San Vicente de Paúl en el cómic: una figura histórica en viñetas

La figura de San Vicente de Paúl (1581-1660), una relevante personalidad de la Historia Social del Cristianismo y del complejo siglo XVII, ha sido representada en diversas ocasiones en el mundo del cómic, ofreciendo una perspectiva única sobre su vida y obra.

No es la primera vez que Vicente de Paúl aparece como personaje de cómic. En las primeras páginas de "La roca y el asesino", el primer volumen de la segunda parte de las aventuras de Ariane de Troil, publicado en 1995, se presenta a Monsieur Vincent recorriendo una de sus fundaciones, un hospital para dementes, junto con la encargada del mismo. En esta obra, se comentan los problemas prácticos -recursos financieros insuficientes, formación inadecuada de las trabajadoras- que surgen a diario en el ejercicio de su formidable empresa solidaria. Comprobamos luego, mientras nuestro campeón de la caridad abandona el recinto, cómo la directora de este asilo se deja sobornar por unos nobles que, bajo la protección del hermano del rey, acuden en busca de jóvenes internas, traicionando así la obra del “limosnero del rey”.

Sin embargo, la obra que nos ocupa tiene a Vicente de Paúl como protagonista absoluto. Situada en 1643, el año de la muerte de Luis XIII y el comienzo de la regencia de Ana de Austria, unos años antes del final de la Guerra de los Treinta Años y el comienzo de la revuelta de La Fronda, esta historia se desarrolla en el París del siglo XVII.

París del siglo XVII

Dentro de este denso contexto histórico, y en la ciudad de París, magníficamente reconstruida mediante un dibujo detallado de sus monumentos, sus calles, sus plazas, sus tabernas y sus casas particulares, lujosas o humildes, y un extraordinario uso realista del color, se mueve el personaje. La trama se presenta como un relato detectivesco muy especial, con el París de los mosqueteros como escenario.

El futuro santo Vicente de Paúl tiene acceso a los hogares de los poderosos y sabe cómo conseguir su ayuda para socorrer a los miserables. Pero contra él, hay personas dispuestas a todo para impedir que esos dos mundos se encuentren. ¿Lo conseguirán? El siempre sobresaliente Dufaux se alía con el dibujante belga Martin Jamar para ofrecernos esta historia detectivesca ambientada en el París del s. XVII.

La obra se presenta como un cómic excepcional que por momentos nos hace pensar en el padre Brown, el mítico sacerdote detective creado por G.K. Chesterton. Desde el punto de vista formal, la narración ocupa 64 planchas, cada una de las cuales se divide en viñetas de diferente formato: unas, sin los bordes inferiores o superiores marcados con una línea; otras, de media página, sobre todo las que encuadran panorámicas de la ciudad; en algunos casos, las viñetas, aunque separadas, mantienen la continuidad de los fondos, mientras los personajes se mueven o dialogan.

Viñetas de cómic de estilo histórico

En cuanto al estilo gráfico, es de un marcado realismo, tanto en los “decorados” -el espacio físico adquiere una gran relevancia en la narración-, como en el atrezzo -vestidos, objetos-. El dibujo es minucioso, atento a los detalles, pero es el color el que crea una atmósfera inequívocamente “histórica”, gracias a la cual, no solo nos situamos en los espacios, sino que llegamos a percibir su olor o su banda sonora.

Siendo, pues, un trabajo muy estimable, en la mejor tradición de cómic histórico europeo, llama la atención la elección del personaje principal. La obra de Dufaux y Jamar no se limita a colocar a Vicente de Paúl como un “decorado” de la narración, sino que, al contrario, parece que la narración es un pretexto para indagar en su personalidad y su tarea.

Una de las características que dan valor (estético y pedagógico) a esta obra es que, superpuesto al sencillo argumento “policíaco” de la misma, aparece un retrato de la figura de Vicente de Paúl muy profundo, hecho desde una perspectiva laica, que no renuncia, sin embargo, a las motivaciones creyentes que dan aliento a su trabajo en favor y con los pobres de su tiempo, tal como el propio Vincent las expresa. Los autores ponen en su boca muchas de sus propias palabras, adaptándolas a la narrativa propia del cómic. Tampoco se recurre a la hagiografía, aunque no se oculte la admiración por la figura histórica que se oculta detrás de los dibujos.

No deja de llamar la atención la modernidad de las empresas vicencianas -utilizamos el término “empresa”, obviamente, en el sentido que se le daba en el Siglo del Barroco-, tal como se describen en el libro, su “rabiosa” actualidad, o, mejor, la “actualización” que de estas acciones han hecho y hacen los movimientos solidarios del presente. Esto, además y sobre todo, su calidad artística, convierte la obra reseñada en un recurso particularmente valioso para el trabajo en el aula, especialmente en Historia o en Ciudadanía.

Un ejemplo de la labor de San Vicente de Paúl se relata en su experiencia como maestro y capellán en la casa de un capitán de galeras, el señor de Gondi. El santo se enteró de cómo eran tratados los galeotes y pidió visitarlos en sus calabozos de tierra firme, antes de sus travesías por mar. Su horror no tuvo límite al presenciar cómo vivían: oscuridad, peste, cadenas, lo más deprimente y malsano, lo más cruel y sofocante eran las desgracias que padecían. Quiso no sólo contemplar y remediar, sino compartir los sufrimientos de aquellos seres manejados peor que las fieras.

Representación de galeotes en galeras

Por último, unas palabras sobre el título del cómic: por un lado, el nombre propio del protagonista -al estilo del título de la película más conocida sobre Vicente de Paúl, "Monsieur Vincent"-; por otro lado, su condición de “santo”, en lo que implica el término de “hombre de vida ejemplar”; en tercer lugar, el contexto histórico: “en la época de los mosqueteros”. Los autores se han fijado en los “mosqueteros” por la asociación inmediata que los lectores hacen con la conocida obra de Alexandre Dumas, "Los tres mosqueteros", cuya asociación con la búsqueda de la verdad y de la justicia resuena en la labor del santo.

SAN VICENTE DE PAÚL: EL SANTO DE LA CARIDAD

En otro orden de cosas, el cómic cristiano también ha reconocido la figura de San Vicente de Paúl. El premio Gabriel 2011 del cómic cristiano fue fallado a favor del álbum "Jean-Baptiste Fouque", de Dominique y Pierre Bar, que cuenta la vida de un sacerdote francés, muerto en 1926, apodado “el san Vicente de Paul de Marsella”. Este premio, adjudicado por el jurado del Centro Religioso de ‘Info’ y Análisis del Cómic Cristiano (CRIABD), destaca la labor de estos hermanos que han hecho con su trabajo “un homenaje grandioso a un futuro santo, admirado tanto por los cristianos como por personas de todas las convicciones”.

La Editorial Novaro, en su serie "Vidas Ejemplares", también incluyó la biografía de San Vicente de Paúl, publicada hasta 1974. Estos relatos biográficos, con textos medidos e ilustraciones a todo color, buscaban ser un eficaz instrumento de catequesis infantil, poniendo al alcance de los más pequeños el encanto de las vidas de santos.

San Vicente de Paúl, en sus últimos años, era descrito como un viejecito platicador y amable, delicado y fino, que irradiaba bondad y amor. La humildad cristiana, la pobreza voluntaria, ese trabajo tan indefenso y tan sublime de sufrir por los demás, de ayudar al prójimo, eran su arma y su alegría.

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