Tras la devastadora derrota ante Cell, Vegeta se encuentra sumido en la vergüenza y la reflexión. Todo su arduo entrenamiento, su búsqueda de la transformación del Super Saiyajin Legendario, y el orgullo que lo cegó, parecían haber sido en vano. Se sienta solo en un terreno desolado, preguntándose dónde todo salió mal.
Su orgullo casi le cuesta la vida al planeta entero. Dejó que su arrogancia lo dominara, asumiendo erróneamente que podía derrotar a Cell solo. Fue reducido a un espectador, impotente mientras Gohan luchaba por sus vidas. La gloria le fue negada en batalla, y la humillación de necesitar a Gohan para salvarlo lo golpeó duramente. Para colmo, no fue lo suficientemente fuerte para vengar a su propio hijo.
Apretó los puños, recordando la brutal muerte de Trunks. Había negado a su hijo en numerosas ocasiones, tanto a la versión adolescente como a la infantil. Gritó, ignoró, maldijo y reprendió al adolescente, incluso lo golpeó con la esperanza de que captara el mensaje de su indiferencia. La obstinación de Trunks, tan similar a la suya, era una fuente constante de frustración. Fue durante su entrenamiento en la Habitación del Tiempo que el adolescente finalmente derribó sus defensas.
Ese año fue largo y agotador. Trunks mantenía la distancia la mayor parte del tiempo, pero en las raras ocasiones en que Vegeta toleraba su compañía, Trunks aprovechaba la oportunidad para conocerlo. Usualmente era cuando Vegeta estaba exhausto de entrenar y se sentaba a escuchar con desdén apenas contenido mientras el adolescente parloteaba sin cesar. Era una clara señal de que Bulma lo había criado bien. La persistencia de Trunks en su búsqueda de cercanía lo irritaba. Vegeta apenas estaba lidiando con el hecho de tener un hijo, para luego verse obligado a interactuar con la versión adulta de ese hijo. Era demasiado, y lo odiaba. Esas interacciones siempre terminaban de la misma manera: Vegeta perdía los estribos, golpeaba a Trunks por alguna razón y se alejaba furioso, dejando al joven solo. Su resentimiento y la persistencia de Trunks crearon una coexistencia tensa y frustrante.
Las cosas comenzaron a cambiar en el último mes. Vegeta había alcanzado un nuevo nivel de poder como Super Saiyajin y quería probarlo en una situación de batalla. Solo Trunks estaba disponible, y Vegeta accedió a regañadientes a pelear con él. Aún podía imaginar la cara de sorpresa de Trunks cuando un día lo despertó temprano y le dijo que se encontraran para una pelea en diez minutos. Esa pelea se convirtió en una batalla feroz y violenta por la supervivencia que duró casi un día entero. Ambos descargaron sus frustraciones el uno en el otro, mutilándose mutuamente. Terminaron ensangrentados y abatidos, apenas capaces de mantenerse en pie cuando Vegeta finalmente dijo que era suficiente. El príncipe apenas logró caminar hacia la cama y se desmayó por dos días, mientras Trunks hacía lo mismo. Vegeta despertó primero y fue a despertar a su hijo para pelear de nuevo. Esa se convirtió en su rutina, y Trunks nunca se quejó. En el fondo, estaba decidido a ganarse el respeto de su padre. Y lo logró.
Vegeta no pudo evitar impresionarse por el adolescente. Sin embargo, décadas de experiencia en combate le permitieron ver las debilidades en la técnica de Trunks. El príncipe le enseñó a su hijo cómo remediar esas debilidades, explotándolas cruelmente y haciendo que Trunks pagara cada vez que decaía o perdía la concentración. Trunks captó el mensaje rápidamente, y Vegeta observó con aprobación cuando el muchacho no repitió el error. Hubo un par de veces en que Trunks le devolvió el favor, y Vegeta solo pudo mirarlo con asombro mientras Trunks le dedicaba una sonrisa engreída, antes de que Vegeta resoplara y se lanzara de nuevo al combate. Lentamente, como verdaderos Saiyajin, habían creado un vínculo, aunque Vegeta no lo hubiera notado en ese momento.
