El manga, el estilo distintivo de los cómics japoneses, tiene una rica historia que abarca más de un siglo. El manga tiene sus raíces en la vibrante tradición japonesa de narración y arte gráfico. Los primeros ejemplos de manga se remontan a finales del siglo XIX, cuando los artistas japoneses empezaron a experimentar con técnicas de dibujo y formas narrativas de estilo occidental. La primera revista moderna de manga, Shonen Sekai, se publicó en 1895 y contenía una mezcla de historias, cómics e ilustraciones dirigidas a un público masculino joven.
El periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial fue una época de gran expansión e innovación para el manga. En las décadas de 1950 y 1960, el medio se transformó con el auge del «manga narrativo», o manga con historias más largas y complejas. Durante este periodo, el manga también empezó a ir más allá de su público tradicional de chicos jóvenes y se adentró en nuevos géneros y estilos.
En las décadas de 1980 y 1990, el manga comenzó a extenderse más allá de Japón y se introdujo en nuevos mercados de todo el mundo. La difusión mundial del manga también se vio facilitada por los cambios en la industria editorial, ya que las nuevas tecnologías hicieron más fácil y rentable producir y distribuir manga traducido. Hoy en día, el manga es un verdadero fenómeno global, hasta tal punto que publicaciones de este género como es Kimetsu no Yaiba han conseguido desbancar en ventas a títulos tan icónicos como Harry Potter. Uno de los muchos récords que poco a poco el manga obtiene. Otro de ellos, por ejemplo el de crear el volumen único más largo del mundo.
A medida que el manga ha evolucionado y se ha extendido por todo el mundo, ha experimentado muchos cambios de estilo y temática. Uno de los rasgos más distintivos del manga es su peculiar estilo visual, que se caracteriza por ojos grandes y expresivos, rasgos simplificados y un fuerte énfasis en el movimiento y la acción. El manga también se ha caracterizado por su voluntad de explorar nuevos temas y asuntos.
El manga es un reflejo de la cultura japonesa, pero su alcance es global. La dedicación, el tiempo y la creatividad invertidos en cada viñeta crean personajes y universos que trascienden el papel, enriqueciendo la cultura mundial.

Los Pilares Fundamentales y Visionarios del Manga
La industria del manga y el anime ha sido moldeada por figuras extraordinarias a lo largo de las décadas. Desde los pilares que sentaron las bases hasta los innovadores que expanden los límites, estos artistas han dejado una huella imborrable. Aquí, exploramos a algunos de los mangakas más influyentes y sus contribuciones.
Los Pilares Fundamentales del Shonen
El género shonen, en particular, debe mucho a un trío de autores que definieron su panorama. Eiichiro Oda, Masashi Kishimoto y Tite Kubo, conocidos como el "Big Three" de la Shonen Jump, son fundamentales para entender el shonen moderno. Sus obras han cautivado a generaciones de lectores y han establecido muchos de los tropos que definen el género.
Innovadores y Visionarios
Go Nagai: El Padre del Género Mecha
Go Nagai es ampliamente reconocido como el padre del género mecha. Su participación en las primeras etapas de la Shonen Jump fue crucial. Su creación más emblemática es Mazinger Z. Sin embargo, Nagai también es el creador de otras obras mundialmente famosas como Devilman y Cutie Honey, las cuales incorporaron elementos de erotismo, violencia y una profunda crítica social, influyendo significativamente en innumerables obras posteriores.

Naoki Urasawa: Elevando el Género Seinen
Durante mucho tiempo, el género Seinen fue respetado pero aún le faltaba perfeccionamiento. Naoki Urasawa, con obras como Monster y 20th Century Boys, no solo perfeccionó el Seinen, sino que lo elevó a la altura de las grandes obras literarias mundiales, demostrando la profundidad y complejidad que el manga puede alcanzar.
