En el mundo ninja, el poder y el destino a menudo se entrelazan de maneras complejas y trágicas. La historia del clan Hyūga, marcada por rivalidades internas y la búsqueda de la supremacía, es un testimonio de esta dinámica. Neji Hyūga, un prodigio atormentado por su destino, se ve envuelto en un torbellino de emociones y ambiciones que lo empujan a superar sus límites.
Neji se levantó a las 5 de la mañana, como todos los días, y corrió a buena velocidad por los campos de entrenamiento Hyūga. Aún estaba oscuro, así que mantuvo el Byakugan activado para ver en la oscuridad. Por su frente corrieron perlas de sudor que humedecieron rápidamente su ropa. Después de una hora se detuvo, intentó tranquilizar su mente e iniciar su rutina de ejercicios.
Calmo, lento, paciente. Como una serpiente que espera su momento para atacar, Neji intentó que los sentimientos que burbujeaban en su interior volvieran dentro de él, ahí donde no eran un incordio para su entrenamiento diario, pero no pudo. Los puños se le pusieron rojos de tanto apretarlos.
A los diez años, Neji era el niño más solitario de todo el clan Hyūga. Sin padre, sin madre, perteneciendo a la rama secundaria… era solo un huérfano incómodo el cual no tenía sitio en ningún lado. Su única misión en el mundo era proteger a Hinata-sama y dar su vida por ella, como lo había hecho su padre. Era su única función; no importaba cuánto entrenara, no importaba que en la Academia lo trataran como a un genio, no importaba que los mismos miembros del clan hablaran de su grandeza, su destino estaba unido a los inseguros pasos de una niña; el sello en su frente lo demostraba.
Neji aún enfurecía al recordar que en algún momento de su vida, proteger aquella muñeca de mejillas rojas le había parecido un honorable deber. Cuando era pequeño, le parecía que cuidar de una princesa era propio de un caballero, de un hombre de honor del que escribirían canciones y leyendas. ¡Qué necio! Una princesa mimada que no podía protegerse por sí misma solo causaba muertes sin sentido. La muerte de su padre ni siquiera se comentaba, como si no hubiera sucedido. Un evento negro en la historia del clan que todos se esforzaban por olvidar.
Quería odiarla, por quitarle todo, pero odiar a alguien tan débil como Hinata era una pasión que su ínfima existencia no alcanzaba a rellenar. Hinata, si acaso, despertaba un frío desprecio por su parte. Siendo muy niño, se había prometido que no moriría por ella, no sería un perro que pudiera pisotear. El destino estaba escrito y enunciaba que sería su guardián; estaba bien, lo aceptaba, pero entonces se esforzaría por ser un genio, una existencia de esas que solo aparecen una vez en cien, ¡en mil años! Su fuerza humillaría para siempre a la heredera y al clan, y cada vez que ella intentara mirarlo en menos, tendría que aceptar que era más fuerte que ella, que podía matarla si quería y ella ni siquiera tendría tiempo de activar el sello del pájaro enjaulado.
Para Neji, saber que el resto del clan segregaba a Hinata tanto como a él había sido siempre una constante. A él no lo trataban por respeto, por temor, pero a Hinata solo la envolvía el aura de la decepción.

Y entonces el mundo cambió. Ella, la pequeña, la inútil, la que se suponía que moriría en cualquier instante si él no estaba a su lado para protegerla, su prima de mejillas rojas y lágrimas prontas, había sido retirada de su lado para ser entrenada por el mismo Uchiha Itachi en persona. De pronto, le dijeron a Neji que si Hinata moría, ya no era su problema; mientras estuviera con aquel equipo, Hinata ya no sería su responsabilidad.
Neji era inteligente y sabía escuchar. Pronto descubrió que la mayoría de los Hyūga encontraban poco probable que Hinata sobreviviera; hacían planes como Hanabi como la siguiente heredera. Neji no le había prestado atención antes a su prima menor, así que se pasó un día entero viéndola entrenar. Era una niña fuerte, de mirada decidida y movimientos rápidos, una niña que no era una decepción, una niña de fuego en la sangre. Decididamente era una mejor heredera, pero a Neji no le importaba demasiado el cambio; no encontraba ningún sentimiento por Hanabi Hyūga, ni bueno ni malo.
Después de diez días, escuchó que Hinata había sobrevivido a su primera misión bajo el mando de Uchiha Itachi. La niña había acabado en el hospital, pero ya algunos miembros del clan sonaban asombrados de que alguien como ella hubiera pasado una prueba de la leyenda Uchiha. Neji se coló en el hospital, aún no sabía por qué. La había observado desde la ventana: su rostro pálido y su respiración agitada. Seguía siendo aquella criatura débil que en cualquier momento se podía romper, la misma que él podía aplastar sin que pudiera defenderse.
