Origen y Evolución de la Novela Gráfica: Un Viaje Literario e Ilustrado

El término "novela gráfica" ha generado a lo largo de los años un considerable debate y polémica. La diferenciación entre cómic y novela gráfica no siempre se ajusta a conceptos objetivos, y en ocasiones, parece una simple argucia semántica para dignificar el concepto de cómic. Sin embargo, algunas personas ven ciertos cómics como elementos de mayor valor artístico, incluso literario, que merecen una consideración aparte. En cualquier caso, la distinción entre ambos términos es un tema muy controvertido.

Durante mucho tiempo, los cómics estuvieron asociados sobre todo al público infantil o a las historias de superhéroes. Este tipo de libro combina literatura e ilustración para crear historias profundas, emocionantes y visualmente impactantes. Las ilustraciones no son solo un acompañamiento; forman parte esencial del relato. Las novelas gráficas juegan con el tiempo de una manera única. Para muchos jóvenes y adultos que no tienen el hábito de leer, la novela gráfica resulta más accesible y atractiva.

Los Inicios y la Búsqueda de un Nuevo Formato

El término de novela gráfica surge durante los años 70 con el objeto de acotar determinadas obras dentro del terreno artístico y, de este modo, diferenciarlas de lo que hasta entonces era un ligero medio de entretenimiento popular. De tal manera que se buscó que la novela gráfica fuese una obra de calidad literaria adaptada para ser plasmada en forma de cómic. Una de sus características, fruto de la época en la que fue forjado el término, es que el cómic estaba diseñado para ser editado en entregas como fruto de una publicación periódica. Sin embargo, la novela gráfica cubre una historia entera y, en caso de que haya una continuación, igualmente será una historia independiente y autoconclusiva. Hoy día esta diferenciación no resulta tan eficaz, pero hay quienes aún la consideran como tal.

Allá por los 70, y con los complejos de inferioridad bien arraigados, en EEUU se intenta crear un cómic «adulto» que no vaya por las coordenadas del underground, sino algo contundente, una historia completa y larga, como una película o una novela. A los ya citados nombres de Steranko y su Red Tide, o el Contrato con Dios de Will Eisner, se le unieron otros como el Sabre de Don McGregor mientras Marvel y otras editoriales hacían movimientos hacia el público adulto empezando a realizar revistas de cómics en blanco y negro o en color al estilo Heavy Metal. Había un cambio en las temáticas, un acercamiento a las de la extinta EC Comics pero llevando siempre el escudo que decía que no, que ésto no era para niños, que ésto era en blanco y negro, de mayores.

El problema venía de que el Creepy de Warren llevaba ya años experimentando con esos mismos formatos, con lo que en ese caso el creador de la novela gráfica sería Warren o, para ser exactos, Archie Goodwin y Gil Kane por publicar una historia de más de cien páginas con lomo. Si está pintado, es novela gráfica. Y a partir de ahí pues sí, se cebó al monstruo.

Los orígenes de este término aún resultan misteriosos a causa de lo difuso de su definición. Los más puristas tienden a situarlo a mediados del siglo pasado, en 1957, con la aparición de la obra “El Eternauta”, de Héctor Germán Oesterheld. Otros, normalmente los defensores del llamado cómic americano, lo sitúan con la edición de “Bloodstar”, de Richard Corben (1976). Sin embargo, el origen más popular y ampliamente aceptado de este nuevo género se considera con la aparición del “Contrato con Dios” de Will Eisner (1978), que supuso el bautismo de esta nueva corriente narrativa.

El término Novela gráfica resulta controvertido, ya que puede referirse tanto a un formato de publicación, como a un tipo moderno de historieta para adultos. Como formato de publicación muchos lo consideran igual al llamado Álbum en cómic, un libro de un solo autor con una historia extensa escrita con recursos literarios, mostrados en viñetas. Estaría formado por las obras del cómic estadounidense (Charles Burns, Daniel Clowes, Gary Panter, Joe Sacco, Seth) francófono (Guy Delisle, Marjane Satrapi), español (Paco Roca, Luis Durán...), israelí (Rutu Modan) o japonés (Jiro Taniguchi), entre otros. El término se ha usado en diferentes formatos desde principios del SXX, pero el término en sí, en a acepción más común actual, se empezó a aplicar a finales de los años 70.

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Definiciones y Características de la Novela Gráfica

El concepto de novela gráfica es objeto de debate y polémica. No obstante, algunas personas ven ciertos cómics como elementos de mayor valor artístico, incluso literario, que merecen una consideración aparte. En cualquier caso, la distinción entre ambos términos es un tema muy controvertido.

