La Isla Pink Rose: Un Paraíso Inesperado para Sanji y la Tripulación del Thousand Sunny

La tranquilidad reinaba en el Thousand Sunny. El cocinero, Sanji, como de costumbre, se había levantado temprano para preparar las delicias más exquisitas que ningún otro chef podría realizar. El capitán Luffy, el médico Chopper y el tirador Usopp aún vagaban en el mundo de los sueños. En otro camarote, la pelirroja Nami comenzaba a peinarse junto a Robin, quien la miraba con curiosidad.

-¿Te inquieta algo, navegante? - preguntó la arqueóloga al verla con una mirada preocupada.

-No, claro que no - mintió la pelirroja, pero Robin no quedó satisfecha con la respuesta. Antes de que pudiera seguir cuestionándola, Nami salió del camarote. Sintió la brisa de la mañana golpear su rostro.

-Algo no me gusta de la ruta que llevamos - decía pesadamente mientras revisaba un enorme papel algo desgastado y amarillento.

-Mi linda Nami, hoy has madrugado - comentó el rubio que salía con una charola en manos.

-Buenos días, Sanji - saludó Nami. - ¿Ocurre algo, Nami? - comentó el cocinero, que también notaba algo diferente en su compañera.

-No, solo que... - no terminó de hablar, ya que alguien detrás de ella la interrumpió.

-Estamos perdidos - dijo aquella voz haciendo que a la pelirroja se le erizara el vello y mirara asustada hacia atrás.

-¡Por supuesto que no! - gritó ofuscada.

-Lo estamos... - repitió aquel sujeto musculoso que se acercaba al cocinero y a Nami.

-¿Es eso cierto? - preguntó el cocinero a Nami.

-¡Zoro, mantén tu boca cerrada si no estás seguro de lo que dices! - gritó enojada la pelirroja. - ¡Te he visto mirar el maldito mapa a cada rato! ¡Desde hace días, admítelo! - decía el espadachín.

La chica no sabía nada más que decir; su compañero espadachín tenía razón, pero era demasiado orgullosa para aceptarlo y, además, no admitiría delante de él su error.

-¡Ya te dije que no! ¡El día de hoy toparemos con tierra, ya lo verás! - Nami dio media vuelta y comenzó a caminar alejándose de ahí lo más que podía.

-Si, como no - dijo Zoro mientras miraba a Nami.

-Eres tan poco sutil, mejor deberías cerrar el pico como ha dicho mi hermosa Nami - dijo el cocinero molesto al ver cómo trataba a Nami.

-¡Cállate, cocinero, mejor vete a jugar a la comidita! - dijo Zoro, que daba media vuelta. - ¡Porque crees tener siempre la razón! ¡Eres un maldito alzado! - el cocinero le devolvió el insulto.

Zoro giró lentamente; todo parecía indicar que comenzarían a discutir como solían acostumbrar. Pero el grito de alegría de Nami los detuvo.

-¡Tierra! ¡Tierra! - gritó muy entusiasmada.

Mapa de la ruta del Thousand Sunny hacia una isla desconocida

Los dos jóvenes voltearon a verla y corrieron acercándose a donde estaba la chica recargada en la barandal. Y era cierto, una isla pequeña se visualizaba a lo lejos.

-¡Lo sabía! ¡Lo sabía! - gritó la chica.

-Corriste con suerte... - Dijo el peliverde mirando hacia el frente.

La pelirroja le obsequió una mirada asesina.

-Te dije que hoy toparíamos con tierra, Zoro - Dijo la chica con un aire presuntuoso.

-Ya te dije, corriste con suerte... - volvió a decir el peliverde.

-¡Ya te dije que no! - comentó la pelirroja. - Entonces, ¿dime qué isla es? - preguntó el peliverde.

- Bue... ah, pues... es... - la pelirroja no sabía qué decir.

-Date por bien servido, hemos llegado y se acabó - Nami se puso roja del coraje y la pena, dio media vuelta.

-Tiene razón, no lo molestes más, hemos llegado, eso es lo que importa - dijo el cocinero, dejando solo al espadachín.

Zoro miró hacia el frente. - Ese imbécil cocinero tiene la culpa, lo consiente demasiado.

La Llegada a Pink Rose

Todos ya habían despertado y esperaban ansiosos poder llegar a la orilla de la isla. Bajaron lentamente mientras miraban a su alrededor.

-¡Genial! ¡Parece una selva! - decía el joven capitán. - Es un lugar muy interesante - miraba atenta la arqueóloga, examinando el lugar. - Tengo muchos lugares por visitar - dijo el cocinero, sacando una lista enorme de compras. - Iré a sacarle filo a mis espadas - dijo el espadachín.