No fue hasta que Vegeta vio un rayo de energía letal atravesar el pecho de Trunks que finalmente se dio cuenta, con dolorosa claridad, de cuánto se preocupaba por su hijo. Fue un horrible recordatorio de la muerte de su madre ante sus ojos cuando solo tenía cuatro años. Solo que esto fue exponencialmente peor, algo que nunca pensó posible hasta que la muerte de su hijo fue ejecutada justo frente a él. Todo rastro de cordura dentro de él murió con Trunks; sus instintos de supervivencia se fueron al infierno mientras se lanzaba contra Cell en una rabia vengativa y ciega que seguramente habría resultado en su muerte si Gohan no hubiera intervenido.

El polvo se había asentado, y la rabia había desaparecido hacía tiempo. Ahora, lo único que Vegeta sentía era un profundo arrepentimiento por la forma en que había tratado a Trunks. El muchacho solo quería su reconocimiento, y Vegeta había sido demasiado orgulloso para dárselo. Algo tan simple, tan trivial, y él no lo había considerado digno de su tiempo. No solo había fallado miserablemente como guerrero y se había avergonzado en el campo de batalla, sino que también había fallado como padre.
El rugido de un trueno sacó a Vegeta de sus pensamientos. Levantó la cabeza, parpadeando cansado, dándose cuenta por primera vez de que estaba lloviendo. Entrecerró los ojos ante el oscuro cielo nocturno, observando cómo irrumpían los rayos, dejando que la lluvia descendiera por su rostro y entre su cabello. No sabía mucho más, pero sí sabía una cosa: para bien o para mal, las cosas tenían que ser diferentes con su hijo infante. Se negó a fallarle al niño como le había fallado a su hijo adolescente del futuro.
Eso significaba cancelar sus planes de abandonar La Tierra. No podía llevarse a Trunks al espacio con él. Primero, el niño era demasiado joven, nada más que un cachorro. Sin mencionar que no tenía a dónde ir. El universo era enorme, vacío y cruel. Aunque Vegeta era más que capaz de sobrevivir solo e incluso prosperar en esa crueldad, no podía arrastrar a su hijo a eso. La versión adolescente de Trunks había sufrido suficiente en su oscura línea temporal, y Vegeta pensó que era hora de terminar con el sufrimiento. Además, Bulma estaba allí, y su hijo no iba a crecer como él, sin su madre.
Vegeta volvió a hundir el rostro en su brazo ante la idea de la genio y hermosa heredera. Ella también venía con el trato, tan desafortunado como fuera para él. No había manera de que pudiera ser parte de la vida de Trunks sin ser también parte de la de ella, lo que naturalmente lo llevaba a la pregunta: ¿dónde encajaba Bulma en todo esto? Se negaba a verla como algo más que la mujer que engendró a su hijo, pero no podría evitarla. Entonces, ¿qué sería ella para él? ¿Su compañera? ¿Su camarada? ¿Su amiga? Ridículo. Vegeta no iba a quedarse por ella, iba a quedarse por Trunks. Ella solo era otra persona con la que debía tratar, como sus padres. No sería nada para él excepto una ocasional referencia para Trunks. Suspiró en su brazo, deseando en el fondo que ese rayo de Cell hubiera matado a Krilin en su lugar…

Trunks se echó hacia atrás, mirando a Bulma con cautela. Ella no era exactamente igual a su madre en su línea temporal, pero maldita sea si no era igual de intimidante, especialmente mientras blandía las tijeras en su mano como lo estaba haciendo actualmente. "No creo que sea necesario, para ser honesto."
"¿De qué estás hablando? ¡Te hace ver mucho mayor!" Insistió Bulma, mirando con ojos críticos el cabello lavanda del adolescente que le llegaba hasta el hombro. "Vamos, solo siéntate y lo haré rápido."
Trunks forzó una sonrisa, "En verdad, mi cabello está bien-"
"No discutas con tu madre, Trunks."
"Bueno, está bien…" concedió Trunks finalmente, sentándose lentamente mientras Bulma levantaba algunos mechones de su cabello, tratando de ver por dónde comenzar el corte. Prefería su cabello más corto, e imaginó que su futura contraparte probablemente sentía lo mismo.
"Entonces, ¿estás listo para regresar a casa mañana?" Preguntó Bulma, comenzando a cortar su cabello.
