Los Mangakas y sus Hogares: Un Viaje a Través de la Historia del Manga

En Toshima, uno de los barrios periféricos de Tokio, cerca de la estación de Ochiaiminaminagasaki, en uno de esos barrios anodinos de la metrópolis japonesa, vemos a un chaval de 10 años andando por la calle leyendo la última Shônen Jump, con One Piece en la portada.

El niño pasa por delante de un callejón, ignorando completamente el típico edificio funcional japonés ocupado por una editorial que hay al final, probablemente sin saber que en ese mismo lugar, antes de ser demolido en 1982, se erigía un edificio lleno de historia.

Si pudiésemos viajar en el tiempo, y situarnos a principios de los años cincuenta, ahí donde hoy se encuentra esa editorial de libros sobre Derecho o historia, nos encontraríamos con el típico edificio de apartamentos de la época: dos plantas, veinte habitaciones minúsculas de cuatro tatamis y medio (7m2), y aseo compartido (para ducharse había que ir a los baños públicos).

Justo delante del edificio vemos a un hombre de unos 25 años, lleva una boina negra, y trae consigo algunas pocas pertenencias. Acaba de llegar a Tokio en tren desde Takarazuka, un pueblo vecino de Osaka, y su maleta está llena de material de dibujo. En su cartera lleva 30.000 yenes que le servirán como depósito del alquiler de su pequeña habitación en estos apartamentos llamados Tokiwa.

A finales de los años cuarenta, Japón vivió una auténtica revolución del cómic. La publicación de La Nueva Isla del Tesoro de Osamu Tezuka en 1947 se considera el punto de inflexión más importante en la historia del manga moderno.

Todo empezó a cambiar a partir de ese momento. Había nacido una nueva forma de hacer cómics, había nacido una nueva narrativa, una nueva estética, y se empezaron a construir los cimientos de una futura gigantesca industria del manga (y el anime de paso).

Uno de los efectos más importantes que tuvo ese manga, y los posteriores que publicaría Tezuka, fue la enorme influencia que ejerció en toda una generación de futuros mangaka. Sus historias animaron a muchos niños a dedicarse a dibujar y contar historias.

Algunos de ellos acabarían convirtiéndose luego en auténticos monstruos del manga: el dúo Fujiko Fujio, Shôtarô Ishinomori, Fujio Akatsuka… todos ellos tocados por la mano de un Dios, el del manga, que no solo les inspiró, sino que acabó reuniéndoles casi sin querer bajo un mismo techo, en los llamados “apartamentos del manga”: Tokiwa-sô.

Este edificio se inauguró en 1952, al año siguiente, el primero de los mangaka en mudarse sería Osamu Tezuka, que decidió dejar Takarazuka para mudarse a Tokio, y así estar más cerca de las editoriales.

Hiroo Terada, un modesto autor que publicaba en la revista Manga Shônen, y que acabaría convirtiéndose en uno de los pilares fundamentales de la comunidad mangaka de los apartamentos, llegó poco después.

No sabemos si fue por casualidad o no, pero acabaría en la habitación contigua a la de Tezuka. Durante un año serían los dos únicos autores de manga de los apartamentos, pero esto iba a cambiar pronto.

Según cuentan los propios autores, el tan solicitado Tezuka a menudo necesitaba escaparse de sus editores (que le vigilaban en su propio apartamento) para irse de copas, y esto repercutía a menudo en el pobre Terada, que tenía que responder a todos los que se pasaban por los apartamentos preguntando por Tezuka.

Pero quienes también fueron una vez a los Tokiwa para ver al Dios del Manga fueron dos jóvenes aspirantes llamados Hiroshi Fujimoto y Abiko Motou, dúo creativo conocido como Fujiko Fujio (autores de Doraemon y Hattori el Ninja, entre muchas otras obras).

Fujiko Fujio no tardarían mucho tiempo en volver a los apartamentos, pero ya sería como inquilinos, y para ocupar ni más ni menos que la habitación 14, la que hasta hacía poco había alojado al mismo Tezuka - quien se había trasladado a la más espaciosa Namiki House.

De hecho, fue gracias al maestro que ambos pudieron mudarse allí. La fianza que se pedía por avanzado era de 30.000 yenes, una cantidad de la que los dos autores no disponían.

Al enterarse de ello, Tezuka decidió no retirar su fianza en beneficio de los futuros creadores de Doraemon, que serían los primeros inquilinos que llegaron persiguiendo la estela tezukiana.

