Colecciones de Dragon Ball de los años 90: Un Viaje Nostálgico

A principios de los años noventa, la «fiebre Bola de Dragón» estaba en pleno auge en España. Múltiples empresas (Panini, Matutano, Sonric’s, Ediciones Este…) decidieron que era el momento de sacar tajada del asunto, para la alegría de los niños que, flipando en colores, salíamos del kiosko con una sonrisa de oreja a oreja y varios sobres de cromos de Dragon Ball en los bolsillos. Los cromos de Bola de Dragón de los noventa son ya considerados como algo casi mitológico y forman parte activa de la infancia de los que ahora rondamos la treintena, que los recordamos con un cariño y una nostalgia inconmensurable. Son poco menos que pequeños pedazos de infancia en forma de rectángulos de cartón.

En el año 1995, unos meses después de revolucionar los patios de los colegios con sus míticos Matutazos, el fabricante de aperitivos y patatas fritas Matutano probaba suerte con una nueva colección de tazos basada en la popular serie de animación Dragon Ball Z. Al igual que la primera colección, los Matutazos de Dragon Ball Z eran circulares, medían aproximadamente 1 pulgada de diámetro y podían conseguirse de forma gratuita comprando algunos de los productos de la marca, como los Fritos, los Cheetos o los Boca Bits.

Ilustración de Tazos de Dragon Ball Z

Los tazos tenían impresas en su cara delantera unas divertidas ilustraciones protagonizadas por algunos de los personajes principales de Dragon Ball Z. En su cara trasera, por contra, encontrábamos determinada información relacionada con el propio tazo, como la categoría a la que pertenecía, su numeración dentro de la colección, o los puntos que valía.

Categorías de Tazos Matutano

1. Tazos de 5 puntos (trasera marrón)

La primera categoría se componía de 10 tazos de 5 puntos con la parte trasera de color marrón. En ella podíamos encontrar algunos de los principales villanos de la serie, como Freezer y sus míticas Fuerzas especiales.

2. Super Tazos (trasera roja)

La segunda categoría la componían otros 20 tazos que recibían el nombre de Super Tazos. Valían 5 puntos y su parte trasera era de color rojo. Estos tazos incluían una importante novedad respecto a los anteriores, y ésta era que estos podían ser lanzados por el aire gracias a unas pequeñas hendiduras que tenían en los bordes. En esta categoría encontrábamos un popurrí con algunos de los héroes y villanos de la serie.

3. Super Tazos octogonales (trasera amarilla)

La tercera categoría la componían otros 20 tazos que recibían el nombre de Super Tazos octogonales. Valían 8 puntos y su parte trasera era de color amarillo. Estos tazos tenían forma octogonal, en vez de circular, y tenían también la camacidad de volar. En esta categoría encontrábamos de nuevo un popurrí con algunos de los héroes y villanos de la serie.

4. Megatazos circulares (trasera negra)

En la cuarta categoría encontrábamos los Megatazos, que eran otros 20 tazos de forma circular. Valían 10 puntos, su parte trasera estaba pintada de color negro y también tenían la capacidad de volar. En esta categoría encontrábamos de nuevo un popurrí con algunos de los héroes y villanos de la serie.

5. Megatazos octogonales (trasera negra)

La quinta categoría estaba compuesta de otros 20 megatazos pero esta vez con forma octogonal. Valían 10 puntos, su parte trasera estaba pintada de color negro y también tenían la capacidad de volar. Tanto su numeración como los dibujos que llevaban impresos eran exactamente iguales a los de los Megatazos circulares.

6. Tazos con impresión lenticular (trasera roja)

En la sexta categoría encontrábamos otros 10 tazos con forma circular. Estos tazos tenían como peculiaridad que en su parte delantera encontrábamos una impresión lenticular tipo "flip" en el que se podía ver su imagen en 3D, algo parecido a los Magic Tazos pero sin movimiento. Valían 15 puntos, su parte trasera estaba pintada de color rojo y también tenían la capacidad de volar.

7. Mastertazos

Por último encontrábamos los Mastertazos, unos tazos de plástico duro mucho más gruesos que el resto. Podían conseguirse en las bolsas de aperitivos más grandes de la marca, así como en unos packs que incluían un chicle y un mastertazo que podían adquirirse en quioscos y tiendas de alimentación por un precio de 50 pesetas.

Infografía de las diferentes categorías de Tazos de Dragon Ball

Otras Colecciones de Dragon Ball de los 90

En el año 1992, el fabricante de aperitivos y patatas fritas Matutano lanzó una las colecciones de regalos promocionales más queridas y recordadas de los años 80 y 90. Los adhesivos estaban protagonizados por algunos de los personajes principales de la serie de Bola de Dragón y podían conseguirse comprando las bolsas pequeñas de aperitivos de la marca, como los Fritos, los Cheetos o los Bacabits. Como curiosidad añadir que cada uno de los 30 adhesivos que componían la colección podía conseguirse en 4 colores diferentes: amarillo, azul, naranja y verde, por lo que podría decirse que la colección estaba compuesta por 120 adhesivos y no por 30. Las figuras de goma que componían la colección, conocidas como muñecogomas o matugomas, podían conseguirse canjeando 4 de los puntos que se incluían en las bolsas pequeñas de aperitivos. Junto a los adhesivos y las figuras podían conseguirse también 16 bonitos pósters en los que aparecían una vez más los personajes principales de la serie. Doce de esos pósters se podían combinar para formar 3 grandes murales de 4 pósters cada uno.