El término de novela gráfica surge durante los años 70 con el objeto de acotar determinadas obras dentro del terreno artístico y, de este modo, diferenciarlas de lo que hasta entonces era un ligero medio de entretenimiento popular. De tal manera que se buscó que la novela gráfica fuese una obra de calidad literaria adaptada para ser plasmada en forma de cómic. Una de sus características, fruto de la época en la que fue forjado el término, es que el cómic estaba diseñado para ser editado en entregas como fruto de una publicación periódica. Sin embargo, la novela gráfica cubre una historia entera y, en caso de que haya una continuación, igualmente será una historia independiente y autoconclusiva. Hoy día esta diferenciación no resulta tan eficaz, pero hay quienes aún la consideran como tal.

En todo caso, este formato da libertad a los autores para contar su historia sin modificar por necesidades editoriales que puedan alterar el curso de la narración por cuestiones relacionadas con su potencial serialización. Obviamente, al tratarse de una historia concebida de manera mucho más exhaustiva que lo que sería un formato de cómic popular, el formato de edición no puede ser el mismo. Partamos de la base de que la longitud de la novela gráfica tiende a ser superior a la de un cómic corriente. El formato de grapa americano tiende a tener unas 30 páginas, y el formato europeo oscila entre las 42 y las 50. Es decir, son formatos que permiten que la historia pueda leerse en relativamente poco tiempo, que no suele ser superior a media hora, ideales para ser disfrutados en cortos periodos de tiempo libre. Sin embargo, en lo que se considera novela gráfica, no hay un límite en la longitud de la obra, y suelen ser obras que superan ampliamente las 50 páginas, así que el formato de edición ha de ser diferente para asegurar su correcta lectura y durabilidad. Muchos de ellos no permiten su lectura de una sentada, aunque son los menos habituales. En todo caso, requieren otro ritmo de lectura y más tiempo para su correcto disfrute. Suelen venir en formato cartoné encolado y cosido, exactamente igual que muchos libros de los considerados formales.

La novela gráfica suele ser considerada como obra para el público adulto e iniciado en el mundillo. Según algunos teóricos, una novela gráfica se caracteriza por ser una única historia, generalmente compleja y de mediana extensión, y que se encuentra destinada a un público maduro o adulto. La novela gráfica recoge características de la novela escrita, tales como: el subjetivismo autobiográfico, los diferentes tiempos narrativos, el desarrollo de la psicología de los personajes, la construcción de una atmósfera particular y envolvente que describe el ambiente y lo relaciona con el protagonista y los personajes secundarios de la historia. Su formato “es más lujoso”, y por consiguiente más caro, que los típicos cómics grapados o las revistas de historietas que se editaban en fascículos.

La utilización del término sigue levantando recelos entre los tradicionales adeptos al género, que lo ven como una etiqueta comercial impuesta por las leyes del marketing para atraer a nuevos lectores que veían al cómic, al tebeo, o al manga como un producto para niños o como un mero pasatiempo. Lo que al parecer molesta a los fieles del cómic es que se considere a la novela gráfica como algo “más elevado que un cómic”.

Ejemplo de yuxtaposición en narrativa gráfica

El Papel de la Ilustración y la Narrativa Visual

Como en los libros con dibujos de tu infancia, las narrativas gráficas suelen incluir tanto imágenes como palabras. En esos libros, las imágenes de la página suelen acompañar o completar la narrativa textual. Las ilustraciones permiten entrar en la historia de forma inmediata.

Sin embargo, debemos ir despacio cuando leemos una narrativa gráfica para pensar en cómo las palabras y las imágenes de una página están yuxtapuestas entre ellas en lugar de leer la narrativa visual como un mero complemento de la narrativa textual. Las narrativas gráficas a menudo se pueden entender como dos historias en una: una narrativa textual y una narrativa visual. Estas narrativas se presentan en yuxtaposición, llamando atención a las diferencias o contrastes, así como similitudes inesperadas, entre las dos historias.

Al identificar estas ideas en yuxtaposición, podemos empezar a entender el sentido de pasajes extraños como la historia de las dificultades de un chico para traducir frases y eventos desconocidos a su propia visión del mundo limitada (y obsesionada con los cómics). Este es obviamente un ejemplo extremo, pero nos recuerda que debemos ir despacio.

¿Qué es la novela gráfica?

Novela Gráfica en España y el Mundo

El término se ha usado en diferentes formatos desde principios del SXX, pero el término en sí, en a acepción más común actual, se empezó a aplicar a finales de los años 70. El cómic había quedado relacionado históricamente con las obras infantiles y juveniles, y en esa época se usó el término Novela gráfica para dotar de mayor prestigio a otro tipo de formatos como El contrato con Dios, de Will Eisner, que él mismo bautizó como la primera novela gráfica. Se trataba de editar un cómic que en los estantes de las librerías estuviera en el de novela y no en el infantil, de modo que los lectores literarios se abrieran al mundo del cómic para adultos, lo cual lograron ya que, en los noventa, Maus, de Art Spiegelman, en fue el primer cómic en recibir el Premio Pulitzer.