Tiempo después, Hinata se marchó de nuevo, en esta ocasión con un nuevo entrenamiento. Un día Neji almorzaba en el comedor y descubrió que hacía mucho tiempo que nadie se cruzaba con él. Usualmente atormentaba a Hinata por las mañanas, pero desde que ella se había marchado, Neji comía solo, en silencio. No le fue difícil descubrir dónde entrenaba; lo que le costó fue esperar a que Itachi Uchiha se fuera. Una vez sin aquel letal vigilante, Neji espió al pequeño grupo desde los árboles. Los vio correr por el agua y, por un momento, por un traidor instante, sus labios se entreabrieron al notar la manera en que su prima caminaba sobre el agua, como si danzara, con resplandores plateados bailando a su alrededor, casi como un hada.
Se marchó furioso y humillado.
Por días intentó una y otra vez pararse en el agua, pero solo terminaba bañado de arriba abajo en las fuentes del clan. No tenía a nadie a quien preguntarle, así que investigó en la biblioteca. Descubrió que normalmente el entrenamiento iniciaba trepando árboles; en un día, con bastantes caídas y una herida enorme en la frente, Neji logró llegar hasta la copa de un árbol. Estaba cansado, le ardían las piernas y tenía ojeras, pero lo había logrado.
Aprender a caminar sobre el agua ya no fue tan difícil. Dentro de una semana, Neji ya podía correr como lo hacía su prima y sus amigos. Las clases de la Academia empezaron a fastidiarlo; todo lo que enseñaban ahí, él ya lo sabía y los ejercicios de trabajo en equipo, ¿para qué los quería? ¿Su equipo llevaría acaso encima el destino de proteger a la princesa de su clan? ¿Morirían con él para protegerla?
Empezó a volverse hosco. Su única motivación era su fuerza; el entrenamiento molía sus huesos, le volvía correosas las piernas. Más fuerte, para que el canto del pájaro enjaulado superara sus barrotes y le demostrara a la princesa que, aunque ella tenía la llave, él nunca sería suyo.
Por aquel tiempo, Itachi Uchiha se presentó en la mansión con su prima desmayada en los brazos, como una muñequita que un demonio cargara. La imagen era chocante. Neji se mantuvo impasible; su prima seguía siendo débil, no importaba lo que Uchiha Itachi intentara, nunca dejaría de ser un fracaso, porque así era el destino y, así como ella nunca podría cambiar su poder, él jamás saldría de su jaula.
Se la llevaron; entre cuchicheos y suspiros, los miembros del clan susurraban un nombre con respeto: El Camino de la Serpiente.
Neji volvió a la biblioteca y estudió todo lo que debía saber de aquel lugar. Un sitio sagrado repleto de energía natural que ni siquiera shinobis adultos podían superar. Y supo, en algún sitio de su cuerpo, que si Hinata volvía con vida de aquel lugar, ya no podría ser llamada débil; que el clan entero reconocería su fuerza.
Si Hinata volvía con vida de un sitio que había asesinado a tantas leyendas del mundo shinobi, ¿qué sería de él? Su única misión dentro del clan era protegerla; no importaba que fuera un genio, pertenecía a la rama secundaria, nunca lo reconocerían por nada que no fuera ser el caballero de la princesa, ¿pero qué pasaría si ella decidía que no le era necesario?
La ira lo desbordó.
Entrenó, entrenó, entrenó, con una furia ciega, con un método rabioso que afirmaba su existencia por medio del poder. Sus compañeros en la Academia empezaron a tenerle miedo, sus maestros intentaron integrarlo sin resultados.
Se dio cuenta de que no podía seguir avanzando sin guía y se coló entre los pergaminos secretos del clan, aprendió técnicas prohibidas, inventó movimientos que no existían. Con cada paso, con cada golpe, se acercaba un poco más a la verdadera fuerza y por dos años, incluso olvidó el sonido tímido de su voz. Y entonces, un día como cualquier otro, la vio avanzar al lado de su padre, el cabello liso y negro hasta los hombros y la espalda recta que no había tenido en el pasado. Sintió un escalofrío, un tirón en el estómago. La siguió, no le importó que Hiashi lo viera, se colocó de pie donde ella no lo veía y notó sus movimientos, la nueva agilidad que había ganado, sus nuevas técnicas y aquel chorro de agua que surgió de su boca y que constataba algo que él ni siquiera había pensado: mientras había entrenado mes tras mes en las técnicas Hyūga, ella había abierto un nuevo camino, había logrado algo que incluso los gennin no podían hacer: controlar un elemento.
