La obediencia era una palabra que no describía a Mito en lo absoluto, pero sin embargo, debía hacerlo. Ella debía ser obediente a lo que decía su padre, él era el líder del Clan después de todo. Hacía todo lo posible por el bien del clan, creaba alianzas y las fortalecía, era muy bueno, pero Mito nunca creyó que le tocaría formar parte de esa forma en las alianzas. Ella era un kunoichi y una Uzumaki, un clan extremadamente poderoso.
La menor de tres hermanos, pero la única chica. Mito Uzumaki, a sus 16 años, estaba comprometida con un hombre que nunca había visto.
Había sido una mañana común: sus sirvientas abrieron la ventana de su habitación para que fuese el sol el que la levantara. Al no lograr su cometido, se arriesgaron a acercarse y que la pelirroja, la cual tenía un terrible humor digno de una Uzumaki, les gritara. Su madre se acercó y la levantó.
―Levántate, tu padre te necesita.
―Por Kami… ―dijo la adolescente ―Es que uno no puede dormir en paz ―se levantó y se dirigió al baño a darse una ducha. Después de salir, se puso un kimono, se ató su largo cabello rojo en dos moños y salió al salón en donde su padre la necesitaba.
―Pasa ―dijo una voz en el interior cuando ella tocó la puerta. Mito entró y notó enseguida que su padre no estaba solo, estaba con otro hombre de la misma edad que él, tenía el cabello largo y negro y una mirada dura. El símbolo del clan Senju brillaba en su placa.
―Buenos días, padre ―dijo Mito sentándose sobre sus rodillas enfrente de su padre.
―Buenos días, cariño. Éste es Butsuma Senju, líder del Clan Senju.
―Mucho gusto ―dijo Mito inclinando su cabeza en señal de respeto.
―Es muy bonita ―dijo Butsuma mirando de arriba abajo.
―Te dije que lo era, además será una buena mujer.
― ¿Qué pasa? ―dijo Mito, una de las cosas que más le irritaba es que hablaran de ella como si no estuviese.
―Mito ―dijo su padre ―Estamos a punto de crear una alianza con el Clan Senju.
―Eso es genial, padre ¿Por fin entraré en batalla? Mis hermanos estuvieron en la guerra y sé que puedo servirles de ayuda ―Butsuma miró con una ceja enarcada al líder del Clan Uzumaki― ¿Sus mujeres entran en batalla?
―Las que tienen el potencial de hacerlo. ―respondió su padre ―Mito tiene una increíble capacidad de crear sellos y también un fuerte almacenamiento de Chakra ―miró a su hija―Pero no, Mito, no estarás en batalla ―la adolescente hizo un mohín.
El patriarca del Clan miró al Senju.
― ¿Qué edad tienen tus hijos?
―Hashirama tiene 20 y Tobirama 18. Tú decides ―Mito no entendía a que venía el caso.
―Que sea Hashirama, es el heredero y si quieres forjar la alianza tiene que ser el heredero.
― ¿Alguien me quiere explicar de que están hablando y que tengo que ver yo en eso? ―dijo Mito
―Hija… Cuando se forman alianzas, se forman lazos, se intercambian conocimientos e incluso se emparejan para una descendencia fuerte. El trato en esta alianza es que mi única hija, o sea tú, debe contraer nupcias con uno de los hijos del Clan Senju, será Hashirama, ya que es el heredero ―Mito frunció el ceño, y olvidándose de todas las clases de comportamientos, de todo lo que le habían enseñado que tenía que comportarse en frente de un hombre, se levantó.
― ¿En qué estás pensando, papá? ―exclamó molesta ― ¡Tengo 16 años! ¿Desde cuándo se hacen matrimonios arreglados?
―Mito, siéntate ―dijo el Uzumaki con los dientes apretados, Mito se dio cuenta que su padre se estaba avergonzando. Mito se volvió a sentar sobre sus rodillas y bajó la mirada.
―Lo siento. No me quiero casar, padre.
―Lo harás.
―Es 4 años mayor que yo, además, no lo conozco.
―Hashirama está un poco ocupado en la creación de la aldea ―dijo el Senju ―Pero yo mismo hablaré con él para que esta tarde te venga a visitar y se conozcan ―Mito apretó los dientes― Puedes irte, hija ―Mito se levantó, se inclinó un poco y salió del salón. Su madre estaba afuera mirándola con algo parecido a la lástima.
―Cariño… ―ella le iba a tocar el rostro, pero Mito se apartó.
―No quiero hablar de eso ―y se alejó rumbo a su habitación.

