El fascinante viaje de Benjamin Button: una vida a la inversa

El curioso caso de Benjamin Button, una obra maestra de F. Scott Fitzgerald, nos sumerge en una narrativa extraordinaria donde las leyes naturales de la vida se invierten de manera asombrosa. Imaginemos una existencia que comienza en el ocaso de la vejez para, con cada instante que pasa, avanzar hacia la inocencia de la infancia. Esta provocadora historia se adentra en el corazón de la experiencia humana, desvelando reflexiones conmovedoras sobre la fugacidad del tiempo, la inevitabilidad del cambio y la esencia de la identidad.

A medida que Benjamin Button navega por una vida vivida al revés, Fitzgerald teje magistralmente un relato que desafía nuestras percepciones y nos invita a reflexionar sobre el verdadero significado del viaje vital. Sumérgete y experimenta una historia tan fantástica como profundamente humana.

En el cuento del título, Benjamin Button es un hombre que nace viejo para rejuvenecer lentamente a medida que pasan los años, de modo que su relación con el mundo adquiere una perspectiva insólita e inquietante. Este libro constituye la quintaesencia del mundo narrativo de Scott Fitzgerald, quizá el narrador más dotado que dio la literatura norteamericana del siglo XX. En todos y cada uno de estos relatos se abordan sus obsesiones recurrentes: la melancolía por el final de una época, los claroscuros de la pareja, el fracaso o la fascinación por el lujo y la riqueza.

El nacimiento de una anomalía

«Nací en circunstancias inusuales», así comienza El Curioso Caso de Benjamin Button, que trata de un hombre que nace con ochenta años y va rejuveneciendo con el tiempo: un hombre que, como cualquiera de nosotros, no puede parar el tiempo. En "El curioso caso de Benjamin Button" de F. Scott Fitzgerald, la historia comienza con el peculiar nacimiento del personaje principal, Benjamin Button. A diferencia de cualquier nacimiento usual, Benjamin llega al mundo en 1860 como un anciano, aparentando tener alrededor de setenta años. La condición de Benjamin no es solo un secreto familiar, sino que se convierte en tema de curiosidad y chismes sociales. Cuando Roger Button llega al hospital para encontrarse con su esposa y su recién nacido, no es recibido por los llantos de un bebé, sino por la vista de un anciano marchito, con gafas, piel arrugada y una larga barba blanca. La reacción inmediata de Roger es de incredulidad, seguida por un intento desesperado de negar la realidad de la apariencia de su hijo. El impacto de la condición de Benjamin en sus padres es profundo. Roger, decidido a mantener una apariencia de normalidad, insiste en que Benjamin sea tratado como un bebé regular, a pesar de su apariencia y comportamiento maduros. Exige que Benjamin use ropa de bebé y duerma en una cuna, aunque estos esfuerzos solo sirven para resaltar lo absurdo de la situación. La reacción social refleja la de los Button, una mezcla de fascinación, disgusto y confusión. Amigos, vecinos y conocidos observan a Benjamin como una anomalía viviente, una curiosidad que desafía su entendimiento de la vida y el desarrollo. En esencia, el nacimiento de Benjamin Button establece el escenario para una vida que desafía el orden natural, afectando profundamente a su familia y desconcertando a la sociedad que lo rodea.

El Sr. Button se levanta temprano un día de septiembre y corre al hospital para saber si su esposa ha dado a luz. En el camino se cruza con el doctor Keene, quien se muestra irritado y responde de manera extraña a las preguntas del Sr. Button. El doctor le dice que vaya a ver por sí mismo lo sucedido, antes de marcharse molesto. Al llegar al hospital, el Sr. Button se encuentra con una serie de enfermeras que lo miran con sorpresa y miedo. Finalmente, lo llevan a la sala donde está su hijo. Para su asombro, en lugar de un bebé, ve a un anciano de unos 70 años, con barba y cabello blanco, sentado en una cuna. Este hombre anciano, que parece un recién nacido, lo mira y le pregunta si es su padre. El Sr. Button, confundido, no puede creer lo que está viendo y piensa que es una broma. La enfermera le asegura que ese hombre es su hijo, y el Sr. Button se siente cada vez más incómodo y aterrado. El anciano le habla de manera quejosa, diciendo que el lugar es incómodo y que le gustaría tener una mecedora. El Sr. Button no sabe qué hacer y comienza a preocuparse por lo que la gente pensará si lo ven con un "hijo" tan extraño. La enfermera insiste en que el Sr. Button debe llevar a su hijo a casa. Aunque el Sr. Button se niega, la enfermera le ordena que lo haga cuanto antes. El anciano sigue hablando, pidiendo un bastón, y el Sr. Button, preocupado, sale del hospital con el anciano, sin saber cómo manejar la situación.