De lo primero que se percataron ambos dibujantes fue de un agujero en la pared, resultado de la “ira del Dios”, o más concretamente, de un patadón que dió Tezuka enfadado con uno de sus editores.

No tardarían mucho tiempo en empezar a llegar el resto de inquilinos: Shin’ichi Suzuki, Shôtarô Ishinomori, Fujio Akatsuka, Naoya Moriasu, Tokuo Yokota y, la única chica, Hideko Mizuno.

Todos ellos llegaron con ganas de triunfar en el mundo del manga, probablemente buscando la inspiración entre las paredes que vieron como el maestro dibujaba páginas de Astro Boy, Jungle Taitei o La Princesa Caballero, pero por entonces no era nada sencillo.

A mediados de los años cincuenta el número de publicaciones de manga no era tan elevada como para dar un trabajo estable y bien pagado a todos estos dibujantes, los autores consagrados ya lo tenían todo medio hecho, pero para los novatos era una vida muy dura.

A base de insistencia, algunos de ellos se acabarían convirtiendo en algunos de los autores más importantes de la historia del medio, pero otros no llegaron nunca a disfrutar del mismo éxito.

No fue un camino fácil, hacer manga aún no se consideraba un arte, y no estaba tan bien pagado como ahora. Varios de estos autores deben parte de su sustento a la generosidad de Hiroo Terada, apodado “Tera-bank” por sus colegas, ya que a menudo les prestaba dinero a los otros mangaka para poder pagar el alquiler (o incluso les daba de cenar).

El ciclo mangaka de los Tokiwa-sô no llegó ni siquiera a los diez años, empezó con los escasos 8 meses durante los cuales estuvo Tezuka, y en 1961 terminó cuando se marcharon los últimos artistas.

Pero a pesar de que al final todos tomaron caminos distintos, está fuera de toda duda de que entre los habitantes de esos nuevos apartamentos se creó una auténtica comunidad artística, incluídos visitantes asiduos.

En el fondo, todos ellos eran competidores, intentando conseguir publicar en las mismas revistas. Pero eso jamás impidió que acabasen ayudándose unos a otros a la hora de crear manga (ya sea con apoyo moral o directamente como ayudantes), o incluso creando obras conjuntas bajo seudónimos.

La primera muestra de ello es la formación del “Nuevo Partido Manga” (Shin-Manga Tô), una especie de grupo de discusión y colaboración totalmente informal, que llegó a inmortalizarse con una foto.

Y también tenemos el grupo U-MIA, formado por Shôtarô Ishinomori, Fujio Akatsuka y Hideko Mizuno (que aprovechó los tres meses que pasó allí), que llegaron a publicar algunas obras conjuntas.

Empezando por abajo y en sentido de las agujas del reloj: Hiroo Terada, Jirô Tsunoda, Naoya Moriyasu, Shôtarô Ishonomori, Fujiko Fujio A, Shin'ichi Suzuki, Fujio Akatsuka, Fujiko F.

Los últimos mangaka se marcharon en 1961 de los apartamentos Tokiwa, seguramente porque ya podían permitirse vivir en sitios más espaciosos y con mayores comodidades.

21 años después el edificio fue demolido, y lo cierto es que durante muchos años el espacio que ocupaba ha permanecido algo ignorado (un feo y poco llamativo cartel era lo único que dejaba constancia de la importancia del lugar).

Hace apenas 5 años se inauguró finalmente un monumento conmemorativo y se realizaron exposiciones y actividades relacionadas con el edificio y sus autores.

Placa conmemorativa de los autores de Tokiwa-sô con sus auto-caricaturas

Si bien a nivel municipal tardaron en ponerse las pilas, se podría decir que en el editorial ha habido más interés por lo ocurrido ahí, y a lo largo de varias décadas algunos de los autores han publicado autobiografías que han contado con bastante detalle cómo fue su vida en los apartamentos Tokiwa.

Si queréis más información sobre estos mangas, podéis encontrar varias reseñas en el blog de Marc Bernabé.

Aparte de mangas, los Tokiwa-sô también fueron inmortalizados en forma de película (Tokiwa no Seishun, 1996) y serie de televisión.

La particularidad del largometraje es que el auténtico protagonista es realmente Hiroo Terada, en lo que parece todo un homenaje a la importante labor que realizó a nivel humano durante su estancia en los apartamentos.

