La Barcelona de los Tebeos: Un Viaje a Través de sus Páginas

Moltes mercès, alcaldessa. Bona tarda, bonsoir, buenas tardes y felices fiestas de la Mercè a todas las autoridades, a toda la gente sin autoridad y a todos los desautorizados en general.

Y felices fiestas de la Mercè a Barcelona, que este pasado diciembre ha sido nombrada por la UNESCO Ciudad de la literatura.

Y por tanto felices fiestas de la Mercè a las mujeres y a los hombres que se rascan el bolsillo y por eso leen libros de bolsillo, y que todavía leen periódicos de papel y revistas con grapas, cuentos de hadas, enciclopedias ilustradas, cómics de superhéroes y novelas gráficas, cartas de los bancos, fanzines, flyers de antros clandestinos, folletos y prospectos, fascículos coleccionables, panfletos redentores, opúsculos eruditos y mamotretos de amigos (éstos son los peores).

Que escriben por encargo o sin que nadie se lo pida, que publican lo que escriben o que se lo guardan para sí mismos, que luchan por publicar, y sienten que es una encerrona que no tiene salida, que traducen inmersos en el ritmo del teclado, que corrigen con las yemas de los dedos manchadas de tinta, que maquetan como los gatos, con un ratón en la mano.

Que editan en las mesas de los restaurantes y cuando eligen a la carta se refieren a la carta de despido, que van a la oficina del agente literario con gabardina de agente secreto, que cuando imprimen causan muy buena impresión, que encuadernan, que distribuyen...

Que fueron obligadas y obligados a prescindir de su nombre verdadero, y entonces se llamaron para la literatura nacida de Barcelona: Curtis Garland, Silver Kane, Frank Caudett, Peter Debry, Marcus Sidereo, Clark Carrados, Ralph Barby, Lou Carrigan, Mortimer Cody (estos dos son hermanos)... Nombres de gente de nuestra ciudad.

Y felices fiestas de la Mercè a las escritoras que no sólo fueron obligadas a renunciar a su propio nombre sino que además fueron condenadas a ocultar su condición de mujer, pues encima tenían que ponerse seudónimos masculinos. Eran escritoras de género en todos los sentidos. Mujeres de Barcelona que escribían novelas de ciencia ficción.

Ahora, los kioscos de las Ramblas apenas venden revistas, ni periódicos, ni mucho menos libros; no muestran lo que dice la ciudad, sino que enseñan una imagen tronada de la ciudad dentro de un llavero, o decorando un cenicero. Les llaman recuerdos, pero son lo primero que se olvida en las papeleras de los hoteles.

El kiosco ha sido la memoria del pueblo, el kiosco ha sido la librería del pobre, el kiosco ha tenido pegada a su chapa la autenticidad de la calle.

Felices fiestas de la Mercè al kiosco de plaza Castilla con Tallers, que mantuvo hasta que pudo el toldo con el logotipo de El Papus frente al edificio donde estaba la revista. Dejadnos reír en paz.

Barcelona, la ciudad de los kioscos y de los papeles pasajeros: l'Esquella de la Torratxa, El Be Negre, Mirador, Cairo, Star, Por Favor, Ajoblanco, El Viejo Topo, Mientras Tanto, Serra d'Or, Fotogramas, Casablanca, L'Avenç, Destino, Camp de l'Arpa, El Ciervo, Quimera, Archipiélago, Barrabás, Vibraciones, Rockdelux, Ruta 66 - Popular 1, Tretzevents, Cavall Fort, Mata Ratos, Lily, Mortadelo, Tío Vivo, Din Dan, Tele/Estel, Karma 7, Butifarra!, Interviú, Makoki, Cimoc, Creepy, Vampus, El Jueves, Super Pop..., Pulgarcito.

Felices fiestas al Gordito Relleno, que salía en el Pulgarcito. El Gordito Relleno representaba al buenazo metepatas. Otra manera de ser barcelonés.

