El crecimiento en el acceso a datos abiertos es un fenómeno global que está siendo utilizado para mejorar la toma de decisiones basadas en evidencia y promover el desarrollo económico. Aunque hay obstáculos en su implementación y uso, constantemente se realizan esfuerzos para superar estas barreras. Esta investigación busca añadir a estos esfuerzos, respondiendo a la pregunta de ¿bajo cuáles condiciones los datos abiertos funcionan como una herramienta para el desarrollo de políticas públicas? Por ello, se busca entender cómo las condiciones técnicas y de calidad de los datos abiertos pueden afectar su uso en el desarrollo de políticas públicas.
En este contexto, se considera que los datos abiertos son esenciales para la política pública, ya que proporcionan información precisa y accesible para la identificación y definición de problemas, el diseño de soluciones, el monitoreo de la implementación y la evaluación de la efectividad de las políticas. Sin embargo, existen barreras que dificultan su implementación, desde la calidad de la información hasta barreras institucionales y legislativas. Por ello, la evaluación de estos datos es crucial para garantizar que cumplen con los objetivos y generan un progreso significativo. Además, es de importancia analizar cómo las usuarias finales perciben estos datos y son funcionales para sus objetivos.
Para lograr entender este proceso, se adoptó una metodología cualitativa, utilizando entrevistas en profundidad con expertas en el análisis de políticas públicas para investigar cómo ciertas condiciones pueden influir en el uso de los datos abiertos. Los resultados mostraron que características como la estructura, la garantía, la facilidad, la fiabilidad y el servicio son esenciales para la eficacia de los datos abiertos en la formulación de políticas. Además, también resultaron relevantes, aunque en menor medida, la complejidad, la compatibilidad, y la trazabilidad. De acuerdo con los resultados, se desarrollaron recomendaciones para optimizar el uso de los datos abiertos en el análisis de políticas públicas. En primer lugar, se recomienda la implementación de procesos de validación y verificación para mejorar la confiabilidad de los datos. También es esencial la compatibilidad de los datos, lo que implica garantizar que los datos estén en formatos accesibles y fáciles de usar. La trazabilidad es un aspecto crucial que los gobiernos deben fomentar para aumentar la confiabilidad y facilitar el análisis de los datos.

Investigación sobre Liderazgo y Transformación Digital en la Educación
En los últimos años he participado, junto a colegas a los que admiro mucho, en una investigación amplia basada en entrevistas en profundidad con responsables políticos de educación digital en las comunidades autónomas españolas. De ese mismo trabajo empírico han salido tres piezas distintas: un informe y dos artículos académicos. Comparten datos, pero no hacen el mismo trabajo intelectual.
Este texto propone una lectura analítica de los estilos de liderazgo en contextos de transformación digital, partiendo de una caracterización de dos extremos de un continuo de liderazgo, atendiendo a la agencia profesional, a la distribución del poder y a las condiciones contextuales que empujan a unas decisiones u otras. En donde el análisis y la discusión desplazan el foco hacia los propios marcos y herramientas. Este texto no clasifica estilos ni propone tipologías de liderazgo.
¿Por qué hacer tres publicaciones? ¿hacen falta las tres piezas? Yo creo que sí. Ninguna de estas publicaciones sustituye a las otras. Juntas permiten recorrer un camino que va: de la descripción (qué ocurre), a la estrategia (cómo se lidera), y a la gobernanza (cómo operan los instrumentos). Contar este recorrido no es solo una cuestión de transparencia académica. Es también una forma de mostrar que, cuando hablamos de transformación digital educativa, de políticas educativas -y especialmente de políticas europeas-, no basta con saber qué se adopta.
Siempre insisto a las personas que terminan su tesis al decirles que un buen investigador no es alguien que es capaz de hacer una recogida de datos y describir esos datos de forma eficiente, es sobretodo alguien capaz de hacerse preguntas que empujen un poquito más allá la descripción que podemos hacernos de cómo esos datos describen el mundo, es decir, es alguien que es capaz de hacerse más y mejores preguntas.

