Durante el Renacimiento, bajo el prisma de la filosofía humanista sustentada en el antropocentrismo y el racionalismo, los estudios científicos progresaron notablemente. El saber médico avanzó a partir de mediados del siglo xv, retomando el conocimiento del cuerpo humano como realidad básica de la medicina. Fue entonces cuando la anatomía recibió el impulso definitivo, dado el interés de los pensadores de la época -entre ellos los artistas- por la perfección física y las formas corporales.
El Renacimiento supone el nacimiento de la ciencia moderna, queriéndose alejar del teocentrismo de las etapas anteriores. El Renacimiento puso el foco en el hombre, a quien pasó a considerar el centro del universo. La anatomía se convirtió en un pilar fundamental para entender, además de su funcionamiento, la belleza del cuerpo humano. Este estudio, que hasta entonces había sido una rama exclusiva de la ciencia, encontró su hueco en el arte renacentista.
El saber médico medieval que se impartía en las universidades italianas era heredero de la antigua tradición griega de Hipócrates, Aristóteles y Galeno, y estaba influido a su vez por los textos árabes de Avicena y Averroes. Su certeza diagnóstica y el empleo del método escolástico hicieron que la medicina comenzase a ser considerada una ciencia y se incluyó en el currículo de las universidades. A las descripciones clásicas de la medicina galena se agregaron las observaciones acumuladas durante las disecciones que se fueron realizando en las universidades medievales, pero no sería hasta el Renacimiento cuando tomase el impulso definitivo.
Cuando a finales de la Edad Media empezó a flexibilizarse la prohibición eclesiástica para diseccionar cuerpos humanos, los médicos de la época empezaron a introducirse tímidamente en una práctica que aceleraría la posibilidad de acceso al conocimiento anatómico. Desde 1400 se realizaron disecciones en privado ante grupos selectos de estudiantes, y a finales del siglo XIV y principios del siglo XV, se comenzaron a incluir dentro de planes de estudios de algunas universidades, por lo que la asistencia de los estudiantes se hizo obligatoria.
Los cuerpos eran proporcionados por las autoridades del ayuntamiento, generalmente cadáveres de criminales condenados a muerte. Era habitual diseccionar al año un cadáver masculino y otro femenino, generalmente en los meses de enero y febrero, debido a la falta de refrigeración. Durante el proceso, un profesor de medicina leía el libro de texto desde una tarima elevada y exponía el dogma anatómico; el cirujano-barbero (disector) ejecutaba la disección (caesum), mientras un tercero señalaba con una varilla las estructuras referidas, los órganos que se disecan. Cuando las partes disecadas diferían de las antiguas escrituras, se declaraba que el cuerpo era defectuoso y que ya no servía.

Desde finales del siglo XV y principios del XIV, los conocidos como "humanistas médicos" dieron un vuelco a la investigación y la enseñanza de la medicina. Bajo la estela de anatomistas anteriores, como Mondino de Luzzi (ca. 1270¿1326), personalidades universitarias como Niccolò Leoniceno (1428¿1524), Gabriele Zerbi (1445¿1505), Alessandro Benedetti (ca.1445¿1525) o Jacopo Berengario da Carpi (1466¿1530), prestaron un especial interés por el estudio de la anatomía a través de la disección. Aplicaron la filología humanística y la crítica ideológica a los textos antiguos. Comenzaron a preocuparse ante la contradicción entre los conceptos aristotélicos y galénicos -la verdad oficial de la Iglesia de entonces- y la realidad a la que se enfrentaban en sus disecciones y que en muchas ocasiones desvelaba errores cometidos anteriormente. Revisaron los textos clásicos bajo prismas humanistas, corrigieron los errores de traducción de Averroes y Avicena de la medicina griega, y abogaron por la libertad metodológica en la investigación, independientemente de lo establecido por Galeno y la lógica aristotélica. Es entonces cuando el humanismo médico y el interés renacentista generarán un importante avance en el estudio de la anatomía humana.