Y felices fiestas de la Mercè a su creador, el barcelonés Josep Peñarroya, que nació en Forcall, Castellón. Peñarroya murió hace muchos años; pero se le pueden dejar unas flores o unos lápices de colores en el cementerio de Sant Andreu. Sobre la lápida tiene grabado el famoso recuadro con que firmaba sus páginas, y también hay una inscripción que dice: “Josep Peñarroya, Ninotaire”.

La cultura popular en Bruguera nacía de la explotación del trabajo y de la felicidad de la lectura. Como toda la cultura popular.

Felices fiestas de la Mercè a los ninotaires y dibujantes, a los hombres y mujeres que entintaron historietas, las colorearon y las rotularon dejándose la vista a cambio de un sueldo miserable, gente de Barcelona creando cultura popular.

Por ejemplo, la cultura popular de Bruguera, que recorrió la ciudad, y la bola del mundo entera, abordo de las furgonetas de reparto que bajaban por las laderas del Coll desde lo alto del barrio de Gràcia, donde tenía su sede.

La factoría Bruguera, buque insignia de la cultura popular barcelonesa, y buque insignia de la explotación del hombre por el hombre y de la lucha del creador por defender sus derechos de autor.

La cultura popular en Bruguera nacía de la explotación del trabajo y de la felicidad de la lectura. Como toda la cultura popular.

Felices fiestas de la Mercè a las guionistas y escritoras, y a los guionistas y escritores, como por ejemplo Víctor Mora, que fue el padre del Capitán Trueno, de Jabato, del Corsario de Hierro.

Antifranquista, comunista, exiliado, escritor, traductor, y toda esas cosas que sabe hacer la gente de Barcelona.

Felices fiestas a Escobar. Digo a Josep Escobar, que se crió en Granollers, y digo a Manolo Escobar, que se crió en Las Norias de Daza (un barrio de El Ejido); pero esto último no importa, porque, cuando lo hicieron, ambos eran muy pequeños. Dibujó, entre otros personajes, a Zipi y Zape, a Petra y a Carpanta, el pobre más hambriento del mundo, y no tiene ninguna estatua pero sí que le dedicaron una calle... en Granollers.

En Barcelona, Josep Escobar vivió en el barrio de Sant Gervasi, cerca de la parroquia de los santos Gervasio y Protasio, y por eso el amigo de Carpanta se llama Protasio. También hubiera estado bien que Carpanta se llamara Gervasio.

Dibujo de Carpanta pidiendo comida

Felices fiestas de la Mercè a la familia Cebolleta. Saldrán de los tebeos de Barcelona un montón de palabras que todo el mundo va a utilizar. Saldrán de Bruguera expresiones tan conocidas como: “contar batallitas igual que el abuelo Cebolleta”, que es lo que hacía ese personaje de Vázquez.

Manuel Vázquez, que, como su propio nombre indica, nació en Madrid, pero esto no importa porque cuando lo hizo era muy pequeño. Sin el gran Vázquez nos hubiéramos perdido en Barcelona ser legendarios en la parte canalla de los tebeos.

Bueno, luego vinieron los del Víbora. Nadie como ellos dibujó y contó la dureza de la Barcelona de los años ochenta. Al final, acabaron haciendo de cartelistas por toda la ciudad. ¡Ojo! Que no he dicho carteristas. Me refiero a que acabaron dibujando los carteles de las fiestas de la Mercè. El cartelismo es uno de los más bellos oficios del mundo.

Felices fiestas a la palabra tebeo en persona, que nació en un taller litográfico de la calle de Enric Granados. El año que viene se cumplirá el primer centenario de este gran acontecimiento.