El Proyecto CUTIE y la Competencia Digital
Participar en el proyecto CUTIE desde la Universidad de Murcia ha sido una experiencia profundamente enriquecedora. El equipo de la UMU en CUTIE ha tenido una implicación muy directa en la difusión y comunicación del proyecto. Desde que ideamos el proyecto, desde CUTIE tuvimos claro que no queríamos “hacer diseminación” en el sentido clásico, sino contribuir a la conversación sobre la transformación digital educativa.
Otra aportación de Murcia ha sido ayudar a coordinar que, tanto en WP2 como en WP3, utilizáramos el CUTE Canvas, una herramienta conceptual y práctica heredada del proyecto CUTE (en el que también participé) y que nos ha permitido dar continuidad a metodologías de trabajo que venimos explorando desde entonces. Porque no se trata solo de pensar en hacer cosas -aunque hemos hecho muchas y muy diversas-, sino en propiciar que las cosas ocurran.
Aunque CUTIE tiene una estructura internacional, colaborativa y compleja, siempre hemos defendido que la transformación educativa ha de ser concreta y muy local. En Murcia, además de las tareas compartidas del proyecto, nos centramos en desarrollar materiales para mejorar la comprensión de la CDD por parte de distintos actores universitarios: profesorado, estudiantado y personas que toman decisiones institucionales. Por eso una parte fundamental del trabajo que hemos querido hacer en la UMU ha sido crear una versión en español de los materiales del curso, no como una traducción literal, sino como una adaptación profunda: incorporando bibliografía contextualizada, conectando con el Marco de Competencia Digital Docente Universitario Español, e incluyendo materiales de CUTIE desarrollados también en nuestro idioma.
Y quizá lo que más valoro de esta experiencia sea algo que no aparece en los informes: el toque personal, la CUTIE people. No siempre tenemos la oportunidad de trabajar con un grupo humano tan extraordinario. Hemos conseguido ser un equipo cohesionado; nos conocemos bien; cada socio tiene su estilo, su cultura institucional, su manera de entender la competencia digital… y aprender de esa variedad ha sido nuestra mayor fortaleza. Espero que todo lo que hemos producido desde este proyecto pueda ser útil para otros. Esa es, al fin y al cabo, la esencia de un proyecto Erasmus: que lo que hacemos en un pequeño rincón -en nuestro caso, Murcia- pueda abrir conversaciones y apoyar procesos de transformación digital en otros lugares. Yo, personalmente, he aprendido muchísimo, y echaré muchísimo de menos a la CUTIE people… al menos hasta que volvamos a encontrarnos.

La Inteligencia Artificial como Prisma en la Educación
Acaban de salir por fin publicados dos textos en los que, junto con Ana Yara Postigo Fuentes y Amaia Arroyo Sagasta, profundizamos en el análisis de la IA desde una perspectiva prismática. Cuando con Ana Yara y Amaia usamos la metáfora del prisma, lo hacemos porque, en óptica, un prisma no solo refracta la luz: la descompone y revela sus componentes invisibles. De igual modo, pensar la tecnología como un prisma -y no como una simple lente- nos permite comprender que su papel en la educación no es solo transformar lo que hacemos, sino hacer visibles las múltiples dimensiones que conforman esa “luz blanca” de la práctica educativa, a menudo asumidas o incluso ignoradas.
La metáfora presenta el prisma como un instrumento neutral que «revela» una verdad preexistente. Sin embargo, la tecnología no es neutral. La presunción de una «Luz Blanca» pura y pre-existente: La metáfora asume que existe una «luz blanca» (la práctica educativa) que es pura y coherente antes de pasar por el prisma tecnológico y eso es falso. La práctica educativa nunca es esa «luz blanca» prístina, SIEMPRE está mediada por su naturaleza sociomaterial, la idea de una esencia educativa previa a la tecnología es, justamente, lo que la perspectiva postdigital cuestiona. Por eso mismo el «prisma» tecnológico no se interpone a una práctica pura, sino que es constitutivo de ella desde el principio.