"Sí, definitivamente. Los androides no deberían ser un problema ahora, no después de todo el entrenamiento que he hecho en esta época," dijo Trunks, sus ojos se desplazaron hacia la ventana de la cocina junto a él. Estaba lloviendo fuertemente afuera, y no pudo evitar preguntarse dónde estaba su padre. Ya había pasado el resto del día desde la derrota de Cell sin señales del príncipe. Los padres de Bulma ya se habían ido a dormir y la versión infante de él estaba acostada en su cuna, dormido. Y en cuanto a él, Trunks había decidido pasar la noche e irse en la mañana en su máquina del tiempo. Solo se había aventurado a bajar para beber algo de agua, solo para encontrar a Bulma en la cocina leyendo una revista científica. Lo próximo que supo, estaba mirando su cabello con una mirada que reconocía muy bien. Sabía por experiencia que no cabía discusión con esa mirada.
"Oh, apuesto que sí. Tú los acabarás, sin sudar," le dijo Bulma con una sonrisa mientras continuaba cortando su cabello. "No sabrán qué los golpeó."
Trunks sonrió. "Gracias."
"De nada," dijo Bulma, tarareando suavemente mientras se enfocaba en su trabajo. Trunks miró de nuevo por la ventana por el rabillo de su ojo.
"Es tarde y está lloviendo," comentó él. "Dónde crees que está mi padre?"
Bulma suspiró un poco. "Quien sabe. Vegeta es del tipo que va y viene cuando quiere. Además, no estuvo viviendo aquí los últimos meses antes de que llegaran los androides. Se fue solo."
"Oh, no sabía eso."
"Sí, pero no te preocupes por él. Estoy segura de que está bien, donde sea que esté."
"Lo sé, solo, desearía poder hablar con él después de lo que pasó hoy," dijo Trunks con un suspiro de desilusión.
"¿Qué pasó?" preguntó Bulma curiosa.
El orgullo fue claro en la voz de Trunks cuando respondió, "Me defendió después de que Cell me mató. Yamcha dijo que enloqueció y atacó a Cell. Casi lo mata, pero lo hizo de todas formas."
Bulma se detuvo a media tijeretada, sus ojos azules abiertos en shock. Parpadeó incrédula unas pocas veces, preguntándose si había escuchado correctamente. Al final, encontró de nuevo su voz. "¿Vegeta atacó a Cell para vengarte?"
"Seguro."
Ella quedó muda por unos segundos, digiriendo la información. Finalmente, una lenta sonrisa se extendió en el rostro de Bulma, antes de sacudir su cabeza lentamente. "Bueno, estoy sorprendida," dijo suavemente. Resultó que Vegeta sí se preocupaba por su hijo después de todo, justo como siempre lo sospechó. Pero tener que confirmarlo de una forma tan dramática era más allá de sorprendente. La reacción de Vegeta fácilmente podría haberle costado su vida, y Bulma sabía que el hombre era un sobreviviente a cabalidad. Siempre se ponía primero antes que a nadie. Pero como siempre con Vegeta, sus acciones hablaban más fuerte que sus palabras y hoy había hablado fuerte y claro. Ese hombre nunca cesaba de sorprenderla a veces.

Bulma lentamente continuó cortando el cabello de Trunks, su mente únicamente en el orgulloso príncipe Saiyajin. Suprimió la esperanza que luchaba por despertar en ella, la voz diciéndole que tal vez Vegeta querría quedarse en La Tierra en vez de irse como siempre había jurado que lo haría. Después de todo, si se preocupaba por su hijo del futuro, ¿por qué no se preocuparía por la versión presente de su hijo? Sin embargo, no quería elevar mucho sus esperanzas. Conociéndolo, fácilmente podría decir que su atadura a Trunks casi lo había matado. Podría darle el argumento que necesitaba para dejar La Tierra para siempre tan fácilmente como pudiera motivarlo para quedarse. Dirigió una rápida mirada por la ventana cuando rayos destellaron en el cielo nocturno, y fácilmente tomó su decisión. Si Vegeta regresaba a la Corporación Cápsula, iba a hacer hasta lo imposible para asegurarse de que se quedara en la Corporación Cápsula.
Eran pasadas las tres de la mañana cuando Vegeta finalmente regresó a la Corporación Cápsula. Aún estaba lloviendo, y estaba completamente empapado, pero apenas lo notó. La anterior batalla finalmente lo había golpeado; su cuerpo estaba lastimado, y había un leve dolor en su cabeza por la golpiza de Cell. Añadiendo la pérdida emocional, el día lo había golpeado y su falta de sueño en los días previos al Torneo de Cell, y eso estaba agotando casi toda su energía para volar. Todo lo que Vegeta quería era caer en la cama y dormir por días. Demonios, tal vez semanas.
