El Rey de Amarillo: Un Vistazo al Horror Sobrenatural de Robert W. Chambers

El Rey de Amarillo, también traducido como El Rey Amarillo, es un libro de cuentos de terror sobrenatural del escritor estadounidense Robert W. Chambers, publicado por primera vez por F. Las historias "El reparador de reputaciones" y "El signo amarillo" transcurren en los años veinte en EEUU, veinticinco años en el futuro respecto al momento en que escribía Chambers, mientras que "La máscara" y "En la corte del dragón" suceden en París.

El Rey de Amarillo es una obra de teatro ficticia mencionada en numerosas ocasiones en el libro de cuentos El Rey de Amarillo de Robert William Chambers. Chambers tomó prestados los nombres Carcosa, Hali y Hastur de Ambrose Bierce: específicamente, sus cuentos "Un habitante de Carcosa" y "Haïta el pastor". No hay una fuerte indicación de que Chambers fue influenciado más allá de que le gustaran los nombres.

La primera temporada de la serie de televisión True Detective de HBO (2014) gira en torno a una serie de crímenes relacionados con un tal "Rey Amarillo" y un culto establecido alrededor de elementos del catolicismo, voudon y del libro de Chambers. Carcosa mencionada en numerosas ocasiones, y se revela como una antigua fortaleza y escondite de piratas que contiene un esqueleto humano vestido con túnicas amarillas.

"El rey de amarillo", ilustración de Earl Geier en el escenario "Tatterdemalion" de Richard Watts para el juego de rol Call of Cthulhu publicado por Chaosium. El letrero amarillo que adorna la parte posterior del trono fue diseñado por Kevin A.

H.P. Lovecraft leyó El rey de amarillo a principios de 1927 e incluyó referencias pasajeras a elementos y lugares del libro en sus obras, como el lago de Hali y el letrero amarillo en "El susurrador en la oscuridad" (1931). Lovecraft utiliza profusamente el estilo de Chambers de referirse solo vagamente a eventos, entidades y lugares sobrenaturales.

El pasado febrero, así lo indica la fuente oracular de Internet, un viejo libro, curiosamente por lo inesperado, se aupaba a la lista de títulos más vendidos en Amazon: El Rey de Amarillo de Robert W. Chambers era exhumado de la tumba del olvido parcial y trasladado a un catafalco digno de su entidad debido a su ascendiente y reconocida influencia sobre True Detective -y, consiguientemente, sobre los gustos de los videntes adictos a cualquier obra que pueda prolongar el éxtasis del capítulo semanal-.

Los engranajes del mercado cultural giran bien engrasados en la serie protagonizada por Matthew McConaughey y Woody Harrelson desde que diera inicio el pasado 12 de enero en la cadena, cuál si no, HBO. A lo largo de sus ocho episodios, con sus momentos altos y bajos, no olvidemos tampoco la soberbia elección musical, se nos narra la investigación de un crimen ritual por parte de los detectives Rustin Cohle y Martin Hart a lo largo de dos líneas temporales, una situada en 1995 y otra en 2012. Una historia de personajes antes que whodunit, con un Hart que pretende ser el americano medio y un Cohle seco, alucinado, con la vista puesta permanentemente en el abismo mientras carga una libreta bajo el brazo. El devenir de una pareja que ha sido observado por millones de seguidores dentro y fuera de los Estados Unidos hasta el pasado 9 de marzo.

Bajo las capas de simbolismo, ya sea pretendido o inconsciente, late un ambiente de horror soterrado que llama de nuevo a la puerta en nombre del Sur profundo, de Chambers, de Ambrose Bierce, de Thomas Ligotti.

En España, la labor de desenterrador del cuerpo tatuado en letras de Chambers corrió a cargo, allá a finales de los 60, de Rafael Llopis y su piedra fundamental para el conocimiento de la literatura de terror vertida al castellano Los mitos de Cthulhu. En este libro se incluía, con traducción de Francisco Torres Oliver, «El signo amarillo«, muy apropiadamente a continuación del relato de Bierce. Habría que esperar, sin embargo, hasta los años 80 para que se ampliara el foco sobre el escritor americano cuando, a cargo de la editorial Teorema, se editó una recopilación sus textos. Dicha recopilación, que recogió aquellos en torno al fatídico tomo El Rey de Amarillo y algunos otros de carácter más netamente fantasiosos, fue el espejo en el que se reflejaron posteriores casas de libros dispuestas a editar un compendio del terror chamberiano.