Y por supuesto, feliz Mercè para la señora Rosa Segura, vecina del Guinardó, que fue secretaria de redacción de la revista TBO y que con mucho esfuerzo se autoeditó un libro con sus recuerdos, la memoria de aquellos dibujantes, de sus lectores, y de los suscriptores que llamaban a la redacción. Después, una pequeña editorial de aquí se lo rescató, y lo publicó con más medios y mayor distribución. Así es la gente de Barcelona.

Felices fiestas de la Mercè a José Cabrero Arnal, el dibujante que creó Pif, el perro más popular del cómic francés.

José Cabrero Arnal nació en Huesca, y de joven también fue vecino del Guinardó... hasta que estalló la guerra. Entonces defendió a la República, pero perdió, tuvo que huir y se convirtió en un refugiado, luego lo encerraron en el campo de exterminio de Mauthausen, y allí sobrevivió dibujando caricaturas pornográficas para sus guardianes nazis y cuando le liberaron pasó el resto de su vida en el exilio. Dibujar es algo muy serio.

Felices fiestas a la Familia Ulises. Una familia de abuela y perro, y con coche para ir de veraneo. Siempre gente de Barcelona. Pero es que Barcelona está hecha de su gente.

Portada de la Familia Ulises

Y felices fiestas a su creador el dibujante menorquín Marino Benejam.

Y, no faltaría más, feliz Mercè al señor Josep Maria Blanco, que continuó dibujando la Familia Ulises cuando se retiró Benejam, y que nunca quiso firmarla por respeto a su maestro. Este año Blanco, ha cumplido los 90, y fue galardonado con el Gran Premio del Saló del Còmic.

Toda Barcelona está metida en sus tebeos. Nos la han mostrado sus repartidores de furgoneta como Manolón conductor de camión, creación del dibujante Raf, otro señor de Barcelona, del barrio de Gràcia, de la calle Encarnació.

Los periodistas de Barcelona están en el repórter Tribulete de Cifré padre, y los señores con gafas y sombrero están en los dibujos de Cifré hijo, y las señoras de negro en doña Urraca de Jorge, y los señores de negro en las aventuras de Ot el bruixot de Picanyol, y sus guardias urbanos en las viñetas de Coll, y sus terrados en las viñetas de Ibáñez, y sus bares populares en la taberna galáctica de Beà, y los cuñados holgazanes y los solterones de mucho porte en Segura, y las chicas modernas con tocadiscos en Nadal, que ha muerto este año, y las pollerías y hueverías, en el sentido raro de la palabra, en Anarcoma de Nazario, y el mogollón de la gente en las multitudes de Opisso.

Gente de Barcelona buscándose la vida y metiéndose en líos, porque a la ciudad se viene a eso y no a estarse quieto. Podremos estar parados, pero nunca quietos.

Barcelona lo ha sido todo: desierto y Avenida de la Luz, rosa de fuego y llanto de pasión, la piel fría y la piel quemada.

Y si no, que le pregunten al inquieto Onofre Bouvila por qué vino a la ciudad de los prodigios.

Barcelona es una ciudad escrita con la caligrafía de los sueños, con las letras que salen del humo de las fábricas, tallada con diamante en cada una de sus plazas sobre las que vuelan los pájaros de Bangkok. En cada pensión de la ciudad, un Sinatra ha derramado whisky sobre su amigo muerto.

Felices fiestas de la Mercè a la Barcelona con garras de astracán. A los reyes olvidados en la primera memoria. A los bardos en sus taifas. Barcelona inmersa para siempre en el tiempo de las cerezas, en las baladas del dulce Jim. Por todas las calles de Barcelona se ha bailado la conga que lleva al triunfo. Barcelona, ciudad de caballitos y de mamíferos.

Barcelona es la ciudad de los libros. Los libros reclamando su derecho eterno a la lectura en los puestos del mercado de Sant Antoni o amontonados en el suelo de los Encants.

Barcelona es una ciudad donde las editoriales nunca mueren. Como la vieja Montaner i Simon, cuya sede acabó convertida en sede de la Fundació Tàpies igual que un rayo que no cesa.

