La reciente desaparición de Tony Curtis me ha provocado unas ganas terribles de volver a ver una de sus grandes interpretaciones, pues él era un gran actor no siempre reconocido como tal. Me estoy refiriendo, obviamente, a su Joe/Josephine de ‘Con faldas y a lo loco’ (‘Some Like It Hot’, Billy Wilder, 1959), sin duda una de las comedias locas más famosas de todos los tiempos, además de una de las más divertidas películas dirigidas por Wilder, lo que es mucho decir. Claro está que primero nos quedamos con la sensual Monroe o con el patético Lemmon, que eclipsan ligeramente a Curtis, pero creo que él brilla a la altura de los otros dos. Este neoyorquino de nacimiento, tan increíblemente seductor que cuentan que había conquistado a cientos de mujeres, demostró su talento tanto en comedias como en dramas, pero en ninguna comedia, y esto bien lo sabía él, como en esta de Wilder en la que se pasó más de media película vestido de mujer.
Aunque es muy probable que tal milagro provenga del guión que I.A.L. Diamond y Billy Wilder coescribieron en total plenitud de facultades. Un guión que hoy en día sería tremendamente difícil que nadie pudiera concebirlo, pues no se sostendría, ya que es una película totalmente hija de su tiempo, representante de un cine que ya no existe y que hoy en día nos parecería falso y epidérmico, canto del cisne de la comedia loca (allí la llamaron “screwball comedy”) que conoció sus máximos logros en los años treinta y cuarenta.
No deja de ser irónico que esta película llegara muy poco después de que la pesadilla del maccarthysmo (el alcohólico senador la armó buena, como máximo agitador del miedo a lo “comunista”) terminase de una maldita vez. Es altamente improbable que unos pocos años antes ‘Con faldas y a lo loco’ hubiera podido hacerse realidad. Ahora nos parece una historia inocente y hasta ingenua, pero en aquélla época fue bastante polémico ver a Lemmon y a Curtis vestidos de mujeres, además del alto contenido erótico de la película, y la multitud de referencias sexuales, misóginas e incluso vulgares de sus diálogos y situaciones. La película obtuvo una calificación C (de Condemned) por la National Legion of Decency (la antigua Catholic Legion of Decency…sin comentarios), y fue distribuida por la United Artists sin la aprobación de los códigos censores de la MPAA, derivación del infame Código Hays, cuyas reglas de moralidad en las películas estoy seguro que muchos lectores conocerán casi de memoria.
Aunque probablemente sea una de las películas que más carcajadas, incluso hasta llegar a la lágrima, me ha regalado en mi vida, creo con sinceridad que Wilder, y por supuesto Diamond, aún tendrían que superarse, tanto en guión como en puesta en escena. Esta película abre de forma evidente una nueva etapa para Wilder, en la que su estilo alcanza lo que podría definirse como una madurez total. Aunque Diamond ya había escrito ‘Ariane’ (‘Love in the Afternoon’) en 1957, aún llegaría la magistral ‘Testigo de cargo’ (‘Witness for the Prosecution’, 1957). A partir de entonces Diamond y Wilder serían una pareja creativa inseparable. De tal modo que ‘Con faldas y a lo loco’ es algo así como un epílogo al cine anterior de Wilder, y un prólogo al posterior, cerrando década y abriendo nuevas posibilidades para los 60, que comenzarían con un filme muy superior, tanto en construcción de guión como en puesta en escena e incluso dirección de actores.
En pocos de sus largometrajes Wilder se entregó al gag visual, prácticamente de cómic salvaje, tanto como en éste: la aguja del ascensor que tiembla y retrocede, debido al bofetón que Jerry/Daphne le propina a Osgood (caricaturesco también Joe E. Brown) dentro del mismo; los exagerados gestos femeninos de Daphne, a quien nadie en su sano juicio se cree como chica (poco importa, claro); los gángsters y el policía, casi de opereta; la famosa flor que pasa de boca en boca durante el recordado baile de tango; sin olvidarnos, por supuesto, de la desternillante secuencia de la litera a la que se suben catorce personas, claro homenaje a cierta mítica escena de los hermanos Marx.
