Tebeos. Las revistas juveniles: Un viaje por la historia del cómic español

La Asociación Cultural Tebeosfera, reconocida por su labor en la preservación y estudio del cómic, presenta Tebeos. Las revistas juveniles, un volumen que profundiza en la rica historia de las publicaciones seriadas dirigidas a un público joven en España. Este libro es el segundo tomo de la serie Memoria de la historieta, dedicada a resumir la trayectoria de los tebeos españoles.

Manuel Barrero, uno de los responsables del proyecto, define la obra como un intento de "profundizar en algunas de las cabeceras de tebeos más emblemáticas de nuestra industria, algunas de las que vertebraron el siglo XX, en un periodo en el que los tebeos formaban parte integrante de la cultura popular española, al menos de la cultura infantil y juvenil." Barrero subraya que los tebeos ocupaban "con normalidad un tiempo en el ocio de la población, por ser lectura común y cotidiana".

Los autores asumen que se trataba de una prensa efímera, que pasaba de mano en mano, presente con exclusividad en los quioscos, y que supuso el fundamento de muchas aspiraciones y la dosis de ficción necesaria para muchos. En este sentido, el libro se enfoca en estudiar los contenidos de estas revistas en su contexto para sopesar su importancia entre la población lectora de su tiempo, sin entrar a valorar su calidad intrínseca emocional o en comparación con la producción historietística de la actualidad.

¿A qué debían su éxito? ¿Por qué fueron populares aquellos títulos o sus personajes? ¿A qué público iban destinadas? Estas son algunas de las preguntas que el libro intenta responder, estableciendo una diferencia con el anterior tomo, Tebeos. Las revistas infantiles. Mientras que el primer libro se centró en títulos dirigidos específicamente a un público infantil, Tebeos. Las revistas juveniles aborda el repaso a otros tebeos muy conocidos que se diferenciaron al intentar alcanzar a otros públicos: juvenil, familiar, e incluso adulto.

Un ejemplo evidente de esta diversificación es Pulgarcito. Aunque hoy muchos lo recuerden como un tebeo "adocenado" durante las décadas de los sesenta y setenta, en los años cuarenta y cincuenta fue el trampolín de personajes "cáusticos" y ofreció las historietas más "escalofriantes" del cómic español de la época. El libro busca desmitificar la idea de que los tebeos publicados durante la dictadura franquista fueron una masa informe de productos idénticos, a menudo identificados como instrumentos propagandísticos. En realidad, observaron grandes diferencias y están cargados de intenciones que nada tienen que ver con la propaganda o el proselitismo. Los autores del libro pretenden dar a conocer mejor estos tebeos, de los que aún se sabe poco.

Portada del libro

Al igual que en el libro anterior, Tebeos. Las revistas infantiles, este volumen se divide en capítulos dedicados a revistas juveniles que ya son míticas. El criterio para ordenarlos ha sido la cronología de su aparición o su pervivencia en el mercado. De ahí que Pulgarcito sea el primero, nacido en 1921, seguido por El Coyote, El DDT contra las penas, Sissi / Lily, Patufet y Trinca, esta última instalada en el franquismo crepuscular.

La elección de estos títulos se debió a razones poderosas. La de Pulgarcito es obvia, por ser uno de los títulos capitales de la historieta española, de enorme longevidad y "paritorio" de personajes aún vigentes hoy, como Zipi y Zape. En el caso de El Coyote, se buscaba una reivindicación, ya que los tebeos de Bruguera eclipsaron a otros, como este del editor Plaza, que ofreció a los lectores de los cincuenta "crueles westerns" mezclados con sorprendente ciencia ficción o inusuales aventuras protagonizadas por mujeres, dirigido a un lector que ya no era un niño.

