Miguel Gila Cuesta, reconocido como uno de los grandes humoristas españoles del siglo XX, nació en Madrid el 12 de marzo de 1919. Su vida, marcada por la humildad, la guerra y una inagotable capacidad para encontrar el humor en las situaciones más adversas, lo consagraron como una figura inolvidable del espectáculo.
Su origen humilde y la temprana pérdida de su padre, quien falleció dos meses antes de su nacimiento a causa de un accidente laboral, moldearon su infancia. Nacido en la calle Zamora, número 15, en el barrio de Bellas Vistas del distrito de Tetuán, Gila se crio en Madrid con sus abuelos paternos. Su abuelo Abdón, un trapero cariñoso, y su abuela Isidora, le brindaron el apoyo necesario en una época de dificultades económicas. La madre de Gila, Jesusa Cuesta, una joven viuda de apenas diecinueve años, trabajaba como asistenta para sacar adelante a su hijo, quien a menudo la acompañaba en sus labores. Posteriormente, su madre se casó de nuevo con Ramón Sanmartín, una figura que Gila recordaría como una gran persona.
La infancia de Gila estuvo marcada por la escasez y la necesidad de trabajar desde temprana edad. Dejó la escuela a los 13 años y comenzó a desempeñar diversos oficios: fue empaquetador de café y chocolate, aprendiz de pintor de coches y trabajó en los Talleres Boetticher y Navarro, donde alcanzó el cuarto grado de aprendiz. En esta etapa, se afilió a las Juventudes Socialistas y se hizo militante a los dieciséis años.
Con el estallido de la Guerra Civil Española en 1936, Gila se alistó como voluntario en el Quinto Regimiento de Líster, con tan solo diecisiete años. Durante el conflicto, combatió en diversos frentes, como Madrid, Guadalajara y el Ebro. Fue en esta época cuando vivió una de las experiencias más traumáticas y definitorias de su vida: un fusilamiento fallido en El Viso de los Pedroches, Córdoba, el 6 de diciembre de 1938. Puesto frente a un pelotón de ejecución junto a otros trece compañeros, la torpeza y el estado de embriaguez de los ejecutores provocaron que la mayoría de los disparos fallaran. Gila, herido levemente, fingió estar muerto y logró sobrevivir. Esta experiencia, marcada por el absurdo y la crueldad, se convertiría en una fuente inagotable de su humor.

Tras la guerra, Gila vivió la dura posguerra española, marcada por la represión y la escasez. Fue internado en el campo de prisioneros de Valsequillo (Córdoba) y pasó por diversas cárceles madrileñas como Yeserías, Santa Rita en Carabanchel y Torrijos, donde coincidió con el poeta Miguel Hernández. Posteriormente, cumplió un servicio militar de cuatro años. Después de ser liberado, trabajó como fresador en Construcciones Aeronáuticas S.A.
El inicio de su carrera como humorista se produjo de manera casi fortuita en 1951. Durante una actuación en un teatro madrileño, Gila irrumpió en el escenario vestido con su uniforme militar de la guerra y, portando un fusil de juguete, improvisó un monólogo sobre sus experiencias bélicas. El público reaccionó con carcajadas y el éxito fue inmediato, catapultándolo a la fama.

A partir de ese momento, Gila se consolidó como un referente del humor en España y América Latina. Su estilo único, basado en monólogos telefónicos y diálogos figurados, se caracterizaba por un costumbrismo ingenuo con toques surrealistas, siempre evitando palabras malsonantes o polémicas. Su muletilla "¿De parte de quién?" se convirtió en un sello distintivo.
Su humor, aunque desternillante, a menudo abordaba temas serios como la guerra, la pobreza y la injusticia social, despojándolos de solemnidad y resaltando lo absurdo de la condición humana. Como él mismo decía: "Mis guerras son absurdas porque la guerra lo es en sí".
Gila: ¿Es el enemigo?
A lo largo de su carrera, Gila participó en numerosas películas, programas de televisión y radio. Entre sus trabajos cinematográficos destacan:
- 1954: Tres huchas para Oriente
- 1954: Aventuras del barbero de Sevilla
- 1954: El diablo toca la flauta
- 1954: El presidio
- 1954: Los gamberros
- 1954: Sor Angélica
- 1955: Good Bye, Sevilla
- 1955: El golfo que vio una estrella
- 1956: El ceniciento
- 1956: Mi tío Jacinto
- 1957: El hombre que viajaba despacito
- 1958: ¡Viva lo imposible!
- 1963: Una chica casi formal
En 1968, Gila se exilió voluntariamente a Argentina, harto de la "dictadura" y de problemas personales. Allí continuó su exitosa carrera, residiendo en Buenos Aires y recorriendo el continente. Participó en programas de televisión como "Sábados Circulares" y "Al estilo de Mancera", donde mantenía su sección de llamadas telefónicas cómicas.
En 1993, se emitió en TVE la serie "¿De parte de quién?", escrita por el propio Gila, donde interpretaba a un pluriempleado que interactuaba por teléfono con su ama de casa.
Miguel Gila recibió numerosos reconocimientos a lo largo de su vida, incluyendo la Medalla al Mérito Artístico del Ayuntamiento de Madrid en 1986, la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo en 1995 y el título de Profesor Honorífico del Humor de la Universidad de Alcalá de Henares en 1997.
El humorista también incursionó en la escritura, publicando obras como "Y entonces nací yo" y "Memorias de un exilio", donde plasmó sus vivencias y reflexiones con su característico ingenio y ternura. Se casó tres veces y tuvo varios hijos. Su última pareja fue María Dolores Cabo Martínez, con quien tuvo una hija, Malena.
Miguel Gila falleció en España el 12 de julio de 2001, a la edad de 82 años, dejando un legado imborrable en el mundo del humor. Su capacidad para transformar el dolor y la adversidad en risas lo convirtió en un símbolo de resiliencia y en uno de los humoristas más queridos y respetados de la historia de España.

En su honor, se han propuesto diversas iniciativas para inmortalizar su figura, como la colocación de placas conmemorativas en lugares emblemáticos de Madrid y la petición para nombrar calles en su memoria. Miguel Gila es recordado como un maestro del humor, un cronista de su tiempo y un artista que, a través de la risa, nos enseñó a enfrentar la vida con una sonrisa.