No hay que olvidarse que, junto al trabajo de los anatomistas italianos -y del resto de europeos-, los mejores artistas de la época, a través del naciente naturalismo del siglo XV, dedicaron mucho tiempo al estudio de la anatomía, incluso por medio de disecciones. Es el caso de Miguel Ángel (1475¿1564) o Alberto Durero (1471¿1528), quienes, no satisfechos con aprender las leyes de la anatomía a partir del estudio de la escultura antigua o de los modelos de la figura humana, investigaron por su cuenta para comprender mejor el cuerpo humano.
Por encima de todos los artistas de la época sobresaldría Leonardo da Vinci (1452¿1519), padre del alto Renacimiento y uno de los anatomistas más originales de todos los tiempos, considerado además el iniciador de la ilustración científica moderna. Su profundo amor por el conocimiento y la investigación fue la clave tanto de su comportamiento artístico, como científico. Llevó a cabo innovaciones en el campo de la pintura que determinaron la evolución del arte italiano, y sus investigaciones científicas anticiparon muchos de los avances de la ciencia moderna. Su formación en anatomía se inició a los 18 años, durante su época como discípulo de Andrea del Verrocchio (1435¿1488), quien defendía el estudio de esta disciplina para aprender a representar los cuerpos humanos con más exactitud. Como artista, rápidamente se hizo maestro en anatomía topográfica, realizando numerosos estudios sobre músculos, tendones y otras características anatómicas visibles. Fue entonces cuando se despertó su verdadero interés por la anatomía, lo que le permitiría, ya como artista de éxito, practicar la disección en hospitales de Florencia, Milán y Roma. Estaba convencido de que la investigación de la anatomía artística sólo podía mejorar en la mesa de disecciones. De esta actividad surgiría la colaboración con Marcantonio della Torre (1481¿1511), médico anatomista de Pavía, con el que prepararía frustradamente un tratado de anatomía -parte de él vería la luz un siglo más tarde con el título Tratadosobrelapintura-. Sus estudios prácticos de disección se vieron interrumpidos en 1515, cuando el Papa León X le acusó de prácticas sacrílegas, y se le prohibió la entrada en el Hospital del Espíritu Santo de Roma. De hecho, sus trabajos estuvieron doscientos años fuera de circulación, y para cuando se recuperaron habían perdido su carácter revolucionario. No obstante, gracias a sus propias disecciones, sentó las bases de la anatomía científica.

El célebre Studio en la Real Academia de Venecia de Leonardo, también conocido como El hombre de Vitruvio, supone la síntesis de la perfección anatómica. Es un estudio basado en las teorías del arquitecto Marco Vitrubio sobre la aplicación de la sección áurea -la proporción divina- al ser humano. Esta aplicación de la sección áurea al cuerpo humano tuvo gran resonancia durante el Renacimiento, dado que la asunción de la perfección de las proporciones anatómicas supuso un punto de partida para la investigación: la naturaleza y su divina perfección habían construido una máquina donde cada elemento tenía su función. Esta obra era además una visión del hombre como centro del Universo, al quedar inscrito simultáneamente en un círculo y en un cuadrado, ya que se consideraba al cuadrado como la base de lo clásico. El origen de los trabajos anatómicos de Da Vinci radica en sus intereses artísticos, ya que la exploración del cuerpo humano y su funcionamiento tenían como objetivo perfeccionar la representación de la figura humana. Abarcó diferentes campos y se interesó por descifrar diversos aspectos del comportamiento interno del cuerpo humano. Si bien no hizo ningún descubrimiento verdaderamente importante, y cometió errores básicos en sus estudios provenientes de la anatomía comparada con animales, fue una figura adelantada a su tiempo que abrió camino a la ciencia y anatomía modernas a través de la práctica de la disección.