Hirohiko Araki: Un Artista Incomparable
Hirohiko Araki es una figura única en el mundo del manga. Su inclusión en esta lista no se debe solo a sus historias o personajes, sino a la singularidad de su obra en su conjunto. Araki rompió moldes no solo en la narrativa y la audacia visual de sus mangas, sino también en el diseño, la estética y la expresión artística. Sus personajes han sido exhibidos en el Louvre y han cruzado fronteras, adornando revistas y marcas de moda internacionales. Araki ha trascendido las barreras de Japón para crear un arte verdaderamente global y personal.

Takehiko Inoue: El Maestro del Spokon
El género Spokon, que goza de gran popularidad con títulos como Haikyuu!! y Blue Lock, no habría alcanzado su estatus actual sin Takehiko Inoue. Su obra maestra, Slam Dunk, fue la pieza clave que transformó el Spokon de un nicho a un género exitoso, incluso inspirando a muchos a seguir deportes en la vida real. Más allá de contar una historia icónica, Inoue también demostró un arte excepcional en sus páginas.
Kentaro Miura: La Profundidad de Berserk
La obra más célebre de Kentaro Miura, Berserk, no solo fue crucial para el futuro del seinen y la fantasía medieval, sino que también impactó la industria del videojuego. Con Miura, el manga adquirió una seriedad y una complejidad temática que resonaron profundamente en sus lectores.
Akira Toriyama: El Creador de Leyendas
Akira Toriyama es otro nombre imprescindible. Si bien Dr. Slump fue un éxito rotundo, fue con Dragon Ball que Toriyama revolucionó el género shonen. Introdujo combates épicos, la evolución de personajes y un humor distintivo que se integraba perfectamente en la aventura. Toriyama no solo perfeccionó la fórmula, sino que hizo del manga un fenómeno internacional.

Osamu Tezuka: El Dios del Manga
Es imposible concebir el manga moderno sin Osamu Tezuka. Obras como Astro Boy y Black Jack demostraron que el manga podía ser mucho más que simples dibujos; era una forma de contar historias emocionantes, profundas e incluso filosóficas. Tezuka sentó las bases para la narrativa y el desarrollo de personajes en el medio.
El manga, el estilo distintivo de los cómics japoneses, tiene una rica historia que abarca más de un siglo. El manga tiene sus raíces en la vibrante tradición japonesa de narración y arte gráfico. Los primeros ejemplos de manga se remontan a finales del siglo XIX, cuando los artistas japoneses empezaron a experimentar con técnicas de dibujo y formas narrativas de estilo occidental. La primera revista moderna de manga, Shonen Sekai, se publicó en 1895 y contenía una mezcla de historias, cómics e ilustraciones dirigidas a un público masculino joven. El periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial fue una época de gran expansión e innovación para el manga. En las décadas de 1950 y 1960, el medio se transformó con el auge del «manga narrativo», o manga con historias más largas y complejas. Durante este periodo, el manga también empezó a ir más allá de su público tradicional de chicos jóvenes y se adentró en nuevos géneros y estilos. En las décadas de 1980 y 1990, el manga comenzó a extenderse más allá de Japón y se introdujo en nuevos mercados de todo el mundo. La difusión mundial del manga también se vio facilitada por los cambios en la industria editorial, ya que las nuevas tecnologías hicieron más fácil y rentable producir y distribuir manga traducido.
¡Hola a todos, lectores de Hanami Dango! ¿Alguna vez os habéis preguntado cuál es el origen del manga o cuál fue el primero que llegó a España? Estas caricaturas cómicas nacieron en el siglo XII en los templos japoneses y han sido atribuidas a un monje llamado Toba Sōjō que vivía en las montañas de Kioto. Los kamishibai (紙芝居, teatro de papel) son una forma de teatro itinerante que forma parte de la tradición japonesa. Mediante imágenes dibujadas en cartones o tablas de madera que se colocaban en pequeños escenarios de madera o metal, el cuentista se encargaba de narrar historias.