La rabia inundó su cuerpo. Hiashi tuvo un enfrentamiento con ella, pero su prima estaba cansada y perdió el conocimiento rápidamente. Hiashi la tomó en brazos y Neji apretó los dientes al notar aquel gesto que nunca había tenido antes para con su hija. -Llévenla a bañar y cuando despierte, díganle que puede seguir dejando crecer su cabello. -El líder del clan acababa de aceptar el nuevo poder de su primogénita; solo los miembros del clan que tenían un poder acorde a su posición podían usar el cabello largo. Neji sintió cómo si lo hubieran golpeado.
No importaba cuánto entrenara, no importaba lo solo, desesperado y rabioso que estuviera, ella constantemente iba un paso por delante, ganando la aprobación de todos mientras él caminaba en un mundo gris donde todos giraban la vista a otro lado para no tener que verlo.
Por primera vez en su vida, Neji lloró de impotencia, de coraje, de dolor y de algo que se le había atorado en la garganta desde que la había visto con el cabello a los hombros y los ojos claros fijos al frente, como aquellas muñecas de porcelana que ponían a la venta en los escaparates.
No podía seguir perdiendo el tiempo en la Academia; había una sola manera de superar a Hinata y esa era subiendo posiciones. Neji no confiaba en nadie, pero si tenía que usar a ese hombre para alcanzar su meta, no pondría reparos. Con los puños apretados, se sentó junto a la fuente de piedra y cerró los ojos concentrándose. En un mes sería el examen para Gennin y él había conseguido un permiso especial para presentarlo aunque no había terminado la Academia. Si lograba pasar, escribiría historia. Sus alas eran demasiado grandes para su jaula e iba a demostrárselos.

Mientras tanto, en un rincón de Konoha, Naruto Uzumaki se esforzaba por mantener su pequeño departamento en orden. Itachi y Sasuke Uchiha, sus amigos, lo habían ayudado con las tareas domésticas. Naruto, a pesar de su naturaleza despistada, poseía una notable habilidad para detectar miradas amenazadoras, una habilidad que le había salvado de muchas situaciones complicadas. Sin embargo, la mirada de Shisui Uchiha, aunque no amenazante, le resultaba extrañamente perturbadora, cargada de una oscuridad inusual.
Itachi también había cumplido su promesa y lo había llevado de compras. Naruto eligió un atuendo llamativo: pantalones negros y una chaqueta naranja brillante, mientras que Sasuke comentaba jocosamente que los enemigos lo verían a kilómetros de distancia. Itachi, por su parte, le había comprado una gran cantidad de frutas y verduras, encomendándole la misión de consumirlas en una semana. Naruto, aunque no le disgustaban las frutas, encontraba las verduras un desafío, especialmente cuando las preparaba en forma de puré, una receta que Hinata le había enseñado para mejorar su sabor.
La noche trajo consigo una visita inesperada. Hinata Hyūga, empapada por la lluvia, apareció en la puerta de Naruto. A pesar de las reglas implícitas de Itachi sobre su convivencia, habían acordado noches de pijamada los sábados, un pretexto para que Hinata pudiera salir de los terrenos Hyūga y pasar tiempo con Naruto, disfrutando de películas de terror. La idea de incluir a Sasuke se descartó para evitarle problemas con Itachi.
La noche transcurrió entre risas, películas de terror y el abrazo reconfortante de la amistad. Al amanecer, Hinata se marchó sigilosamente, dejando a Naruto dormido en su cama, abrazado a Itachi, quien había pasado la noche allí.

Más tarde, Naruto despertó, encontrando a Itachi observando por la ventana. Un leve conflicto surgió cuando Naruto, celoso, se interpuso entre él y Hinata, a quien Itachi había acompañado a casa. Itachi, con su habitual calma, intervino, creando un puente entre los amigos.
En una conversación posterior, Itachi Uchiha reveló a Naruto su plan de entregarle parte de su poder, un legado que confiaba en que Naruto sabría utilizar para el bien, especialmente en relación con su hermano Sasuke. Itachi creía que Naruto era el único capaz de preservar este poder, a pesar de las circunstancias, y por ser el más cercano a su hermano.
El camino de Itachi Uchiha, marcado por el sacrificio y la búsqueda de la paz, se entrelaza con el destino de Naruto y la redención de Sasuke, un legado que perduraría a través de los ojos sangrientos de un cuervo.
Explicación: Escalas y Niveles de poder del MANGEKYO SHARINGA🔥 | Naruto Shippuden| Boruto |JD Sensei

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