La riqueza enorme de los diálogos contrasta un poco con lo forzado de una historia muy sencilla, cerrada con algo de precipitación: ¿realmente la reunión mafiosa tenía que acontecer en la misma ciudad y mismo hotel donde se esconden de ellos los dos músicos? Sin embargo creo que en comedia Wilder es claramente inferior a cuando se dedica al drama. Admirador irredento del cine de Lubitsch, para el que escribió algunas de sus mejores comedias, no creo que ‘Con faldas y a lo loco’, ‘La tentación vive arriba’ (‘The Seven Year Itch’, 1954), ‘Irma, la dulce’ (‘Irma, La Douce, 1963), o ‘Bésame, tonto’ (id, 1964) se acerquen en perfección, ni de lejos, a obras de la envergadura de ‘Perdición’ (‘Double Indemnity’, 1944), ‘El crepúsculo de los dioses’ (‘Sunset Blvd.’, 1950) o ‘La vida privada de Sherlock Holmes’ (‘The Private Life of Sherlock Holmes, 1969). Por supuesto, le dieron muchísimo dinero y poder en la industria, y él supo aprovechar su talento para el cinismo. Pero no nos importan tanto las vicisitudes de Sugar o Joe como las de C.C. Baxter, o incluso las del Harry Hinkle de ‘En bandeja de plata’ (‘The Fortune Cookie’, 1966), quizá la comedia más perfecta de Wilder porque en ella, para variar, sus personajes le importaban, sentía una compasión y una comprensión por ellos que no creo que sea incompatible con la comedia loca, como demostraron los maestros de Wilder: Lubitsch y Hawks.
Pero vamos, que ‘Con faldas y a lo loco’ es una de esas raras películas que la puedes ver una y mil veces, y absolutamente siempre es un placer hacerlo. Con secuencias antológicas, como todo el largo bloque en el tren, la mítica conversación final entre Daphne/Jerry y Osgood, el largo y delirante diálogo (parcialmente reproducido arriba del todo) entre Joe y Jerry sobre las conveniencias del matrimonio, o las diversas disparatadas persecuciones. Diversión sin complejos, ingenio desatado y muchísima vulgaridad (“Vendía besos para la Fundación Lechera”, declara Sugar…).

Detalles de la Producción
- Año de estreno: 1959.
- Duración: 121 min.
- País: EE.UU.
- Título Original: Some like it hot.
- Director: Billy Wilder.
- Argumento: Un relato de Robert Thoeren y Michael Logan.
- Guión: I.A.L. Diamond y Billy Wilder.
- Fotografía: Charles B. Lang, Jr. (B/N).
- Montaje: Arthur P. Schmidt.
- Música: Adolph Deutsch.
- Productor: Billy Wilder.
- Producción: Ashton Pict.- Mirish Co. para United Artists.
- Intérpretes: Marilyn Monroe (Sugar Kane), Tony Curtis (Joe/Josephine), Jack Lemmon (Jerry/Daphne), George Raft (Botines Colombo), Pat O’Brien (oficial Mulligan), Joe E. Brown (Osgood Fielding III), Nehemiah Persoff (Bonaparte), Joan Shawlee (Sweet Sue), Billy Gray (Poliakoff).
- Premios: 1 Oscar: Vestuario para film en B/N (Orry-Kelly). 5 candidaturas: Director, Actor principal (Jack Lemmon), Guión adaptado, Fotografía y Dirección artística para film en b/n (Ted Haworth y Edward G.