Los kamishibai han sido una forma de entretenimiento muy querida y apreciada en Japón desde hace siglos, aunque no fue hasta la posguerra que se hicieron realmente populares. El kamishibai contemporáneo nació alrededor del 1930 en los barrios más concurridos de Tokio y tuvo gran influencia entre las décadas de 1930 y 1950. El cuentista, o kamishibaiya, viajaba en bicicleta o a pie por vecindarios y comunidades ganándose la vida vendiendo dulces tradicionales japoneses muy baratos en lugar de un precio de admisión. Así, el kamishibai floreció en las ruinas de la posguerra como un entretenimiento barato para los niños y una manera de ganarse la vida para veteranos de guerra que habían quedado desempleados o para personas refugiadas y desplazadas.
Este arte experimentó una decadencia y cedió su terreno a los libros y las bibliotecas. Esta decadencia se debió al cambio en los gustos del público, la evolución de la educación y la alfabetización y la aparición de medios de entretenimiento modernos, como la llegada de la televisión en 1953. Las historias que podíamos encontrar representadas podían ser de diversos géneros: cuentos tradicionales, fábulas, relatos históricos, yokai, aventuras o cualquier otra narrativa. Muchos artistas de kamishibai crearon historias visuales con paneles que tuvieron un impacto significativo en lo que conocemos ahora como manga. Algunas de las historias que fueron creadas para ser representadas en los teatros callejeros se volvieron populares y empezaron a ser adaptadas a papel, a manga, y se empezaron a vender en librerías de alquiler.
En las últimas décadas ha habido un interés renovado por los kamishibai como método de entretenimiento y en entornos educativos, lo que ha llevado a la creación de libros, manga y anime sobre este teatrillo. Por ejemplo, Yamishibai, estrenado en 2013, es un anime sobre diversas historias cortas de terror que toma como inspiración el kamishibai. Shigeru Mizuki (1922 - 2015) comenzó su carrera artística trabajando como kamishibaiya en la década de 1950, antes de convertirse en un mangaka reconocido. Su experiencia en el kamishibai -que requería un estilo visual y narrativo claro y expresivo- influyó en su estilo de narración de historias y en su enfoque artístico, que más tarde se reflejó en su trabajo en el manga.
El origen de la creación de Kitaro es interesante y nada simple. A principios de la década de 1930, existía un kamishibai basado en el folclore japonés llamado Kosodate Yurei. Este kamishibai recibió una nueva versión de kamishibai muy popular, llamada Hakaba Kitaro (El Kitaro del Cementerio). Fue de esta versión en la que se inspiró Shigeru Mizuki en 1954 para crear una nueva versión de este kamishibai. Este nuevo relato creado por Shigeru fue llamado Hakaba no Kitaro y marcó el inicio de la serie Kitaro, aunque las versiones de kamishibai de Kitaro creadas por Mizuki no se conservan en la actualidad. Su famosa obra GeGeGe no Kitaro, que ha tenido una gran cantidad de obras relacionadas, incluyendo manga, anime, películas, novelas, dramas, juegos y producciones teatrales, tuvo sus raíces en el kamishibai. Entre 1960 y 1965 aproximadamente, Mizuki dejó de ser un kamishibaiya y cambió el enfoque de su producción hacia el manga de alquiler. En 1967, el nombre del manga cambió de Hakaba no Kitaro a GeGeGe no Kitaro. El cambio fue motivado por la producción de su primera serie anime que saldría a la luz en 1968, ya que se consideraba que contener la palabra cementerio en el título lo hacía poco atractivo para el público. En 1969, en pleno apogeo de su popularidad, la serie en Weekly Shonen Magazine llegó a su fin. Sin embargo, la producción de nuevas series de manga y adaptaciones de anime de Kitaro nunca paró. A medida que la serie se fue volviendo a emitir en televisión y se fueron publicando nuevas historias en revistas, hizo que la popularidad de GeGeGe no Kitaro no dejase de aumentar.