La metáfora del prisma no pretende sugerir que la tecnología -o la IA- por sí misma «revela», «hace visibles» y es un «espacio de revelación», sino que deberíamos entender al complejidad de a lo que afecta (a la luz). El punto no es que la tecnología en sí sea un agente de revelación, sino que la metáfora del prisma nos provee de un marco crítico para observar cómo, al introducirla, se hacen visibles las tensiones y dimensiones que antes estaban amalgamadas (entanglements) en la práctica educativa.
Ahora bien, es fundamental que tengamos en cuenta que esa imagen que, nos gusta -particularmente a mí me encanta :-D- es una metáfora potente pero parcial, que enfatiza ciertos aspectos (la complejidad, la multidimensionalidad, el potencial de análisis) y oscurece otros (la no-neutralidad, la opacidad, la naturaleza constitutiva de la techne). La pretensión es que resulte útil para desplazar la conversación de un mero instrumentalismo («cómo usar una tableta») hacia una reflexión más profunda («qué hace la tableta con nuestra forma de entender la educación»).
¿Y entonces no vale? no se trata de que valga o no, sinceramente creo que la metáfora del prisma es un marco conceptual para iniciar una discusión crítica, pero la crítica debe comenzar por deconstruir los supuestos optimistas de la propia metáfora.

Riesgos de la IA y la Infraestructura Tecnológica
En varias disciplinas (genética, neurociencia, ciencias sociales, computacionales) se ha señalado un riesgo: si la IA se usa solo para acertar, sin buscar mecanismos, terminamos haciendo estadística que “parece” ciencia, pero no la explica. Este debate tiene mucha historia. Por mencionar dos autores que han hablado de ello, diremos que Breiman habló de las dos culturas (predicción vs. inferencia).
En paralelo, y esto es clave, no basta con mirar al algoritmo: también hay que mirar la infraestructura que lo hace creíble. También Williamson et al. (2024) explican por ejemplo, cómo consorcios, arquitecturas de datos y aparatos técnicos instauran una epistemología centrada en datos que reencuadra fenómenos educativos como asociaciones moleculares “descubribles” por bioinformática. Esa coreografía sociotécnica otorga autoridad a lo algorítmico, desplaza teorías sociales y produce una ontología donde los sujetos aparecen como completamente encuestables y predecibles.
“Genera hipótesis”, “sirve de modelo sustituto para acelerar simulaciones”, “prioriza experimentos”. Descripción → predicción → mecanismo → intervención/contrafactual. Que el patrón dialogue con marcos existentes: ¿confirma, contradice, extiende? No basta con que sea una característica «importante». ¿Qué mecanismo plausible sugiere? Física/teoría-informados, restricciones biológicas/organizativas en la arquitectura, o pipelines IA → hipótesis → experimento. Documenta límites: esto es predictivo; no infiere causalidad. La IA puede ser microscopio (patrones que abren hipótesis) o oráculo (predicciones que clausuran preguntas). Lo primero nutre a la ciencia; lo segundo la desnaturaliza.

Microcredenciales y Perspectivas Críticas sobre la IA
Este texto fue escrito como una «cajas crítica” que incluí en los materiales de la microcredencial del CSIC “Resuelve desafíos digitales de manera creativa con IA”, que se abrirá en enero de 2026, en la que tengo el honor de participar. También participo en la microcredencial hermana, “Crea contenidos digitales de calidad con ayuda de IA”, abierta desde noviembre de 2025. Ambas forman parte del itinerario de microcredenciales del CSIC sobre inteligencia artificial y buscan fomentar una mirada ética, crítica y creativa sobre cómo integrar la IA en la práctica científica y profesional.
Con el tiempo, esa inquietud se ha convertido en una forma de trabajar: disfruto cruzando fronteras, conectando proyectos y disciplinas, y construyendo marcos compartidos que hagan visible la complejidad en lugar de ocultarla.