Temas y Estilo
El travestismo, la parodia y la transgresión son elementos centrales en la película, junto con la manipulación de identidades y la confusión de sexos. La cinta mezcla slapstick y screwball comedy, burla los films de gángsters y juega constantemente entre la apariencia y la realidad. El maridaje de estilos entre Stroheim, Lubitsch y Hawks se hace evidente, así como la utilización de recursos musicales, incluyendo tres temas cantados por Marilyn Monroe.
‘Con Faldas y a lo Loco’ (Some Like It Hot, 1959), dirigida por Billy Wilder y protagonizada por Marilyn Monroe, Tony Curtis y Jack Lemmon, es una de las comedias más icónicas de la historia del cine. La historia sigue a Joe y Jerry, dos músicos que, tras presenciar un asesinato de la mafia en el Chicago de la Ley Seca, huyen disfrazados de mujeres para unirse a una banda femenina rumbo a Miami. A lo largo del viaje, Joe, bajo su identidad femenina, se hace amigo de Sugar, mientras que Jerry se convierte en el objetivo de los insistentes cortejos del millonario Osgood Fielding III.
La película abre de forma evidente una nueva etapa para Wilder, en la que su estilo alcanza lo que podría definirse como una madurez total. A partir de entonces Diamond y Wilder serían una pareja creativa inseparable. De tal modo que ‘Con faldas y a lo loco’ es algo así como un epílogo al cine anterior de Wilder, y un prólogo al posterior, cerrando década y abriendo nuevas posibilidades para los 60.

Análisis Narrativo y Estructural
El guión de Billy Wilder y I.A.L. Diamond parte de una película francesa del año 35, ‘Fanfare d'amour’. El tándem cogió ese material y trasladó la acción a los locos 20, alejando la acción desde la puritana norteamérica de los 50 a la década del libertinaje para permitirse mayores licencias. En ese contexto, en el Chicago de los gángsters, dos músicos (Tony Curtis y Jack Lemmon) contemplan los asesinatos de la mafia en la Matanza de San Valentín. Puesto que son testigos incómodos, deben huir de los gángsters, para lo cual se hacen pasar por señoritas de una orquesta femenina, travestidos y mimetizados con mujerones tal que la Monroe.
La película tiene una perfecta adecuación de la historia a los tres bloques clásicos: Exposición (Chicago, 1929; presentación de Joe - Tony Curtis- y Jerry -Jack Lemmon; conflicto dramático de Joe/Jerry, un saxofonista y un contrabajo viviendo a salto de mata y testigos de la matanza de San Valentín a cargo de la banda de Botines “Colombo” -George Raft-), nudo (cambio de identidad en los dos músicos que pasan a llamarse Josephine / Daphne; aparición de Sugar Kane -Marilyn Monroe- y viaje en tren a Florida) y desenlace (llegada a Florida; idilio amoroso entre Daphne/Oscar Fielding III -Joe E. Brown- y Joe/Sugar, irrupción de “Botines” Colombo y huida final).
Durante la primera parte, el film oscila entre el cliché del cine negro de la Warner, incluso recurriendo a actores del género como George Raft, Pat O’Brien, Mike Mazurki y Harry Wilson, y la utilización que hace Wilder de la pareja Curtis/Lemmon como recurso cómico, de la perversión del primero, el más listo y petulante del dúo, por hacer de Lemmon un personaje manipulable y a su servicio. Desde despojarlo de un abrigo que apuesta a un galgo, hasta servirse para los galanteos con Sugar, del yate de Oscar y el brazalete de diamantes regalado a Daphne por el ricachón. En cierta forma, la secuencia del garaje, cuando el gang de Botines elimina a Charlie “Mondadientes”, viene a ilustrar de forma accidental el destino de los dos músicos con la suerte de los hampones.