El Primer Encuentro: Frialdad y Curiosidad
Tenía decidido entrar con ese sentimiento a la habitación en donde la esperaba su futuro esposo. Ella esperaba a un hombre frío y táctico como su padre. Había escuchado mucho sobre Hashirama Senju, un hombre por el cual muchas mujeres se morían, y ahora la envidiaban porque ella iba a tener el privilegio de dormir en su misma cama. El hombre era el dios de los Shinobi, tenía un increíble poder.
Mito entró en el salón y vio al hombre de cabello negro y largo sentado en el suelo con el codo apoyado en la mesita, apoyando su barbilla en la mano y jugando con el florero que había en el centro de la mesita con la otra. Como no se dio cuenta de la entrada de Mito, ésta aclaró su garganta. Hashirama enseguida la miró y se compuso, le dio una sonrisa. Mito, mantenía una mirada fría, la barbilla en alto y las manos dentro de las mangas de su kimono verde. Se sentó enfrente de él sin pronunciar palabra.
Permanecieron en un corto silencio en los que nada más se miraban, Mito notó que Hashirama tenía una mirada amable y una sonrisa encantadora. El Senju acercó su rostro al de ella, logrando que la Uzumaki se sonrojara levemente y se sintiera nerviosa.
― ¡Wow! ―dijo Hashirama cortando el silencio― ¡Un sello Yin! ―le tocó la frente en donde se situaba el diamante que había obtenido gracias a mucho esfuerzo―Dicen que para obtener uno hay que tener un increíble manejo de Chakra ―Mito, ya recuperada de la primera impresión le palmeó la mano que estaba acariciando su frente.
―Mi espacio personal, por favor ―Notándose avergonzado, Hashirama se apartó y se sentó formalmente.
―Lo siento ―Una pequeña sonrisa torcida apreció en los labios de Mito―Eres muy bonita ―dijo el Senju y eso la desubicó, no se lo esperaba.
―Me imagino que te sientes feliz ―dijo Mito recobrando a compostura ―No te hubiese gustado que te comprometieran con una fea ―Hashirama hizo una mueca.
―No soy así, de hecho, me vine a enterar que me comprometieron hace solo una hora. No me importa el físico de una mujer ―dijo el hombre encogiéndose de hombros. Mito frunció el ceño, odiar a este tipo sería difícil ―Entonces..."¡Vaya que es insistente!" pensó la Uzumaki "No le gusta el silencio"―… Tienes 16 años…―Sí.―No me imagino el tener que pasar por esto tan joven. Pasar el resto de tu adolescencia casada ―Mito sabía que la adolescencia del Shinobi la pasó en guerra, peleando constantemente con su mejor amigo.
―Es mejor que pasarla en guerra ―dijo tratando de ser simpática ―Me acostumbraré.
―Créeme que nada de esto fue idea mía.
―No te preocupes ―dijo negando con la cabeza ―Sé que no lo fue, pero ahora las alianzas de nuestros clanes están en nuestras manos ―se encogió de hombros ―No hay más nada que hacer.
―Me siento un poco mal.
―También estás impresionado. Que nuestros padres hayan tomado decisiones en nuestras vidas nos descolocó por completo. Es complicado el saber que te casarás y pasarás el resto de tu vida con un completo desconocido.
―Bueno, me alegra el saber que pasaré el resto de mi vida con una mujer amable ―Hashirama le dio una sonrisa encantadora. Mito sonrió, dándose cuenta que tal vez si iba a amar a su futuro esposo.

Un Amor que Florece
Sus encuentros fueron más frecuentes, Hashirama sacaba tiempo de la creación de la aldea para conocer mejor a su prometida. Mito conoció a su cuñado, así como sus hermanos conocieron al suyo, lo aprobaron, aunque no tenían más opción.
Poco a poco, Mito se fue encariñando más con Hashirama, notando como el hombre era atento y encantador, y a pesar de ser poderoso era, tal vez, un poco sumiso. Mito, sin darse cuenta, se terminó enamorando y esperando cada vez el día de la boda.
El día anterior de dicho matrimonio, estaba entrenando en el patio de su casa cuando Hashirama la encontró. Al shinobi le pareció increíble la forma en que su prometida peleaba, la kunoichi se movía con agilidad a pesar del largo del kimono que llevaba. Se asustó, en verdad, cuando de un solo golpe, un árbol cayó. Mito no sacudió la mano, no le había dolido.
― ¡Vaya fuerza brutal! ―exclamó y Mito se dio la vuelta, se colocó una mano en la cintura.