Proyectos CUTE, CUTIE y DALI: Alfabetización en Datos y Evolución Universitaria
En los proyectos CUTE y ahora CUTIE (University Competences for the Use of Technology in Education and Institutional Development) (cutie.unak.is), hemos explorado cómo las universidades pueden construir su propia capacidad para evolucionar -no simplemente integrando herramientas digitales, sino alineando las perspectivas pedagógicas, organizativas y éticas sobre la tecnología.
El proyecto DALI (Data Literacy for Citizens) (dalicitizens.eu), una iniciativa europea que concluyó a finales de 2023, amplió esta reflexión más allá de la educación formal. En DALI diseñamos y probamos enfoques de aprendizaje conectado basado en el juego para ayudar a personas adultas y comunidades a desarrollar su alfabetización crítica en datos, conectando la conciencia ética, la participación ciudadana y el empoderamiento digital. DALI fue liderado por Barbara Wasson y el SLATE, su equipo en Bergen.
Comprensión Sociomaterial de la Educación y el Aprendizaje
La primera es una reflexión crítica y teórica sobre la naturaleza de la tecnología educativa como campo, y sobre la tecnología misma -sobre cómo nuestras formas de conocer, diseñar y enseñar están modeladas por los sistemas que creamos. Este interés ha guiado mis colaboraciones con investigadores como Neil Selwyn y Ben Williamson, donde exploramos cómo la investigación en tecnología educativa debe ir más allá de las visiones instrumentales para interrogar sus dimensiones políticas, éticas y epistémicas. Más recientemente, esta línea de pensamiento ha evolucionado hacia mi trabajo sobre la inteligencia artificial en educación, donde defiendo una comprensión poliédrica de la IA -una que reconozca su coexistencia como artefacto, sistema, discurso e ideología. A partir de las siete dimensiones identificadas en nuestro reciente trabajo crítico sobre la IA en educación -instrumental, ética, social/antropológica, epistemológica, ideológica, política y de mercado-, conceptualizamos la IA como un prisma a través del cual se refractan las distintas facetas de la educación.
La segunda línea es el análisis de la práctica educativa, tanto la mía como la de otros. Concibo la práctica como un lugar privilegiado para la creación de teoría: el espacio donde las relaciones complejas entre personas, herramientas e instituciones se hacen visibles. Por eso muchos de mis estudios -desde los entornos personales de aprendizaje y la alfabetización crítica en datos, hasta los marcos institucionales de competencia y el aprendizaje mediado por IA- se basan en observar cómo docentes y estudiantes diseñan, negocian y habitan sus espacios de aprendizaje. En conjunto, estas líneas de trabajo -reflexión crítica, observación empírica y diseño colaborativo- conforman la manera en que abordo tanto la investigación como la innovación.
Me gusta pensar mi trabajo desde una comprensión sociomaterial de la educación y el aprendizaje: entender el aprender y el enseñar no como actividades humanas apoyadas por la tecnología, sino como entrelazamientos (entanglements) de personas, artefactos, espacios y discursos que juntos configuran lo que el aprendizaje llega a ser. Esta forma de pensar no es solo teórica para mí; emerge constantemente de mi propia práctica docente. Para mí, estos no son solo ejercicios didácticos, sino actos de indagación y compromiso: maneras de vincular la teoría con la experiencia vivida, y de mantener la reflexión viva dentro de la práctica. A través de ellos intento cultivar, en mí misma y en quienes enseño, un sentido de responsabilidad compartida sobre cómo imaginamos y construimos los futuros ed...