Bebé anciano en una cuna

La niñez de Benjamin Button: un viaje inconvencional

La niñez de Benjamin Button es un viaje único y desconcertante, ya que experimenta la vida en reversa, presentando un conjunto de desafíos y experiencias inusuales. Desde el principio, Benjamin no encaja en el molde de un niño típico. Las interacciones de Benjamin con el mundo que lo rodea se complican por su apariencia. A diferencia de otros niños que crecen y se desarrollan de manera lineal, el viaje de Benjamin es todo menos directo. Como un niño atrapado en un cuerpo de anciano, se encuentra con situaciones desconcertantes y a menudo incómodas. La naturaleza peculiar de la condición de Benjamin rápidamente se convierte en un punto focal para su familia, especialmente para su padre, Roger Button, quien lucha inicialmente por hacer frente a las implicaciones sociales y la vergüenza personal. Roger, siendo un hombre de estatus y orgullo, encuentra difícil conciliar sus expectativas de paternidad con la realidad de la condición de Benjamin. La vida cotidiana de Benjamin es igualmente inconvencional. A pesar de su mente joven, exhibe rasgos físicos y dolencias propias de la vejez, lo que requiere que su familia haga constantes ajustes a su cuidado y estilo de vida. Sus interacciones sociales están llenas de malentendidos; los niños de su edad están desconcertados por su apariencia envejecida y su comportamiento maduro, mientras que los adultos están igualmente perplejos por su comportamiento infantil. Las dinámicas familiares en el hogar de los Button están constantemente tensas mientras navegan por este camino inexplorado. Socialmente, Benjamin está aislado; incapaz de participar en las actividades típicas de la infancia, se encuentra en un estado de desplazamiento perpetuo. Sus padres tienen la tarea de equilibrar sus instintos protectores con la necesidad de permitir a Benjamin cierto semblante de normalidad. Educativamente, el envejecimiento reversible de Benjamin presenta desafíos significativos. Colocarlo en un entorno educativo estándar resulta problemático, ya que su avanzada edad física crea interrupciones y complicaciones que el sistema escolar no está preparado para manejar. En la esfera social, los primeros años de Benjamin se caracterizan por la falta de relaciones significativas entre sus pares. Otros niños están fascinados y repelidos por su apariencia, lo que lleva a un sentido de otredad que permea su infancia. A pesar de estos desafíos, Benjamin muestra resiliencia y la capacidad de encontrar pequeños momentos de alegría y comprensión. Forja conexiones con aquellos lo suficientemente abiertos de mente como para ver más allá de su apariencia, aprendiendo gradualmente a navegar el mundo con su perspectiva única. Así, la infancia de Benjamin se convierte en un testimonio de adaptabilidad y la capacidad del espíritu humano para encontrar luz incluso en circunstancias poco convencionales. Sus primeros años, a pesar de estar llenos de desafíos, sientan las bases para una vida que constantemente desafía las normas y expectativas sociales, allanando el camino para las luchas y triunfos que marcan su viaje a través del tiempo en reversa.