Vegeta aterrizó torpemente en el alféizar de su antigua habitación. Se apoyó en el panel de la ventana para mantener su peso, su cuerpo protestando por el dolor. Fue un milagro que pudiera caminar, considerando que apenas se había mantenido en pie después de la batalla. Suspiró, y se deslizó por la ventana abierta, cayendo en el suelo con un ruido sordo. Aparte del dolor punzante en su cabeza, sus músculos ardían, y el cansancio lo estaba consumiendo. Todo lo que quería era dormir. Dormir durante días, tal vez semanas. Se quitó la armadura maltrecha y la dejó caer al suelo con un ruido metálico. Estaba empapado hasta los huesos, y el frío se estaba filtrando en su cuerpo, pero no le importó. Cayó en la cama, el colchón hundiéndose bajo su peso. Se dio la vuelta, enterrando su rostro en la almohada, y se quedó dormido casi instantáneamente.

La mañana siguiente, Bulma se despertó con el sonido de una pequeña criatura llorando. Se dio la vuelta, frotándose los ojos, y vio a su hijo, Trunks, durmiendo pacíficamente en su cuna. Una sonrisa se extendió por su rostro. Era tan hermoso. Luego, se dio cuenta de que no estaba en su habitación. Se dio la vuelta y vio a Vegeta durmiendo profundamente a su lado. Su corazón dio un vuelco. Habían pasado meses desde la última vez que habían dormido juntos. La batalla contra Cell los había puesto en circunstancias extrañas, y después de eso, Vegeta se había distanciado. Pero ahora, él estaba aquí. Se sentó, observándolo dormir. Su cabello era un desorden salvaje, y su rostro estaba relajado por primera vez en mucho tiempo. Se veía tan pacífico. Lentamente, extendió la mano y acarició su mejilla. Su piel estaba caliente al tacto. Él suspiró, un sonido profundo y ronco, y se movió, enterrando su rostro más en la almohada. Bulma retiró la mano, sintiendo una punzada de decepción. Quería que se quedara. Quería que estuvieran juntos de nuevo, como una familia. Pero sabía que él era un príncipe, y que tenía sus propias responsabilidades. Quizás, solo quizás, después de todo lo que habían pasado, él estaría dispuesto a quedarse. Al menos por un tiempo.
Trunks se despertó con el sonido de la lluvia, que tamborileaba contra el techo de la Corporación Cápsula. Se sentó en la cama, mirando a su alrededor. Estaba en la habitación de su madre, y Vegeta estaba durmiendo en la cama junto a él. Había pasado la noche aquí. Se preguntó por qué. Había estado actuando muy extraño últimamente. Se levantó de la cama y se acercó a la ventana. La lluvia caía a cántaros, y el cielo estaba oscuro y sombrío. Se preguntó dónde estaba su padre. Había estado actuando muy raro desde la batalla contra Cell. Había estado muy callado y distante. Trunks se preguntó si estaría bien. Se dio la vuelta y miró a Vegeta. Todavía estaba durmiendo. Trunks se acercó a la cama y lo miró. Se veía tan tranquilo. Trunks extendió la mano y le acarició el cabello. Vegeta suspiró y se movió, enterrando su rostro más en la almohada. Trunks retiró la mano, sintiendo una punzada de decepción. Quería que su padre estuviera bien. Quería que estuvieran juntos de nuevo, como una familia. Pero sabía que él era un príncipe, y que tenía sus propias responsabilidades. Quizás, solo quizás, después de todo lo que habían pasado, él estaría dispuesto a quedarse. Al menos por un tiempo.