Toda la escena del tren plantea la primera crisis de identidad de la pareja masculina, especialmente de Jerry/Daphne, obligado a reprimir un natural instinto sexual, a no traicionar su castidad y descubrir su auténtica personalidad. Joe/Josephine adquiere el rol de seductor utilizando la vía de la confidencia, de hacerse amiga de Sugar, la solista de la orquesta femenina de Sweet Sue y sus Muchachas Sincopadas, como primer paso a adoptar el carácter de un millonario ocioso, tomando el sol en Florida. A caballo entre la comedia de persecuciones de Mack Sennet y la utilización de la elipsis como referente sexual, de forma menos sutil que en Lubitsch, la parte final es un continuo intercambio de situaciones y escenarios entre Joe, en su papel de virginal oligarca propietario de la Shell y estereotipo masculino de Sugar, y Jerry, pícara “mujer” asediada por el vástago de una opulenta familia.
Como si fuera una explosión en toda regla, la cinta aboca a una colisión entre el deseo erótico y el fetichista, entre el deseado y el consumado, con dos acotaciones musicales en las letras de las canciones interpretadas por Marilyn Monroe, “I want to be loved by you”, alegre y jovial, e “I’m through with love”, melancólica y triste. Mientras tanto, el romance de Jerry con Oscar avanza hacia una alienación completa, al ser el músico esclavo de su papel: Secuencia del tango y el intercambio de la rosa en la boca. Abocados a una situación límite, con casi hora y media de metraje, Wilder-Diamond rescatan a “Botines” Colombo y empujan la cinta a un tobogán con caída libre, donde ya nadie es lo que aparenta ser. Un equívoco epílogo nos lleva a la ambigua confesión de las dos parejas sustentada por la velocidad de sus réplicas, que tienen mucho de cinismo y agresión verbal.
La brillantez de este arranque, que predispone excelentemente al espectador de cara a aceptar lo que va a venir a continuación, se prolonga a lo largo de toda la proyección, erigiendo a ‘Con faldas y a lo loco’ en la primera gran comedia de su director y en uno de los mejores exponentes -si no el mejor- del así llamado “cine retro”, en el que la recreación tanto de una época pretérita como de un género extinguido está en todo momento supeditada a las exigencias del relato. No es de extrañar, en este sentido, que ‘Con faldas y a lo loco’ sea por eso mismo una estupenda digresión a todos los niveles sobre el tema del disfraz. Siendo como es un film que disimula un género (la comedia) disfrazándolo de otro (el cine negro), su contexto resulta idóneo para enmarcar en él una trama protagonizada por personajes que están constantemente fingiendo ser otros y que está llena de falsedades, mentiras y situaciones equívocas. Aquí entraría, por descontado, la famosa cuestión del travestismo forzado de sus dos protagonistas masculinos -Joe y Jerry, respectivamente reciclados en Josephine y Daphne-, pero también otros aspectos aparentemente secundarios que forman parte del mismo discurso: El ya mencionado ataúd lleno de alcohol; el policía (Mulligan: Pat O’Brien) que finge ser un cliente habitual para introducirse en el tugurio donde se bebe clandestinamente; el disfraz de millonario que adopta Joe para seducir a Sugar, empleando una ropa y un yate que no le pertenecen; la reunión de gángsters bajo el lema de una supuesta “Convención de Amigos de la Opera Italiana”; la tarta gigantesca de la que, en vez de una chica, sale un matón con metralleta; la pincelada lésbica (por más que sea falsa) del momento en que, disfrazado de Josephine, Joe besa a Sugar en los labios; la inesperada ambigüedad de la que hace gala Jerry, tan cómodo en su nueva identidad femenina que acepta sin dudarlo la proposición de matrimonio del adinerado Osgood Fielding III (Joe E.

El Final Explicado
El desenlace de Con faldas y a lo loco llega en un torbellino de caos y humor. Mientras tanto, Joe, aún disfrazado de “Josephine”, ve a Sugar cantando un tema melancólico en el escenario. En un acto impulsivo, corre hasta ella y la besa en pleno concierto. Es en ese momento cuando Sugar se da cuenta de que “Josephine” y el atractivo “Junior” (su falsa identidad de millonario) son la misma persona. Para escapar, Joe y Jerry convencen a Osgood de que los lleve en su yate. Mientras están a bordo, Joe intenta despedirse de Sugar, diciéndole que no es el hombre que ella merece. Pero Sugar lo sorprende con una respuesta inesperada: le quiere tal y como es.