El señor Button, sin embargo, persistió en su creencia de que Benjamin debía ser tratado como un niño. Al principio, le obligó a tomar leche templada, pero luego cedió y le permitió comer pan y mantequilla. Le compró un sonajero e insistió en que debía jugar con él, pero Benjamin lo agitaba de manera aburrida. Un día, el señor Button descubrió que su hijo había fumado habanos, lo que lo sorprendió, pero en lugar de castigarle, le advirtió que el humo frenaba el crecimiento. El señor Button siguió comprándole juguetes como soldaditos de plomo y animales de trapo, pero Benjamin no los usaba. Prefería leer libros, como la Enciclopedia Británica, mientras sus juguetes quedaban olvidados. A pesar de los esfuerzos del padre, Benjamin no mostraba interés por los juguetes ni por la vida infantil típica, como si estuviera demasiado avanzado para su edad. La situación de Benjamin causó gran conmoción en Baltimore. Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil desvió la atención. La gente intentó consolar a los Button diciendo que su hijo se parecía a su abuelo, lo cual, a pesar de todo, no gustó a los padres ni al abuelo de Benjamin. Mientras tanto, Benjamin se tomó la vida como venía. Intentó jugar con otros niños, aunque no se sentía cómodo con ellos, y se hizo famoso por romper cosas sin querer, lo cual secretamente complacía a su padre. Benjamin, por su parte, disfrutaba de la compañía de su abuelo, con quien se llevaba muy bien. Pasaban horas conversando como viejos amigos, algo que no ocurría con sus padres, quienes, a pesar de su autoridad, a menudo le trataban de manera distante y reverencial. Benjamin, sorprendido por su condición física y mental, leyó sobre medicina, pero no encontró información sobre su caso. A pesar de los esfuerzos de su padre para que jugara como otros niños, Benjamin se dedicaba a leer y no mostraba interés por los juegos infantiles. Cuando cumplió cinco años, lo mandaron al parvulario, pero su tendencia a dormirse durante las tareas lo llevó a ser sacado del colegio. Sus padres decían a los demás que Benjamin era demasiado pequeño para la escuela. Para los doce años, ya se habían acostumbrado a tener un hijo diferente, aunque todavía algunas curiosidades les recordaban que no era como los demás.

Un día, después de mirarse al espejo, Benjamin notó que su aspecto había cambiado. Su pelo había perdido el tinte y había adquirido un tono gris. Sus arrugas eran menos notorias y su piel se veía más saludable. Se dio cuenta de que su físico había mejorado y que ya no estaba encorvado. Pensó que podía ser mayor de lo que su padre pensaba. Decidió hablar con su padre y le pidió que le permitiera usar pantalones largos, pero su padre dudó. Después de discutirlo, llegaron a un acuerdo. Benjamin seguiría con el tinte en el pelo, jugaría con los niños de su edad, y no usaría gafas ni bastón, a cambio de recibir permiso para su primer traje con pantalones largos.

Benjamin Button jugando con un sonajero

Desafíos en la adolescencia y juventud adulta

Durante la adolescencia y la juventud temprana de Benjamin Button, vive un viaje paradójico marcado por el vigor y la frustración. A medida que parece crecer más joven, su físico juvenil traiciona su desarrollo mental simultáneo. Al inscribirse en la universidad, Benjamin se encuentra en un entorno donde el contraste entre su apariencia exterior y su conciencia interna se vuelve cada vez más notorio. En el ámbito académico, Benjamin destaca. Su experiencia de vida le otorga una ventaja en la comprensión de temas complejos, y sus percepciones a menudo superan a las de sus compañeros y profesores. Sin embargo, a pesar de sus logros académicos, Benjamin lucha por encajar socialmente. Las interacciones de Benjamin con las mujeres son particularmente complicadas. En un momento en el que la mayoría de los jóvenes están experimentando las emociones del romance juvenil, Benjamin debe navegar a través de la confusión que causa su apariencia. Las mujeres jóvenes son naturalmente atraídas por su sabiduría y confianza pero a menudo se sienten rechazadas por su aspecto envejecido. Al mismo tiempo, la relación de Benjamin con su familia se vuelve más tensa. Su padre, Roger Button, quien antes tenía dificultades para aceptar la condición de Benjamin, ahora se ve perplejo por la condición 'juvenil' de su hijo. La dinámica cambia a medida que la energía juvenil de Benjamin desafía la tradicional relación padre-hijo. En sus primeros veinte años, la transformación física de Benjamin se vuelve más pronunciada. Su piel arrugada se alisa y su cabello antes grisáceo se oscurece. Esta nueva apariencia irónicamente abre puertas que antes estaban cerradas. Es admitido en círculos sociales más elevados, donde su encanto e intelecto tienen un gran impacto. Además, Benjamin comienza a sentir el peso de su doble identidad. Sus experiencias, enriquecidas por la sabiduría de alguien mucho mayor, a menudo son desestimadas debido a la energía juvenil que ahora irradia. Esta dicotomía se convierte en una fuente de conflicto interno, ya que se da cuenta de que, no...