El Rey de Amarillo: Relatos macabros y terroríficos (Valdemar, 2011) es la más reciente reintroducción de Chambers en el mundo de los «letraheridos» por el horror sobrenatural. Un libro editado en la colección Gótica con una soberbia ilustración de Juan Serrano como portada, traducción de nueva mano por obra y gracia de Marta Lila Murillo y prólogo de Jesús Palacios, viejo-joven conocido de la editorial que arroja ciertas luces sobre el desempeño de Chambers como escritor. Hasta aquí llegan las novedades, puesto que Valdemar sigue al pie de la letra el canon de Teorema, como también hizo con anterioridad Abraxas, decantándose por relatos idénticos a los aparecidos en los años 80: «El Reparador de Reputaciones», «La máscara», «En el Pasaje del Dragón» y «El Signo Amarillo» como pertenecientes al ciclo de El Rey de Amarillo aparecidos en el libro de idéntico título publicado en 1895; «La demoiselle d’Ys», fuera del ciclo, pero parte también de dicho título; «El Emperador Púrpura», «El Mensajero» y «La Llave del Dolor» extraídos de The Mystery of Choice (1897) y «El Creador de Lunas» y «Una velada placentera» de The Maker of Moons (1896).

Lovecraft se lamentaba de la peculiar relación de Chambers con la literatura. De él se quejaba amargamente en una misiva a su colega Clark Ashton Smith: “Chambers es como Rupert Hughes y tantos otros titanes caídos: armados del cerebro y la educación adecuados, pero totalmente desacostumbrados a su uso”. Quien con tanta rabia se quejaba no podía sino guardar una estrecha deuda literaria con el autor de El Rey de Amarillo, deuda que a buen seguro no le hubiera importado aumentar.

La influencia sobre el de Providence es clara en cuanto que El Rey de Amarillo es una obra que atrae la locura sobre todo lector que pase más allá de la primera escena. Una obra de teatro de la que se habla casi en susurros, como algo prohibido, y que hace preguntarse al que lo tiene entre sus manos quién será el primero en arder: si el libro o él. Un Necronomicon antes del Necronomicon junto al que Lovecraft tomó nombres evocadores, tan de su gusto, como Hastur, las Híades o Carcosa para salpicar sus relatos. Términos que Chambers cogió prestados a su vez de Ambrose Bierce. La creación de mundos a partir de nodos meta-literarios, aspecto que luego tan bien recogería el mismo «círculo de Lovecraft», es una de las más sugerentes características de Chambers como escritor de terror, una que tiene a bien recordarnos que la raíz de los mitos es siempre plurívoca.

Robert William Chambers (1865- 1933) Americano de raíces escocesas, con una vida sin mayores contratiempos (provenía de una familia acomodada, fue ilustrador de éxito para revistas de sobrada repercusión como Life, Vogue o Truth y llegó a tener una sólida fuente de ingresos como escritor de varios de los best-sellers románticos de la época), Chambers imprimiría también en sus relatos el sello que le dejó su vida entre la bohemia parisina del fin de siècle. Con un ojo puesto en su joven país y otro en el viejo continente, sería uno de los que separaría definitivamente, apoyándose en el mentado Bierce y en Poe, el cuento de terror de sus viejas formas dando paso a un nuevo territorio donde el ser humano comienza a ser acosado por temores apenas conceptualizables. A ello le añadió un poso de decadentismo, de gusto por lo macabro al que se suma lo onírico y lo alucinado, que enrarece el ambiente, suspendiendo así al lector en un vacío a fuerza de diluir todo posible asidero.

El Rey de Amarillo, la obra maldita de dorado grafismo (Jesús Palacios medita sobre varias de las connotaciones del color: lo amargo, lo triste, imagen de enfermedad, de poder, de la crueldad, de la traición), es la piedra de toque del estilo chamberiano. El Mal es relativamente aparente, puede ser nombrado explícitamente e incluso llegar a conocerse algún fragmento de Él, pero en última instancia la sensación que predomina es la del desasosiego ante la incapacidad por aprehender el origen del horror. Por las páginas de Chambers se ha de avanzar necesariamente a tientas. Es la dimensión del sueño, el espacio sin tiempo en el que lo inconsciente se desata y que Chambers refleja como esa barrera de contornos difusos. Sueño de locura, sueño de la razón, sueño dentro del sueño, sueño satánico, el sueño de soñadores muertos. Un territorio de blanda superficie, donde los propios personajes se ven a sí mismos como carentes de auto-dominio, pronunciando frases que les resultan extrañas en el propio instante en el que las profieren.