Por la década de 1980, tres editoriales francesas tenían colecciones en las que se aplicaba la palabra roman (novela) al cómic. «Romans BD», de Flammarion, se distinguían de los álbumes clásicos por su menor tamaño; «Roman graphique», de los Humanoides Asociados, agrupaba todos los títulos que no eran parte de una serie; mientras que en el lado de «Romans (À Suivre)», de Casterman, colección inspirada en La balada del mar salado de Hugo Pratt, las historias se distinguían sobre todo por su longitud inusual.

El cómic japonés se vendía en tomos gordísimos de papel malo y se hacía fundamentalmente en blanco y negro, dando pie a la publicación de cómics baratos en grapa, en tomos chiquitajos, tebeos accesibles y atractivos para la chavalería, a pesar de que tanto Norma como Planeta intentaron editarlos con tapas de cartoné -plastificado en algunos casos- y en grapa como si fueran un comic book americano. Pero no funcionó, la cabra tiraba al monte y, exceptuando casos puntuales como Taniguchi, poca «novela gráfica manga» se vió, sobre todo porque en Japón aquellas novelas gráficas se llamaban Seinen y su nombre no dependía de su formato, si no de su contenido, del tipo de historias que se contaban dentro de ellas.

Mientras tanto y ya entrados los 90, Forum exploraba nuevas formas de crear formatos económicos que hicieran rentable la edición de algunas de las series más emblemáticas de Marvel que habían acabado cerrando en España por las malas ventas. Los tomos, de unas doscientas páginas, se llamaron «Tomos Grandes Sagas», con lomo y cubiertas de cartoné plastificado y hasta brillos metalizados, pero con el papel habitual de la grapa, que ya por aquel entonces había mejorado su calidad respecto a lo que veíamos en los 80.

Mientras tanto, Norma estaba publicando el Slaine de Pat Mills y Simon Bisley en tomos de tapa dura y papel del bueno, y aquello sí que era novela gráfica sí, nadie lo pondría en duda, a pesar de que era material publicado originalmente en 2000 AD, una revista semanal que se editaba en papel infecto y a unos pocos peniques. Pero aquí era Novela Gráfica, sí. Tapa dura, ¡pero dura dura dura!

Editorial El Antillano es un colectivo compuesto de escritores, investigadores, dibujantes y diseñadores gráficos que se especializan en la novela gráfica en Puerto Rico. Edgardo Miranda-Rodríguez es el creador de la superheroína La Borinqueña. Estados Unidos de Banana es una novela gráfica escrita por la autora puertorriqueña Giannina Braschi con Joakim Lindengren, sobre el capitalismo estadounidense.

Ejemplo de novela gráfica con temática social

Hoy en día, la sección de novela gráfica de los grandes almacenes suele incluir tebeos con tapa (sea dura o no), que es lo que se publica en esos sitios porque no suelen tener sitio para la cochina grapa. Pero vamos, que los Omnigold van en el espacio de la Novela Gráfica igual que un recopilatorio de Youngblood, todo arrejuntao y a veces hasta lo mezclan con los shonen japoneses de toda la vida o hasta los Super Humor de Mortadelo, que como también iban en tapa dura con letras de oro seguro que eran una novela gráfica.

En los últimos años podemos afirmar que se ha producido una institucionalización del cómic como expresión artística. Como ejemplo de ello es que, siguiendo la estela de otros países, en España desde el año 2007 se viene otorgando un Premio Nacional de Cómic, al mismo nivel que sus hermanos dedicados a las artes plásticas, el cine o la literatura. Mucho ha tenido que ver con ese reconocimiento institucional del cómic, la generalización del término novela gráfica, una especie de certificado de calidad, para muchos, impuesto por intereses comerciales.

Los cómics considerados como novela gráfica también se les relaciona con el denominado “Cómic de no ficción”. En esta nómina estarían incluidos títulos como el mencionado Maus, de Spiegelman, que revive y documenta el Holocausto a través de la figura de su padre, superviviente de Auschwitz; El arte de volar, de Antonio Altarriba y Kim; o la más reciente, Una vida en China, de Li Kunwu. A los que se les podrían calificar como biografías o autobiografías, o simplemente historias que recogen directamente hechos reales o los recrean en un ejercicio que podríamos denominar de falsa ficción o cómic periodístico o cómic reportaje. Aquí quedarían encuadrados autores como Joe Sacco y sus crónicas sobre Palestina y las guerras de la ex Yugoslavia y últimamente también Irak. Marjane Satrapi y su archiconocido Persépolis, con el que nos traslada al Irán de los ayatolas de la mano de su familia; Guy Delisle y sus Crónicas birmanas o Pyongyang; Nicholas Wild y su serie Kabul Disco; o anteriores como El Fotógrafo, de Didier Lefévre y Emmanuel Guibert, entre otros.

Una cosa suele pasar cuando alguien empieza con la novela gráfica: termina queriendo leer muchas más.

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