En los años que transcurrieron entre los doce y los veinte años, Benjamin Button pasó por un proceso de "normal decrecimiento". A los dieciocho años, se encontraba tan erguido como un hombre de cincuenta, con más pelo, de un gris oscuro, y una voz más baja y firme. Su padre lo mandó a Connecticut para que hiciera el examen de ingreso en la Universidad de Yale. Benjamin aprobó el examen y se convirtió en alumno de primer curso. Sin embargo, tres días después de matricularse, Benjamin recibió una notificación del secretario de la universidad, el señor Hart, para establecer el plan de estudios. Al verse en apuros por no haberse teñido el pelo, fue al encuentro del secretario tal como estaba, sin tintar. El encuentro fue surrealista. El secretario, al ver a Benjamin, lo confundió con el padre del estudiante y le ofreció amablemente la bienvenida, hasta que Benjamin insistió en que era el alumno de primer curso. El secretario, incrédulo, le recordó que según sus registros, el señor Benjamin Button tenía dieciocho años. Benjamin, con algo de vergüenza, afirmó que efectivamente tenía dieciocho años, pero el secretario lo despidió de manera categórica, llamándolo lunático y ordenándole que abandonara la universidad. A pesar de la negativa, Benjamin se retiró dignamente del despacho. Sin embargo, fue seguido por una multitud de estudiantes, intrigados por lo que había sucedido. La noticia de que un lunático había aprobado el examen de ingreso y pretendía pasar por un joven de dieciocho años corrió rápidamente, causando gran alboroto en la universidad. Los estudiantes se unieron a la multitud, haciendo comentarios burlones y críticas hacia Benjamin. En su camino hacia la estación de tren, rodeado por la multitud, Benjamin aceleró el paso y se sintió profundamente herido por las burlas. Decidió que iría a Harvard, buscando demostrar que se arrepentirían de sus comentarios. Ya a salvo en el tren, gritó a los estudiantes: "¡Os arrepentiréis!" mientras las risas continuaban desde afuera. Este episodio se convirtió en el mayor error cometido por la Universidad de Yale, que probablemente nunca olvidaría el suceso.

Benjamin Button en la universidad

Matrimonio, familia y carrera

La relación de Benjamin con Hildegarde Moncrief comenzó como un romance curioso y cautivador. Hildegarde, atraída por la energía juvenil y el encanto de Benjamin, estaba felizmente ajena a la peculiar verdad de su condición. Su cortejo estuvo lleno de gestos románticos típicos, empañados ocasionalmente por las inevitables rarezas que venían con su envejecimiento invertido. Sin embargo, su matrimonio pronto enfrentó desafíos que solo podrían haber sido previstos en el contexto de la existencia única de Benjamin. A medida que Benjamin parecía volverse más joven, Hildegarde notaba cambios que podrían haber sido confundidos con simples signos de salud y vitalidad, pero eran, de hecho, el envejecimiento reversible de Benjamin. Inicialmente, este fenómeno agregó una chispa a su relación, haciendo que Benjamin pareciera perpetuamente joven y vigoroso. El nacimiento de su hijo trajo alegría, pero también nuevas complejidades. Benjamin, que parecía más vibrante y enérgico con cada año que pasaba, se encontró cada vez más en desacuerdo con el papel convencional de padre. Luchaba por imponer autoridad sobre su hijo en crecimiento, mientras que su apariencia física cambiaba lentamente pero de manera inequívoca hacia la juventud. Mientras tanto, Hildegarde envejecía normalmente, lo que exacerbaba la dinámica inusual dentro de la familia. Desde el punto de vista profesional, Benjamin enfrentó sus propios desafíos. Estaba decidido a labrarse un lugar en la sociedad, independientemente de las peculiaridades de su condición. Inicialmente, su energía juvenil y mente aguda le permitieron destacarse en diversos emprendimientos. Su presencia carismática y agudo sentido de los negocios le permitieron navegar eficazmente en los ámbitos social y profesional. Sin embargo, a medida que la apariencia de Benjamin seguía volviéndose cada vez más joven, la aceptación social que una vez disfrutó comenzó a disminuir. Los intentos de Benjamin por mantener una carrera estable se tornaron llenos de obstáculos. Empleadores y colegas, desconcertados por la creciente incongruencia entre su experiencia y su rostro juvenil, a menudo encontraban difícil tomarlo en serio. A pesar de sus habilidades excepcionales y conocimientos cada vez más profundos, Benjamin luchaba por mantener su posición en el mundo profesional. Su trayectoria laboral llegó a ser un reflejo de su situación única, determinada tanto por su rareza física.