Fronteras difuminadas que a veces toman la forma de unos Estados Unidos ucrónicos donde un devoto del poder fragua su ascenso al trono, un París de Misa con órgano endemoniado y visiones sobre el empedrado de los callejones, un bosque profundo donde las sectas, los criminales y las criaturas ignominiosas se dan cita por igual; o una Bretaña rural, medieval en relatos como «La demoiselle d’Ys» (casi una reelaboración de Un habitante en Carcosa de Bierce y acaso ligera influencia en la película británica de 1966 El ojo del diablo), bien entrada en el siglo XIX en «El Emperador Púrpura» y «El mensajero». Buena tierra para los cuentos nocturnos, de cuyos aparecidos y crueldades informó con exactitud Alvaro Cunqueiro en su Bretaña dibujada con caminos gallegos en Las crónicas del sochantre.

Se ha achacado a Chambers lo esquemático de sus cuentos, de unas elaboraciones que, como clamaba Lovecraft, podría haber escrito más acertadamente con no poca facilidad. No obstante, frente al peso de la forma se ha de imponer el impacto del fondo. La atmósfera de caos irremediable y esquivo. La individualidad de quien continúa a sus maestros y prefigura a la siguiente generación de creadores marcando su personalidad en las páginas de la literatura fantástica.

Relatos macabros y terroríficos VALDEMAR- 9788477027119

Opiniones sobre El Rey de Amarillo

  • Carmen Gómez Sanz (27/12/2025): Obra indispensable para los amantes del horror cósmico, precursora de las historias de Lovecraft. A nivel de producto, la edición de tapa dura me parece un acierto. La cubierta es preciosa y el libro de por sí es sólido y resistente. Vale la pena gastarse algo más para adquirir esta edición y no la de tapa blanda pero para gustos colores.
  • MAXI VELLOSO NO (09/04/2021): Aparte de ser muy fan de las ediciones de Valdemar, Soy muy fan de la atención de la Casa del Libro.
  • mipedtor (28/03/2021): Al fin me decidí a leer al autor original en el que se inspiran una infinidad de obras derivadas de otros autores reconocidos, así como películas, series, cómics, juegos… Y es que Robert W. Chambers creó una obra de relatos macabros que sirvieron de base y reconocimiento al mismísimo H.P. Lo cierto es que esta recopilación de relatos cortos que, de manera muy bien escogida por parte de la editorial Valdemar, añade otras historias que se publicaron por el mismo autor en otras obras independientes. Es cierto que a veces Chambers se deleita describiendo en profundidad parajes, flora y fauna, escenas casi de postal que ralentizan el relato. Pero por otra parte, cuenta con esa “frescura” de no profundizar en los personajes sino mostrar su situación, sus inseguridades del momento y como la escena se los va a llevar por delante. Por otro lado, como suele ocurrir en este tipo de recopilaciones de relatos, el nivel es irregular. Hay relatos magníficos y otros que pasan desapercibidos. Incluso algunos, que tienen más de macabro que de terror, son realmente ejemplares. Me viene a la cabeza, por ejemplo, “La Máscara”. Y dentro de ellos incluye elementos que Lovecraft y su círculo explotará enormemente hasta crear todo su imaginativo: libros prohibidos que provocan la locura, lugares de otro planeta, seres y entidades de otros planos que sobrepasan nuestra comprensión mundana… Muchos de estos elementos sirven como hilo conductor, relación o guiño entre sus relatos. En varios de ellos aparece el libro “El Rey de Amarillo” que provoca la desdicha a los personajes que osan acercarse a su lectura. La temible ciudad de Carcosa. O el mismo Hastur, cuya terrorífica presencia servirá para la autodestrucción de los protagonistas. Un libro interesante y cuyo estilo, en algunas ocasiones, me ha llegado a gustar más que alguna de las obras del propio Lovecraft.
  • Jaime Vázquez Poves (13/10/2020): El rey de amarillo sienta las bases de un género. Escritores posteriores como Lovecraft, tratando éste una temática similar con el Necronomicon, beben de un autor que acabó pasando a la historia por este volumen de cuentos, especialmente por aquellas que giran alrededor de El rey de amarillo. Chambers se vale de una intertextualidad que enriquecerá su obra, la de Lovecraft y otros autores: usando términos como la ciudad de Carcosa o Hastur, ambos conceptos de Ambrose Bierce, por ejemplo. Por su parte Lovecraft, cambiará de nuevo el significado y el concepto de Hastur, volviéndolo uno más del panteón del ciclo de cuentos y novelas de Los mitos de C´thulu. Sin embargo, la principal diferencia de Chambers con el autor de Providence radica en su modernidad: un estilo más directo, centrado en la acción narrativa y de corte más materialista chocarán con la narrativa lovecraftiana: centrada en temáticas fantásticas y en seres que poco tienen que ver con la humanidad. Por otra parte, es recomendable buscar información a la vez que lees los cuentos de El rey de amarillo para completar la lectura. Con todo esto, El rey de amarillo supone un pilar de referencia en la literatura de terror. Si te gusta el horror cósmico de Lovecraft o el terror náutico de Hodgson o disfrutas más con una temática más intimista como la de Poe, Chambers consigue juntar lo mejor de cada uno.
  • MARIO Klosterheim (08/07/2015): Desconocía la obra de Chambers y gracias a Valdemar he podido acercarme al estilo de este autor. Un libro en general bueno con cuentos de lo mas interesante teniendo todos ellos en común que en todos se habla de EL REY DE AMARILLO como una obra prohibida que no se debe de leer, y que además curiosamente Chambers menciona el color amarillo en todos los relatos. Además hay unos cuantos cuentos que tienen en común algún personaje. Mención especial para EL EMPERADOR PURPURA que junto al relato que da título al libro, son de lo mejorcito.