Mientras Joe y Sugar tienen su emotiva reconciliación, Jerry, aún disfrazado de “Daphne”, intenta desesperadamente librarse de Osgood, quien le ha propuesto matrimonio. Finalmente, Jerry pierde la paciencia, se arranca la peluca y grita: ”¡Soy un hombre!”. Este icónico cierre no solo es uno de los más brillantes del cine, sino que deja un mensaje de aceptación y diversión que ha perdurado durante décadas.
Más allá del enredo y la comedia, el final de Con faldas y a lo loco encapsula la idea de que el amor y la aceptación no siempre vienen en las formas que esperamos. Por otro lado, el desenlace de Jerry y Osgood se ha interpretado de muchas maneras, desde un simple chiste hasta un mensaje adelantado a su tiempo sobre identidad y aceptación. Lo que está claro es que el final cierra la historia con una carcajada, dejando a los espectadores con la sensación de haber presenciado una de las mejores comedias jamás hechas.
La conversación que cierra la película es, sin ningún género de dudas, la más divertida de la historia del cine, el final más gracioso, divertido e imprevisible que se ha visto en una comedia o en cualquier género. La última frase fue inspiración divina de I. A. L. Joe E. De las interpretaciones hemos hablado largo y tendido, Marilyn haciendo honor a su mito, Jack Lemmon demostrando que desde sus mismos inicios era uno de los más grandes actores que se han asomado a la pantalla, su entrañable cascarrabias que siempre cede a todo, que tiene un punto perverso a la vez que es fiel y sacrificado con tal de ayudar a su amigo, está retratado con una facilidad y variedad de matices que resulta una interpretación digna de estudio. El desprecio a la comedia y a muchos de sus actores tiene en los grandes talentos que se dedicaron a ella la refutación más contundente a esos desplantes. Tony Cutis haciendo de Cary Grant, con lo difícil que es, y saliendo airoso, uno de los actores más carismáticos e inolvidables que en la comedia se encontraba en su salsa, además de un atractivo físico indiscutible. Sería muy difícil ver quien está mejor de todo el inconmensurable reparto.
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Recepción y Legado
‘Con Faldas y a lo Loco’ sigue siendo una obra maestra del cine, con un humor que no ha perdido su frescura con el tiempo. La censura en todos los ámbitos culturales ha sido uno de los rasgos característicos de la dictadura franquista. Sin embargo, los ámbitos culturales no han sido tratados de la misma manera y mientras en la literatura predomina la vaguedad en los criterios de censura, el cine y los instrumentos de difusión masiva tienen su propia Orden firmada en 1963 con criterios detallados que ya se estaban aplicando desde hace varios años. Con faldas y a lo loco es una comedia hollywoodiana y su director fue Billy Wilder.
Wilder tuvo problemas con la censura también por otras películas y no solo en España. El título original de la película es Some like it hot y se estrenó en 1959 en Estados Unidos. La película tiene lugar en Chicago en 1929 y cuenta la historia de Joe y Jerry, un saxofonista y un contrabajista que son involuntariamente testigos de la Matanza de San Valentín, una masacre ordenada por la mafia, y tienen que huir para salvarse y no tener problemas con los gangsters. Los dos músicos se disfrazan de mujeres, cambian sus nombres en Josephine y Daphne y se unen a un grupo jazz de solo mujeres que viaja hacia Miami. Entre todas las mujeres del grupo se destaca la que interpreta Marilyn Monroe, alcohólica y cuyo sueño es casarse con un millonario. Pero, el millonario que aparece en la película se enamora de Daphne/Jerry.