Barcelona, acantilado de la edición contra el que van a romper generaciones de lectores, oleada a oleada.

Leer en Barcelona es de pobres. Los salones de lectura en las noches de Barcelona, la tele encendida mientras los compañeros del metal afinaban su heavy metal en los barrios, y los compañeros de la madera nos contemplaban desde la otra acera de Via Laietana. Barcelona layetana, país de los lacetas con un zoo de papel infantil en el corazón del barrio chino.

Gente de Barcelona buscándose la vida y metiéndose en líos, porque a la ciudad se viene a eso y no a estarse quieto. Podremos estar parados, pero nunca quietos.

Felices fiestas de la Mercè a las piedras de la calle Llibreteria. Barcelona es una ciudad de libros desde el principio de su historia, por eso, en su antiguo casco gótico, una calle lleva el nombre de esta pasión congénita.

Y también felices fiestas a la calle del Call, en la vieja judería, donde estuvo la imprenta de Sebastià de Cormellas, que es la que dicen que inspiró a Cervantes para escribir el encuentro de don Quijote con el impresor barcelonés.

Y felices fiestas a los sabios, al profesor Martí de Riquer afirmando muy serio que no hay más cera que la que arde.

Ilustración de Don Quijote en una imprenta

Cervantes ardiendo en la noche de la escritura con la frente descansando sobre su mano.

El encuentro entre don Quijote y su impresor tuvo lugar, cuenta Cervantes, cuando paseando por las calles de la ciudad: “alzó los ojos don Quijote y vio escrito sobre una puerta, con letras muy grandes: Aquí se imprimen libros”.

Pero ¿qué explica Cervantes que se encontró el buen hidalgo manchego en dicha imprenta de Barcelona? Pues ¡que estaban imprimiendo una edición pirata de sus andanzas! Siempre ha sido así. La piratería. Los piratas.

Barcelona, ciudad de piratas asaltada desde el aire por un tropel de ondas pirata.

Es una ciudad de libros desde el principio de su historia, por eso, en su antiguo casco gótico, una calle lleva el nombre de esta pasión congénita.

Feliz Mercè a Radio PICA, a Ona Lliure, a La Veu Impertinent de la Verneda, a Radio Bronka, a Contrabanda... Los escritores y los locutores son gente de voz y de palabra. Barcelona, ciudad de cerca de tres millones de voces, que corean “¡Van a por nosotros!” citando a los clásicos polipoéticos.

Felices fiestas a la voces de la calle y a los altavoces de los cines retumbando en la oscuridad. A la voz inmortal de Constantino Romero vibrándonos en el pecho, haciéndonos sentir como un Clint Eastwood, o como un replicante en la lluvia o como un Darth Vader que va a volver en metro a su galaxia.

Una voz doblada es una voz de reestreno. En Barcelona hemos sido en los barrios carne de reestreno. Constantino Romero, otro señor de Barcelona, que nació en Albacete, pero esto no importa porque cuando lo hizo era muy pequeño.

Constantino Romero nos fue arrebatado por la ELA, una de las más terribles enfermedades. Las llaman enfermedades raras, pero lo raro es la falta de ayudas a quienes las sufren.

La voz de los cines llegando desde el más allá hasta nuestras vidas de sesión continua. La sesión continua de vivir en los barrios de Barcelona.

La gente de los bloques, la gente de los túneles, la gente de las plazas. La gente de los barrios construyendo el Estado de bienestar con sus propias manos porque para algo eran mano de obra.

Felices fiestas de la Mercè a todos ellos. Obreras y obreros, modestos comerciantes, maestros de escuela... Mujeres y hombres convirtiendo un descampado en un ambulatorio con la fuerza de la lu...