Si la revolución experimentada por los estudios de anatomía durante el Renacimiento tiene en el mundo del arte a Leonardo Da Vinci como figura angular, en el plano estrictamente científico, ese honor recae en el belga Andrés Vesalio (1514¿1564), la figura más importante de este período. Fue el autor de la obra más influyente sobre anatomía humana, De Humanis Corporis Fabrica (Sobre la estructura del cuerpo humano) (1543), basada en la observación directa y donde aborda la descripción del cuerpo humano como una edificación arquitectónica -sus ilustraciones originales corrieron a cargo de Jan Stephen van Calcar (ca. 1499¿1546), discípulo de Tiziano-. El valor de su obra radica fundamentalmente en sus bellísimas figuras y supone una ruptura definitiva con el conocimiento humanístico (libresco) de los anatomistas precedentes. Se le considera el fundador de la anatomía moderna y revolucionó la forma de enseñar anatomía y cirugía, pese a ser injustamente criticado por haber cuestionado y encontrado errores en los textos clásicos de medicina. La escuela que fundó en Padua dio lugar a una serie de excelentes anatomistas que llegaría hasta William Harvey (1578¿1657). Gabriel Falopio (1523¿1562) y Bartolomeo Eustaquio (1520¿1574), que continuaron su obra, ratificaron sus descubrimientos y corroboraron sus observaciones. Vesalio proyectó con la misma fuerza el arte y la ciencia, trascendiendo a su tiempo y adquiriendo un carácter universal permanente.
A partir de sus propias observaciones, fue haciendo correcciones a los textos clásicos y, en base a ello, fue creando su propia obra. Convirtió la disección en la parte más importante de la clase, llevándola a cabo por sí mismo, rodeado por sus alumnos. Consideraba la observación directa como la única fuente fiable, lo que suponía una importante ruptura con la práctica medieval, basada fundamentalmente en los textos clásicos. En su persona se reunieron las dos facetas del Renacimiento: la ciencia y el humanismo. Se caracterizó por la excelencia de sus clases y adoptó un nuevo método, que le otorgó un éxito sin precedentes: dominio de la anatomía; disección de cadáveres en lugar de cerdos; realización de disecciones y demostraciones por él y sus estudiantes sin la ayuda de un prosector; una enseñanza retroalimentada mediante tablas anatómicas, con lo que se inició la ilustración científica para la elaboración de textos, algo único hasta entonces; la investigación anatómica planeada y sistematizada, logrando completar el conocimiento completo de la anatomía humana.

No se puede entender el avance en esta época de las ciencias, en general, y de la anatomía, en particular, sin tener en cuenta los conceptos humanistas que guiaron los pasos de los pensadores renacentistas, y entre ellos a los artistas, cuyas inquietudes fueron motor esencial de cambio. La nueva relación con la naturaleza, que respondía a una visión racionalista de la ciencia, y el hecho de situar al hombre como medida de todas las cosas, exigieron al artista una formación científica que le permitiría liberarse de las pesadas cadenas que lo habían mantenido anclado en el oscurantismo medieval.
En el año 1543 se publicaron dos obras que fueron determinantes en la expansión del conocimiento tanto del macrocosmos como del microcosmos, el De Revolutionibus orbium coelestium de Nicolás Copérnico y el De humani corporis fabrica de Andreas Vesalio. La nueva exploración del cuerpo humano, desvinculado de la persona que lo habitaba, empleaba métodos de observación que se dejaban ver a través de una nueva iconografía anatómica que oscilaba entre los conceptos clásicos de armonía y proporción propias de los tratados anatómicos herederos de la obra de Vesalio, y una retórica de lo descarnado de las disecciones como se observa en la obra de Govard Bidloo. Vesalio cambió la forma de enseñar anatomía y corrigió numerosos errores galénicos, aunque también incurrió en equivocaciones. En la figura se muestra la errónea prolongación de los músculos rectos del abdomen hasta las clavículas.

