Máximo Huerta, reconocido periodista, presentador y escritor, ha cumplido uno de sus sueños de infancia al abrir las puertas de "La librería de Doña Leo" en su pueblo natal, Buñol, Valencia. Este espacio no solo representa un hito personal para el autor, sino también para la localidad, ya que se erige como la primera librería de Buñol.
La decisión de bautizar el establecimiento con el nombre de "La librería de Doña Leo" surge del profundo cariño que Huerta profesa a su perra Leo, quien, según él, es su "primera lectora", siempre presente mientras él escribe.
El escritor describe su librería como un lugar que debe ser "casa, hogar, lugar de encuentro, para compartir lecturas, recomendarnos nuevos libros y cruzar la puerta del tiempo". La fachada, pintada de un distintivo azul de Prusia, se concibe como la "portada del libro de los libros", invitando a los visitantes a adentrarse en un mundo de historias.
Huerta, conocido por su novela "Adiós, pequeño", con la que ganó el premio Fernando Lara en 2022, concibe "La librería de Doña Leo" como un refugio contra la frenética vida actual. "Ahora que vivimos de forma frenética, sin pausa, donde la tranquilidad parece estar en vías de extinción, Máximo Huerta nos da una salida y nos abre la puerta de La librería de Doña Leo, su lugar de calma", se lee en la descripción del libro "Mi pequeña librería".
"La librería de Doña Leo" se presenta como un espacio abierto y sin prejuicios, donde se da cabida a todo tipo de obras y lectores. "Es y será siempre una librería sin prejuicios. No me gustan las librerías snobs. Los lectores y lectoras tenemos gustos diferentes y respeto profundamente a los autores. Todos somos raros, tenemos caprichos, necesidades y momentos vitales para leer y que un libro nos lea a nosotros", afirma Huerta.

La selección de obras en la librería destaca por su cuidada variedad, ofreciendo tanto títulos conocidos como "pequeñas joyas" para los lectores más exigentes. Una mesa central exhibe títulos seleccionados que invitan a ser descubiertos y llevados a casa. A pesar de ser un espacio acogedor y de dimensiones reducidas, "había mucho donde elegir", y si un cliente no encuentra lo que busca, el personal se encarga de conseguirlo.
Mi Pequeña Librería: Un Viaje a la Pasión por la Lectura
El libro "Mi pequeña librería", publicado por Lunwerg en 2024, narra la historia de Máximo Huerta, desde su infancia marcada por el amor a la lectura hasta la materialización de su sueño de abrir una librería en su pueblo. El libro, ilustrado por el propio autor con dibujos que reflejan su día a día, es un "canto de amor a las librerías y al infinito disfrute de leer".
La narrativa se remonta a la infancia de Máximo, un niño devorador de libros, cuya afición era motivo de orgullo para su padre. Las enciclopedias y las visitas a la biblioteca municipal fueron los cimientos de su formación como lector, permitiéndole descubrir a grandes escritores y expandir su universo literario.

Las lecturas de juventud fueron fundamentales en su desarrollo como adulto, guiándolo hacia la carrera de periodismo y posteriormente a la presentación televisiva. Sin embargo, un giro en su vida personal, el regreso a Buñol para cuidar de su madre enferma, lo llevó a reconectar con sus raíces y a concebir la idea de crear un espacio literario.
La iniciativa de abrir una librería en Buñol se presenta como un acto "arriesgado en los tiempos que corren, cuando los libros se compran online y llegan a casa por mensajero, sin conversar con nadie". El antiguo horno de Chavalín, Jesús y Pepique se transformó en "una pequeña librería de color azul de Prusia, con un banco para leer", convirtiéndose en "un enclave que ha pasado a ser un lugar turístico en la zona".
"Mi pequeña librería" está dedicada a "aquellas personas que aman la literatura". A lo largo del relato, Huerta hace guiños a autores emblemáticos como Charles Dickens, Oscar Wilde y Arthur Conan Doyle, así como a personajes entrañables como las hermanas March, evocando un universo literario clásico.
El libro se convierte en un acto de memoria, un deseo de "recordar cómo nació su librería" y "cómo es la vida con su madre en el pueblo". Es una obra para "visitar y al que regresar cuando la pérdida llegue".
París Despertaba Tarde: Un Homenaje a la Ciudad de la Luz
Máximo Huerta, conocido por su fascinación por París, regresa a la ciudad a través de su novela "París despertaba tarde". Ambientada en los años 20, en el contexto de los Juegos Olímpicos de París 1924, la obra es una "historia de amor centrada en esos años locos que a mí tanto me fascinan".
El autor describe su conexión con París como una "actitud", afirmando que "no hace falta nacer en París para sentirse parisino". La ciudad se convierte en un lienzo donde se entrelazan historias de vida, amistad, desamor y muerte, los "grandes temas que marcan nuestra existencia".

En "París despertaba tarde", Huerta rescata a Alice, un personaje que ya apareció en su novela "Una tienda en París". Esta vez, Alice es "una Alice más cambiada por el desamor, la vida, la muerte... Es una mujer madura", que encuentra su complemento ideal en Kiki de Montparnasse, un personaje real de la época con un "carácter arrollador".
La novela se nutre de personajes reales de la época, como Coco Chanel, Claude Monet, André Citroën, Johnny Weissmuller y Ernest Hemingway, aportando "mayor verosimilitud a la historia". Huerta buscó ser "fiel y respetuoso a la época que quería contar", creando una atmósfera deportiva con la inclusión de un deportista olímpico, Alexander Belov, un nadador que será una ayuda para Alice en su reconciliación consigo misma.
Huerta considera que "París despertaba tarde" es una obra complementaria a "Una tienda en París", aunque ambas son "diferentes". La novela es un puente cronológico entre 1924 y 2024, un homenaje a un siglo de historia parisina.
La Literatura Frente a la Inteligencia Artificial
Máximo Huerta se muestra firme en su convicción de que la inteligencia artificial no podrá reemplazar la literatura. "Los lectores buscan emociones y la inteligencia artificial tiene muchos elementos de plástico", declara. Para él, "la IA nunca ganará la batalla a la literatura. Los sentimientos son de carne y hueso".
El escritor compara la IA con un "muñeco de goma", sugiriendo que carece de vida y de la profundidad emocional que caracteriza a la literatura humana. "No me interesa mucho todo este asunto de la inteligencia artificial porque me transmite lo mismo que un muñeco de goma: ahí no hay vida", afirma.

Ante la constante evolución del sector literario, con el tránsito del papel al mundo digital, los audiolibros y las nuevas tecnologías, Huerta señala que "la vida es un examen continuo que nos obliga a adaptarnos a la nueva modernidad". La literatura, como parte de la vida, no puede eludir esta dinámica de cambio.
La pandemia, que obligó a una reclusión en casa, intensificó la importancia de los estímulos literarios. "Que los libros nos lleven de viaje a la Roma imperial es un placer al que nadie debería renunciar", concluye, reafirmando el poder insustituible de la lectura para transportarnos y enriquecer nuestras vidas.