Yoongi ajusta el cuello de su suéter mientras mira alrededor, la pura vajilla de las mesas destella lo suficiente para cegarlo con toda la pomposidad.
No debería haber ocurrido. Yoongi tiene el mal presentimiento de que se trata de otro síntoma del debilitamiento de su energía divina.
"¿Por qué vine con esto? Claro, porque se supone que nadie debería verme", piensa Yoongi, sintiendo un rubor subir por su cuello.

-¿Tú eres... 'la persona perfecta'? -pregunta Hoseok, una chispa de curiosidad en sus ojos.
Yoongi aún tiene las manos temblorosas por la sorpresa y el bochorno. Perfecta... No, perfecto desastre, piensa, tragando saliva. Entró al restaurante con la misión clara de lanzar una flecha y marcharse. Sin embargo, el impulso de bromear sobre ser la cita fue más fuerte que él. Y ahora está pagando las consecuencias.
-Depende de a quién le preguntes -responde finalmente, con una sonrisa nerviosa.
Hoseok alza una ceja, claramente evaluándolo-. El mesero puede no estar de acuerdo.
No es muy consciente de lo que le contesta a Hoseok, pero le gusta provocarle una sonrisa que rompe el hielo y le produce una sensación cálida en el pecho.
Oh, por Alderán. El ángel no estaba preparado para volverlo a ver. Luego de aquél fortuito encuentro en la florería habían pasado tres años, mucho para un humano, demasiado poco para un ángel. Después de conocerlo, el primer año Yoongi pensó en él, ahí en la intimidad de su minúsculo cuarto con permanente aroma a flores, mientras las gotas de lluvia rebotaban en el dintel de la ventana.

No sabía el motivo, se limitaba a sentir la nostalgia de un breve momento que duró apenas unos minutos pero que de alguna forma se quedó clavado en su mente como una flecha suya. Se descubría recordando la dulzura de sus ojos, la electricidad de su tacto y el timbre de su voz.
Apenas lo notaba, levantaba una plegaria para que aquella propuesta de matrimonio hubiera dado felicidad. No podía desear otra cosa para él.
-El futuro del amor, decía su maestra, no depende del tirador sino de si esos corazones encontrados serán capaces de hacer camino más allá de sus miedos.
Y Yoongi conserva en su memoria a cada una de las parejas que ha formado a lo largo de las décadas desde que el templo cayó. Tal vez es eso, racionaliza el cupido, que este chico nunca fue tocado por sus flechas, Yoongi no conoció la otra mitad de la ecuación y por tanto no era capaz de darle un final satisfactorio en su cabeza.
Pero este encuentro ha sido puramente una coincidencia. Ayer mientras escapaba de Kory, Yoongi escuchó la conversación de una mujer que instaba a su hijo a una cita a ciegas. Por la descripción de la anciana aquél muchacho necesitaba una manita de ayuda extra para volver a enamorarse.
Y ¿Quién mejor que él para hacerse cargo de esta misión?
Por supuesto, no pensó encontrarlo a él.

Le gusta mirarlo, y ahora que él lo mira también con la barbilla apoyada en una mano y tamborileando los dedos contra el mantel, Yoongi lo disfruta más; se fija en su mandíbula firme y ojos cansados que deberían hacerlo parecer distante, pero para él lo hacen lucir como el objetivo perfecto para su flecha.
"Los lentes se le veían bien", piensa. El hombre ha cambiado y el ángel lamenta que haya sido por una decepción en el amor. Si tal vez aquella noche...
Yoongi sacude la cabeza. Concéntrate. Esto no es para ti. Hoseok es su misión, y su trabajo es encontrarle a la persona correcta. No tener ese tipo de pensamientos.
-¿La impuntualidad te resulta un hábito?