La Casa de Paco Roca: Un Viaje Emotivo a Través de los Recuerdos y el Tiempo

Paco Roca, un versátil autor de cómic e ilustración, nos trae con La casa una historia autobiográfica, la de tres hermanos que deciden acondicionar la casa de veraneo de su padre tras la muerte de éste, para ponerla a la venta.

En ese espacio se juntarán el pasado y el presente y, tal vez, no llegamos a saberlo, se intuye un futuro lleno de dudas. Desde las páginas apaisadas del ilustrador el lector encuentra un punto de conexión con un lugar y una familia que no son los suyos, pero que le hacen revivir su propia historia. Eso es, creo yo, lo esencial de La casa: no importa en realidad la vida de la familia de Roca, sino las similitudes, los lazos que la unen a nuestras vidas.

En esta novela se nos ofrece la oportunidad de, después de haberla leído, sentarnos y reflexionar sobre la relación con nuestros padres, nuestros hermanos, hijos o parejas, y la impresión que tengamos de la historia vendrá con toda seguridad influida por la percepción de nuestros recuerdos.

La nueva obra del autor de Los surcos del azar es para el escritor Fernando Marías “un emocionante último paseo juntos de un padre y un hijo”.

A lo largo de los años el dueño llena de recuerdos su casa, testigo mudo de su vida. Y aquél es también la fiel imagen de ella. Como las parejas que han convivido siempre juntas. Así, cuando su ocupante desaparece para siempre, el contenido de la casa se paraliza por el polvo esperando que alguna vez su dueño regrese.

Los tres hermanos protagonistas de esta historia volverán un año después de la muerte de su padre a la casa familiar donde crecieron. Su intención es venderla, pero con cada trasto que tiran se enfrentan a los recuerdos. Temen estar deshaciéndose del pasado, del recuerdo de su padre, pero también del suyo propio.

El escritor Fernando Marías destaca que “nada compromete más a un autor que arrancar su obra con una secuencia memorable. El lector lo ha captado y exigirá que la fuerza no afloje y se encamine, además, hacia el cierre exacto del círculo perfecto. “Un libro mágico sobre la sencillez y el adiós, con evidente carácter autobiográfico, en el que Paco Roca se confirma como un narrador sublime.

Como una rara avis del panorama patrio, Roca logra su enésima obra redonda. A pesar de su apariencia sencilla, de su espectro cercano, se dispone a hablar del paso del tiempo, como las obras más importantes de la literatura. “Conmovedor, sutil, puro dolor, vida y tiempo. Es la síntesis perfecta de Arrugas, El invierno del dibujante y Los surcos del azar. “Emocionante, muy sutil, con muchos hallazgos gráficos y narrativos.

Pues lo ha vuelto a hacer. Paco Roca lo ha vuelto a hacer. Otro año más, una nueva obra y otra vez nos deja con el corazón encogido. Como una rara avis del panorama patrio, Roca logra su enésima obra redonda, a la altura de Arrugas, El Invierno del Dibujante o Los Surcos del Azar.

Roca, si me apuran, es uno de esos autores que glorifican el medio que tocan. Escribo con la vehemencia de sentirme afortunado por vivir en una época en la que puedo acercarme a una librería y encontrarme con una nueva obra de un autor en la plenitud de sus facultades. Si Los Surcos del Azar fue la consagración, la confirmación que afianza un estatus, La Casa es un paso más. Y era ahora cuando todos los ojos estaban escrutando para ver si el autor era capaz de mantener el nivel.

En la línea costumbrista, emocional y cercana de Arrugas, obra con la que comparte hasta el ADN, La Casa narra a grandes rasgos el proceso de desmantelamiento de una casa familiar tras la muerte del progenitor. Los hermanos se ponen de acuerdo para visitarla y arreglarla, con el fin de ponerla a la venta, lo que desatará una miríada de recuerdos en cada uno respecto a su relación con el inmueble y por supuesto, con su padre.

Paco Roca dibujando

Narrada así en cuatro actos, esto es, con un episodio por hermano y uno final con los tres reunidos en la finca, el tebeo disfruta de una estructura perfecta, que va superponiendo anécdotas y detalles, desarrollando la relación entre todos sus personajes como si asistiéramos de veras a la radiografía de una familia real. Algo de realidad, algo de su propia vivencia debe haber puesto Roca en la obra, ya que ciertas conversaciones, ciertas situaciones, se antojan tan íntimas como plausibles. Y dejan en el lector un poso cercano al conocimiento, como si pudiéramos afirmar que fuimos parte de esa familia, testigos directos de unas vidas que nos llegan a importar como propias. Y esto es lo mejor que se puede decir, a opinión de quien esto firma, de un tebeo intimista. Que lo personajes te lleguen a emocionar como si formaran parte de tu entorno real es prueba del poder como narrador de Roca, que logra el proceso mágico de dotar de vida a dibujos encerrados en viñetas, que se paseen por tu cerebro el tiempo que dura la lectura y que sus actos te emocionen, te saquen una sonrisa y desde luego, alguna lágrima.