La inteligencia artificial y la educación | Sang Gunn Yoo Park | TEDxUISRAEL
Es muy conocida la historia de las desavenencias durante la postproducción de Blade Runner: el presupuesto se infló y Ridley Scott fue echado a patadas (aunque posteriormente recontratado) por los productores Jerry Perenchio y Bud Yorkin, un par de personajes que se encargarían de tomar toda decisión durante el proceso de edición. Dichos caballeros proyectarían la película a un par de audiencias para luego encontrarse con un público muy descontento que ni se sentía cómodo con el tono ni entendía la mitad de lo que estaba ocurriendo. La solución absurda de los productores fue añadir un narrador a la historia, el propio Harrison Ford en su papel de Richard Deckard. La rumorología dice que el odio de Ford a la idea de hacer de narrador es el culpable de que el hombre grabara todo el texto con ese tonillo repelente y anestesiado de I don’t give a fuck combinado con un énfasis nivel «me están apuntando con una pistola», algo que el hombre se ha esmerado en desmentir más de una vez. La otra violación al trabajo ajeno llegó a la hora de toquetear el cierre: Ridley Scott quería un punto y seguido gris y la productora clavó un punto y final verde. La aventura de Deckard finalizaba en la mente del director con una puerta de ascensor cerrándose y un desenlace incierto, pero aquello era demasiado deprimente y los productores se encargaron de insertar una escena que sobrevolaba bosques rescatados de metraje sobrante de El resplandor, y una concesión al final feliz que se saltaba con pértiga la norma sentenciada por la historia: Rachael de repente y sin explicación alguna no tenía fecha de caducidad y los dos personajes se las veían felices conduciendo hacía un bufé libre de perdices.
No es extraño que una película se muestre indecisa llegado el final. Directores, estudios y productores han decidido muchas veces experimentar con la forma de poner el lazo de cierre. Cuando los DVD aterrizaron en los salones se empezó a descubrir este metraje perdido en armarios repletos de esqueletos de finales que nunca fueron. El efecto mariposa como película cojeaba demasiado y basaba su fuerza en un final que se las daba de potente, pero el conjunto navegaba al nivel de un Twilight Zone normalillo. El director’s cut de El efecto mariposa, ese poema a la vida.
Malvado McClane - Jungla de Cristal. John McClane localiza a un escurridizo Simon Gruber, aprovecha para devolverle el paquete de aspirinas y ambos se ponen a hablar de cómo les trata la vida. Un anónimo se encuentra a James Cameron sentado en la mesa de montaje vistiendo una camiseta con la portada del Bad de Jacko. El director está dando palmitas y comenta con ilusión lo bien que le ha quedado el epílogo de su epopeya de robots. Vemos un colorido futuro donde la moda ha llevado a la población a tomarse ciertas libertades que deberían ser penadas en sociedades civilizadas. … Nada ocurrió. Michael Jackson cumplió los 40.
Bang! La primera versión de la película pretendía dejar el asunto bien cerrado con una bala como herramienta y el cuerpo inerte de Rambo como plano final. Remake basado en el musical de La pequeña tienda de los horrores low cost de Roger Corman. O una obra que lo tiene todo: a Rick Moranis, a una planta carnívora (de constitución 100% marioneta), con la voz de Levi Stubbs, a un dentista sádico interpretado por Steve Martin, a Jim Henson de titiritero y un repertorio musical espectacular. Pero su desenlace no parecía estar a la altura: durante el enfrentamiento final el brazo de Seymour resurgía de entre escombros cable pelado en mano y electrocutaba al enemigo. En realidad ese no era el final planeado, en la versión teatral la planta se zampaba a la humanidad y tanto Frank Oz (director) como Howard Ashman (escritor) querían mantenerse fieles a dicho desenlace, pese a que el productor (David Geffen) no estaba por pintarlo todo tan negro. Oz siguió adelante con lo suyo, construyó varias maquetas para que Audrey II hiciera un rato el Godzilla, rodó esa versión apocalíptica por todo lo alto y cuando alguien decidió comprobar la factura descubrió que esos últimos 23 minutos de película habían fundido cinco millones de dólares. En la versión inicial fallecía la chica (Audrey), Seymour era devorado durante el cara a planta y el resto de la humanidad rellenaba el estómago vegetal. Se realizaron pases de prensa y en ellos comprobaron que el público disfrutaba con la obra hasta que, cuando los dos protagonistas la palmaban, el espectador se convertía en un hater de los gordos. Como consecuencia de los tests se desechó el material, se volvió a rodar todo el tramo final, sustituyendo a los actores que no se encontraban disponibles (James Belushi sustituyó a Paul Dooley y una actriz anónima hizo lo mismo con una de las chicas del coro), y con el añadido de un nuevo happy ending todo el estudio quedó un poco más contento. De aquel final original se conservó por los pelos un legado, una copia en blanco y negro bastante trastocada que se editó en DVD fugazmente durante un par de días, porque el productor pensó que sería mejor retirar los DVD, arreglar el material, estrenarlo en cines y rellenar la cartera. Oz concluiría: «Aprendí una lección: en una obra de teatro tú matas a los protagonistas y ellos al final de la misma salen a saludar. ¿That’s it?¿No explosions, no hellfire, no Eirrghzz?
