Libro de historietas encuadernado en cartoné en formato álbum de 160 páginas interiores en blanco y negro más cubiertas que contiene la historia completa en un solo volumen. Volumen único.
Un gigantesco agujero en el mar interrumpe la rutina, o los intentos de motín, a bordo del Peregrino. Tras ser engullidos, el capitán Harris Conrad y una dupla que permanece fiel a su lado se convertirán en navegantes cósmicos, surcando los mares de su propia locura, combatiendo monstruos y viviendo increíbles aventuras. Este volumen recoge la obra más destacada de Carlos Trillo (Husmeante) y Enrique Breccia (Alvar Mayor), un viaje sin un norte fijo por una ficticia y dispersa geografía astral que vaga entre metáforas sobre el género humano y sus contradicciones.
Encrucijada a medio camino de la realidad y la fantasía, El Peregrino de las Estrellas es una historia hija de una cultura, un país y un tiempo pasado, pero que mantiene la vigencia absoluta propia únicamente de las obras maestras.
"Un bergantín del siglo XVIII surca el cosmos atracando de estrella en estrella. Solo lleva tres pasajeros a bordo y realiza un viaje maravilloso con las velas de la fantasía desplegadas en busca de las más fabulosas aventuras. Navegan por la inmensidad del universo donde puede surgir el monstruo o el más hermoso ser de luz. Pero este cómic no solo ofrece espectacularidad escenográfica magníficamente dibujada. También nos enfrenta con las paradojas de la condición humana y hasta con las derivas políticas".

Hoy me toca compensar un poco algunas de mis carencias como lector prestando atención a un cómic que tendría que haber descubierto hace mucho, El Peregrino de las Estrellas de Carlos Trillo y Enrique Breccia. Un cómic que, gracias a su reciente reedición en nuestro país por parte de Dolmen, por fin he podido leer y descubrir con su lectura aspectos para mí inéditos de un par de autores geniales cuya obra conocía solo superficialmente.
Cuando la tripulación del Peregrino está a punto de amotinarse contra su Capitán, este es salvado en el último momento por algo tan inesperado como imposible, un gigantesco agujero en el mar que parece haber agarrado al buque, atrayéndolo hacia sí y amenazando con tragárselo y a todos quienes se encuentran a bordo. Pero decidido a hundirse con su nave, el Capitán Conrad y sus dos únicos marineros leales se quedan a bordo, prefiriendo una muerte rápida ante ese abismo que la lenta agonía de morir de hambre y de sed en alta mar en un bote a la deriva.
Aunque me gusta jactarme de leer de todo, tengo que reconocer que con el cómic que se hace en Latinoamérica tengo unas lagunas tan enormes como el universo por el que viaja el Peregrino, y eso que en el caso concreto que hoy nos ocupa, el del cómic Argentino, lo conozco un poco más aunque de forma muy superficial. Y eso que se trata de un cómic que reúne muchos de mis elementos favoritos en la ficción, esa mezcla difusa entre fantasía y ciencia ficción, un punto de realismo mágico y un dibujo excepcional, así que aunque han transcurrido cuarenta y cinco años desde que esta historia debutó en las páginas de la revista Argentina Skorpio, ahora es un momento tan bueno como cualquier otro para descubrir esta obra fascinante a muchos niveles.
Porque aunque un vistazo superficial pueda dar la impresión de que estamos ante un cómic de aventuras fantásticas, Trillo y Breccia fueron en una dirección muy diferente y muchísimo más interesante. Esta particular odisea (en un sentido muy homérico) lleva al Capitán Conrad y a su pequeña y cada vez más pintoresca tripulación, a visitar mundos a cada cual más extraño, en los que lo metafísico, lo filosófico y lo fantástico van de la mano y cuyos habitantes son seres que parecen surgidos de los más increíbles sueños o las más horribles pesadillas. Y es que aunque a lo largo de este peregrinaje sus caminos se cruzan con personajes que buscan descubrir el sentido de la vida o incluso encuentran el amor, también se dejan llevar por la codicia o dan con civilizaciones que descubren la sed de poder y aprenden a obtenerlo por cualquier medio por sangriento que sea, que esperan con resignación su propia destrucción o que son forzados a una vida de esclavitud.

