A finales de 1914 tuvo su inicio una de las mayores epopeyas de la historia de la expedición Antártica cuando Ernest Shakleton y otros 28 hombres zarparon a bordo del Endurance con el objetivo de cruzar la Antártida de mar a mar pasando por el Polo Sur.
Ese fue el principio de una odisea de casi dos años de duración en la que el explorador y su tripulación tuvieron que pasar por toda clase de penurias para conseguir regresar con vida a la civilización. Ernest Shakleton fue un explorador británico que participó en varias expediciones a la Antártida a principios del siglo XX. Fue uno de los exploradores que intentó alcanzar el Polo Sur en primer lugar junto con Scott y aunque no lo consiguió eso no le quitó las ansias de explorar el continente helado y de intentar nuevas gestas relacionadas con la exploración antártica.
En vida consiguió bastante reconocimiento público por sus gestas e incluso llegó a ser nombrado caballero del Imperio Británico pero su temprana muerte, a los 48 años, y los éxitos de Scott hicieron que su legado cayera en el olvido durante bastantes años.

Lo curioso de la historia, es que sus inicios son precisamente por causas contrarias ya que la expedición, cuyo objetivo era cruzar el continente antártico pasando por el polo, fue una obsesión de Shakleton tras perder la carrera por ser el primero en llegar al Polo Sur. Sir Ernest Shackleton publicó este anuncio en el periódico con el objetivo de hacer realidad su sueño, su obsesión: ser el primer hombre en cruzar la Antártida.
«Se buscan hombres para un viaje peligroso. Sueldo exiguo, frío intenso y días de absoluta oscuridad. No se asegura retorno con vida. Honor y reconocimiento en caso de éxito.»
A bordo del Endurance, Shackleton y sus tripulantes deberían demostrar su resistencia, su determinación y su aguante... y enfrentarse a sus peores miedos cuando el Endurance quedó bloqueado en un banco de hielo, sin imaginar que de aquella forma empezaba una aventura que sería recordada durante cien años.
La obstinación de Shakleton hizo que el barco quedará varado en una masa de hielo a las pocas semanas de empezar la expedición. A la espera que el hielo se partiera y liberara el navío, Shakleton y su equipo abandonaron el barco y montaron un campamento sobre el hielo, pero tras 11 meses a la deriva, la presión del hielo sobre el casco del Endurance fue excesiva y acabó por hundir el barco. Aun pasarían cinco meses más a la deriva en el hielo antes de que pudieran regresar al mar en tres pequeñas barcas rescatadas del Endurance con las cuales recorrieron más de 550 kilómetros en un mar embravecido y helado para llegar a la primera tierra firme que pisaban en casi 500 días.

El viaje del Endurance, relatado de forma fiel por Malaterre y el resto de guionistas de este cómic, es una de esas historias reales capaces de superar a la ficción. Una historia de superación y supervivencia que se convierten en inspiración y ejemplo de lo que puede conseguir el ser humano cuando trabaja en equipo por un fin común, pensando en la supervivencia del grupo por encima de los intereses personales.
Los guionistas de esta obra se muestran respetuosos con el material original y construyen un relato lineal de la odisea de Shakleton y su tripulación en el que incluyen los principales eventos e hitos del viaje pero lo hacen con una aproximación muy humana, centrándose muchas veces en anécdotas o conflictos entre los integrantes de la tripulación.
De entre todos los personajes, destaca la figura de Shakleton que no es presentado como un héroe sin mácula sino como una persona consciente de sus errores y de sus obsesiones que se erige en líder racional y conciliador capaz de mantener a su equipo cohesionado incluso en las circunstancias más terribles.

Se da la circunstancia que el viaje del Endurance y su odisea en el hielo está profusamente documentado fotográficamente y eso se nota en el trabajo del dibujante, Olivier Frasier, para dar una imagen realista y fiel del infierno que vivieron Shakleton y los suyos.