El texto de Valverde fue una obra anatómica muy difundida durante el Renacimiento. En los albores del Renacimiento, a principios del siglo XV, se fraguó una revolución que unió la ciencia y el arte de un modo que el mundo no había presenciado con anterioridad. La Edad Media había heredado conocimiento anatómico de fuentes grecorromanas, pero gran parte de esta sabiduría permanecía oculta o mal interpretada. Con el impulso humanista, los intelectuales de la época ansiaban volver a las fuentes clásicas y, a la vez, desarrollar métodos de observación directa. Este redescubrimiento impactó en el arte, que buscaba plasmar la realidad de la forma más veraz posible.
Si hay un nombre que encapsule a la perfección esta intersección entre ciencia y arte, es Leonardo Da Vinci. Celebrado por obras maestras como La Gioconda o La Última Cena, Da Vinci también fue un avanzado investigador anatómico. Sus cuadernos están llenos de apuntes y notas que podrían calificarse como pioneros de la anatomía moderna. De hecho, su ya mencionado Hombre de Vitruvio resulta casi tan conocido como sus pinturas a pesar de que este solo sea un mero esquema. Da Vinci no fue el único artista que sentía fascinación por la ciencia de su época. Miguel Ángel, célebre por su David y su trabajo en la Capilla Sixtina, también se volcó en el estudio del cuerpo humano. Por su parte, Rafael, otro de los artistas más destacados de la época, buscó en la anatomía la manera de expresar la armonía y la belleza idealizada, aunque con menos inclinación hacia la investigación científica que Leonardo o Miguel Ángel.
Mención especial merece también el médico y anatomista Andreas Vesalio, autor de De humani corporis fabrica (1543), un tratado de anatomía que revolucionó la medicina europea. En los siglos siguientes, el legado de estos grandes maestros no se detuvo. Sus avances en la representación del cuerpo han influido en generaciones enteras, tanto en la práctica médica como en las artes plásticas. De hecho, a día de hoy las escuelas de arte siguen basando su enseñanza en el dibujo anatómico como pilar para dominar la figura humana. La anatomía en el arte del Renacimiento es mucho más que una curiosidad histórica: representa un hito crucial en la relación entre conocimiento científico y creación artística.
El Renacimiento - La época de Miguel Ángel y Leonardo da Vinci (1/2) | DW Documental
La concepción de Arte y anatomía en el Renacimiento: Juan Valverde de Amusco y la Historia de la composición del cuerpo humano ha llevado un año y se puede ver desde este jueves hasta el 1 de marzo de 2025 en la Antesala del Salón de Lectura María Moliner, el espacio dedicado a exponer los tesoros bibliográficos. Cuenta con varias ediciones del tratado, grabados, dibujos y otros libros de anatomía ilustrados. Todos los materiales expuestos son fondos propios de la BNE. Uno de los comisarios, David García, historiador del Arte de la Universidad de Murcia, destaca a RTVE.es que el montaje plasma "esa idea tan renacentista de unir la palabra, la imagen y estos libros científicos. Y justo en un momento en el que la ciencia y el arte están perfectamente sincronizados. Los científicos realizan libros especialmente visuales y los artistas que les ayudan toman esas iniciativas para aprender una exacta anatomía de las figuras y aplicarlo a su propio arte".
De Amusco a Roma. Juan Valverde de Amusco nació en 1525 en el homónimo pueblo palentino, tras una formación inicial en Valladolid, viajó a Italia y a comienzos de 1540 estudiaba el cuerpo humano en Padua con los célebres médicos Vesalio y Matteo Realdo Colombo. Un año después plasmaría todo lo aprendido en un libro que compendiaba el saber anatómico de la época y enmendaba en algunas cuestiones el tratado de Vesalio. Otro comisario de la muestra, Sergio Ramiro, investigador del Instituto de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científica (CSIC) señala a RTVE.es que "tuvo un éxito comercial bastante importante. Un libro que es traducido al latín, al holandés y también al italiano, de una manera muy temprana. Todas estas ediciones en distintas lenguas nos hablan de un gran éxito editorial".