La teoría de los Kibyōshi es una de las más aceptadas sobre el origen del manga. Kibyōshi significa ‘cubierta amarilla’, y hace referencia a un género de libros ilustrados japoneses para adultos del período Edo posterior. Los kibyōshi incluían imágenes con textos (en los espacios en blanco), por lo que tenían muchas similitudes con lo que conocemos como manga. Los libros ilustrados para adultos evolucionaron a partir de los libros ilustrados para niños, lo que refleja la madurez del consumismo y la cultura Edo, la antigua capital de Japón que pasaría a llamarse Tokio. A finales del siglo XVIII, Edo, además de ser la ciudad más poblada del mundo, era la más alfabetizada, por lo que gran parte de la población podía leer estos kibyōshi.
Los kibyôshi representaban de manera cómica la vida cotidiana de las personas y se utilizaban para hacer sátiras políticas y sociales desde dentro de los propios muros de los barrios del placer de Edo. Estas historias solían dividirse en 3 libritos de 10 páginas de papel cada uno de aproximadamente tamaño B6 cosidas a mano. Con el tiempo, en las historias se fueron incorporando diálogos y algunas historias incluso incluían bocadillos de texto. Algunos kibyōshi llegaron a contener múltiples fotogramas en una página o imagen para realzar la complejidad de la escena y acelerar la progresión de la historia. A pesar de la inofensiva alegría inicial, el kibyōshi se vio obligado a cambiar de narrativas humorísticas y fantásticas a historias serias y moralistas.
Mediante la colonia extranjera (gente británica, norteamericana, rusa y francesa sobre todo), se trajeron sus costumbres, entre ellas las publicaciones de tipo satírico como revistas y periódicos. Al principio usaban a dibujantes occidentales, pero poco a poco fueron enseñando a japoneses que fueron trabajando en este tipo de revistas y que incluso llegaron a crear las suyas propias. El dibujo de Kitazawa imitaba el estilo de las caricaturas de esa época de finales del siglo XIX a principios del siglo XX. Entre sus obras destacan Tagosaku to Mokubê no Tôkyô-Kenbutsu (田吾作と杢兵衛の東京見物, Tagosaku y Mokube visitan Tokyo), considerado el primer manga moderno, y Tonda Haneko. Este último fue el primer manga publicado en España, ¡y nada más y nada menos que en catalán!
En los años 20 empezaron a salir más y más cómics para niños. Las aventuras de Shou-chan fue el primer cómic japonés per se con globos de texto y el primero en alcanzar una popularidad masiva. El cómic más conocido de los años 30 fue Norakuro. Norakuro es una de las obras más importantes de la historia manga ya que acompañó a los lectores durante varias décadas. La política imperialista japonesa estaba luchando en el Pacífico y en Asia para incorporar territorio: Corea y China estaban bajo dominio japonés, e incluso llegaron hasta la India a parte de todo el Pacífico. En este manga, las estructuras de las viñetas eran muy simples: todo simétrico y con planos largos.
En 1947 surge la gran figura del manga: Osamu Tezuka, el Dios del Manga. Tezuka vivió la guerra de adolescente, aunque no fue a luchar, por eso toda su obra queda impregnada de humanismo, pacifismo y amor por la vida. Estudió medicina por influencia de su abuelo, que era médico, e incluso llegó a sacarse el doctorado. La nueva isla del tesoro (1947) de Osamu Tezuka revolucionó el manga y llegó a vender 400 000 ejemplares en una época en la que Japón estaba destrozado por las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. Si no hubiera existido este manga que inspiró a gran parte de la generación de autores posteriores, nos habríamos perdido Doraemon, Joe del mañana, etc.