-Bien, tal vez debamos poner un punto para poder encontrarn... - la pelirroja estaba hablando, pero el joven capitán había corrido entusiasmado sin escuchar a la pelirroja.

-¡Ah, ¿a dónde vas, Luffy!? ¡Porque nunca me escuchas! - gritó molesta.

-Es inútil, lo conoces. Cuando llegamos a un lugar desconocido, prefiere investigar por su propia cuenta - dijo el cocinero, que buscaba en su bolsillo un encendedor y prendió el cigarro que llevaba en la boca.

Una flecha pasó rozando su rostro apenas en milímetros, tirando su cigarro de la boca. Todos miraron a su alrededor. Zoro ya estaba en guardia y miraba atento a todo movimiento.

-Rayos, ¿quién se ha atrevido a tirarme el cigarro? - Sanji también miró a su alrededor.

-¿Hombres? - una voz salía de entre la maleza. Era una hermosa joven de cabellos rubios y ojos azules, una vestimenta muy original de pieles cubría su perfecto y delineado cuerpo.

Joven de cabellos rubios y ojos azules con vestimenta de pieles

El rubio y el mismo peliverde abrieron los ojos sorprendidos al ver a aquella hermosa chica.

-¡¿Qué les pasa!? ¡Nos están atacando! - dijo Nami, acercándose a la chica.

-¡Calla, mujer! - una chica más salió de entre la maleza, poniendo una espada en el cuello de la pelirroja.

El cocinero y el espadachín salieron de sus pensamientos y enseguida Sanji jaló de la mano a Nami y Zoro apartó la espada de la chica con una de sus tres katanas que había empuñado en fracción de segundos.

-Un guerrero - dijo la chica de la espada, mirando a Zoro de arriba abajo, mientras una sonrisa se le dibujaba en el rostro.

-¡Hombres! - gritaron varias chicas a la vez, saliendo de entre la maleza. - ¡Hombres! - se seguía escuchando.

Sanji no sabía para dónde poner su atención; habían demasiadas chicas, hermosas, extravagantes. Era como el sueño que él hubiese deseado. Todas las chicas los rodearon.

-Perdonen nuestra mala bienvenida, no estamos acostumbradas a recibir visitas - dijo la rubia despampanante.

Zoro miró a su alrededor; eran como 50 mujeres.

-¡Ah, este es el paraíso! - dijo el cocinero, mientras se le dibujaban unos corazones en las pupilas.

-No hay hombres - dijo el observador espadachín.

-No, no los hay. En esta isla solo habitamos las mujeres... somos una población de 200 en total - dijo la chica.

-¿¡Qué!? - todos gritaron a la vez, excepto la morena que se acercaba a las chicas.

-La Isla Pink Rose (¡qué original nombre! Sorry, no andaba inspirada, jejeje), he leído sobre ella, pensé que solo era una leyenda... - dijo la arqueóloga.

-Así es, forastera, sabes demasiado, pero aún te falta... - dijo otra chica de estatura mediana y cabello corto y café. - Nico miró con los ojos entrecerrados a la chica que había hecho el último comentario.

-Solo al cruzar los mares, en determinada fecha y determinada hora se abre un camino hacia la isla, significa que ustedes dieron con ella - Dijo la chica de cabello corto.

-Solo los despistados dan con ella - Dijo la rubia, sonriendo.

Zoro miró a Nami. - ¿Ves? Te lo dije - dijo el espadachín a la chica.

-¡Serás un hablador! - la chica le tiró tremendo golpe en la cabeza.

-¿¡Qué te pasa!? ¡Ellas mismas lo han dicho! ¡Solo dimos con la isla por casualidad! - dijo el espadachín furioso.

-Acompáñennos, por favor, los recibiremos como se merecen - dijeron las tres chicas que parecían ser las más importantes de ahí.

-Luffy... ¿han visto a alguien más aparte de nosotros? - Preguntó el espadachín.

-No... no nos hemos topado con nadie más - Dijo la rubia.

-Mi nombre es Kotori - dijo la rubia.

-Yo soy Umi - dijo la chica que cargaba dos espadas y no dejaba de quitarle el ojo a Zoro.

-Y yo soy Aoi - dijo la chica de pelo corto, que miraba a su vez a la arqueóloga.

Tripulación del Thousand Sunny rodeada por las habitantes de la Isla Pink Rose

Siguieron caminando mientras Zoro comenzaba a sentirse bastante incomodo; no solamente Umi lo miraba, sino bastantes chicas que los seguían lo miraban como si estuvieran hambrientas y él fuera un suculento bistec. Sin embargo, el cocinero no había perdido el tiempo; comenzó a ligar con diez chicas a la vez.