Hay una perfecta melodía de la trama, que si bien sencilla, disfruta de una cadencia suave, en subida, con cada pieza de información sumando, un ladrillo tras otro, hasta construir un edificio férreo. La personalidad de cada uno de los hermanos resulta cincelada con precisión. Y aún tirando de lugares comunes, cada uno de ellos respira certidumbre dentro de su capítulo. Son remedos de personas que has conocido. Y que si no lo has hecho, Roca te los presenta. Y es que el autor demuestra una capacidad insultante para crear personajes. No le hacen falta fuegos de artificio ni excentricidades. Los tres hermanos están hechos de una pasta verosímil, hablan como personas reales y sienten como personas reales. De ahí esa sospecha de que ha usado el tebeo como pizarra donde plasmar situaciones que ha vivido de primera mano o conversaciones que sin duda ha tenido. De modo que, también, que viva la memoria fotográfica de este valenciano que nos está regalando una de las carreras más admirables de la historia del tebeo en español.

La Casa, a pesar de su apariencia sencilla, de su espectro cercano, se dispone a hablar del paso del tiempo, como las obras más importantes de la literatura. Y logra con creces trasmitir toda una serie de sensaciones y desarrollar todo un abanico de reflexiones alrededor de ese concepto. No se detiene solo en narrar la cronología de hechos en torno a la familia, sino que acierta en explicar cómo estos hechos marcan las vidas de todos aquellos que los protagonizan, logrando además una mirada caleidoscópica del mismo hecho, pues suma las perspectivas de a veces hasta tres generaciones distintas, el abuelo, el hijo, el nieto. Y consigue al tiempo hacernos empatizar con lo que sienten cada una de esas generaciones, cómo viven esos personajes la influencia del devenir del tiempo, el paso de las estaciones de la vida y la llegada de la muerte.

No hay una gota de solemnidad, no hay una brizna de épica y, por lo tanto, no asistimos a un proceso narrativo pedante, más bien al contrario. Roca logra hablar de algo tan intenso y extenso como el discurrir de la vida sin caer en engolamientos o fanfarrias de melodrama. Hay mucha ternura, en cambio, en esa narración. Vemos incluso una necesidad constante de solucionar conflictos, de llamadas de atención para ser mejores personas, menos egoístas. Y habla Roca profusamente de la necesidad de desarrollar cierta empatía como seres humanos, esa virtud de unos pocos de ponerse en la piel del otro para ser menos condescendientes, para entender mejor lo que nos rodea. Para vivir mejor y de manera más justa, en definitiva.

En la reflexión sobre el paso del tiempo analiza Roca también esa suerte de mutación natural que resulta en el individuo el paso de ser hijo a ser padre, como extrapolación de la idea anteriormente expuesta de la empatía. El hecho de convertirnos en padres nos convierte en mejores hijos, viene a decir Roca, o eso creo. Esto se ve reflejado por ejemplo en la actitud del hermano mayor, el primogénito, que adopta las costumbres del padre de manera natural, convirtiéndose en heredero de ciertas costumbres que dejar a su propio hijo, al tiempo que se percata quizá de todo aquello que hizo mal con su progenitor. Hay también un anima de arrepentimiento por el tiempo perdido, por las horas no disfrutadas con aquellos seres más cercanos, que deja un regusto de cierta culpabilidad en cada uno de los personajes, contagiando el ánimo del lector de manera infalible. Así que no lo dudes, no te preocupes si después de cerrar el volumen hay algo removido en tu interior, pues era la intención del autor. Y el autor, muy listo, te está diciendo que llames a tu padre, que llames a tu madre. Que el tiempo se acaba. De lágrima asegurada, el tebeo nacional del año.

Una casa familiar en un cómic

Paco Roca cambia de registro y propone una obra con marcados rasgos autobiográficos, una historia que reconoce necesitaba contar. A lo largo de los años el dueño llena de recuerdos su casa, testigo mudo de su vida. Y aquél es también la fiel imagen de ella. Como las parejas que han convivido siempre juntas. Así, cuando su ocupante fiel desaparece para siempre, el contenido de la casa se paraliza por el polvo esperando que alguna vez su dueño regrese.