El DDT, aunque recordado como un tebeo infantil, se planificó como revista dirigida a un público más adulto, si bien el tradicional desprecio por los tebeos en la cultura española terminó reconduciéndola hacia la "chavalería". La revista Sissi, luego renombrada Lily, es otro caso palmario: comenzó como una revista de historietas para niñas y terminó siendo el estandarte de las jovencitas lectoras de los setenta, y de sus madres, todas apasionadas con las andanzas de Esther. El capítulo sobre Patufet es importante por tratar la situación del uso del catalán en la prensa popular durante los años sesenta y por ser una cabecera tradicionalmente infantil que fue asimilando contenidos con mayor calado satírico y dirigidos a otro público. Finalmente, Trinca se erige como el "gozne necesario", la respuesta española a Pilote y la antesala de las revistas dirigidas a jóvenes y adultos que llegaron con la transición política a la democracia. Desde Pulgarcito a Trinca se traza una línea que nos lleva desde los "pretebeos" destinados a un público indeterminado a las revistas de historietas que se querían ofrecer a jóvenes más formados.

Pulgarcito: El tebeo de referencia

Uno de los capítulos más extensos del libro está dedicado a la revista Pulgarcito. Manuel Barrero reconoce que el texto es largo, pero justifica esta extensión por la importancia del tema. "Pulgarcito es muy importante porque fue el modelo de referencia en el que se fijaron el resto de tebeos de humor españoles a partir de los años veinte", afirma Barrero. TBO duró casi tanto como la revista de Bruguera, pero Pulgarcito logró amoldarse al estilo habitual de los periódicos infantiles que dieron lugar a la primera industria de los tebeos, congregó una legión de aficionados, fue atrevida en sus planteamientos de ficción infantil (aunque cruel) durante los años treinta y, tras la guerra, vio nacer a los personajes más recordados de la historieta española, como Tribulete o Mortadelo. Personajes "damnificados, cenizos, cafres, traviesos, tramposos, malvados y torpes" que protagonizaron "trastazo tras trastazo para alborozo de cientos de miles de lectores".

Viñeta de la revista Pulgarcito

Muchos tebeos surgieron a la sombra de Pulgarcito desde finales de los años cuarenta y, sobre todo, en los cincuenta. Fue imitada cientos de veces y aguantó hasta el cierre de la editorial, siendo la cabecera con mayor cantidad de números publicados hasta que en el siglo XXI la superó El Jueves. Barrero destaca que, a pesar de las limitaciones del derecho de cita para la inclusión de imágenes, el libro busca comprender los aportes de Pulgarcito, incluso mostrando páginas del registro industrial que demuestran los intentos de apropiación de personajes.

Un libro con grandes colaboradores

La Asociación Cultural Tebeosfera ha reunido a algunos de los más grandes estudiosos del cómic para este necesario estudio. Manuel Barrero, Alfons Moliné, José María Conget, Álvaro Pons, los doctores José Joaquín Rodríguez y Paula Sepúlveda, Jordi Riera y Rafa Marín son algunos de los nombres que participan en el libro, aportando su profundo conocimiento y rigurosa investigación.

Estos autores abordan el análisis de las revistas juveniles desde diversas perspectivas: cronológica, temática, sociológica, de género, y de industria editorial. El objetivo es ofrecer una visión completa y matizada de la evolución de los tebeos dirigidos a un público joven y familiar en España.

Personajes que marcaron una época

El libro también dedica espacio a los personajes que surgieron de estas revistas y que marcaron una época. Manuel Barrero menciona a Carpanta, Las hermanas Gilda, La familia Cebolleta, Gordito Relleno, La familia Trapisonda, Anacleto, Zipi y Zape, El Coyote, Esther, Massagran, los personajes de Perich, y el desorientado guerrero Haxtur, entre otros.

Estos personajes y sus historias permiten comprender la sociedad de su tiempo con una óptica actual, libre de las ideologías o la nostalgia que a menudo guiaban los análisis del pasado. El libro demuestra cómo los tebeos reflejaron y, en ocasiones, influyeron en los cambios sociales, las costumbres y las aspiraciones de la época.

El bocadillo: Más que un simple recuadro

En el contexto del análisis de los tebeos, es fundamental entender la evolución de sus elementos gráficos. Uno de los más icónicos es el bocadillo o globo, ese espacio circundado por una línea que contiene las palabras o pensamientos de un personaje. Más allá de su definición académica, el bocadillo se ha convertido en un símbolo del lenguaje gráfico-secuencial.