El origen del término ‘manga’ en sí también es muy interesante. La primera vez que este término fue usado es en 1814 cuando el maestro Hokusai publicó el primero de una serie de 15 volúmenes llamados Hokusai Manga (北斎漫画), publicados entre 1814 y 1834. Manga es la palabra con la que se nombran las historietas en general en Japón. El término es una combinación de los kanji correspondientes a informal (漫 man) y dibujo (画 ga). En occidente, la palabra se utiliza habitualmente para referirse tanto a los cómics como al estilo de dibujo japonés. En 1814, el artista Katsushika Hokusai comenzó a dibujar historias cortas protagonizadas por samuráis, representando las guerras y sucesos por los cuales había atravesado Japón durante aquel período; fue precisamente él quien acuñó el término manga.

Narrativas Únicas y Estilos Distintivos de Mangakas Contemporáneos
Si bien el manga es un universo de géneros, talento e historias, también es una constante competencia técnica y de estilo artístico. Algunas series y autores se destacan más que otros visualmente, incluso hay títulos que son más detallados que su contraparte anime. El manga es un gran ejemplo de la dedicación y el tiempo que se vierte en cada viñeta, el cuidado que se le pone a cada pequeño detalle, además de la creatividad y el esfuerzo que se requieren no solo para crear historias interesantes, sino también personajes que trascienden más allá del papel, otorgando a la cultura mundial títulos y artistas como Gekkō Kamen, a cargo de Yasunori Kawauchi; Mach Go Go Go, de Tatsuo Yoshiday; Doraemon, creado por Hiroshi Fujimoto; Mazinger Z, de Go Nagai; o Dr. Slump, de Akira Toriyama.
Izumi Tsubaki y el Yonkoma de "Monthly Girls' Nozaki-kun"
Monthly Girls’ Nozaki-kun, creado por Izumi Tsubaki, es un ejemplo fascinante de cómo el formato yonkoma (manga de cuatro viñetas) puede ser utilizado para crear comedia y explorar la vida de los mangakas. La estructura narrativa, conocida como Kishōtenketsu, permite un desarrollo ágil y sorpresas constantes. La serie no solo es una comedia romántica, sino también una mirada perspicaz a los desafíos y sacrificios que enfrentan los artistas gráficos en Japón, a menudo lidiando con largas jornadas, falta de descanso y precariedad laboral.
Tatsuki Fujimoto y la Revolución de Chainsaw Man
Tatsuki Fujimoto se ha ganado un lugar como un autor que ofrece obras únicas y audaces. Con Fire Punch y, más notablemente, Chainsaw Man, ha demostrado un genio brillante y a menudo demencial. Sus historias, aunque retorcidas, caóticas y sangrientas, a menudo contienen mensajes profundamente humanos. Chainsaw Man, su segundo trabajo serializado, se convirtió en un éxito masivo, vendiendo millones de copias y recibiendo una adaptación animada. La historia de Denji, un joven que lucha por una vida normal mientras se convierte en un demonio motosierra, es una exploración cruda de la humanidad, los deseos y la búsqueda de pertenencia en un mundo violento.

Masakazu Katsura: Versatilidad y Estilo Reconocible
Masakazu Katsura es conocido por su estilo distintivo, especialmente en el detalle de peinados y ropa. Saltó a la fama internacional con Video Girl Ai, demostrando que el shonen podía ser tan dramático y romántico como el shoujo. A lo largo de su carrera, ha explorado diversos géneros, desde la acción y la ciencia ficción hasta el romance puro. Sus trabajos como DNA2, Zetman y I"s muestran su habilidad para crear personajes memorables y tramas atractivas. Además de su trabajo como mangaka, Katsura ha colaborado con otros grandes, como Akira Toriyama, y ha diseñado personajes para anime y figuras.