La aventura número 200 de Mortadelo y Filemón, publicada hace quince días con extraordinario éxito, me ha hecho recordar el papel que jugaron los tebeos en lo que somos y particularmente esos dos personajes. Leer esos tebeos fueron la puerta al placer de la lectura, la proa del rompehielos para vencer la resistencia del niño a leer. Tres en uno: lectura ávida, imaginación a raudales y humor gamberro.

Ahora la cultura es la del videojuego, lo visual, lo rápido y ruidoso.

Creo que los tebeos eran nuestra enseñanza “virtual” pues nuestra “Tabla” consistía en una revistilla de papel con viñetas coloreadas, personajes extremos y bocadillos para hablar.

El resultado, al menos por lo que a mi respecta, era muy beneficioso.

Mortadelo y Filemón eran la estrella (“el gordo y el flaco” a la española). Me hacían viajar y me hacían asumir la versatilidad camaleónica del ser humano (disfraces instantáneos de Mortadelo), la virtud de la paciencia (Filemón ante los desastres de Mortadelo), la generosidad de conceder oportunidades para rectificar (el jefe de Mortadelo y Filemón), los peligros de la ciencia y científicos (un profesor Bacterio único), la supervivencia en el mundo hostil (sobrevivían de caídas, explosiones, etc), demostraban lo que son las organizaciones (por cierto, las siglas de la T.I.A.

Viñeta de Mortadelo y Filemón

Creo que Mortadelo y Filemón, nacidos en 1958 de la mano del fénix de los ingenios, Ibañez, y con vida en 2015 con ese reciente volumen titulado “El tesorero”, cuentan con méritos para ser declarados Patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco.

Así que conservo cajas en el trastero con miles de tebeos y no puedo dejar de mirarlas como quien se asoma al panteón donde reposan buenos amigos.

Yo haría un homenaje a todos aquellos dibujantes e historietistas que se dedicaron (y algunos de ellos todavía están ahí, dale que te pego) a hacernos pasar ratos tan divertidos.

De aquella enorme cantidad de tebeos que tuve de DDT, Tio Vivo, Pulgarcito, etc, solo pude rescatar de la humedad y los ratones unos pocos, pero los suficientes como para encuadernarlos en dos volúmenes, por fechas. He aquí otros, de tapas más duras, de la Colección Olé.

Pero si Mortadelo y Filemón ya me parecen buenísimos, compiten con otros excelentes personajes del mismo historietista: Francisco Ibáñez. Rompetechos, por ejemplo.

Recientemente descubrí una nueva y atractiva colección: Clásicos del Humor, de RBA Coleccionables, y ocurrió que al dejarme llevar por la nostalgia de aquellos tiempos leyendo historietas, el niño que llevo dentro se asomó y empezó a lloriquear que quería alguno de aquellos volúmenes. Y es que me lo paso pipa. ¡Sólo me faltan las chuches de Don Manolo!

Puntos Academias Aulas Universitarias Salas de Museos
31 X
37 X
39 X
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Fernando Muñíz y Javier Pérez Andujar. estación de tránsito. es natural, con Eduardo Mendoza, Vázquez Montalbán o Ana María Matute. particular se llega a lo común, de la anécdota se extrae el sentir colectivo. calles y plazas; pero, sobre todo, es las gentes que desaguan en ellas. haciéndonos soñar con ellos. crédito merecido, y así pasan y se desvanecen en un silencio humilde.

Y felices fiestas de la Mercè a las escritoras y escritores que tuvieron que renunciar a su identidad para poder publicar esas novelas populares.

Y felices fiestas de la Mercè a las escritoras que no sólo fueron obligadas a renunciar a su propio nombre sino que además fueron condenadas a ocultar su condición de mujer, pues encima tenían que ponerse seudónimos masculinos. Mujeres de Barcelona que escribían novelas de ciencia ficción.

Ahora, los pocos kioscos que han sobrevivido al cambio climático (el único cambio real que se ha producido en los últimos tiempos) van cayendo uno a uno.