En 1880, Benjamin Button celebró su vigésimo cumpleaños comenzando a trabajar en la empresa de su padre, Roger Button & Company, Ferreteros Mayoristas. Ese mismo año, su padre lo introdujo en la sociedad, llevándolo a algunos bailes elegantes. A pesar de que Benjamin ya no se teñía el pelo, y aunque todavía tenía el cabello canoso, él y su padre parecían casi de la misma edad, como si fueran hermanos. Una noche, salieron hacia un baile en la casa de campo de los Shevlin, cerca de Baltimore. El aire estaba lleno de la fragancia de flores tardías, y la luna bañaba la carretera con un tono plateado. Mientras viajaban, Roger hablaba sobre el negocio, destacando la vitalidad de los jóvenes y el futuro prometedor que tenían. A medida que se acercaban al baile, el murmullo de la música y el bullicio de los invitados llenaban el aire. Al llegar, Benjamin vio a una joven dama que captó por completo su atención. Se trataba de Hildegarde Moncrief, la hija del general Moncrief. Fue un amor a primera vista para Benjamin. La joven, con su apariencia frágil, cabello ceniciento y traje de mantilla española, lo dejó cautivado. A pesar de su primera impresión fría, Benjamin pidió a su padre que lo presentara a ella, y finalmente, logró un baile con Hildegarde. Mientras esperaban su turno, Benjamin observaba con desdén a los jóvenes aristocráticos que rodeaban a Hildegarde, sintiendo celos de su admiración. Sin embargo, en cuanto comenzó a bailar con ella, la ansiedad se desvaneció y se sintió completamente feliz, hechizado por su presencia. Durante la conversación, Hildegarde expresó su preferencia por los hombres de mayor edad, particularmente los de cincuenta años, pues los consideraba más maduros y capaces de apreciar a las mujeres. Para Benjamin, esa era la edad perfecta, y desearía poder tener cincuenta años para estar a la altura de los estándares que ella apreciaba. El resto de la velada transcurrió entre bailes y conversaciones sobre temas comunes. Hildegarde concedió a Benjamin dos bailes más, y ambos parecían estar completamente de acuerdo en todo. Acordaron salir el domingo en calesa para continuar su charla. De regreso a casa, justo antes del amanecer, Benjamin comenzó a notar vagamente que su padre seguía hablando de negocios, pero su mente estaba absorta en los recuerdos del baile. Cuando Roger mencionó "pesos", Benjamin respondió distraídamente "besos", lo que confundió a su padre, pero el momento pasó sin mayores consecuencias, mientras el cielo comenzaba a clarear y el día se alzaba en su esplendor.

Seis meses después de que se conociera el compromiso entre la señorita Hildegarde Moncrief y el señor Benjamin Button, la noticia causó una gran conmoción en la alta sociedad de Baltimore. La historia del nacimiento de Benjamin, que había sido casi olvidada, volvió a ser difundida de manera escandalosa y exagerada. Se mencionaron versiones inverosímiles, como que Benjamin era el padre de su propio padre, Roger Button, o que había estado en prisión durante cuarenta años, o incluso que era el mismísimo John Wilkes Booth disfrazado. Algunos rumores decían que incluso le crecían cuernos. Los periódicos de Nueva York se hicieron eco del asunto, publicando ilustraciones absurdas que mostraban la cabeza de Benjamin acoplada a cuerpos de animales como peces o serpientes, o incluso en una estatua de bronce. Se convirtió en una figura famosa, conocida como "El Misterioso Hombre de Maryland". Sin embargo, la verdadera historia de su nacimiento apenas fue mencionada. A pesar de las protestas del general Moncrief, quien consideraba un crimen que su hija se casara con un hombre de al menos cincuenta años, el señor Roger Button intentó defender la situación publicando el certificado de nacimiento de su hijo en un periódico local. Sin embargo, nadie lo creyó. La evidencia de la apariencia de Benjamin era suficiente para que la sociedad lo rechazara. Lo único que importaba en este caso eran las dos personas involucradas directamente: Benjamin y Hildegarde. A pesar de los rumores, Hildegarde se negó a creer las historias falsas sobre su prometido. Ni el consejo del general Moncrief, quien le hablaba sobre los riesgos de casarse con un hombre de esa edad, ni sus preocupaciones sobre la estabilidad del negocio de la ferretería al por mayor lograron disuadirla. Hildegarde eligió seguir su corazón y casarse con Benjamin, eligiendo la madurez sobre la juventud. Y así, se casaron, desafiando las expectativas y los prejuicios de la sociedad.