Así pues, hay información de sobras respecto a este curioso lugar, aunque parece que no hay nada que podamos leer en español, y ni siquiera en inglés. Es una pena, porque realmente nos estamos perdiendo una parte muy importante e interesante de la historia del manga.

La historia de unos autores que, para muchos, son los padres fundacionales del manga moderno, los que durante los años siguientes convirtieron los cómics en algo más que un simple producto de entretenimiento.

Osamu Tezuka: El Dios del Manga

Nacido en 1928, Tezuka pasa su infancia y juventud en Takarazuka, ciudad muy cercana a Osaka. Algunos de los motivos que llevan a Tezuka a dedicarse al mundo del manga y ha hacerlo de la forma en que lo hizo tienen lugar en esos primeros años.

Su padre era ya un ávido lector de manga, afición que le transmitirá. Mientras, su madre era amiga de algunas de las actrices del teatro de Takarazuka, famoso porque estaba completamente formado por mujeres, quienes también interpretaban los papeles masculinos.

Tezuka acude a menudo a ver esas obras llenas de colorido y fantasía, algo que luego plasmará en las páginas de algunos de sus mangas.

Pero también hubo otras influencias. Tezuka se aficiona al cine y queda maravillado con las producciones de Walt Disney, una influencia estética más que evidente en sus primeros trabajos, pero que además tiene su efecto en la revolucionaria narrativa visual que el autor utilizará luego.

Por último, hay que destacar sus vivencias durante la II Guerra Mundial, que explica en mangas como Kami no toride. Los horrores vividos durante ese período seguramente fueron responsables del discurso humanista y pacifista que podemos encontrar en casi toda su obra.

Debuta en 1946 con Ma-chan no Nikkichô, una serie de tiras cómicas de cuatro viñetas. Pero al año siguiente es cuando publica la obra que cambiará la historia del manga, iniciando el año cero del manga moderno.

En 1947 aparece La nueva isla del tesoro, una obra en la que Tezuka muestra una novedosa narrativa visual, de influencia cinematográfica, usando un gran número de viñetas para describir breves escenas, de forma que consigue ofrecer al lector la sensación de movimiento.

El guionista del manga se pone las manos a la cabeza al ver la cantidad de páginas que ha utilizado Tezuka, y recortará sin piedad la obra original. Aún así, lo que llega a publicarse es suficiente para crear una revolución, e inspirar a decenas de niños para que se dediquen al manga.

Años después, Tezuka redibujará de memoria todo el manga, para subsanar lo que el despiadado guionista había hecho con su obra original (y esa es la versión publicada en español).

Aún así, en Japón se encuentra desde 2009 una edición facsímil de la versión que llegó a las tiendas en 1947.

A partir de ese momento se suceden una serie de obras que son actualmente algunos de los grandes clásicos, no solo de Tezuka, sino del manga en general. Ahí están Metropolis, Lost World, Next World, o Jungle Taitei, otro de los grandes éxitos del maestro.

Pero si hay un personaje icónico de la época, ese es Astro Boy. Algunos consideran que la gran aceptación que tienen los japoneses por los robots se debe en parte al manga y el anime de Astro Boy, demostrando la influencia que podía llegar a ejercer un manga en esos tiempos, y lo hondo que caló entre los japoneses dicho personaje.

Osamu Tezuka y Astro Boy

Durante la década de los cincuenta, Tezuka también tuvo tiempo para reinventar el manga para niñas, dando el pistoletazo de salida para shôjo argumental con La Princesa Caballero. En dicha obra es donde mejor se puede apreciar la influencia que tuvo el teatro de Takarazuka en el autor, y la más evidente muestra de ello es que la protagonista es una chica que ejerce el papel de chico.

Muchas autoras de shôjo reconocieron luego el impacto que supuso para ellas esta obra, y si uno se fija en hits del shôjo como La Rosa de Versalles, es más que evidente.

En los años sesenta, aunque Tezuka no deja de dibujar manga en ningún momento, inicia un proyecto que probablemente llevaba años esperando. Después de una mala experiencia con los estudios de animación de la Toei, decide crear Mushi Production, su propio estudio de animación.

Como no podía ser de otra forma, uno de sus primeros trabajos es la adaptación al anime de sus propias obras, como Astro Boy o La Princesa Caballero.

De hecho, Astro Boy fue una serie pionera en muchos aspectos. Es la primera serie de anime para televisión (aún en blanco y negro), y las técnicas de animación que utiliza y le requieren las circunstancias (especialmente para ahorrar tiempo y costes), se han dejado notar en la industria del anime durante décadas.