Un adolescente con la mano poseída por el demonio y dedicada por completo a un desmadre infernal es algo que tampoco es ninguna novedad para todo aquel que haya tenido cierta curiosidad durante su pubertad, pero que servía como base para el fiestorro de El diablo metió la mano. En el montaje que llegó a las salas la amputada mano psicópata era derrotada con puñal y chispazo mientras uno de los personajes se quejaba de aquel epílogo tan soso y poco espectacular. La desgracia de la película es que Infierno en el Pacífico poseía el que puede ser con facilidad el peor final de la historia: en mitad de una escena una explosión eliminaba a los dos protagonistas de golpe, sin avisar ni hostias y nos endosaba un lapidario The end. Más lamentable resultaba incluso el descubrir que aquella secuencia explosiva estaba robada del metraje de otra película de la Metro-Goldwyn-Mayer: El guateque de Blake Edwards, y más concretamente de este momento con Peter Sellers decidiendo con poco ojo dónde encontrar apoyo. Resulta que algún gerifalte del estudio decidió que el final original (enlazado en la cabecera de esta entrada, que tampoco es especialmente fabuloso pero al menos no recurre a la chapuza) no transmitía todo lo que era necesario y lo sustituyó inexplicablemente por el petardazo gordo.
De los devenires, gracias y desgracias de Terry Gilliam y su Brazil ya hablamos por aquí muy largo y muy tendido. Resumiendo, un caso muy similar al de Blade runner, con un final que se intentó imponer y que no cuadraba en absoluto con el tono de la obra y sobre todo con la visión trágica de Gilliam de cómo pintar el punto y final.
Las Tortugas ninja son los 90 condensados en muñequitos verdes de plástico articulado. Un cruce absurdo de conceptos que nacía de tebeos y concedía adaptarse al cine aceptando leyes del señor «Todos los públicos» (en el papel, las desventuras de las tortugas resultaban mucho más bestias). Ya posados en la edad adulta, revisitar esa primera aparición de los caparazones nos produce varias revelaciones curiosas: el no tener muy claro por qué la mente del niño recordaba los combates bastante más dinámicos, espectaculares y, sobre todo, más ninja. El toparnos con un final más extendido que incluye una referencia al mundo del cómic y a las tortugas colgadas de las esquinas de una ventana. Y por último, descubrir en la versión en castellano que ese «¡De puta madre!» triunfal de la última escena (que tienes clarísimo que has escuchado en aquella sala de cine) ha sido víctima de un nuevo doblaje políticamente correcto que lo ha sustituido por un «¡Cowabunga!» más fiel al original, pero menos a tu infancia.
Era ligeramente simpática la idea de insinuar una misión en lo que al final resulta ser la típica vida familiar de un par de espías. Un guiño que además incluye una muñeca con una bala (de ventosa) entre las cejas. En la versión que llegó al cine los alienígenas de Abyss no tenían mala fe y en cambio sí demostraban mucha curiosidad por la raza humana. En el material descartado descubriríamos que los extraterrestres, tras pasarse sus buenas tardes cotilleando nuestra televisión, habían llegado a la conclusión de que lo mejor que podían hacer con la raza humana era acojonarla con amagos de tsunamis gigantescos.
Randall retira el cartel de «Os aseguramos que está abierto» y desaparece de escena. Poco después una persona entra en la tienda, dispara al dependiente y roba el dinero de la caja. El cuerpo de Dante queda tendido en el suelo y la historia se funde a negro, ruedan los créditos. Cuando estos acaban volvemos a la tienda, otro cliente ha entrado y al no ver a nadie decide robar tabaco.