En el siglo XVIII, los viajes en alta mar eran esencialmente peregrinajes, misiones arriesgadas que llevaban a los marinos más allá de las fronteras conocidas hacia la vastedad azul del océano. Los barcos, impulsados por la fuerza del viento y la destreza de sus tripulaciones, se convertían en santuarios flotantes que guiaban a los aventureros a través de mares desconocidos. Estas expediciones tenían objetivos variados, desde el comercio y la expansión de imperios hasta la exploración de nuevas rutas marítimas y territorios. Los marinos, en su afán por descubrir y conquistar, se embarcaban en viajes que a menudo se convertían en odiseas de años, enfrentándose a la incertidumbre y a los peligros del mar abierto. La vida a bordo de un barco del siglo XVIII no era para los débiles de corazón: los tripulantes a menudo vivían en un espacio confinado, donde cada centímetro cuadrado estaba meticulosamente asignado para cumplir con funciones específicas. La intimidad era un lujo inexistente en medio del vasto océano. Las condiciones a bordo eran ásperas y exigentes. Además, existía la constante amenaza de tormentas impredecibles: el riego de naufragar o peligrosos encuentros con corsarios o enemigos de otras naciones. La rutina diaria implicaba trabajo arduo, desde la navegación y la vigilancia hasta la maniobra de velas y la reparación de aparejos. La alimentación también era escasa y monótona, dependiendo en gran medida de las raciones almacenadas a bordo. Las enfermedades, como el escorbuto, causadas por la falta de vitaminas frescas, eran una amenaza constante. En este entorno, la camaradería y la disciplina eran esenciales para mantener la moral y garantizar la supervivencia.
La premisa central del tebeo es un concepto tan fascinante como llamativo: la imagen de un bergantín del siglo XVIII surcando el cosmos, anclado en una travesía intergaláctica, evoca plenamente un sentido de maravilla y aventura que despierta lo fantástico desde la primera página. La elección de un barco del siglo XVIII como vehículo espacial añade, en las mismas dosis, un toque de surrealismo y nostalgia que contrasta con el espacio futurista al que se aventura.
A lo largo de su travesía, los personajes se enfrentan a una serie de mundos estelares, cada uno con su propia estética y peligros. Desde planetas inhóspitos hasta estrellas fugaces que ofrecen encuentros efímeros, el cosmos representado por Breccia cobra vida de una manera que va más allá de la mera ciencia ficción más evidente o esperable. La capacidad del cómic para visualizar estos mundos imaginarios, gracias al talento artístico de «Churrique» (el apodo de Enrique), permite a los lectores sumergirse por completo en la experiencia cósmica.

Aunque ese entorno es deslumbrante, son los tres pasajeros del bergantín quienes llevan el peso emocional y filosófico de la historia, dándole la verdadera dimensión que posee el relato. Cada uno de ellos, representando aspectos diferentes de la condición humana, se embarca en un viaje interno tan complejo como el espacio que exploran. El capitán y principal protagonista, en su búsqueda de aventuras y significado, encarna la eterna lucha humana por encontrar un propósito en un universo aparentemente sin fin. A medida que navegan por estrellas y se enfrentan a lo desconocido, los personajes se ven confrontados con sus propias limitaciones y aspiraciones, llevando consigo las preguntas fundamentales sobre la existencia.
Las interacciones entre los personajes en este reducido espacio confinado generan dinámicas fascinantes. La soledad del viaje espacial se convierte en un espejo que refleja las relaciones humanas, sus conflictos, pero también sus momentos de conexión y comprensión. A medida que la trama avanza, este tebeo no se contenta solo con ofrecer una narrativa que engancha y atrae a partes iguales, Trillo utiliza esta travesía espacial como una plataforma para explorar las paradojas de la condición humana, invitando a los lectores a reflexionar sobre cuestiones existenciales mientras los personajes se enfrentan a lo extraordinario y lo desconocido. La inclusión de la esclavitud o la forma en el que el ser humano actúa agrega esos detalles tan interesantes de la historia.
A medida que el bergantín avanza en su expedición, los personajes se encuentran con civilizaciones alienígenas, cada una con su propio sistema político y social. Estos encuentros no solo sirven como catalizadores para momentos de tensión y conflicto, sino que también plantean preguntas más amplias sobre la naturaleza de la política y la convivencia en un contexto cósmico.