Otros Talentos Destacados y su Impacto
El mundo del manga está lleno de talento. Masashi Tanaka, con su serie cómica y a veces violenta Gon, destaca por su meticulosa representación de animales y fondos. Katsuhiro Otomo, con Akira, es aclamado por su enfoque moderno en diálogo, trama y personajes, ganando numerosos premios. Hiroya Oku es conocido por sus historias de ciencia ficción y acción sangrienta, mientras que Makoto Yukimura, con su manga gore de alto realismo, dedica un tiempo considerable a los detalles. Junji Ito es un maestro del terror, creando atmósferas maravillosamente horribles. Yusuke Murata es un pilar de la nueva generación por su arte detallado y su habilidad para integrar el color y la narrativa. Inio Asano es reconocido por sus historias realistas sobre la vida adulta, el amor y el horror psicológico. Hiroaki Samura, experto en anatomía humana, crea poses y paisajes expresivos. Y, por supuesto, el legendario duo Fujiko Fujio, creadores de Doraemon, un icono del manga infantil que estableció una estructura narrativa fundamental para los más jóvenes.
Masashi Tanaka, graduado en Bellas Artes, tuvo mucho éxito con su serie de cómics sobre un pequeño tiranosaurio llamado Gon; una serie cómica a veces muy violenta, otras veces conmovedora, pero con una hermosa atención a los detalles, cuyo estilo artístico se inclina por la representación meticulosa de los animales, acompañada por hermosos fondos, sin diálogos u onomatopeyas.
Para muchos, Akira es considerado el mejor manga escrito hasta ahora, debido a su enfoque moderno en el diálogo, la trama y los personajes. Ha ganado numerosos premios como el mejor trabajo de ficción gráfica jamás creado. Su creador, Katsuhiro Otomo, amante de las películas estadounidenses, lo publicó en 1982.
Hiroya Oku creó una de las mejores historias de ciencia ficción y acción sangrienta.
Makoto Yukimura creó uno de los mangas más gore debido a sus batallas con un alto nivel de realismo y precisión. Tuvo que mover su edición semanal a mensual para poder incluir la mayor cantidad de detalles posible.

Desde muy joven, Junji Ito se inspiró en los dibujos de su hermana mayor y en los cómics de Kazuo Umezu, los que le desarrollaron un fuerte interés por realizar cómics de terror. Uzumaki, así como el resto del trabajo de Junji, es maravillosamente horrible.
Un título de acción cómica con arte detallado, escritura inteligente y dibujos nítidos. Murata es pilar de la nueva generación de artistas japoneses por su trabajo con el color, las líneas, los detalles, la técnica, su diseño de personajes y la facilidad que tiene para empatar el trazo con la narración de las historias. El talento de Yusuke Murata se puede apreciar en este trabajo.
Asano Inio es reconocido por sus historias realistas que van desde el amor hasta el horror psicológico. En 2001, ganó el primer premio en la competencia GX para jóvenes artistas de manga; el periódico Yomiuri Shimbun describió a Asano como "una de las voces de su generación".
Es considerado uno de los cinco mejores mangas de la historia por su creatividad, lectura fascinante y arte bien ejecutado. Para el mundo occidental es una obra de arte, tanto en su narración como en su dibujo.
Hiroaki Samura es experto en la comprensión de la anatomía humana, lo que le permite crear posturas y ángulos expresivos únicos. Es reconocido por la atención que le da a las manos y los pies, además de sus fondos y paisajes atmosféricos con sombreado a lápiz y delineado a tinta. Blade of the Inmortal, el manga de Hiroaki Samura.
Vagabond es considerado una pieza de arte en movimiento, con un entorno maravilloso que mezcla la belleza intensa con una estética áspera.
El manga es un gran ejemplo de la dedicación y el tiempo que se vierte en cada viñeta, el cuidado que se le pone a cada pequeño detalle, además de la creatividad y el esfuerzo que se requieren no solo para crear historias interesantes, sino también personajes que trascienden más allá del papel.
El Impacto Económico y Cultural del Manga
El éxito de estos mangakas no solo se mide en premios y reconocimiento crítico, sino también en su impacto económico. Autores como Fujiko F. Fujio (Doraemon), Koyoharu Gotouge (Kimetsu no Yaiba), Kazuki Takahashi (Yu-Gi-Oh!) y Akira Toriyama (Dragon Ball) generan ingresos millonarios anuales, demostrando el poder comercial del manga. Estas obras no solo entretienen, sino que también impulsan industrias enteras, desde la animación hasta el merchandising.