Cuestión de pelotas (la del 2004 con Ben Stiller, no aquella del 2007 con Billy Bob Thorton) era una comedia socarrona que seguía las aventuras de un equipo de balón prisionero formado por acabados. Y en el DVD aparecería tímidamente un final alternativo que hubiese cerrado la película de manera amarga, con el equipo protagonista perdiendo el partido y yéndose con pena y sin gloria. Pero al mismo tiempo de manera tremendamente graciosa: el objeto de la broma hubiese sido el propio espectador que esperaba el final victorioso y se quedaba con cara de mosaico.
¿Y si Scott hubiese acabado ennoviado con Knives en lugar de con su Ramona Flowers? Pues no cuadraría mucho con la historia ni de la película, ni de los tebeos. Pese a ser muy fan de Jean-Pierre Jeunet (incluso de Amelie, porque hay que ser muy hombre para reconocer que te encanta esa película) encuentro serias dificultades para justificar Alien: resurrection más allá de unos primeros minutos con la ambientación particular del director tanteando la saga del xenomorfo. Tampoco arreglará nada esta versión del final, con Sigourney Weaver y Winona Ryder contemplando cómo los franceses parecen haberse marchado a la francesa.
El juego de la sospecha me resultó más graciosa que al resto del universo porque me pilló desprevenido: me topé con ella de rebote en televisión sin saber que era una película basada en el juego Cluedo, y la estupefacción ante tanta referencia de nombres y objetos a un juego de tablero nublaron todo criterio. El caso es que para sembrar incertidumbre, hacerse los interesantes y lograr publicidad los creadores de la película enviaron a los cines copias con distintos finales (hasta un total de tres) y distintos asesinos.
That really sucks, lady! Es difícil agarrar por algún lado esta otra variante del final de Titanic: tenemos a una tripulación preocupada por el destino del colgante, moralina de bote, a Bill Paxton poniendo caras, a un hombre tan maleducado como para gritarle desplantes a una adorable ancianita, y a Bill Paxton riendo como un loco y tirando la caña. Buf.
Thelma y Louise están ancladas en la memoria cinematográfica en un plano pausado, volando eternamente sobre la música de Hans Zimmer. Y podría no haber sido así, podrían haber caído por aquel cañón y después, simbólicamente, porque la gente no suele andar para mucha fiesta después de despeñarse en coche desde alturas terroríficas, encaminarse libres hacia el horizonte al ritmo del You better not look down de BB King.
Soy leyenda no estaba exenta de momentos interesantes, pero se venía abajo por la presencia de unos enemigos que por su naturaleza de FX por ordenador solo podrían cantar más si fuesen caracterizados como una tuna universitaria. El final oficial se alejaba de la novela y sacrificaba al protagonista para salvar a los demás, pero la otra versión que rueda por ahí humanizaba a las criaturas malvadas, se acercaba al libro original, convertía al personaje de Will Smith en el malo e incluía el Art attack de una mariposa sobre vidrio a cargo de un vampiro.
Oficialmente las aventuras de Ash terminaron con su vuelta al trabajo de dependiente en el S-Mart y las ocasionales pausas para rellenar de plomo carne diabólica. Pero Sam Raimi también se encargó de producir otro cierre para su trilogía Evil dead que se regodeaba en la torpeza del personaje. Dependiendo del país y la edición era posible encontrar diferentes versiones de El ejército de las tinieblas (además del final, algunas añadían escenas eliminadas).
Nos situamos: estamos en un Scar vs. Simba, pelea final. Rugido, zarpazo, rugido, pelea, confesión de Scar, alegre salto con mortal y villano león colgando de un acantilado y suplicando al héroe que no le deje morir. Pero aquellos ruegos solo son una artimaña; Simba es engañado y arrojado al fuego, Scar se alza triunfal y en su celebración las llamaradas le frien las carnes.