Vegeta y Bulma se enamoran
Vegeta se despertó con el sonido de la lluvia, que tamborileaba contra el techo de la Corporación Cápsula. Se sentó en la cama, mirando a su alrededor. Estaba en la habitación de Bulma, y Trunks estaba durmiendo pacíficamente en su cuna. Había pasado la noche aquí. Se preguntó por qué. Había estado actuando muy extraño últimamente. Se levantó de la cama y se acercó a la ventana. La lluvia caía a cántaros, y el cielo estaba oscuro y sombrío. Se preguntó dónde estaba su padre. Había estado actuando muy raro desde la batalla contra Cell. Había estado muy callado y distante. Vegeta se preguntó si estaría bien. Se dio la vuelta y miró a Trunks. Todavía estaba durmiendo. Vegeta se acercó a la cuna y lo miró. Se veía tan tranquilo. Vegeta extendió la mano y le acarició el cabello. Trunks suspiró y se movió, enterrando su rostro más en la almohada. Vegeta retiró la mano, sintiendo una punzada de decepción. Quería que su hijo estuviera bien. Quería que estuvieran juntos de nuevo, como una familia. Pero sabía que él era un príncipe, y que tenía sus propias responsabilidades. Quizás, solo quizás, después de todo lo que habían pasado, él estaría dispuesto a quedarse. Al menos por un tiempo.
En ese momento, Bulma entró en la habitación, con una bandeja de comida en las manos. "Buenos días", dijo, con una sonrisa tímida. "¿Cómo dormiste?"
Vegeta la miró, su expresión indescifrable. "Bien", respondió secamente. "Y tú?"
"Bien", dijo Bulma, acercándose a la cama. "He preparado el desayuno. ¿Quieres comer algo?"
Vegeta asintió. "Sí, por favor."
Mientras comían, Bulma lo miró. "Vegeta", dijo suavemente. "Quería preguntarte algo."
Él la miró, arqueando una ceja. "¿Qué?"
"¿Te vas a quedar?", preguntó, con la voz temblorosa. "¿Te vas a quedar en la Tierra?"
Vegeta la miró fijamente por un momento, su rostro impasible. Luego, suspiró. "Sí", dijo. "Me quedaré."
Bulma sonrió, una sonrisa radiante que iluminó su rostro. "Oh, Vegeta. Eso es maravilloso."
Él la miró, y por primera vez en mucho tiempo, una pequeña sonrisa apareció en sus labios. "Sí", dijo. "Supongo que lo es."

La Nueva Realidad de Vegeta
Vegeta, el orgulloso príncipe Saiyajin, se encontraba en una encrucijada. La derrota ante Cell había sido un golpe demoledor para su ego, pero también había abierto sus ojos a la fragilidad de la vida y la importancia de los lazos familiares. La pérdida de su hijo Trunks, aunque temporal, lo había marcado profundamente, obligándolo a confrontar sus propios errores y su negligencia como padre.
Decidido a no repetir los mismos errores, Vegeta juró dedicarse a su hijo infante. Esto implicaba abandonar sus planes de vagar por el universo y establecerse en La Tierra. Sabía que no podía criar a Trunks solo, y la presencia de Bulma, aunque inicialmente renuente, se convirtió en un factor crucial en su decisión. No la veía como un interés romántico, sino como una compañera necesaria para la crianza de su hijo. Sin embargo, el destino tenía otros planes, y la dinámica entre Vegeta y Bulma estaba a punto de volverse mucho más compleja.
Mientras tanto, Trunks, el hijo del futuro, se encontraba en la Corporación Cápsula, lidiando con sus propias reflexiones sobre la batalla y el comportamiento de su padre. El corte de cabello que Bulma le propina se convierte en un momento de normalidad en medio de la incertidumbre. A pesar de la aparente frialdad de Vegeta, Trunks percibe el profundo afecto que su padre siente por él, un sentimiento que se manifestó de manera dramática en su defensa contra Cell. Bulma, al ser testigo de esta revelación, comienza a albergar esperanzas de que Vegeta reconsiderará su partida y se quedará en La Tierra.
La noche lluviosa en la Corporación Cápsula se convierte en un escenario de introspección para ambos Saiyajin. Vegeta, agotado y herido, regresa a casa con una nueva determinación. Bulma, por su parte, observa la escena con una mezcla de preocupación y esperanza, reconociendo la profunda transformación que Vegeta ha experimentado. La posibilidad de que Vegeta se quede en La Tierra se cierne en el aire, un futuro incierto pero lleno de potencial.
La historia de Vegeta y Bulma es un testimonio de cómo las experiencias traumáticas y las pérdidas pueden forjar lazos inesperados y transformar a los individuos. El orgullo de Vegeta se ve desafiado por el amor paternal, y la independencia de Bulma se ve entrelazada con la necesidad de proteger a su familia. Juntos, enfrentarán los desafíos que el futuro les depare, aprendiendo a navegar las complejidades de su relación y a construir un nuevo hogar en La Tierra.