El Rey de Amarillo. Robert William Chambers (1865-1933) nació en Brooklyn en una familia de terratenientes de origen escocés. Estudió en el New York Art StudentÆs League y en 1886 se trasladó a París, donde convivió con la bohemia artística del fin de siglo. Cuando Chambers regresa a Nueva York, su vocación de ilustrador cede a su pasión por contar historias y publica un primer libro, «In the Quarter» (1894), sobre sus experiencias en París. Le seguirá un año después una colección de relatos, «El Rey de Amarillo», que le convierte en un maestro indiscutible del moderno cuento de terror, capaz de aportar una visión del mal, el horror y lo sobrenatural, alejada por completo del monstruo y el fantasma gótico clásico.

En «El Rey de Amarillo. Relatos macabros y terroríficos» (título que hace referencia a una obra imaginaria, «El Rey de Amarillo», cuya lectura provoca estupor, locura y tragedia espectral, y de la que el Necronomicón lovecraftiano es deudor) hemos seleccionado los cinco relatos de corte fantástico de la colección original (dejando de lado los que no lo son): «La máscara», «En el Pasaje del Dragón», «El Reparador de Reputaciones», «La demoiselle d’Ys» y, el más famoso, «El Signo Amarillo» (obra maestra del cuento macabro de suspense, con un final escalofriante). El volumen se completa con «El Creador de Lunas» y «Una velada placentera», procedentes de «The Maker of Moons» (1896); y «El Emperador Púrpura», «El Mensajero» y «La Llave del Dolor», de «The Mystery of Choice» (1897). En estos relatos, precursores de los Mitos de Chtulhu, se respira una atmósfera eminentemente pesadillesca, alucinatoria y onírica. «El Rey de Amarillo. Relatos macabros y terroríficos» invoca un mundo de caos y perdición, fascinante y repugnante al tiempo, que nos recuerda algunas obras de Meyrink e incluso del propio Kafka.

Dicen que cuando Borges trabajó en la Biblioteca Nacional, hizo una ficha para un libro inexistente. Robert William Chambers (1865-1933) nació en Brooklyn en una familia de terratenientes de origen escocés.

El Rey de Amarillo, ya sea una obra en forma de libro titulado El Rey de Amarillo, una entidad sobrenatural y malévola conocida como El Rey de Amarillo o un símbolo misterioso llamado El Signo Amarillo. La verdad es que, aunque en el volumen no nos cuenten en ningún momento que es el detonante de todas estas visiones y locuras, si se habla casi entre susurros, de forma prohibida sobre este ser, haciendo que los personajes se pregunten qué sucederá antes, si el rey le volverá loco o si será dicha espera la que le lleve a la locura. Sin embargo, a parte de estos tres detonantes no se conoce nada mas de este ente, si en él reside la bondad, la inteligencia, la maldad o los secretos del universo.

A diferencia de lo que muchos podrán creer, El Rey de Amarillo no se parece en nada a otros terrores creadores de mentes de novelistas como por ejemplo Lovecraft. El necronomicon y los cuentos de Cthulhu insinúan terrores cósmicos, pero no dejan pasar detalles explícitos de como entes universales arraigados en el mundo se apoderan de este paso a paso, ya sean monstruos de las profundidades, como perros que se escondan en la oscuridad.

El aspecto de los ejemplares encuadernados del Rey de Amarillo apenas difieren de cualquier otro libro normal. El principal rasgo identificativo de este volumen es que su portada siempre consta del diseño del Signo Amarillo, ocasionalmente acompañado de una representación de El propio Rey. Realmente poco se sabe sobre el origen de este libro.