¿El franquismo iba a permitir la difusión de este contenido? Claro que no, de hecho, la película antes de ser estrenada en España transcurre 14 años de revisión por la censura y se difundirá sólo en 1973 (mismo periodo en que la censura parece endulzarse) con frases modificadas en el doblaje español y escenas de la película directamente cortadas. La película es rechazada por parte de la Junta de Clasificación y Censura del Ministerio de Información y Turismo en 1960, en enero y en abril de 1961, porque no respetaba los criterios, que serán el octavo y el nono en la Orden del 1963, en los que se prohíbe la justificación de las relaciones sexuales ilícitas y la presentación del alcoholismo, hecha de manera notoriamente inductiva.
JOE: Pero, pero tú no eres una mujer, eres un hombre. JERRY: ¿Qué? JERRY: ¿Cómo? ¿No te acuerdas? Hay 16 cortes dentro de la película y el más significativo es el del final, donde Daphne dice la verdad al millonario que quiere casarse con ella y confiesa de ser un hombre. El millonario simplemente contesta “Nadie es perfecto”. La película se estrenó en 1973 a pesar de que los protagonistas seguían disfrazados de mujeres la mayoría del tiempo, este era un elemento que no se podía cambiar porque motor de toda la película. La censura franquista ha quitado elementos de fundamental ironía en el guión del director Billy Wilder y quizás ha hecho que desaparecieran los rasgos que definían la película como una comedia según la voluntad de Wilder.
Lesbianismo, homosexualidad, travestismo, falsos playboys y mujeres en busca de un buen partido: hace 60 años, Billy Wilder gestó un cóctel explosivo de risas y sexo, lo más atrevido que pudo en la puritana sociedad de los 50. Los buenos cinéfilos saben bien que Meryl Streep tenía una casa en África y Billy Wilder una tía en Viena. Esta estupenda señora poseía grandes virtudes: era puntual y capaz de memorizar un texto. Solo había un problema: no era Marilyn Monroe. «¿Quién querría ver a mi tía en pantalla?», se preguntaba con toda la chacota del mundo Billy Wilder. Por eso, aunque juró y perjuró que nunca más trabajaría con la rubia tras «La tentación vive arriba» («He discutido esto con mi médico y mi psiquiatra y me dicen que soy demasiado viejo y demasiado rico para pasar por esto nuevamente», llegó a decir), el director se vio embarcado en otra aventura con la actriz más explosiva del momento, de todos los momentos. Fue en «Con faldas y a lo loco», hace ahora 60 años, y hay quien dice que es la comedia perfecta. Así, sin paliativos.
Hacia 1959, Wilder ya había rodado algunas de sus obras mayores, si es que no lo son todas en su caso: «Perdición», «El crepúsculo de los dioses», «Sabrina»... Su anterior cinta, «Testigo de cargo», había sido todo un éxito en taquilla, lo que le garantizaba meter sus manos en una comedia tan arriesgada como sería «Con faldas y a lo loco». «La mirada del cineasta se desplazaría hacia rasgos más puros de la comedia, completamente alejado de la vertiente emocional de ''Ariane'' y mucho más cercana a la ''screwball comedy''», señala Joaquín Vallet, uno de los autores del libro conmemorativo del 60 aniversario del filme que acaba de publicar Notorius.
La comedia era la lengua madre de Wilder. En «Con faldas y a lo loco» Wilder seguiría alguno de los preceptos del maestro de «Ninotchka» y los adelantaría en cuanto a libertad expresiva. Si el famoso «toque Lubitsch» tiene la elipsis y la sutileza en el centro, la cinta que nos ocupa pudo internarse en peliagudos meandros del sexo con menos pudor, aunque por supuesto allá donde no podía enseñar, Wilder sugería. Basta pensar en la escena de introducción de Marilyn: taconeando por el andén, aparece de espaldas moviendo sugerentemente las caderas, mientras suena una música de saxofón (el instrumento más sexual de toda la orquesta) y salen vaharadas de vapor de la locomotora. Antes de verle la cara y esos pechos abundantes con cuyas formas jugaba la iluminación, ya sabemos a qué huele la Marilyn de «Con faldas y a lo loco»: a deseo químicamente puro, a sexo.