El estilo de dibujo de Enrique Breccia es una amalgama única de diversas técnicas que resulta en una expresividad visual sin igual. Su manejo del pincel es particularmente destacado, y esto se refleja en la forma en que las líneas fluidas y enérgicas dan vida a cada elemento de sus ilustraciones. Desde los personajes hasta los escenarios cósmicos, cada trazo parece llevar consigo una carga de emoción y movimiento. La técnica de este autor argentino a menudo se caracteriza por la combinación de líneas fuertes y orgánicas con manchas de tinta, creando una sensación de textura y profundidad. Este enfoque dinámico aporta vida y energía a las páginas, convirtiendo cada viñeta en una obra de arte por derecho propio. Imprime una caracterización única a sus personajes a través de su estilo de dibujo. Los rostros de los protagonistas y de los seres alienígenas no son solo representaciones visuales; son ventanas a las emociones y experiencias de cada entidad en la narrativa. Los rasgos faciales son a menudo exagerados, utilizando líneas gruesas y contornos pronunciados para resaltar expresiones y gestos. Los ojos, en particular, son elementos expresivos que parecen comunicar profundidades emocionales sin necesidad de palabras. En «El Peregrino de las Estrellas», los personajes se comunican no solo a través de diálogos, sino también a través de la intensidad de sus miradas y las expresiones plasmadas en sus rostros.

La edición original se publicó en Argentina bajo el sello editorial Ediciones Record en 1979, llegando a España por primera vez en 1980 en la revista «Toutain Comix Internacional». De hecho, tuvo el honor de encabezar el sumario del primer número de la publicación en la que siguió apareciendo hasta el doce. Ahora, gracias a Dolmen Editorial tenemos este recopilatorio de esta obra inmortal de Trillo y Breccia. Con un formato de tapa dura y 160 páginas su mayor parte en blanco y negro con varias páginas finales a color. Con una introducción de Pepe Gálvez y un final con unos extras escritos por Mariano Buscaglia (nieto de Alberto Breccia y sobrino de Enrique Breccia) y Norman Fernández. Además de un texto de Ángel de la Calle que remata esta edición. Así vuelve a zarpar por el universo editorial español esta amalgama de fantasía desenfrenada y realismo crudo que, tras su lectura, nos recuerda la dualidad intrínseca de la vida.
El Peregrino de las Estrellas es el segundo gran trabajo del tandem Carlos Trillo y Enrique Breccia tras Alvar Mayor. En él parten de los presupuestos planteados en su anterior obra para llevarlos al extremo e internarse en un mundo fantástico que les permita construir sus historias alegóricas ya sin tapujos. Los autores continúan dirigiendo su mirada hacia las contradicciones y pequeñas ruindades del ser humano con una galería de personajes que parecen todos habitantes de un manicomio, descendientes macabros del Sombrerero Loco y la Reina de Corazones. La ambientación e incluso los protagonistas replican el escenario de su anterior obra pero la llevan a un truculento espacio exterior en una carraca británica del siglo XVI que tras internarse en una extraña niebla acaba surcando los mares del cosmos en donde vivirá melancólicas peripecias al estilo de las fábulas de ciencia-ficción que escribiera Stanislaw Lem en sus Diarios de las Estrellas protagonizados por Ijón Tichy.
En muchos aspectos, la estructura de El Peregrino de las Estrellas se ciñe a los convencionalismos del cómic de aventuras. El trío estelar es la versión expresionista del que protagoniza El Capitán Trueno. Con un líder atractivo y carismático, El capitán Harris Conrad, que es un reflejo del propio Trueno; un segundo gordinflón y extrovertido que se asemeja a Goliat, y un joven grumete que hace las veces de Crispín. El formato de ciencia-ficción es la percha de la que los autores se cuelgan para seguir contando sus historias en clave metafórica. Trillo y Breccia recurren a personajes extraídos de los cuentos infantiles tradicionales, hadas, magos, ogros y duendes, para crear relatos con moraleja encantadoramente escritos e ilustrados con un rotundo dominio del dibujo y del contraste de luces y sombras.
Cómic. 21×28. Tapa dura. 160 págs.
El arte de Enrique Breccia y ALVAR MAYOR, obra cumbre de la historieta latinoamericana.
A medida que los personajes se embarcan en su travesía cósmica, enfrentan no solo a monstruos y seres de luz, sino también a las paradojas de la condición humana. Es un viaje que nos invita a contemplar las maravillas del cosmos y, al mismo tiempo, a enfrentarnos a nuestras propias reflexiones internas. Al cerrar las páginas de «El Peregrino de las Estrellas«, no solo abandonamos un cómic, sino que nos despedimos de una experiencia que trasciende el tiempo y el espacio.