Ejemplo de diferentes tipos de bocadillos en un cómic

El origen del bocadillo se remonta a las filacterias medievales y encontró una amplia difusión en las ilustraciones satíricas del siglo XVIII y las revistas satíricas del siglo XIX. Su implantación en el cómic fue rápida, especialmente en las tiras cómicas norteamericanas, y llegó a Europa a través de las traducciones y la influencia de autores como Alain Saint-Ogan y Hergé. Hoy en día, el bocadillo sigue siendo un elemento fundamental, pero su uso ha evolucionado.

El bocadillo ha adquirido funciones narrativas y expresivas. La forma de la línea, el perigrama, puede indicar si un personaje está gritando, horrorizado o pensando. La tipografía y la disposición de los bocadillos dentro de la viñeta facilitan la lectura. Además, el bocadillo ha trascendido su función de mero recipiente de palabras para convertirse en un dispositivo metalingüístico, un elemento compositivo y narrativo que puede adquirir peso material, expresar emociones, conflictos psicológicos o incluso ser un agente opresivo.

La manipulación del bocadillo por parte de los autores, su transformación, fragmentación o desaparición, abre las puertas a un cómic experimental y autoral. El bocadillo deja de ser una convención invisible para convertirse en una imagen del propio lenguaje, visualizando el pensamiento, la ilusión, las relaciones de poder, el ruido del discurso o el silencio de lo inefable.

El cómicBocadillos

El reflejo de la sociedad en los tebeos

Las series y personajes de los tebeos analizados en el libro ofrecen una ventana a la sociedad de su tiempo. Manuel Barrero señala que los protagonistas de Pulgarcito eran "un reflejo de los ciudadanos de a pie: sin trabajo y sin futuro, acuciados por las deudas, sometidos por algún jefe o familiar". Los personajes de El Coyote, Patufet o El DDT respondían al mismo esquema, retratando personajes característicos de cada década del siglo XX.

El libro también aborda la cuestión de si los tebeos contribuían a asentar una sociedad machista. Barrero reconoce que los cómics españoles de la época eran machistas, pero argumenta que esto se debía a que la sociedad en la que vivían era así. "Eran machistas los cómics españoles como lo eran los cómics japoneses por entonces (y ahora), al igual que lo eran los cómics británicos por entonces (y aún), o como lo fueron los estadounidenses a lo largo de casi todo el siglo XX (y lo son)", afirma. Sin embargo, matiza que los tebeos no eran herramientas al servicio de un poder informe, salvo cuando fueron creados con ese fin explícito, como la historieta propagandística de la Guerra Civil. Los tebeos que se vendían bien, en cambio, eran realizados por gentes del pueblo llano, a menudo situadas ideológicamente en las antípodas del franquismo, y sus productos eran machistas porque la sociedad lo era.

El libro también desmitifica la idea de que los cómics eran cosa de chicos y que las niñas se circunscribían a "sus" tebeos de hadas y de historias "ñoñas". Barrero sostiene que esto es falso, ya que desde el inicio de la industria, muchos tebeos para la infancia incluían contenidos para ellas, porque los editores sabían que las niñas también se interesaban por las historietas. Los grandes títulos de la época contenían historietas hechas para muchachas porque existía un público lector femenino tan abundante como el masculino.

Ilustración que representa la diversidad de público lector de tebeos en el siglo XX

La única diferencia apreciable, según Barrero, podría ser que las niñas no coleccionaban los tebeos, pero esto se debía a ritos sociales y a una educación rígida que reconducía sus hábitos, mientras que se dejaba más libertad a los chicos. En cuanto a las temáticas, aunque repetitivas, eran similares a las de otros tebeos, y en todos los casos, el objetivo final era la imposición de un orden: la justicia social en el caso de la aventura, y la armonía doméstica en el caso del romance.

Grandes autores a reivindicar

El libro también pone de relieve la figura de grandes autores de la época cuyos trabajos han caído en el olvido. Manuel Barrero menciona a Manuel Vázquez, Alfonso Figueras, García Lorente, Purita Campos, Palacios, Calatayud y De la Fuente, entre otros. La reivindicación de estos autores se aborda desde una perspectiva patrimonial, reconociendo su valor cultural y buscando actualizarlos para el lector contemporáneo.

La obra de estos autores, y de muchos otros que participaron en las revistas analizadas, demuestra la riqueza y diversidad del cómic español, y la importancia de preservar y estudiar este legado cultural.

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