La Historia de la composición del cuerpo humano destaca por la calidad y belleza de sus estampas, así como por el impacto que tuvo en aquel contexto artístico. Estampación en cobre. José Ramón Marcaida, comisario y científico titular del CSIC, subraya a RTVE.es el detalle de los grabados: "La estampación a partir de unas planchas grabadas en cobre a buril es una técnica que permite más detalle, más finura. También unas ilustraciones con más carga de información y reordena las imágenes prestadas de Vesalio. La calcografía permite un formato de libro más manejable porque son manchas más compactas". Esta edición cuenta "con la experiencia comercial y también técnica de los impresores. Las estampas son materiales muy populares en la Roma del siglo XVI. Se da, por un lado, ese interés científico y, por otro lado, ese conocimiento del mundo de la edición y esa visión comercial de producir un libro de un formato más pequeño, más manejable, que sea más asequible, más barato, comparado con esos otros tratados anteriores, como el de Vesalio, que eran producciones más grandes, más aparatosas y más caras", añade Marcaida.
Los visitantes pueden comparar el Vesalio, tamaño folio grande (un poco más pequeño que un A3), y el Valverde de Amusco, tamaño folio (similar a un formato A4). Otro de los detalles es la diferencia en la definición que ofrece el grabado en madera, la entalladura del italiano, con respecto al grabado en madera del español. La edición renacentista era más artesanal que hoy en día, unos cientos de ejemplares de cada libro y cada uno "es único y merece mucha atención", como puede apreciarse en los volúmenes en las vitrinas de la muestra.
Por ejemplo, uno de los libros muestra los dibujos añadidos por su propietario, posiblemente un médico, y evidencia que era una herramienta de trabajo, no un mero tratado de consulta.
En el frontispicio de la primera edición de la Historia de la composición del cuerpo humano aparece el escudo de armas del influyente cardenal Juan Álvarez de Toledo, inquisidor general, cuyo apoyo fue decisivo para publicar la obra. El cardenal era un personaje muy bien posicionado y protector de artistas como Gaspar Becerra, al que se le atribuye la autoría de las imágenes del tratado. Una persona "culta, sensible también a las cuestiones médicas como su padre (II duque de Alba) y que entiende muy bien el poder que tiene la imprenta y la reproducción de obras, estampas en grabados, para la autopromoción personal", indica Ramiro.
La Historia de la composición del cuerpo humano constituye un ejemplo muy ilustrativo de la profunda relación entre la ciencia y el arte que caracterizó la cultura de la Edad Moderna, que llevaba a que artistas y médicos diseccionaran juntos cadáveres. En el Renacimiento, aún no existe la pintura de género, no existen los paisajes, los bodegones, pero "el arte tiene que ser contado a través de la figura humana", explica García. Crear y retratar correctamente un cuerpo es un punto necesario para los artistas: "Sabemos que una de las cosas que le preguntan a Velázquez en su examen es hacer una pintura de figuras. Es decir, tenía que reflejar muy bien a los seres humanos con una perfecta anatomía", añade. Los alumnos pintan del natural, dibujan a un modelo "con buenas carnes" que les servía de inspiración, pero cuando no tienen esos "modelos vivos" recurren a las estampas. En España, unos pintores envían un memorando al rey para intentar formar una academia en 1619 y en el texto se dice que cuando no se pueda pintar del natural, se recurra a los libros de Valverde de Amusco y de Vesalio. "Una de las pruebas de que se hace referencia a estos libros como necesarios, para que el pintor consiga adiestrarse en la materia de la figuración humana". De la ciencia al arte y del arte a la ciencia, la exposición Arte y anatomía en el Renacimiento: Juan Valverde de Amusco y la Historia de la composición del cuerpo humano busca realzar el valor de esta obra clave de la medicina europea a través del diálogo con otros tesoros de la colección de la Biblioteca Nacional de España.