La truculenta, sórdida y pausada primera temporada de ‘True Detective’ hacía especial hincapié en la colección de relatos cortos de terror psicológico con altas dosis de “goticidad” bautizada como ‘El Rey de Amarillo’ que Robert W. Chambers se sacaba de la manga en 1895. Lo primero que hay que aclarar es el hilo conductor entre todas las historias, un libro, una obra de teatro cuyo título ya conocemos, ‘El Rey de Amarillo’, un objeto que pasará de mano en mano y se convertirá en el testigo perfecto de la acción.

“El Reparador de Reputaciones”, “Las Mascara”, “El Signo Amarillo” y “En la Corte del Dragón”, estos son los títulos que vamos a poder disfrutar. Pero, ¿qué tiene de especial lo escrito por Chambers? Si nos centramos en el autor encargado de adaptar las narraciones de Chambers, Colbard, nos encontramos que lo hace con un estilo simple, rozando la caricatura, de línea muy clara y resaltando las expresiones de todos los personajes, algo que contrasta con el tono general de las historias creando un efecto que descoloca por completo al lector. No es la primera vez que Colbard se encarga de adaptar relatos clásicos y que en su haber hay otros títulos como ‘El Retrato de Dorian Gray’, ‘En las Montañas de la Locura’ o ‘Estudio en Escarlata’.

Autores: Robert W. Chambers y I.N.J. Culbard.

Ilustración del Rey de Amarillo

El Rey de Amarillo es una obra que sentó las bases de un género. Escritores posteriores como Lovecraft, tratando una temática similar con el Necronomicon, beben de un autor que acabó pasando a la historia por este volumen de cuentos, especialmente por aquellas que giran alrededor de El Rey de Amarillo. Chambers se vale de una intertextualidad que enriquecerá su obra, la de Lovecraft y otros autores: usando términos como la ciudad de Carcosa o Hastur, ambos conceptos de Ambrose Bierce, por ejemplo. Por su parte Lovecraft, cambiará de nuevo el significado y el concepto de Hastur, volviéndolo uno más del panteón del ciclo de cuentos y novelas de Los mitos de C´thulu. Sin embargo, la principal diferencia de Chambers con el autor de Providence radica en su modernidad: un estilo más directo, centrado en la acción narrativa y de corte más materialista chocarán con la narrativa lovecraftiana: centrada en temáticas fantásticas y en seres que poco tienen que ver con la humanidad.

Por las páginas de Chambers se ha de avanzar necesariamente a tientas. Es la dimensión del sueño, el espacio sin tiempo en el que lo inconsciente se desata y que Chambers refleja como esa barrera de contornos difusos. Sueño de locura, sueño de la razón, sueño dentro del sueño, sueño satánico, el sueño de soñadores muertos. Un territorio de blanda superficie, donde los propios personajes se ven a sí mismos como carentes de auto-dominio, pronunciando frases que les resultan extrañas en el propio instante en el que las profieren.

El Rey de Amarillo construye su horror en torno a la influencia de la mencionada obra de teatro, provocando desesperación en quienes la leen o interpretan. La obra de Chambers construye un universo expandido con elementos que van más allá de su valor literario. Es un horror psicológico y cósmico que podría redefinir el género, creando una atmósfera única y un lenguaje visual que apela a lo desconocido y lo inefable en la psique humana.

El Rey de Amarillo Edición Ilustrada - Review

La influencia de El Rey de Amarillo es innegable, tanto en la literatura como en otros medios. Su concepto de horror psicológico y cósmico, junto con la atmósfera onírica y alucinatoria, ha inspirado a generaciones de escritores y creadores. La serie True Detective es un claro ejemplo de cómo esta obra sigue resonando en la cultura popular contemporánea, demostrando que su poder para evocar lo desconocido y perturbar la percepción humana permanece intacto.

Carcosa, la ciudad mítica del Rey de Amarillo

"A lo largo de la orilla rompen olas turbulentas, los soles gemelos se hunden tras el lago, las sombras se alargan en Carcosa. Extraña es la noche donde brotan las negras estrellas, y extrañas lunas orbitan a través de los cielos, pero aún más extraña es la perdida Carcosa. Las canciones que las Híades han de entonar, donde flamean los andrajos del Rey, deben morir sin haberse escuchado en la sombría Carcosa. Canción de mi alma, mi voz está muerta, muere tú, sin ser cantada, como lágrimas derramadas se secará y perecerá en la perdida Carcosa." - Canción de Cassilda en El Rey de Amarillo, Acto 1, Escena 2.

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