―Es lo más romántico que he escuchado en mi vida ―dijo soltando una risita.
―Lo siento, es que ¡Increíble! ¿Cómo lo hiciste?
―El sello yin ―dijo señalándose con orgullo el sello de su frente ―No es solamente una decoración, he creado una técnica que libera el Chakra acumulado en el sello a los puños. Lo llamé "Fuerza de un centenar". El Chakra que se acumula en los puños y se libera de un solo golpe, crea un impacto que hace que se vea la fuerza inmensa.
―Eso es increíble― ¿Por qué estás por aquí? Mi madre me dijo que era de mala suerte que los novios se viesen antes de la boda.
―Oh bueno, pasaba por aquí y quise pasar a saludarte ―Mito rió.
― ¿Cómo va tu aldea? ―dijo ella sentándose en el césped e invitando a su prometido a acompañarla.
―Bien, hemos terminado la academia, pronto, los niños que quieran ser ninjas podrán entrar a estudiar.
―Habrá niñas también ¿Verdad?
― ¡Claro! ¿Sabes? Tú serías una increíble profesora.
―No gracias, paso a eso.
―Escuché a nuestros padres hablar.
―Agh ―colocó los ojos en blanco ―Me imagino que están demasiado atareados sobre el tema de la boda. Mamá me dijo que esta noche debo probarme el kimono de nuevo, ya que le hizo unos arreglos.
―de hecho, los escuché hablar de otra cosa.
― ¿Qué cosa?
―Sobre que el próximo heredero debe ser varón ―Mito se colocó tan roja que combinaba con su cabello y bajó la mirada. No recordaba que se supone que debían consumir su amor la primera noche de bodas.
―Hashirama… No me siento preparada… Para… ya sabes ―el Shinobi también estaba un poco rojo. No iba a presionarla, claro que no, de hecho, él se sentía que era un aprovechador debido a que ella solo tenía 16 años y él 21 -Los acababa de cumplir-. Para Hashirama, quien ya se había enamorado completamente, aunque no lo crean, de su prometida, le seguía pareciendo una niña. Y sentía que no era correcto que durmieran juntos el primer día, él le iba a dar su espacio y su tiempo.
Notó que su prometida estaba nerviosa y la tomó de las manos.
―Hey, no te preocupes, no haremos nada ―Y le dio un casto beso en la frente, en donde estaba el sello yin, porque ni en los labios la había besado alguna vez.
―Gracias ―dijo ella con una sonrisa y cerrando los ojos disfrutando del contacto de los labios cálidos de su prometido con su piel, deseando, en sumergirse a la tentación de besarlo en los labios.
Amor y Compromiso
Los matrimonios de alianza eran pocos y, tal vez, debido a eso, eran los que más se llenaban. Sus sirvientas le estaban cepillando el cabello mientras su madre arreglaba un poco más el kimono blanco.
― ¿Estás nerviosa? ―preguntó su madre.
―Sí ―respondió ella cediendo su cabeza a donde una de las sirvientas le pedía para terminar el peinado.
―Sé que estarás nerviosa por tener que mudarte de nuestra aldea y quedarte aquí.
―Solo es otra aldea con otro nombre ―dijo Mito con una sonrisa―Me alegra que te lleves bien con Hashirama.
―Si no lo hubiese hecho igual me tendría que casar.
―Por eso me alegra que te agrade.
―me enamoré de él ―dijo Mito ―No sé qué hubiese pasado si papá me hubiese comprometido con su hermano.
―Tal vez te hubieses enamorado también de él o tal vez solo te agradaría.
―Listo, Mito-san ―dijo la sirvienta que la estaba peinando ―He terminado.
―Gracias ―dijo Mito. La sirvienta hizo una reverencia y salió.
― ¿Estás nerviosa por esta noche? ―preguntó su madre.
― ¿Qué pasará esta noche?
―Sabes lo que pasará.
―No haremos nada. No me siento lista y él no me va a presionar. Tengo solamente 16 años, mamá.
―Lo sé, y me alegra ―le dio un beso en la mejilla ―Te llevaste la suerte al encontrar a todo un caballero en tu futuro esposo ―Mito sonrió.
Los terrenos de la casa principal del Hokage eran bastante amplios, tanto que cabía todo el clan Uzumaki y todo el clan Senju quienes estaban presenciando la boda del Hokage y su mujer. De un lado, se podía ver nada más que rojo, todo el clan Uzumaki era una marea de cabello rojo, en cambio, en el lado del clan Senju se podía notar solo negro, unos cuantos castaños y un peli blanco. Hashirama estaba de pie enfrente de su padre, pues éste, era el que dirigiría la boda.