Ahora, los kioscos de las Ramblas apenas venden revistas, ni periódicos, ni mucho menos libros; no muestran lo que dice la ciudad, sino que enseñan una imagen tronada de la ciudad dentro de un llavero, o decorando un cenicero.

Felices fiestas de la Mercè al kiosco de plaza Castilla con Tallers, que mantuvo hasta que pudo el toldo con el logotipo de 'El Papus' frente al edificio donde estaba la revista.

Aquellos dibujantes satíricos, Ivá, Já, Usero, l’Avi, Óscar, Gin..., el equipo de 'El Papus' haciendo humor político y neurasténico a todo trapo y la bomba que les puso la ultraderecha y que se llevó la vida de un conserje.

Felices fiestas al Gordito Relleno, que salía en el 'Pulgarcito'. El Gordito Relleno representaba al buenazo metepatas.

Peñarroya murió hace muchos años; pero se le pueden dejar unas flores o unos lápices de colores en el cementerio de Sant Andreu.

La cultura popular en Bruguera nacía de la explotación del trabajo y de la felicidad de la lectura.

Felices fiestas a Escobar. Digo a Josep Escobar, que se crió en Granollers, y digo a Manolo Escobar, que se crió en Las Norias de Daza (un barrio de El Ejido); pero esto último no importa, porque, cuando lo hicieron, ambos eran muy pequeños. Por su parte, Josep Escobar llegó sin nada de una guerra y de sus cárceles, y también se hizo millonario, pero de lectores.

Dibujó, entre otros personajes, a Zipi y Zape, a Petra y a Carpanta, el pobre más hambriento del mundo, y no tiene ninguna estatua pero sí que le dedicaron una calle...

En Barcelona, Josep Escobar vivió en el barrio de Sant Gervasi, cerca de la parroquia de los santos Gervasio y Protasio, y por eso el amigo de Carpanta se llama Protasio.

Felices fiestas de la Mercè a la familia Cebolleta.

Saldrán de los tebeos de Barcelona un montón de palabras que todo el mundo va a utilizar.

Manuel Vázquez, que, como su propio nombre indica, nació en Madrid, pero esto no importa porque cuando lo hizo era muy pequeño.

Bueno, luego vinieron los del Víbora. Nadie como ellos dibujó y contó la dureza de la Barcelona de los años ochenta. Al final, acabaron haciendo de cartelistas por toda la ciudad. ¡Ojo! Que no he dicho carteristas. Me refiero a que acabaron dibujando los carteles de las fiestas de la Mercè.

Felices fiestas a la palabra tebeo en persona, que nació en un taller litográfico de la calle de Enric Granados. El año que viene se cumplirá el primer centenario de este gran acontecimiento.

Y por supuesto, feliz Mercè para la señora Rosa Segura, vecina del Guinardó, que fue secretaria de redacción de la revista TBO y que con mucho esfuerzo se autoeditó un libro con sus recuerdos, la memoria de aquellos dibujantes, de sus lectores, y de los suscriptores que llamaban a la redacción. Después, una pequeña editorial de aquí se lo rescató, y lo publicó con más medios y mayor distribución.

Felices fiestas de la Mercè a José Cabrero Arnal, el dibujante que creó Pif, el perro más popular del cómic francés.

José Cabrero Arnal nació en Huesca, y de joven también fue vecino del Guinardó... Entonces defendió a la República, pero perdió, tuvo que huir y se convirtió en un refugiado, luego lo encerraron en el campo de exterminio de Mauthausen, y allí sobrevivió dibujando caricaturas pornográficas para sus guardianes nazis y cuando le liberaron pasó el resto de su vida en el exilio.

Felices fiestas a la Familia Ulises. Una familia de abuela y perro, y con coche para ir de veraneo. Siempre gente de Barcelona.