Las décadas de los sesenta y setenta fueron gloriosas y revolucionarias en muchos aspectos para el manga y el anime en general, y cierto es que Tezuka siguió generando grandes éxitos.

Pero seguramente, si hubiese echado la vista atrás, habría añorado los más placenteros años cincuenta.

A los problemas de Mushi Pro hay que sumarle cierta desafección que empezaron a sentir algunos de sus lectores, porque consideraban que Tezuka se había estancado en el manga para niños. Fue en los sesenta cuando el gekiga (después ya transmutado en seinen) explotó de verdad, los niños que habían crecido con las obras de Tezuka ahora pedían historias más adultas, pero el maestro no estaba dispuesto a ello.

Cuentan que incluso llegó a mandar una carta a los autores abanderados del gekiga para que desistieran en su empeño de crear manga para adultos.

De esa época, cuentan que Tezuka estaba realmente irritable e incluso violento, llegando a necesitar ayuda profesional.

Pero como un fénix, Tezuka renació de sus cenizas (aunque quizás estamos exagerando). En clara reacción a la publicación de la revista Garo (referencia en cuanto a manga para adultos), Tezuka creó la revista COM, donde empezó a publicar sus obras más maduras, entre ellas Fénix, la que él consideraba la obra más importante de su vida.

De esos años, considerados como la “época oscura” de Tezuka, podemos destacar algunos títulos publicados en español como Oda a Kirihito, Ayako, Buda, El libro de los.

El Manga como Reflejo de la Vida Cotidiana y las Ciudades Japonesas

Japón es el país del mundo donde más cómics se publican, la gente lee manga en trenes, en los descansos en el trabajo, tirados en el césped en parques…

Es tal la obsesión que a partir de los años 60 algunas cafeterías vieron la oportunidad de negocio y empezaron a ofrecer un catálogo de tomos de manga por los que los clientes pagaban por horas de lectura.

Desde hace algo más de diez años los “Manga Kissa” también ofrecen un ordenador con conexión a Internet. Hoy en día la mayoría de ellos tienen cabinas privadas donde cada cliente puede navegar, leer, ver películas o jugar con videoconsolas con cierta intimidad.

Estuve en un “Manga Kissa” con mi amigo Yamamoto que suele frecuentar este tipo de locales. “Me sale mucho más barato pasar dos horas en un Manga Kissa y leer 10 tomos de manga que comprármelos” me dijo conforme entrábamos en uno de los Manga Kissa más grandes de Tokio que ocupa cuatro plantas de un edificio.

En la entrada nos preguntan cuantas horas queremos estar y nos dan las llaves de nuestras respectivas cabinas personales. A continuación nos paseamos por varios pasillos con estanterías llenas de manga, películas en DVD y videojuegos.

Yamamoto elije cinco tomos de un clásico manga de los años 70, yo me veo colapsado ante tanta información, ante tanto ocio donde elegir y marcho hacia mi cabina sin nada que leer.

Entro en mi cabina, apenas hay más espacio que el necesario para una cómoda butaca y un ordenador delante de ella. Es un sillón reclinable donde sería fácil quedarse dormido.

En el ordenador vienen varios juegos instalados, nada muy diferente a lo que encontraría en España. Pero junto al ordenador tengo también una Playstation 3, una Wii y un sintonizador de televisión por cable.

Al cabo de cinco minutos me siento otra vez perdido ante tanta opción y decido salir a explorar que otras opciones de ocio tengo. Sala de billares y ping pong, servicio de masajes, sala para jugar a juegos de mesa etc.

Yamamoto y yo terminamos jugando al ping pong.

Interior de un Manga Kissa

Desde que explotó la burbuja Japonesa a principios de los 90 son cada vez más los japoneses que no pueden permitirse pagar el alquiler de un piso en grandes ciudades. Muchos que perdieron el trabajo terminaron viviendo en las calles, pero otros decidieron que una forma barata de tener cobijo cada día era pasando las noches en una cabina dentro de un “Manga Kissa”.

Los propietarios de los “Manga Kissa” se dieron cuenta de esta tendencia e introdujeron tarifas baratas como por ejemplo “8 horas por 10 euros”. La tendencia se vio acentuada aun más cuando algunas de las cadenas de “Manga Kissa” más importantes del país pusieron servicio de duchas.