En cuanto la marcha nupcial comenzó, todos miraron al fondo para ver a la novia, en su fragante kimono blanco, entrando del brazo de su padre. Los ojos de Hashirama brillaron al verla, no se imaginó que en el corto tiempo que se conocieron se llegaron en verdad a tener afecto, un afecto muy fuerte que podría llamarse amor.
El padre la entregó al novio y se dirigió con el resto de su clan.
La ceremonia fue todo un éxito, las palabras se intercambiaron entre los novios y las dichas por el juez se sumergieron en la multitud.
Cuando le dijeron que ya podía besar a su esposa, Hashirama no sabía si hacerlo, claro que lo quería, pero no sabía si ella lo hacía.
No se imaginó, jamás, que la Uzumaki tomaría la delantera. Mito tomó el rostro de su ahora esposo entre sus manos y lo acercó al de ella dándole un dulce beso en los labios mientras la gente se levantaba aplaudiendo a la feliz pareja. Después de la primera impresión, Hashirama respondió al beso y se sumergieron aún más. Solo eran ellos dos. Solo importaban ellos dos.

Ternura y Confianza Mutua
Después de la larga fiesta, en el que más de uno salió borracho debido a tanto Sake, la pareja se dirigió a su hogar. Mientras Mito se quitaba en el baño de su habitación el kimono y se colocaba el pijama, Hashirama estaba sacando un futón y colocándolo en el suelo para dormir. Mito se sorprendió cuando vio la cama vacía y a su esposo en el suelo. Ella decía que no se sentía готова para entregarse, pero no quería decir que no podían compartir cama. Pero la adolescente no dijo nada y se acostó a dormir en la cama. Le provocó mucha ternura notar lo que Hashirama hacía por ella.
Fueron dos semanas que la pasaron así, ella durmiendo en la cama y él en el suelo.
―Duerme aquí ―dijo la Uzumaki una noche, Hashirama la miró y ella le sonrió palmeándole el otro lado de la cama. El Senju sonrió, besó dulcemente los labios de su mujer y se acostó, dándole el espacio necesario para ella dormir sin siquiera tocarse.
Así pasaron dos días, en los cuales cada uno dormía por su lado. Mito sabía que ella era la que tenía que tomar la iniciativa, ya que conocía muy bien a Hashirama para saber que él no la tomaría por miedo de verse pervertido o acosador, por miedo de hacerle daño o por miedo de que ella lo odiase por hacer algo que ella no quisiera.
Esa noche hacía frío, un frío tan intenso que te calaba los huesos. Por más sabanas que tuviese necesitaba más calor. Se dio la vuelta para ver la espalda gruesa de Hashirama y reuniendo todo el valor posible se acercó y lo abrazó por la espalda, metiendo sus manos heladas debajo de la camisa...
Uzumaki Mito: La Primera Jinchūriki
Uzumaki Mito es un personaje femenino del manga japonés "Naruto" y sus obras derivadas. Es la esposa del Primer Hokage, Senju Hashirama, y la abuela del Quinto Hokage, Tsunade. Poseía el poderoso chakra innato y la vitalidad tenaz del Clan Uzumaki, y era experta en el uso del Fuinjutsu. Después de la Batalla del Valle del Fin entre Senju Hashirama y Uchiha Madara, para ayudar a Hashirama, quien había obtenido al Kyūbi, Mito utilizó el Fuinjutsu para sellar al Kyūbi dentro de su propio cuerpo, convirtiéndose en la primera Jinchūriki del Kyūbi, y bajo la influencia del chakra del Kyūbi, adquirió la habilidad de Percepción de Malicia.
Personalidad
Fuerte de espíritu, gentil.
Otros nombres
Uzumaki Mito (traducción taiwanesa), Uzumaki Mido.
Familia
Clan Uzumaki, Clan Senju (después del matrimonio).
Identidad especial
Primera Jinchūriki del Kyūbi.
Aldea de pertenencia
Uzushiogakure (destruida) → Konohagakure.
Fue la primera Jinchūriki del Kyūbi de la Konohagakure y la esposa del Primer Hokage, Senju Hashirama. Era una kunoichi del Clan Uzumaki que albergaba al zorro demoníaco de nueve colas, Kyūbi, dentro de su cuerpo. Llegó a la Aldea Oculta de la Hoja para convertirse en la Jinchūriki y, sin importar cuán difícil o dolorosa fuera su vida, mantuvo la creencia de "amar la aldea, apoyar y proteger a sus seres queridos", dedicándose por completo a ello.
