El primer capítulo de "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha" nos introduce a un hidalgo de La Mancha, un hombre de mediana edad que vive con una ama y una sobrina en una aldea. Su nombre, según se nos relata, es Alonso Quijano, aunque algunos sugieren que podría ser Quijada o Quesada. Este hidalgo, de unos cincuenta años, es de complexión recia y algo seco de carnes, de rostro delgado y aficionado a la caza.
Su vida transcurría con tranquilidad, pero su afición principal eran los libros de caballerías. Pasaba horas y horas leyendo estas novelas, hasta el punto de que "de tanto leer se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio". La lectura incesante de estas historias fantásticas lo llevó a creer que todo lo que en ellas se narraba era cierto y que debía imitar a los caballeros andantes.
Así, motivado por sus lecturas, Alonso Quijano decide hacerse caballero andante. Para ello, necesita una armadura, que encuentra vieja y oxidada en un arcón. La limpia y la repara lo mejor que puede. También necesita un caballo, y tras considerar varios, elige uno que, aunque flaco y de aspecto poco imponente, le parece un excelente corcel, al que decide llamar Rocinante, un nombre que le suena sonoro y significativo.
Sin embargo, para ser un caballero andante completo, le faltaba algo esencial: una dama a quien dedicar sus hazañas. Recordó que en un pueblo cercano vivía una moza labradora, de la que estuvo secretamente enamorado tiempo atrás, y cuyo nombre era Aldonza Lorenzo. A su parecer, ella reunía todas las cualidades de una gran señora: era hermosa, gentil y de noble linaje, aunque en realidad, ella era una moza de buen parecer, pero de condición humilde, que solía ir a la feria a vender sus quesos y otras viandas.
Don Quijote decide entonces bautizarla con el nombre de Dulcinea del Toboso, un nombre que le parece musical, significativo, profundo y sonoro, como corresponde a una princesa y gran señora. Con su armadura, su caballo Rocinante y su dama imaginaria Dulcinea del Toboso, Alonso Quijano se transforma en Don Quijote de la Mancha, dispuesto a salir por el mundo a desfacer entuertos y a buscar aventuras.

El primer capítulo sienta las bases de la locura de Don Quijote, impulsada por la lectura de los libros de caballerías. Se nos presenta su transformación de un hidalgo cincuentón a un caballero andante, con todos los elementos que él considera necesarios para su nueva identidad: armadura, caballo y dama.
La descripción de su casa y su modo de vida nos muestra la aparente normalidad de su entorno, en contraste con la fantasía que lo consume. Se nos detalla su apariencia física, su afición a la caza y su edad, elementos que contrastan con la imagen idealizada del caballero andante que él pretende ser.
La elección del nombre para su caballo, Rocinante, y para su dama, Dulcinea del Toboso, revela la imaginación y la forma particular en que Don Quijote reinterpreta la realidad para ajustarla a sus fantasías caballerescas. La elección de Dulcinea, una moza labradora, como su gran señora, es un claro ejemplo de cómo su locura transforma lo ordinario en extraordinario.

La narrativa se centra en la génesis de la figura de Don Quijote, explicando las causas de su enajenación mental y su decisión de abrazar la vida de caballero andante. Se nos presenta la premisa de su salida al mundo en busca de aventuras, estableciendo el tono y el propósito de la obra.
El texto también hace referencia a la vida cotidiana de la época, mencionando las comidas y las costumbres de la gente de campo, como la venta de quesos y viandas en la feria. Estos detalles aportan realismo al contexto en el que se desarrolla la historia, a pesar de la fantasía que la protagoniza.

El primer capítulo culmina con la firme determinación de Don Quijote de emprender su camino. Se nos prepara para sus primeras salidas y las aventuras que le esperan, marcando el inicio de una de las obras cumbre de la literatura universal.
Don Quijote de la Mancha, comentario capítulo uno.
La obra nos muestra cómo la literatura puede influir profundamente en la mente de una persona, llevándola a vivir realidades paralelas. La locura de Don Quijote es, en cierto modo, una consecuencia directa de su inmersión en el mundo de la ficción.
Se describe cómo "consumían las tres partes de su hacienda" en la compra de libros, lo que subraya la magnitud de su obsesión. Su estilo de vida se ve afectado por esta dedicación exclusiva a la lectura, dejando de lado otras responsabilidades.
El texto menciona la posibilidad de que su nombre real fuera Quijada o Quesada, añadiendo un matiz de incertidumbre que se mantiene a lo largo de la obra, reflejando la dualidad entre la realidad y la fantasía del personaje.

La descripción de su apariencia física, "todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales", aunque se refiere a su estado actual, puede interpretarse como una premonición de las futuras batallas y desventuras que le esperan como caballero andante.
La forma en que se describe su decisión de hacerse caballero andante, "abren algunos libros de caballerías", enfatiza la causalidad directa entre su lectura y su resolución.
El capítulo también alude a la posibilidad de que su locura le permitiera ver el mundo de una manera diferente, "una sola vez". Esta perspectiva única es lo que define su carácter quijotesco.