El Espíritu del Oeste en el Cómic Europeo: Un Legado de Talento y Audacia

Siento enorme simpatía por los historietistas españoles que, entre los años sesenta y los ochenta, cruzaron fronteras y se ganaron el jornal en Francia, Bélgica, Inglaterra y Estados Unidos.

Mi afecto se debe no solo a su valentía a la hora de acceder a mercados lejanos, sino también a su talento indiscutible y a su audacia creativa.

Sabemos que el artista manchego llegó a Madrid cuando contaba dieciséis años.

Como tantos otros ilustradores, abandona sus estudios para emprender una carrera en las bellas artes que, lógicamente, inquieta mucho a los suyos.

Por fortuna, va a lograr su continuidad profesional en la editorial Ferma, de Juan Fernández Mateu.

A esta firma barcelonesa le debemos los lectores un sinnúmero de cuentos troquelados, dentro de la serie Animalitos Felices, y asimismo versiones en cómic de películas bien conocidas.

Su trabajo en Ferma le abre las puertas del cómic británico.

Contratado por agencias de ese país, cultiva desde l965 géneros como el bélico.

Más o menos por las mismas fechas, otros autores del sur de Europa, como Hugo Pratt, habían seguido la misma senda.

La poderosa industria del cómic belga también reclama sus servicios, y Cicuéndez pasa a formar parte del formidable grupo de colaboradores de Spirou.

Buena parte de estas creaciones tenía un propósito didáctico, traduciendo al lenguaje del cómic juvenil importantes acontecimientos de la historia.

Es la misma filosofía que trasluce en otras dos memorables obras de Cicuéndez, Los Mayas (Piñón, Ed.

La revista belga Tintin cuenta con su arte a partir de 1977, año en que ilustra L’Embrasement du mont Pelé.

Cuando el mercado de la historieta empieza a contraerse en Europa, el artista se dedica a un quehacer que otros compañeros también tomaron como alternativa: la ilustración de libros.

Tras regresar al western con su nostálgico Tim Taylor (Rodeo, Ed. Lug, 1988), nuestro ilustrador se vuelca en una especialidad en la que carece de competencia: el cómic relacionado con la historia de la aeronáutica.

Artesano de primer nivel, con esa discreción que suelen tener los creadores sin ínfulas autorales, Cicuéndez protagonizó una época admirable de la historia del tebeo europeo.

Me gustaría recordar aquellos momentos de otra manera, pero lo cierto es que, si logramos mantener esta entrevista, fue por nuestro empeño de no dejarnos amedrentar por la mala praxis profesional de un gabinete de prensa que daba preponderancia a los “grandes medios” en detrimento de todos los demás que estábamos igualmente acreditados…

Además, permitía que las personas que colaboraban supusieran una pesada rémora en vez de una herramienta para ayudarnos a hacer nuestra labor.

Bueno, al final conseguimos centrarnos en nuestra labor y hablar con Jean-Claude Mézières (1938-2022), una de esas personas que ha sido, por derecho propio y hasta su fallecimiento, uno de los mitos vivientes del cómic europeo.

Es más, todos los dibujantes que han querido hacer cómic de ciencia ficción han copiado e imitado su estilo, desde que él empezó a publicar las aventuras de Valérian et Laureline en 1967, junto con el guionista Pierre Christin (1938-) y la colorista Évelyne Tranlé.

Son muchas las visitas que ha realizado a España a diferentes encuentros y salones, ¿eso quiere decir que ‘Valérian et Laureline’ se vende bien en nuestro país?

Pues, precisamente, no conozco las Islas Canarias… ¡A ver si alguien me invita! (risas)

Es cierto que he estado muchas veces en España.

La primera vez que vine al Salón del Cómic de Barcelona fue hace treinta años, creo que fue uno de los primeros salones.

La verdad es que, gracias a los salones del cómic, me he recorrido toda Europa.

En cuanto a si Valérian se vende bien o no, esto se lo tendrían que preguntar a mi editor…

Mi contacto con los lectores y aficionados es en estos eventos, a los que me invitan para que firme ejemplares de mi obra.

Yo vengo y hablo con los que se acercan para que les dedique un álbum.

Claro, estas personas vendrían siempre, porque les gusta lo que yo hago.

Si me dejo llevar por lo que ellos me dicen, pues creo que Valérian tiene mucha aceptación.

Sí, es cierto.

Sin embargo, muchos otros trabajos suyos siguen inéditos en España.

Se publican sus álbumes de ‘Valérian et Laureline’, se publicó ‘Los pasajeros del cielo’, pero sus álbumes ‘Los Extras de Mézières’ y otros trabajos no se editan.

No me toca a mí tomar esa decisión.

Es el editor español el que debería decir “esto me interesa publicarlo”.

Yo estaría encantado (risas).

Por lo que me comenta mi editor francés, parece que no tienen mucha seguridad en que hubiera suficientes personas interesadas en comprarlos.

De todas formas, como hablamos de libros de ilustración, la diferencia entre que el libro esté en francés o en español es muy poca y me imagino que los aficionados españoles interesados en mi obra se lo habrán comprado en francés si les interesa.

Si no lo han hecho, yo les recomendaría que lo compraran en francés, ya que la diferencia es muy poca y no creo que sea necesario realizar ese cambio en la edición.

Además, mi editor se pondrá muy contento y yo también (risas).