Boda de Benjamin y Hildegarde

El apogeo y declive de la vida de Benjamin

A medida que Benjamin alcanzaba la cima de su vida, se encontraba en una situación única y desconcertante. Profesionalmente, había logrado un inmenso éxito. Su inteligencia y sabiduría, perfeccionadas a lo largo de lo que parecía una vida entera, le permitieron destacarse en su carrera. Ocupaba una posición prominente en círculos sociales y empresariales, ganando respeto por su vasta experiencia y sagacidad. La vida profesional y personal de Benjamin floreció durante este período. Su trabajo le brindaba satisfacción y disfrutaba de una reputación como una figura respetada e influyente. Pero a medida que crecía físicamente más joven, su madurez mental contrastaba abruptamente con su apariencia juvenil exterior. La relación con su esposa, Hildegarde Moncrief, comenzó a deteriorarse significativamente durante este período. Inicialmente, su matrimonio había sido sólido, basado en mutuo cariño y comprensión. Pero a medida que el cuerpo de Benjamin se volvía más joven, Hildegarde envejecía normalmente. Esta inversión de edades comenzó a minar el vínculo que una vez compartían. Hildegarde luchaba por conciliar la apariencia cada vez más joven de su esposo con el hombre maduro al que había llegado a amar. Criar una familia bajo estas condiciones resultó ser inmensamente desafiante. Su hijo, Roscoe, experimentaba una considerable confusión y vergüenza. Al principio, tener un padre que parecía más sabio de lo normal había sido una ventaja. Pero a medida que el cuerpo de Benjamin regresaba, Roscoe enfrentaba burlas e incredulidad por parte de sus compañeros y la sociedad circundante. A medida que Benjamin se iba haciendo físicamente más joven, ya no podía cumplir con las responsabilidades esperadas de un padre y esposo. Las acciones simples y cotidianas se volvían cada vez más difíciles. Su rol una vez proactivo en asuntos familiares y su carrera empezaron a disminuir, transfiriendo responsabilidades a otros. La disonancia mental y física se intensificaba a medida que encarnaba la sabiduría de un anciano pero con la apariencia de un joven. El respeto profesional que Benjamin había ganado empezó a disiparse a medida que su apariencia juvenil dificultaba que colegas y asociados lo tomaran en serio, a pesar de su vasto conocimiento y experiencia. Las oportunidades disminuían y enfrentaba crecientes frustraciones.

Durante los quince años que siguieron a su boda, el negocio de ferretería al por mayor prosperó enormemente, en gran parte gracias al joven Benjamin Button. Entre 1880 y 1895, la fortuna de la familia se duplicó. Aunque los amigos de Hildegarde Moncrief se habían equivocado acerca del negocio, la familia Button encontró éxito y crecimiento, y Baltimore finalmente aceptó a la pareja, incluso el general Moncrief llegó a reconciliarse con su yerno cuando Benjamin financió la publicación de la Historia de la Guerra Civil en treinta volúmenes, que había sido rechazada por varios editores. El paso del tiempo también trajo cambios notables en Benjamin. Sentía que su vitalidad crecía, se levantaba con energía cada mañana, disfrutaba de sus caminatas por la ciudad y trabajaba sin descanso. En 1890 alcanzó su mayor logro en los negocios, una propuesta que fue aprobada como ley y ahorró a la empresa una gran cantidad de clavos anuales. Además, se sintió atraído por los placeres de la vida y fue el primer hombre en Baltimore en poseer y conducir un automóvil, lo que aumentó su estatus y la envidia de sus contemporáneos. Sin embargo, a pesar de su éxito y salud renovada, Benjamin comenzó a sentirse distante de su esposa, Hildegarde. Ella, ahora de treinta y cinco años y madre de un hijo, Roscoe, de catorce, ya no le atraía como antes. Con el...