Un Banquete Inesperado y la Desaparición del Barco

Llegaron poco tiempo de caminar a una pequeña aldea. Parecía ser que algo bastante interesante acontecía en una de las casas más cercanas; muchas niñas, chicas y mujeres ya adultas se arremolinaban y traían cazuelas de comida.

-¡Ahhh, qué amables son! - gritó un chico que se encontraba sentado y disfrutando de un gran banquete.

-¿Luffy? - el cocinero se acercó y vio al chico devorando los platillos. - ¡Ey, Sanji! ¿Quieres comer? ¡Son muy amables en este pueblo! - dijo el joven capitán.

-¡Luffy! Ah, ¿a qué hemos venido aquí, eh? - Nami estaba enojada, tenía una vena en la frente que parecía estar a punto de reventar.

-A comer - dijo el chico con una amplia sonrisa en los labios.

-¡No, tonto! - Nami le dio un coscorrón; varias chicas se rieron ante el acto.

-Oye, Nami, ¿por qué me has pegado? - dijo el joven capitán.

-Yo iré por lo necesario y me regreso al barco - Nami dio media vuelta.

-Yo iré contigo... - Zoro se acercó a Nami ante el asombro de ella.

-¡Nooooo! - gritaron varias chicas al ver que el espadachín se marchaba.

-Vamos, Nami - Zoro comenzó a correr, seguido de Nami.

-Vaya, ¿les tienes pavor a las mujeres, eh? - Nami le preguntó con burla.

-¡Cállate, no soy un cobarde! - decía Zoro, que seguía corriendo.

Varias chicas corrían aún detrás de Zoro.

-¡Basta! - gritó Kotori. - Chicas, compórtense, debemos tratar a los invitados como se merecen.

Nami y Zoro, después de haber corrido lo suficiente, se detuvieron. Nami puso sus manos en las rodillas intentando recuperar el aliento.

-No sé... por qué... hemos corrido... deberías sentirte orgulloso de ser el centro de atención - Decía Nami intentando recuperar el aliento.

-A mí no me interesa ser como el estúpido cocinero - decía Zoro, que comenzaba a caminar ahora con tranquilidad.

Ante aquellas palabras, una tenue sonrisa se dibujó en la pelirroja, sin notarlo siquiera ella misma.

Sanji estaba siendo totalmente atendido espléndidamente por varias chicas, las cuales no dejaban de acariciarle la cara, el cabello, el pecho y le servían de beber.

-Oye, Sanji, ¿a dónde fueron Zoro y Nami? - el joven capitán, aún comiendo, le preguntó a su cocinero.

-No lo sé... creo que por algo... o no sé - decía el cocinero, que no tomaba importancia a nada más que a aceptar gustoso las caricias de las chicas.

-Deberíamos marcharnos ya - dijo Robin, mientras se ponía de pie.

-Sí, ya acabé de comer, volvamos al barco - decía el joven capitán.

-¡No! Ustedes adelántense, yo me quedo aquí por más tiempo - Decía el cocinero.

De pronto, un gran estruendo se escuchó en el mar.

-¡El barco! - gritaron al mismo tiempo, Luffy, Robin, Sanji, Zoro y Nami, pese a que estos dos últimos estaban en otro lugar.

Sanji se puso de pie, zafándose de los apapachos de las chicas delicadamente. - Damas... permítanme un segundo - dijo el cocinero. Luffy, Robin y Sanji se dirigieron corriendo hacia el barco, encontrándose por el camino a Zoro y Nami.

-¿Qué ha sido eso? - preguntó Nami muy inquieta.

-No lo sé... nosotros también lo hemos escuchado - contestó el cocinero, mientras prendía su cigarrillo.

El Thousand Sunny desaparece en el horizonte

Y así los 5 se apresuraron a llegar al barco. Usopp estaba en la arena tendido con los ojos cerrados, al igual que Chopper.

-¡Usopp! ¡Chopper! - Zoro se acercó a mirarles.

-Solo están inconscientes - dijo la morena. - ¡El barco! ¿Dónde... dónde está el barco? - gritó Nami, buscando con la vista el Merry Going.

-Mi barco... se fue - dijo Luffy un poco serio, poniendo una mano en la frente y mirando a su alrededor.

-¡Un barco no se va solo! - gritó enojada la pelirroja.

-Regresará... - dijo Luffy con toda la calma del mundo.

-¡Que no se fue! ¡Alguien... o algo se lo llevó! - dijo Nami.

Todos se quedaron en silencio mirando hacia el mar.

Continuará...

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