Cada vez es más la gente que no tiene casa y vive en Manga Kissas, son trabajadores temporales que cobran poco y apenas se pueden permitir gastar entre 300 y 400 euros al mes en alojamiento. Son cibernómadas, producto de la crisis económica japonesa de la que después de casi 20 años Japón todavía no se ha recuperado.

A continuación os ofrecemos una serie de biografías y/o repasos a las carreras de los inquilinos de estos míticos apartamentos. En algunos casos las biografías serán algo más escuetas, más que nada porque se trata de autores algo más desconocidos (incluso en Japón), que tampoco llegaron a publicar tanto o no ejercieron la misma influencia que algunos de sus compañeros.

Pero aparte de los residentes, también hemos añadido un texto sobre aquellos autores que visitaban con asiduidad los Tokiwa-sô. Hemos ordenado las biografías en función de las fechas de llegada a los apartamentos.

Influencia de los Lugares Reales en el Manga y el Anime

Visitar estos lugares emblemáticos se ha convertido en una auténtica moda en Japón, una forma de turismo que combina el descubrimiento cultural con la inmersión en el mundo del anime.

Descubre paisajes impresionantes, ciudades fascinantes y lugares cargados de historia que han servido de modelo para las mejores películas de anime de Japón.

Paisajes Naturales como Inspiración

Algunos de los escenarios más bellos del anime se inspiran en los impresionantes paisajes naturales de Japón. Tal es el caso de la isla de Yakushima, famosa por sus densos bosques y sus cedros milenarios, que sirvió de modelo para la hechizante atmósfera de la película de Hayao Miyazaki La princesa Mononoke.

Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, la isla de Yakushima te invita a disfrutar de inolvidables paseos en plena naturaleza virgen.

Bosque de la isla de Yakushima, inspiración para La Princesa Mononoke

Los paisajes montañosos de la prefectura de Gifu inspiraron el pueblo ficticio de Hinamizawa en el anime Higurashi no naku koro ni. La aldea de Shirakawago, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y los pueblos de Shirakawago que la rodean son encantadores por sus casas tradicionales con tejado de paja enclavadas en un entorno natural.

Ciudades y Escenarios Emblemáticos

Para una escapada romántica tras las huellas de Tu Nombre, dirígete al lago Motosu, en la prefectura de Yamanashi. Este lago de impresionante belleza, con el monte Fuji al fondo, inspiró muchas de las escenas de la película.

El distrito de Asakusa fue el escenario del anime Demon Slayer, que presenta una Asakusa fielmente recreada de la era Taishō. Sigue los pasos de Tanjirō mientras paseas desde el templo Sensō-ji hasta la calle Nakamise, sin olvidar los numerosos puestos tradicionales.

Para llegar, bájate en la estación de Asakusa de las líneas Ginza, Tōei Asakusa o Tōbu Skytree del Metro de Tokio.

Escaleras del templo de Suga, escenario de Tu Nombre

Los famosos "escalones de Tu nombre", donde finalmente se encuentran Taki y Mitsuha, se encuentran en el templo de Suga, en Tokio. Desde el estreno de la película, estos 26 escalones han atraído a miles de visitantes que vienen a recrear la famosa escena.

Akihabara, distrito emblemático de la cultura otaku, sirve de telón de fondo al anime Steins;Gate. Explora las eléctricas calles de este barrio de visita obligada desde la estación de Akihabara. Encontrarás un montón de tiendas de electrónica y anime, así como lugares de culto de la serie, como la oficina de Okabe y el templo donde trabaja Lukako.

Por último, es imposible pasar por alto la Torre de Tokio, que ha aparecido en innumerables películas de anime como Sailor Moon y Detective Conan. Con sus 333 metros de altura, sigue siendo uno de los símbolos imprescindibles de la capital.

Dirígete a 4 Chome-2-8 Shibakoen, ciudad de Minato, Tokio, para admirarla y disfrutar de la impresionante vista sobre Tokio.

Este histórico onsen, fundado hace más de 1.000 años, es uno de los más antiguos de Japón. Su edificio principal de madera, el Dōgo Onsen Honkan, construido en 1894, te sumergirá en la atmósfera tan especial de la película.

Para llegar, dirígete a 5-6 Dōgoyunomachi, Matsuyama, Ehime 790-0842, Japón.

Edificio Dōgo Onsen Honkan, inspiración para El Viaje de Chihiro

En otro género, el santuario Ōtsu Ōmi-jingū Shintō es el escenario del anime Chihayafuru, protagonizado por un equipo de jugadores de karuta, el tradicional juego de cartas japonés.