Tenía el cabello rojo característico del Clan Uzumaki, recogido en dos moños (odango). Llevaba una diadema similar a una corona en la cabeza, una marca púrpura en forma de diamante en la frente y adornos parecidos a talismanes colgando de sus dos moños. El Kyūbi es una acumulación de odio; debido a que es la criatura con los sentimientos más intensos, también puede experimentar mayor y más profundo dolor y odio, lo que le otorga una percepción aguda de la malicia (una habilidad de percepción ajena al sistema ninja).
El Clan Uzumaki
El Clan Uzumaki eran consanguíneos lejanos del Clan Senju, el cual desciende del segundo hijo del Rikudō Sennin, Ashura. Los miembros del clan eran expertos en el uso de una variedad de técnicas de Fūinjutsu. Uzumaki Ashina era el líder que dirigía al Clan Uzumaki. Gracias a su gran poder, fundó la Aldea Oculta del Remolino en el País del Remolino y se convirtió en su líder. Posteriormente, bajo su dirección, firmó un tratado de amistad con el Primer Hokage, Senju Hashirama. Para reflejar la amistad entre Konoha y el Clan Uzumaki, Konoha imprimió el símbolo del Clan Uzumaki en la parte posterior de los chalecos de los Chūnin. Estas dos aldeas mantenían una buena relación desde tiempos antiguos, proporcionándose cosas como técnicas de sellado entre sí. Sin embargo, debido al temor que otros clanes sentían hacia las técnicas de sellado del Clan Uzumaki, numerosos países y clanes lanzaron una invasión contra el País del Remolino, lo que resultó en su devastadora destrucción. Los miembros sobrevivientes del clan ocultaron sus identidades y se dispersaron por todo el mundo.
Uzumaki Mito llegó a Konoha para sellar al Kyūbi, convirtiéndose en la esposa del Primer Hokage, Senju Hashirama. Respecto al destino del Clan Uzumaki, más tarde Mito le dijo a Kushina: "Aunque el Clan Uzumaki ahora está disperso por todas partes y lo ha perdido todo... nos asimilamos con las corrientes de aire como los remolinos de la naturaleza, y como shinobis conocidos por nuestra vitalidad y técnicas de sellado, fuimos un clan famoso en todo el mundo... ese poder fue utilizado como alimento para la guerra, y también nos envilecimos con ello."
Durante la batalla en el Valle del Fin, Madara Uchiha usó su Mangekyō Sharingan para someter al Kyūbi y atacar Konoha. El Primer Hokage luchó contra él. En esa batalla, Mito ayudó a Hashirama a sellar al Kyūbi dentro de su propio cuerpo, convirtiéndose en la primera Jinchūriki del Kyūbi. Desde entonces, el Kyūbi también se convirtió en la Bestia con Cola de Konoha.
Cuando su fin estaba cerca, Uzumaki Kushina fue llevada a Konoha y se convirtió en la segunda Jinchūriki del Kyūbi. Su hijo, Uzumaki Naruto, se convertiría más tarde en la tercera Jinchūriki del Kyūbi. Durante la Cuarta Gran Guerra Ninja, Uchiha Madara, al enterarse de que el joven Jinchūriki del Kyūbi tenía el apellido Uzumaki, asumió que era un miembro del clan de Mito.
Cuando Uzumaki Kushina estaba cerca de dar a luz, el Tercer Hokage, Sarutobi Hiruzen, reveló: cuando una Jinchūriki femenina está embarazada, el Chakra utilizado para sellar al Kyūbi se transfiere gradualmente al niño en su vientre, y el sello estará en su punto más débil durante el parto. Esto indica que anteriormente, cuando Mito dio a luz, el sello del Kyūbi casi se liberó.
En los recuerdos de Kushina, cuando fue llevada a Konoha para prepararse para convertirse en el contenedor del Kyūbi, Mito la aconsejó con una sonrisa: "Fuimos traídas aquí como contenedores de las Bestias con Cola... pero antes de eso, debemos encontrar amor para llenarlo. De esta manera, incluso si tenemos que vivir como Jinchūriki del Kyūbi, podemos encontrar la felicidad...". Fue precisamente esta frase la que permitió a Kushina dejar de lado sus preocupaciones y enfrentar la vida con una actitud optimista, convirtiéndose finalmente en la nueva Jinchūriki.
