El significado de "estar más visto que un tebeo" y la historia de la revista TBO

La frase «estar más visto que el tebeo» se refiere a algo que está muy visto, muy conocido o muy repetido. Este dicho popular tiene su origen en la gran popularidad que alcanzó la revista española TBO, que dio nombre a todas las publicaciones de historietas, conocidas como "tebeos".

El 17 de marzo de 1917, en Barcelona, nacía para los lectores el «TBO», la revista que se convertiría en un hito cultural y sociológico, retratando parte de la historia de España en el siglo XX. Un siglo después de su fundación, la publicación sigue viva en el imaginario popular, siendo considerada patrimonio cultural y memoria sentimental de diversas generaciones.

Portada del primer número de la revista TBO

El nacimiento de un icono

La revista TBO nació en el taller litográfico de Arturo Suárez, en la calle Universidad de Barcelona. El primer número, impreso en tinta azul, tenía un formato de 17x24 cm, ocho páginas y costaba cinco céntimos. En su editorial fundacional se advertía: “'TBO' no se propone cansar las jóvenes imaginaciones con arduos problemas ni serias doctrinas que, a veces, por una retorcida interpretación, llevan a la juventud por senderos perjudiciales... Un algo superficial, fácil, alegre y chistoso, sin traspasar los justos límites ni llegar a lo chabacano. En una palabra, el chico necesita un juguete literario. 'TBO' es el juguete que hemos confeccionado”.

Aunque sobre el origen del nombre de la cabecera existían un par de versiones poco claras, fue Rosa Segura, antigua secretaria del 'TBO', quien reveló en sus memorias la hipótesis más veraz. Viendo el éxito de la revista infantil 'En Patufet', Joaquín Arques sugirió lanzar una publicación para jóvenes. Arques, libretista y autor de zarzuelas, propuso el nombre inspirándose en una revista lírica estrenada en 1909 llamada 'T.B.O.', que trataba sobre la redacción de un nuevo diario imaginario con ese mismo nombre.

Joaquim Buigas, el "alma mater" del TBO hasta su muerte, compró la cabecera a Suárez y la convirtió en un referente. Buigas lo decidía todo: maquetas, filosofía, apariencia, contenido y gran parte de los guiones, aunque no firmó ninguno. Sin él, el 'TBO' no habría existido.

El humor del TBO: blanco, pero no siempre

El 'TBO' casi siempre ha llevado la etiqueta de cultivar un humor blanco e inocente. Esto se acentuó a partir de los años 60, debido a la presión de la censura franquista, cuando fue considerado una lectura principalmente para jóvenes. Sin embargo, en sus inicios, y a lo largo de su historia, hubo historietas de aventuras con bastante violencia y era una lectura para niños, jóvenes y también adultos. Como señala Lluís Giralt, coleccionista y colaborador de la revista, "lo leía todo el mundo y, en las familias ricas, hasta las criadas".

Ejemplo de humor blanco en TBO: un chiste sobre rascacielos

El primer número, de marzo de 1917, se presentaba como "Semanario festivo infantil" y su primera portada ilustraba un chiste sobre rascacielos. Tampoco sería un gag para niños una historieta de Benejam de 1951 sobre una familia famélica en plena posguerra.

De la censura a la popularidad

Durante el franquismo, 'TBO' debía presentar una maqueta previa en la Dirección General de Prensa, donde los censores ejercían su control. La revista tuvo un encontronazo grave con la censura por una viñeta de 1951 del dibujante Manuel Díaz, donde se hacía referencia a un reconstituyente a base de comida, y el ministro de Gobernación se llamaba Blas Pérez. Aquello acabó con una multa de 12.000 pesetas.

Los censores tampoco veían con buenos ojos las "señoras orondas, redonditas y de culos gordos" que dibujaba Urda. Tampoco escapó una historieta de Josep Maria Blanco de 1970, que criticaba la falta de "recomendación" del régimen para conseguir un trabajo.

Viñeta de la revista TBO que tuvo problemas con la censura

Personajes y secciones inolvidables

El TBO fue la cuna de personajes entrañables y series que marcaron a generaciones. Entre ellos, destacan:

  • La familia Ulises: Creada por Marino Benejam en 1944, esta serie costumbrista retrataba con humor las aventuras y desventuras de una familia numerosa.
  • Los grandes inventos del TBO: Una sección icónica que comenzó en 1923 con Joan Macías "Nit" y continuada por otros como Marino Benejam, Tur o Sabatés. Introducía y explicaba los famosos inventos del profesor Franz de Copenhague, personaje creado por Serra Massana. Estos inventos disparatados y sorprendentes llegaron a ser tan populares que la expresión "es como un invento del TBO" se coló en el lenguaje de la calle.
  • El profesor Franz de Copenhague: Aunque su rostro no apareció junto a los inventos hasta 1980, el personaje ya existía desde 1935.
  • Agamenón y la terrible Fifi, Anacleto agente secreto, Ángel Siseñor, Carpanta, Cucufato Pi, Daniel el travieso, Don Berrinche, Don Pío, Doña Urraca y Jaramillo, El botones Sacarino, El caco Bonifacio, El doctor Cataplasma y su criada Panchita, El loco Carioco, El pato Donald, El profesor Tragacanto, El reporter Tribulete, Gordito Relleno, Jaimito, Josechu el vasco, La familia Cebolleta, La familia Churumbel, La familia Trapisonda, Las aventuras de Tintín, Las hermanas Gilda, Melitón Pérez, Mortadelo y Filemón, Pepe Gotera y Otilio, Petra, criada para todo, Rigoberto Picaporte, Rompetechos, Super López, Zipi y Zape, 13, Rue del Percebe.

Mención especial merece Carpanta, creado por José Escobar. Este vagabundo, con fama de "muerto" de hambre, popularizó frases como "tener o pasar más hambre que Carpanta". En él se encarna la esencia y el ingenio del tebeo español.

Ilustración de Carpanta, el personaje hambriento

Un legado impreso en la cultura

La popularidad del TBO fue tal que la Real Academia Española incluyó en 1968 la palabra "tebeo" como genérico de publicación infantil y de historietas, y la expresión «estar más visto que el tebeo». La canción infantil "Yo quiero un TBO", compuesta en los años 30, es otro testimonio de su fama.

La revista tuvo una tirada de 9.000 ejemplares en 1917, llegando a los 350.000 en los años 50. En 1972 presumían de tener 600.000 lectores, atribuyendo cuatro lectores a cada uno de los 150.000 ejemplares que tiraban.

A lo largo de su historia, TBO pasó por distintas etapas y editoriales, desde su fundación en 1917 hasta su última publicación en septiembre de 1998. Fue una de las revistas de entretenimiento más importantes de la historia de España, sentando las bases de lo que debía ser una revista de historietas y aportando sana lectura a varias generaciones.

Los grandes inventos del TBO

Solo seis autoras publicaron en el TBO a lo largo de su historia, entre ellas Rosa Segura, Teresa Maria Pons, María Urda, Mª Ángeles Sabatés e Isabel Bas, esta última con una larga experiencia en la profesión.

El legado del TBO perdura no solo en la memoria colectiva, sino también en la propia lengua española, a través de la palabra "tebeo" y la expresión "estar más visto que el tebeo", que nos recuerdan la importancia de esta revista en la cultura popular.

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