Y, no faltaría más, feliz Mercè al señor Josep Maria Blanco, que continuó dibujando la Familia Ulises cuando se retiró Benejam, y que nunca quiso firmarla por respeto a su maestro. Este año Blanco, ha cumplido los 90, y fue galardonado con el Gran Premio del Saló del Còmic.

Toda Barcelona está metida en sus tebeos.

Gente de Barcelona buscándose la vida y metiéndose en líos, porque a la ciudad se viene a eso y no a estarse quieto.

Barcelona es una ciudad escrita con la caligrafía de los sueños, con las letras que salen del humo de las fábricas, tallada con diamante en cada una de sus plazas sobre las que vuelan los pájaros de Bangkok.

Felices fiestas de la Mercè a la Barcelona con garras de astracán. A los reyes olvidados en la primera memoria. A los bardos en sus taifas. Barcelona inmersa para siempre en el tiempo de las cerezas, en las baladas del dulce Jim. Por todas las calles de Barcelona se ha bailado la conga que lleva al triunfo.

Barcelona es la ciudad de los libros.

Barcelona es una ciudad donde las editoriales nunca mueren. Como la vieja Montaner i Simon, cuya sede acabó convertida en sede de la Fundació Tàpies igual que un rayo que no cesa.

Leer en Barcelona es de pobres. Los salones de lectura en las noches de Barcelona, la tele encendida mientras los compañeros del metal afinaban su 'heavy metal' en los barrios, y los compañeros de la madera nos contemplaban desde la otra acera de Via Laietana.

Felices fiestas de la Mercè a las piedras de la calle Llibreteria.

Pero ¿qué explica Cervantes que se encontró el buen hidalgo manchego en dicha imprenta de Barcelona? Pues ¡que estaban imprimiendo una edición pirata de sus andanzas! Siempre ha sido así. La piratería.

Feliz Mercè a Radio PICA, a Ona Lliure, a La Veu Impertinent de la Verneda, a Radio Bronka, a Contrabanda... Los escritores y los locutores son gente de voz y de palabra.

Felices fiestas a la voces de la calle y a los altavoces de los cines retumbando en la oscuridad.

Una voz doblada es una voz de reestreno. En Barcelona hemos sido en los barrios carne de reestreno.

Constantino Romero nos fue arrebatado por la ELA, una de las más terribles enfermedades. Las llaman enfermedades raras, pero lo raro es la falta de ayuda para luchar contra ellas.

La voz de los cines llegando desde el más allá hasta nuestras vidas de sesión continua.

Los bloques, los túneles, las plazas. La gente de los barrios construyendo el estado de bienestar con sus propias manos porque para algo eran mano de obra.

Obreras y obreros, modestos comerciantes, maestros de escuela... Trabajadoras y trabajadores, la gente de Barcelona que tras agotarse en las cadenas de montaje, en el rugir de las fábricas..., sacaba fuerzas de su propia pobreza para convertir la vida en democracia.

Las obreras y los obreros de Barcelona cuando alzaban el puño levantaban el bocata porque uno es sólo lo que es. Su manera de andar, su trabajo, su bocadillo.

Felices fiestas a los perros callejeros de Barcelona. A la banda de los Correa, a la banda de los Cadenas. A la Barcelona sin suerte, sin derecho a la suerte.

Felices fiestas de la Mercè a las chavalas y los chavales que se despellejaron vivos para que Barcelona fuese también una ciudad punk, y ahora el punk es un reclamo para exposiciones, y ellos viven (los que aún quedan) a la sombra de una historia, la suya propia, de la que se les ha expulsado.

El rock and roll de los barrios. La calle de Manuel Fernández Márquez, que atraviesa todo el litoral de Sant Adrià de Besòs frente a la fábrica donde fue asesinado por el franquismo.

El Llobregat. El Besòs. La Barcelona de los ríos y la Barcelona de los Rius. Toda la gente de Barcelona cabe en los barrios de Barcelona. No se dejó ni un barrio el Gato..., y si se lo dejó está ahora mismo aquí.