Si Sugar era «el papel más débil», el objeto de deseo, los dos travestidos fue el dúo más fuerte. Y es que mostrar a dos hombres vestidos de mujer entre mujeres, comentando su impresión machista de ellas y a la vez, como mujeres que fingen ser, sufriendo el machismo de otros hombres (palpadas de trasero, comentarios subidos de tono), es la clave de sol del filme. Eso, y el constante juego con temas tan espinosos en la época como el lesbianismo y la homosexualidad, ejemplificado este último en la «relación» (el tango y la mítica escena final) entre Daphne/Lemmon y Osgood. ‘Con faldas y a lo loco’ es una pequeña Sodoma y Gomorra desternillante. «Una grieta en el conservador muro de la doble moral americana sobre el sexo, el amor y el travestismo que quebró gran parte de los preceptos de la censura para terminar arrasando en taquilla y convirtiéndose en una de las mejores comedias de la historia del cine», señala Teresa Llácer.
Pero la cinta no estuvo en absoluto exenta de problemas con la censura y el riguroso Código Hayes que regía desde los años 30. La Legión Nacional de la Decencia condenó la película y en varias ciudades se produjeron problemas en el estreno: en Menphis obligaron a poner una advertencia del alto contenido erótico y en Kansas se produjeron retrasos en las proyecciones mientras se valoraba si cortar o no la escena del yate. ‘Con faldas y a lo loco’ no significó lo mismo para Curtis que para Lemmon. Curtis siempre sintió que su trabajo fue minusvalorado, por ejemplo, al no ser nominado a los Oscar como su «partenaire». Su carrera fue siempre una constante lucha por la consagración, que nunca alcanzó realmente en comparación con otros actores de su generación. Aceptar el papel de Joe/Josephine para un hombre que vivía de su fama de «playboy» fue todo un riesgo, «un verdadero desafío para mi virilidad». «Ya desde el primer día descubrió el verdadero motivo que llevó a Sinatra a rechazar el papel», señala Jaime Vicente Echagüe.
En cambio, Lemmon, el «payaso tonto» de la película, se reveló como genio cómico en el papel de Daphne, un personaje con menos complejos a la hora de adoptar el rol femenino, del que se va encariñando a lo largo del filme, como en un lento pero inexorable descubrimiento de su verdadera sexualidad. La controvertida y ambigua relación que se fragua entre «ella» y el millonario Osgood va muy lejos para los estándares de la época. Por eso ha dado dos de las escenas más famosas no solo del filme, sino de la historia del cine: el tango entre dos «hombres» y, por supuesto, la secuencia final en la lancha, remedada, parodiada y homeneajeada hasta la saciedad, en la que Lemmon no atina a explicarle al millonario que su amor es imposible:-No me comprendes, Osgood, ¡soy un hombre!-Bueno, nadie es perfecto.
Con faldas y a lo loco se ha convertido en una de las películas más populares de todos los tiempos, también en España. Aunque el rodaje fuera un infierno por la impuntualidad y la inseguridad de Marilyn Monroe, el resultado -como la Segunda Guerra Mundial, parafraseando a Billy Wilder- mereció la pena. Por su parte, los miembros de la Junta de censura que la prohibieron no duraron ni siquiera un año más en el cargo. El escándalo de Viridiana y el gol por la escuadra que les metió Buñuel hizo que todos fueran despedidos fulminantemente, empezando por Muñoz Fontán, el de la veda de maricones. Quién sabe si después de su despido la vio en el cine y se contagió de las risas del público. O tal vez sintió una punzada de rabia al ver que la sala aplaudía ese glorioso final que no había conseguido cortar con sus tijeras. Casi sesenta años después ya da un poco igual.
