada, liberándose de su agarre, se acercó a los niños. "No es por querer ser imprudente, pero, ¿qué le pasó a tu brazo?", interrogó Mikoto. "Lo perdí en una batalla", respondió con simpleza. "Pareces ser un joven que ha sufrido mucho en su vida", expresó, colocando una mano en su mejilla. Aquel roce removió algo en su interior, el niño que necesitaba el abrazo de su madre. Quería abrazarla, pero ella aún no sabía que él era su hijo. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero fue Mikoto quien lo abrazó: "No tienes que contenerte, mi niño, sé perfectamente quién eres. Lo supe desde el primer momento en que te vi, cosa rara el instinto de una madre, ¿verdad?".
Sasuke se aferró a su madre, dejando que las emociones fluyeran. "Lamentamos haberte dejado solo, hijo", musitó Fugaku, dándole una palmada en la espalda. El abrazo se extendió a su padre. "¿Al menos fuimos capaces de verte convertirte en el hombre que eres?", sollozó Mikoto. Sasuke rehuyó su mirada. "¿Qué hay del resto del clan? ¿Tu hermano?", cuestionó Fugaku. "Sarada y yo...", tragó grueso, temeroso de la revelación. "...somos los únicos Uchiha que quedamos. Muchas cosas pasarán después del ataque del Kyūbi... Murieron cuando tenía ocho años", relató, obviando lo más importante. "Venganza por mi clan, ese fue mi objetivo después de ello. Cometí errores de los cuales quisiera olvidarme, traicioné a mi aldea en busca de poder. Herí a las personas que llegué a considerar mi familia en ese momento, mi mejor amigo, mi esposa Sakura sufrió mucho por mi culpa. A pesar de que intenté matarla, ella nunca perdió la convicción de sacarme de mi oscuridad. Me dio aquello que había perdido y que anhelaba tanto, una familia. Cada día lucho para que Sarada sea feliz y no tenga que cargar en sus hombros el peso de mis errores."
"Se nota que las amas", habló Mikoto conmovida. "¿Cómo es ella? Tu esposa." "Ella y yo nos conocimos en la Academia. Sakura no tenía un zorro encerrado en su interior, ni tampoco era una Uchiha. Solo una chica ordinaria, con una gran inteligencia y un excelente manejo de chakra", comenzó. "Lamento decir que yo la menospreciaba como ninja... era un mocoso arrogante... Pero cuando Naruto comenzó a superarme en poder, me frustré... Ella siempre me seguía, me coqueteaba... Pero estando en el equipo siete, las cosas cambiaron. Ella se sentía inútil... Sin embargo, yo estaba orgulloso de su habilidad para detectar genjutsu y su perfecto manejo del chakra... Una vez perdí la cabeza al verla herida y le quebré los brazos al tipo que lo hizo. Ese día la oscuridad en mi interior se incrementó y ella fue capaz de notarlo, quiso detenerme y lo consiguió."
"La última persona que vi antes de desertar de la aldea, fue a ella. Me pidió que me quedara con ella... me dijo que me amaba. A pesar de todo, la decisión ya estaba tomada, me iría para cumplir con mis objetivos. En ella iba encontrar todo lo que había perdido, pero en ese momento la venganza me pesaba más que nada. Le di las gracias por todo lo que me ofrecía y la dejé atrás... Años después sucedieron muchas cosas, descubrí la verdad detrás de la muerte del clan y me puse como meta destruir Konoha... Ataqué una cumbre de Kages... hirí en el trayecto a una compañera llamada Karin... Luego de ello, ella apareció ante mí. Me dijo que dejaría la aldea y que iría conmigo. Le dije que lo probara matando a Karin... Sakura fingió obedecer y cuando estaba por 'matar' a Karin, yo iba a matarla a ella por la espalda. Por fortuna nuestro sensei llegó a rescatarla. En algún momento de la pelea con él, ella aprovechó una distracción e intentó apuñalarme por la espalda, pero no pudo hacerlo y yo me aproveché de su debilidad para intentar matarla de nuevo, pero Naruto llegó a salvarla. Ella solo quería acabar con la oscuridad que estaba acabando con el ser humano que ella alguna vez conoció."
"La cuarta gran guerra ninja explotó por culpa de un Uchiha... Luché codo a codo con mi equipo, vi que ella se había convertido en alguien de temer. No pude evitar sonreír al verla destrozar todo con su puño. Pero de nuevo mi estupidez pudo más... Deseaba pelear con Naruto y matarlo. Ella intentó persuadirme y me declaró su amor de nuevo, pero solo le dije que era una molestia y la metí en un doloroso genjutsu. Luché contra Naruto a muerte, perdiendo mi brazo en el proceso. Pero él consiguió abrirme los ojos y me declaré el perdedor de nuestra disputa. Sakura llegó a curarnos, entonces le pedí perdón por todo y me gané su perdón. No me mandaron a prisión de por vida solo porque fue una pieza fundamental para la victoria del mundo shinobi. Decidí irme de viaje para reencontrarme conmigo mismo y me fui por dos años..."
los primeros ALUMNOS de SASUKE UCHIHA | Viaje de Redención
La historia continúa en un hospital, donde varios personajes se encuentran internados tras un incidente. La dinámica familiar y las relaciones entre ellos se revelan a través de diálogos cómicos y tensos. Seiki y Sakura tienen una conversación seria, mientras que en la sala de espera, la tensión entre Naruto y Sasuke es palpable, a pesar de su sarcasmo mutuo. La preocupación por los hijos y las relaciones amorosas ocupan un lugar central en sus interacciones.
Más tarde, en una escena que evoca la antigua rivalidad, Naruto, Sasuke e Itachi se embarcan en una misión para vigilar a Kushina y Sora, quienes están en una cita. La comedia surge de las interacciones entre los tres Uchiha y Naruto, sus planes fallidos y sus celos paternales. La película que ven es un telón de fondo para sus conversaciones y tensiones subyacentes.
En casa, Sakura y Sasuke discuten sobre el futuro de su familia. Mikoto, su hija, está emocionada por una obra de teatro escolar y la perspectiva de tener una sobrina. La conversación revela la profunda conexión de Sasuke con su familia, incluso cuando se enfrenta a las burlas y las advertencias de Sakura. La escena culmina con un tierno momento entre Sasuke y Mikoto, y una apasionada reconciliación entre Sasuke y Sakura.
Finalmente, Itachi regresa de un campamento con Kushina, Daisuke y Asahi, lo que genera sorpresa y celos en sus padres. Sakura revela información crucial sobre Sayaka, la cual alivia una gran carga para Itachi. La historia concluye con Sakura curando a Sasuke, mientras reflexiona sobre la peculiaridad de su relación y la profunda conexión que comparten.

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