La revolución literaria del manga en Japón - Historia del manga l Documental
En el anime hay todo tipo de obras, desde ciencia ficción y ninjas, hasta fantasía, deportes, política, economía o medicina. Sus personajes son únicos, complejos y a menudo débiles. La fuente de esa diversidad radica en la amplitud de temas de los mangas de los que se adapta el anime. ¿Cómo pasó el manga a ser un medio con tal amplitud de historias?
La evolución del manga comenzó en lo que hoy es Matsuya-chō, en el distrito de Chūō, en la ciudad de Osaka. Aún hoy día llamada “Maccha-machi” o “Goccha-machi”, está repleta de tiendas especializadas y al por mayor. Si bien Tokio es el centro del mundo editorial en la actualidad, hasta la periodo Edo (1603-1868) existían tres centros: Osaka, Kioto y la propia Edo. Incluso durante la era Meiji (1868-1912) Osaka contaba con influyentes editoriales, como Tatsukawa Bunmeidō, que popularizó los libros de relatos Tatsukawa Bunko, como el del famoso ninja Sarutobi Sasuke.
En enero de 1947, poco después del final de la Guerra del Pacífico, la editorial Ikuei, que publicaba libros prácticos en el vecino Jūniken-cho, junto a Matsuya-chō, publicó un libro de manga independiente. Se trataba de Shin takarajima (La nueva isla del tesoro), con idea original y guion de Sakai Shichima e ilustraciones de Tezuka Osamu. Sakai era un veterano que había trabajado como dibujante de manga y animador desde antes de la guerra. En julio de 1946, un año antes de la publicación de Shin takarajima, Tezuka visitó la casa de Sakai acompañado por el veterano dibujante de manga Ōsaka Tokiwo. Durante esta visita, Sakai y Tezuka congeniaron y Sakai le propuso una colaboración. Tezuka, que desde sus tiempos en la escuela secundaria Kitano (actualmente el instituto prefectural Kitano de Osaka) había estado buscando un nuevo tipo de manga que no fuera “ni novela ni manga”, aceptó encantado.
La historia sigue a un joven protagonista que se embarca en un viaje para encontrar un tesoro escondido marcado en un mapa. Tras ser atacado por piratas y naufragar en una tormenta, llega a una isla desconocida que resulta ser la isla del tesoro del mapa. Cuando comienza su exploración, los piratas atacan de nuevo. El propio Tezuka mencionó la cifra de 400.000 ejemplares vendidos, pero se estima que las ventas reales fueron de decenas de miles de copias, considerando las condiciones del mercado del papel y la tecnología de impresión de la época, poco después del final de la guerra. Este éxito desencadenó un auge del manga sin precedentes en Osaka. Además de las editoriales que operaban desde antes de la guerra, incluso los pequeños negocios de juguetes se aventuraron a publicar mangas. Muchos de los autores eran jóvenes de entre 10 y 20 años, como Tezuka. Los personajes tenían personalidades tan complejas como las de los protagonistas de una película, y la trama se desarrollaba con múltiples líneas paralelas. Se evitaba el simple esquema del bien contra el mal, e incluso los personajes principales podían morir.
Las editoriales de manga de Osaka aceptaban incluso a dibujantes sin experiencia previa porque se centraban en la publicación de tomos independientes. En Tokio, los mangas se publicaban principalmente en revistas infantiles en formatos cortos de pocas páginas, y los dibujantes eran todos veteranos. No había oportunidad para los jóvenes. Los dibujantes de manga y los medios de comunicación de Tokio criticaron los mangas de Osaka, llamándolos despectivamente “libros rojos” de baja calidad. Una de sus obras más completas de esta época es Lost World (Mundo perdido), publicada en 1948 por Fuji Shobō en dos volúmenes. Era una historia larga en la que Tezuka había estado trabajando desde la escuela secundaria. La trama sigue la lucha entre un joven científico, un detective, una banda de ladrones y un sospechoso periodista, por obtener una “piedra de energía” del planeta Mamango, que se acerca a la Tierra.