Benjamin Button conduciendo un automóvil antiguo

Los últimos años: de la infancia a la niñez

A medida que la vida de Benjamin Button seguía su curso en sentido contrario, entró en una etapa en la que las anomalías de su condición se hacían visibles para todos a su alrededor. A medida que la apariencia física de Benjamin se volvía cada vez más juvenil, sus capacidades mentales comenzaron a menguar, retrocediendo desde la agudeza de la adultez hasta la simplicidad de la infancia. Su familia luchaba por hacer frente a la conmovedora y a menudo dolorosa realidad de su viaje regresivo a través de la vida. La actitud alguna vez firme y segura de Benjamin gradualmente se suavizó hasta convertirse en la de una inocencia infantil. Sus amigos de años anteriores, con quienes había forjado relaciones profundas y duraderas, notaban la vibrante juventud paradójica en su apariencia contrastada con la disminución de sus habilidades cognitivas. Hildegarde, la esposa de Benjamin, sufría enormemente al ver cómo el hombre al que amaba se transformaba en un niño y, eventualmente, en un infante. Los recuerdos de su vida compartida, marcada por el amor, las discusiones, las ambiciones y la crianza de s...

Poco después todo se desvanece en la oscuridad... at home. hospital, preferably a fashionable one. So young Mr. and Mrs. that their first baby should be born in a hospital. characteristics in living organisms. can refer to either cellular senescence or to senescence of the whole organism.

NINGUN HOMBRE puede HUIR de su PROPIA HISTORIA | RANGO | Relato y Reflexiones

No había malos recuerdos en su sueño infantil: no le quedaban recuerdos de sus magníficos días universitarios ni de los años espléndidos en que rompía el corazón de tantas chicas. Sólo existían las blancas, seguras paredes de su cuna, y Nana y un hombre que venía a verlo de vez en cuando, y una inmensa esfera anaranjada, que Nana le señalaba un segundo antes del crepúsculo y la hora de dormir, a la que Nana llamaba el sol. Cuando el sol desaparecía, los ojos de Benjamin se cerraban, soñolientos… Y no había sueños, ningún sueño venía a perturbarlo. El pasado: la salvaje carga al frente de sus hombres contra la colina de San Juan; los primeros años de su matrimonio, cuando se quedaba trabajando hasta muy tarde en los anocheceres veraniegos de la ciudad presurosa, trabajando por la joven Hildegarde, a la que quería; y, antes, aquellos días en que se sentaba a fumar con su abuelo hasta bien entrada la noche en la vieja y lóbrega casa de los Button, en Monroe Street… Todo se había desvanecido como un sueño inconsistente, pura imaginación, como si nunca hubiera existido. No se acordaba de nada. No recordaba con claridad si la leche de su última comida estaba templada o fría; ni el paso de los días… Sólo existían su cuna y la presencia familiar de Nana. Y, aparte de eso, no se acordaba de nada. Cuando tenía hambre lloraba, eso era todo. Durante las tardes y las noches respiraba, y lo envolvían suaves murmullos y susurros que apenas oía, y olores casi indistinguibles, y luz y oscuridad. Luego fue todo oscuridad, y su blanca cuna y los rostros confusos que se movían por encima de él, y el tibio y dulce aroma de la leche, acabaron de desvanecerse.

A medida que va avanzando la trama, el personaje va disfrutando más de la vida. Los sucesos van siendo más agradables, significativos. Su nacimiento es trágico, difícil. El resto va rodando, dándonos la sensación de optimismo y agradecimiento vitales que el autor quiere transmitirnos.

Es aconsejable disfrutar no solo del magnífico guión de esta película, sino también de la belleza visual de sus escenas, dibujadas para hacer crecer la historia y forzar al espectador a una implicación emocional con lo que sucede en la pantalla.

Benjamin Button como un niño pequeño

F. Scott Fitzgerald dijo haberse inspirado a la hora de construir este relato en una frase de Mark Twain: «La vida sería infinitamente más alegre si pudiéramos nacer con 80 años y nos acercáramos gradualmente a los 18».

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