Los tres hermanos protagonistas de esta historia volverán un año después de la muerte de su padre a la casa familiar donde crecieron. Su intención es venderla, pero con cada trasto que tiran se enfrentan a los recuerdos.

Tras la reseña de El abismo del olvido no me pude resistir y fui a Letras Corsarias buscando otro título de Paco Roca. Tras pensarlo un rato -aún me quedan unos cuantos pendientes- me decidí por La casa, editada por Astiberri y publicada en 2015 y ganadora del Premio Eisner 2020 a la mejor obra extranjera.

Además, el 1 de mayo se estrena la adaptación cinematográfica de Alex Montoya protagonizada por David Verdaguer, Óscar De la Fuente, Luis Callejo, Olivia Molina, María Romanillos, Lorena López, Marta Belenguer, Jordi Aguilar, Miguel Rellán y Tosca Montoya. La película se rodó en la misma casa que inspiró el cómic original de Paco Roca, y los que la han visto dicen que es casi tan bonita como la novela gráfica.

La casa cuenta la historia de tres hermanos que se reúnen en la casa familiar tras la muerte del padre. Su intención es venderla, pero con cada trasto que tiran se enfrentan a los recuerdos. Temen estar deshaciéndose del pasado, del recuerdo de su padre, pero también del suyo propio.

La novela tiene continuos flashbacks a la infancia de los tres protagonistas, pero también a la vida del padre, quien con todo su amor y determinación, junto a su mujer, levantaron la casa de campo, primero para pasar los veranos y luego para que sirviera como punto de encuentro con las familias de sus hijos.

A lo largo de los años, el padre llena de recuerdos su casa, testigo mudo de su vida. Y aquél es también la fiel imagen de ella. Como las parejas que han convivido siempre juntas.

Tres hermanos en una casa

En esta novela hay pasajes inolvidables. Momentos que seguramente todos hayamos vivido en algún momento de nuestras vidas. Recuerdos que compartimos con Roca y con los protagonistas. Y ahí reside la magia del cómic, que Roca cuenta cosas que nos pasan a todos, pero ¡cómo las cuenta!

Si hay algo que obsesiona a Paco roca - autor de El Tesoro del Cisne Negro - es el recuerdo y la memoria. «La casa» es una obra que destaca por su capacidad para evocar nostalgia y reflexión sobre la familia, el hogar y el inexorable paso del tiempo. Haciendo uso de la figura los tres hermanos y sus “visitas al pasado”, recapacita sobre la “fidelidad” de los recuerdos. Poco a poco los personajes se cuestionen tanto lo que creen saber, como la relación tuvieron entre ellos y con su padre, siendo ahora conscientes de su ausencia.

Paco Roca, con su característico particular estilo de línea clara, logra contar una historia profundamente humana y emotiva. Una historia que nos obliga a cuestionarnos sobre nuestro legado. ¿Cuál será? ¿Son nuestras posesiones? ¿Los recuerdos que nos evocan? ¿Quiénes somos si lo perdemos? Los recuerdos no son un registro exacto del pasado y lo que recordamos esta influenciado por las emociones que nos produce.

«La casa» es una obra que me toca de cerca. Durante la segunda mitad del siglo XX se produjo el éxodo rural, un fenómeno mundial del que España no estuvo exenta. Durante este tiempo muchos jóvenes se marcharon del campo a la ciudad para encontrar un trabajo en una naciente industria. Con el paso del tiempo los inmigrantes se asentaron definitivamente. Poco a poco las familias de esta primera generación de inmigrantes volvían “al pueblo por vacaciones”. Pero aquellas familias que habían nacido y crecido originalmente en las grandes ciudades, no tenían pueblo al que ir. Así que “se puso de moda” que con los primeros ahorros comprar una segunda vivienda, algo que Paco Roca plasma en su cómic. Algo retirada de la ciudad, con un poco de jardín, pero no muy lejos de la primera.

Obra Publicación Temática
Arrugas 2007 La vejez, la enfermedad de Alzheimer, la amistad
El invierno del dibujante 2010 La Guerra Civil Española, el exilio de los dibujantes
Los surcos del azar 2014 La División Azul, la Guerra Civil Española
La casa 2015 La familia, los recuerdos, el paso del tiempo, la muerte

La Casa, siendo un cómic corto y casi «tontón» - nótese que esta dicho con cariño - que me ha llegado al corazón. En segundo lugar, me hace recapacitar en la relación que quiero tener con M - mi hija - y como es ahora el momento en que está construyendo sus recuerdos sobre todo lo que la rodea.

Reseña de La Casa / Paco Roca / Novela Grafica / Comic / Astiberri

tags: #comic #la #casa #de #paco #roca