Barceloneses del mundo, ¡uníos!

La historia de la Editorial Bruguera - Marca por hombro en RNE

Armando BOIX (1966). Formado en artes aplicadas, ha desarrollado unacarrera profesional como dibujante técnico y diseñador, al tiempo que, desde1994, empezaba a publicar sus primeros relatos y artículos en fanzines y revistas. Dirigió la revista especializada en cine fantástico Stalker y ha recibido diversos premios literarios, como el Gran Angular de novela juvenil por El Jardín de los Autómatas (1997), el Pablo Rido de relatos o el Gigamesh de ensayo.

El municipio recupera a los personajes de cómic de la editorial Bruguera en una exposición del Centro de Arte.

El vestíbulo del Centro de Arte Alcobendas acoge la exposición 'La Escuela Bruguera' que recupera la historia de esta mítica editorial de cómic infantil y algunos de los personajes creados por un grupo de artistas gráficos que acompañaron a varias generaciones de españoles durante el franquismo con sus revistas de historietas.

La editorial Bruguera fue fundada en 1910 por Joan Bruguera con el nombre inicial de El Gato Negro. En 1921 creó el semanario Pulgarcito, cuyo gran éxito hizo prosperar la empresa. En 1939 los hijos del fundador decidieron cambiar el nombre de la firma y darle el apellido familiar. Superadas las dificultades de la posguerra, el semanario Pulgarcito se publicó regularmente y vinieron nuevos tebeos.

En 1946 el réporter Tribulete, en 1948 llegó Zipi y Zape, en 1958 Mortadelo y Filemón, en 1963 Botones Sacarino, en 1964 Rompetechos y en 1966 Pepe Gotera y Otilio. También cuadernillos de historietas de aventuras como El Capitán Trueno.

Por la editorial pasaron numerosos historietistas que crearon personajes que acompañaron a varias generaciones de españoles, en especial niños y jóvenes, e intentando llegar al público adulto, en una época en la que apenas la televisión había llegado a muchos hogares y no existían los vídeojuegos. Entre los autores que triunfaron con sus personajes destacan Francisco Ibañez, Manuel Vázquez, José Peñarroya, Escobar, Carlos Conti o Guillermo Cifré. Ellos fueron la base de una de las principales escuelas de humor del siglo XX y la que más influencia tuvo.

Estos artistas desarrollaron un humor satírico, en el que latía a través de sus dibujos una sutil crítica a la sociedad de la época, sorteando, en ocasiones, la censura oficial. Por ejemplo, porque Carpanta pasaba hambre o había personajes que eran simples empleados que soportaban el despotismo de sus jefes, como Tribulete, Pepe Gotera o Anacleto, y otros personajes vivían ajenos a las normas sociales como Rompetechos.

Yo haría un homenaje a todos aquellos dibujantes e historietistas que se dedicaron (y algunos de ellos todavía están ahí, dale que te pego) a hacernos pasar ratos tan divertidos.

De aquella enorme cantidad de tebeos que tuve de DDT, Tio Vivo, Pulgarcito, etc, solo pude rescatar de la humedad y los ratones unos pocos, pero los suficientes como para encuadernarlos en dos volúmenes, por fechas. He aquí otros, de tapas más duras, de la Colección Olé.

Pero si Mortadelo y Filemón ya me parecen buenísimos, compiten con otros excelentes personajes del mismo historietista: Francisco Ibáñez. Rompetechos, por ejemplo.

Recientemente descubrí una nueva y atractiva colección: Clásicos del Humor, de RBA Coleccionables, y ocurrió que al dejarme llevar por la nostalgia de aquellos tiempos leyendo historietas, el niño que llevo dentro se asomó y empezó a lloriquear que quería alguno de aquellos volúmenes. Y es que me lo paso pipa. ¡Sólo me faltan las chuches de Don Manolo!

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