El atractivo del manga de historia que Tezuka creó en Osaka se extendió por todo el país. En 1950, Tezuka serializó la larga obra Jungle taitei (El emperador de la jungla) en la revista mensual Manga Shōnen, con lo que se plantó de firme en el mercado de Tokio. En el verano de 1952, después de aprobar el examen de licencia médica, Tezuka trasladó su base a Tokio. Muchos niños que habían crecido aspirando a convertirse en mangaka, inspirados por Tezuka, también debutaron en revistas de Tokio.
En aquella época había unas 30.000 librerías de alquiler de libros en todo Japón. Estos locales, con estanterías en pequeños espacios de tierra, ofrecían revistas y libros en alquiler por 10-20 yenes la noche. También existían libros para alquiler que no se distribuían en las librerías convencionales, y los más populares eran los mangas. Había editoriales especializadas en este tipo de publicaciones, y su centro era Osaka. Entre los dibujantes que solían publicar con Hakkō se encontraban Saitō Takao, Tatsumi Yoshihiro, Matsumoto Masahiko y Satō Masaki, grandes innovadores de la expresión convencional del manga. Más tarde Saitō alcanzaría un gran éxito con Golgo 13, y Tatsumi también ganaría popularidad en Norteamérica y Europa como “mangaka rebelde”.
Para ellos ya no era suficiente el manga de historia que se originara en Tezuka Osamu. El lugar de publicación del manga de historia eran las revistas dirigidas a niños y niñas, y sus protagonistas eran también niños. Muchos de los usuarios de las librerías de alquiler eran jóvenes que trabajaban en fábricas y tiendas. Saitō y Tatsumi intentaron crear un manga que pudiera convencer a los lectores de su misma generación. Un manga donde fueran personajes de tamaño natural, no superhéroes disfrazados de niños, los que actuaran, sufrieran y tuvieran conflictos. En 1956 Hakkō lanzó una colección de relatos cortos de varios dibujantes en un libro de alquiler llamado Kage (Sombra); muchos jóvenes dibujantes comenzaron así a publicar obras cortas llenas de pasión, una tras otra. Cuando por fin se dieron cuenta de que el término “manga” no se ajustaba a su trabajo, idearon aquel nuevo término: “gekiga”.
En enero de 1959, este grupo de jóvenes dibujantes estableció el colectivo creativo Gekiga Kōbō en Osaka. En 1960, los miembros se fueron trasladando a Tokio uno tras otro, estableciendo su base en un apartamento en la ciudad de Kokubunji. Desde un principio las revistas infantiles, que habían evitado el gekiga por razones como su violencia o sus “dibujos sucios”, no pudieron ignorar su popularidad. El dibujante de manga Chiba Tetsuya, conocido por su manga de boxeo Ashita no Joe (Joe del mañana), describe así el movimiento de la época: “El gekiga llegó como una ola negra desde Osaka. Mientras tanto, la industria editorial de Osaka, privada de artistas por las revistas de Tokio, decayó rápidamente, y a mediados de la década de 1960 había quedado destruida casi por completo. En proporción inversa, el auge del gekiga en Tokio cobró impulso: en 1967 apareció Weekly Manga Action, y en 1968, Big Comic, revistas dirigidas a lectores jóvenes. También aquí el gekiga desempeñó un papel protagonista.
Con la llegada del gekiga, el manga, antes considerado un entretenimiento infantil, pasó a ser leído por una generación más amplia de lectores. El abanico de temas tratados también se amplió, incluyendo cuestiones sociales, política, juegos de azar, gastronomía y medicina.

Hoy, “manga de historia” y “gekiga” son ya términos caídos en desuso, pero su legado perdura en la rica diversidad del manga actual.