De hecho, este santuario acoge cada año el campeonato nacional de karuta, igual que en el manga. La zona que rodea el santuario está llena de tiendas y restaurantes que venden especialidades locales y recuerdos de Chihayafuru.

Dirígete a 1-1 Jingucho, Otsu, Shiga 520-0015, Japón, para visitar esta meca del karuta y el anime.

La pequeña ciudad de Ōarai, en la prefectura de Ibaraki, se ha convertido en un popular lugar de peregrinación para los fans de Girls und Panzer, que sigue la estrafalaria vida cotidiana de unas chicas de instituto apasionadas por los tanques. Numerosas tiendas venden merchandising, ¡e incluso el santuario local vende ema (placas de madera) con la efigie de los personajes!

Higashi-Koganei, un tranquilo suburbio de Tokio, inspiró el barrio donde viven las heroínas de El susurro del corazón, la conmovedora película de Yoshifumi Kondō producida por Studio Ghibli. Pasea por las calles residenciales para recuperar la atmósfera especial de la película, y admira las vistas de Tokio desde el Parque Hiyoshi, como en la última escena.

La ciudad portuaria de Tomonoura fue el modelo para el pueblo de Ponyo en el Acantilado. Este encantador puerto virgen ofrece un viaje en el tiempo con sus calles empedradas, sus casas tradicionales de madera y sus coloridas barquitas de pescadores.

También puedes visitar el templo Ankoku-ji, cerca del cual hay una casa parecida a la de Sōsuke en la película. Se puede llegar al puerto de Tomonoura en autobús desde la estación de Fukuyama.

Puerto de Tomonoura, inspiración para Ponyo en el Acantilado

Eventos y Atracciones de Anime

Los aficionados al anime también pueden disfrutar de eventos y atracciones dedicados enteramente a ellos. Es el caso del Museo Ghibli de Mitaka, cerca de Tokio, que ofrece una experiencia única basada en la obra del estudio de animación.

O el parque temático Sanrio Puroland, dedicado a Hello Kitty y sus amigos.

Para una experiencia aún más envolvente, dirígete a uno de los muchos cafés temáticos que recrean el ambiente de un anime. El Café Pokémon de Tokio o los numerosos cafés de criadas te harán pasar un momento inolvidable en la piel de tus personajes favoritos

Por último, no te pierdas la estatua gigante del Gundam en la isla de Odaiba, en Tokio. Con sus 19,7 metros de altura, esta impresionante réplica por control remoto de la armadura móvil RX-0 Unicornio es una auténtica delicia para los fans de la saga.

Está CIUDAD es el PARAÍSO OTAKU de JAPÓN 🇯🇵😱 Akihabara

El edificio de madera, que fue demolido en 1982 debido al deterioro de la estructura, será reconstruido y reconvertido en un museo del tebeo y la animación japonesa. Este se alzará a 200 metros de su ubicación original en el barrio tokiota de Toshima y abrirá sus puertas en marzo de 2020, coincidiendo con el año de celebración de los próximos Juegos Olímpicos de Tokio.

«Esto atraerá a los turistas que visitarán la capital japonesa con motivo de los Juegos Olímpicos de verano», explicó Yukio Takano , alcalde de Toshima, en una rueda de prensa.

Destacan también otros residentes como el autor de «Cyborg 009» , Shotaro Ishinomori, más conocido como «El rey del manga», Fukijo Fujio, pseudónimo empleado por la pareja de dibujantes que creó « Doraemon », o Fujio Akatsuka, gigante del cómic humorístico en Japón.

El auge del turismo de anime, también conocido como "peregrinaje de anime" o "seichi junrei" en japonés, ha experimentado un auge en los últimos años. Sólo en 2018, se calcula que más de 8 millones de turistas visitaron lugares relacionados con su anime favorito.

Este fenómeno tiene un impacto muy positivo en la economía de las regiones, especialmente en las zonas rurales. La afluencia de visitantes mantiene en funcionamiento la hostelería, la restauración y los negocios locales. Pone de relieve el patrimonio natural y cultural local, atrayendo a un público que de otro modo no lo habría visitado. Los intercambios entre autóctonos y turistas en torno a esta pasión compartida crean vínculos sociales.

Por último, al animar a los aficionados a descubrir nuevos lugares, esta forma de turismo contribuye a repartir mejor el flujo de personas dentro de Japón.

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