‘Valérian et Laureline’ lleva muchos años publicándose, forma parte de las primeras lecturas de muchos aficionados.

Pierre Christin y yo éramos amigos desde la infancia, desde muy pequeños.

Como anécdota te comentaré que nos conocimos en un refugio antiaéreo durante la Segunda Guerra Mundial, y éramos lectores de novelas de ciencia-ficción en los años cincuenta, cuando éramos adolescentes.

Devorábamos todas las lecturas de esta temática que pasaban por nuestras manos, compartíamos esas lecturas.

Pierre estudió Periodismo, ahora es profesor en la universidad.

Yo estudié en la Escuela de Artes aplicadas de París y me dediqué a la ilustración.

Decidimos hacer algo juntos al volver a Francia, donde la historieta pasaba en ese momento por un cierto auge.

Cuando nos planteamos qué hacer no lo teníamos claro.

Una historia policíaca, algo del oeste, aquello me daba la sensación de que no era lo mío.

Entonces nos dimos cuenta de que no se hacía nada de ciencia ficción.

Pierre no lo dudó y me propuso hacer una pequeña historia de ciencia ficción.

A mí me pareció formidable.

En ese momento yo era un dibujante principiante y cuando me enfrenté a la primera página del primer álbum -en la que se veía una gran imagen, inmensa, de Galaxity, la megalópolis del siglo XXIII- me encontré con que no tenía nada en lo que apoyarme, porque no había nadie más haciendo esto.

Así que, por eso, empezamos con los viajes en el tiempo, para poder ir a la Edad Media y poder dibujar cosas que dominaba más.

Hay un autor de ciencia ficción, Jack Vance, que hace uso de ambientes que recuerdan a los suyos en ‘Valérian’.

Sí, claro.

Podría decir que para inspirarme he leído todos los autores clásicos de la ciencia ficción.

No soy bueno para con los nombres, pero podría recordar a Jack Vance, Asimov y Philip K. Dick, aunque este es más tardío.

Pierre Christin te podría dar muchos más nombres.

En realidad, él -como guionista- es el que busca las ideas que conforman el esqueleto de la narración y yo busco la visión que hay que dar.

En un momento dado se puede cambiar la estructura de la narración por culpa del dibujo, porque se complementan.

Eso es fundamental, todo está en construcción.

Somos como dos artesanos que trabajamos con dos paletas a la vez en la construcción de una casa.

Yo pongo el ladrillo, él pone el cemento.

Creo que todo lo que he querido hacer con este personaje, con esta serie, lo he hecho, porque cada nuevo álbum de Valérian cambia de dirección.

Todos los álbumes de Valérian son muy diferentes en el ambiente, la atmósfera, los sitios donde ocurre, y todo ello buscando que los álbumes tengan una coherencia, una continuación, pero siempre intentando dibujar cosas que me gusten, cosas fantásticas.

No soy un dibujante al que le guste realizar cosas cotidianas.

Trabajo mucho y busco documentación en los libros, en otros trabajos que realizo que no son para Valérian, pero que me puedan servir de inspiración para este trabajo, que es el que más me gusta.

Por eso, cuando cojo otros trabajos, intento que sean trabajos para películas, que me permitan viajar, salir de mi taller.

Hace dos años realicé unos diseños para la ciudad de Lille, que fue Capital Cultural Europea.

Las ambientaciones, torres y estructuras eran diferentes, pero seguía teniendo el espíritu de Valérian.

Cuando realizo las páginas me vuelco en ellas, me gusta y lo doy todo.

Para mí, dibujar requiere un esfuerzo.

Al finalizar un trabajo acabo agotado.

No soy un dibujante incontinente que está dibujando en todos lados.

Los habitantes del cielo. De izda. Portada del álbum Los habitantes del cielo.

Ilustración de un paisaje espacial futurista al estilo de Valérian

Valerian y Laureline: Explorando el cómic francés - Tropos del cómic (Episodio 61)

Jean-Claude Mézières, un mito viviente del cómic europeo, dejó una huella imborrable en el género de la ciencia ficción.

Su audacia creativa y su talento indiscutible se reflejan en la serie "Valérian et Laureline", que ha inspirado a generaciones de dibujantes.

La colaboración con el guionista Pierre Christin, forjada desde la infancia, dio como fruto un universo rico y fascinante, caracterizado por su diversidad de ambientes y atmósferas.

Mézières se inspiró en los grandes clásicos de la ciencia ficción, como Jack Vance, Asimov y Philip K. Dick, para construir sus narrativas visuales.

La relación entre guion y dibujo en "Valérian" es una simbiosis perfecta, donde cada elemento contribuye a la coherencia y continuación de la historia, a la vez que exploran lo fantástico.

El artista no se limita a lo cotidiano, buscando siempre lo extraordinario y lo imaginativo en sus creaciones.

Su trabajo se extiende más allá del cómic, incluyendo diseños para películas y proyectos arquitectónicos, demostrando la versatilidad de su estilo.

La dedicación y el esfuerzo que Mézières invierte en cada página son evidentes, resultando en obras que agotan al artista pero cautivan al lector.

La ilustración de libros y el cómic relacionado con la historia de la aeronáutica son otras de las especialidades de creadores como Cicuéndez, quienes han enriquecido el panorama del tebeo europeo.

Estos artistas, con su discreción y maestría, han protagonizado una época admirable en la historia del cómic, dejando un legado que perdura.

Portada del cómic

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