Ediciones Este fue una empresa barcelonesa pionera en esto de explotar el fenómeno del momento. En una época donde no había Internet, estos emprendedores sabían que obtener ilustraciones originales japonesas de Goku & cia. era una ardua tarea, por lo que optaron por crearlas ellos mismos. Quizás la calidad final de las mismas fue discutible, cierto, pero el producto fue un gran éxito (seguramente porque no había nada más, pero no le restemos encanto a la proeza) y después de sacar la primera colección de 90 tarjetas -Tarjet-Cards, para ser exactos-, la ampliaron hasta las 140, y con su estuche de cartón correspondiente.

Salieron poco después de las de Ediciones Este, seguramente siguiendo la estela de su éxito a pesar de su escasísima calidad. Los italianos de Panini sólo tenían que mejorar una fórmula que funcionaba y vaya si lo hicieron: los dibujos de las Combat Cards molaban. Cierto es que no estaban a la altura de los originales nipones, pero a los niños, que por aquel entonces lo máximo que teníamos en cuanto a merchandising de Dragon Ball eran fotocopias borrosas, estos dibujos a todo color lo tenían todo para triunfar. También estaban dibujados por hispanos -detrás de las tarjetas encontramos que sus autores son unos tales «Artcelona», con lo que deducimos, tras mucha investigación, que son artistas y de Barcelona- pero la verdad es que estaban currados. Además, a diferencia de las de Ediciones Este, colección llena de ilustraciones originales (incluso MUY originales, diría yo) las de las Combat Cards estaban realizadas a imagen y semejanza de escenas de la serie de TV en su mayoría, con lo que la similitud con los dibujos auténticos estaba asegurada.

Esta colección, coetánea de las dos anteriores, puede ser considerada como una de las más emblemáticas y exitosas de la época. ¿Quién no ha cambiado cromos de estos en el colegio? El tengui y falti (o sile y nole, depende de la zona) estaban a la orden del día en los patios de los colegios españoles de los noventa. Esta vez no hablamos de tarjetas, sino de cromos adhesivos de los de toda la vida, con su correspondiente y majestuoso álbum. La colección cubría la primera parte de la saga de los Guerreros de Espacio, con los combates contra Raditz y contra Nappa y Vegeta como puntos álgidos. Cabe decir que incluso se comercializaron dos versiones, una en catalán y otra en castellano para fuera de Catalunya (recordemos que allí fue donde Dragon Ball dio el primer golpe, y las editoriales lo sabían). La edición catalana es exactamente igual que la española, sólo que en la parte de arriba pone «Bola de Drac Z».

En vistas de la impresionante repercusión de la primera colección, en Panini se pusieron manos a la obra para comercializar la segunda parte, que a pesar de lo que pueda parecer apareció un par de años después (ya que los cromos de la primera colección se seguían vendiendo como churros y los de Panini, obviamente, no tenían prisa). La segunda colección, por su parte, abordaba la saga de los Androides con algunas pinceladas de la saga Garlick Jr., y curiosamente compartía protagonismo con la parte de Dragon Ball sin Z, con Goku de churumbel. Esto le daba al conjunto un aspecto un tanto extraño, pero sin duda terriblemente fascinante y encantador.

Las tardías Dragon Ball Z Cards de Panini se inspiraban en las colecciones japonesas Carddass y Super Battle de Bandai y las P.P. Cards de Amada, que obtuvieron mucha popularidad por estos lares a partir de 1996 y las librerías (primero las especializadas, y más tarde… ¡todas!) las importaban en cantidades industriales porque los adolescentes se las quitaban de las manos, literalmente. Se trataba de tarjetas rectangulares de cartón con imágenes extraídas de la serie o las películas, con algunas especiales o «prism» (claramente copiadas de las japonesas), que lógicamente eran las más cotizadas. Se centraban en la parte final de la etapa «Z». La cosa les debió ir muy bien a Panini, porque sacó al menos cuatro o cinco colecciones distintas (azul, verde, roja, plateada y dorada recuerdo en estos momentos. Si me dejo alguna, no os cortéis.), e incluso algunos álbumes con slots de plástico para coleccionarlas, a imagen y semejanza de su contraparte nipón.

Colección de cromos de Dragon Ball Z

Estos graciosos cuadraditos de cartón tenían una peculiaridad de esas que tanto gustaban a los niños de los noventa: se iluminaban en la oscuridad. De nuevo, la parte artística era española y no demasiado fiel, pero aun así nos encantaban, y nos comprábamos las bolsas de Drakis (sin Pandilla, aún, que estamos en los noventa) sólo para hacernos con el cromo en cuestión.

Esta empresa española especializada en chicles y demás chucherías también se apuntó al carro, con un par de colecciones de pequeños cromos adhesivos, la primera de ellas inspirada en Dragon Ball y la segunda en la etapa «Z». La primera de estas dos colecciones estaba dibujada por compatriotas nuestros (se debieron hacer de oro en aquellos tiempos…) y el grafismo es bastante decepcionante, pero ya se sabe, éramos niños y con muy poco éramos los más felices del mundo. Ambas colecciones tenían sus respectivos álbumes, que normalmente regalaban sumando puntos de los susodichos chicles, y cosas así.

El Legado de las Colecciones de Dragon Ball

Estas fueron las series de cromos de Dragon Ball que más me marcaron en mi infancia (entrada la adolescencia ya empecé a coleccionar las japonesas, que eran otro mundo) y de las que me acuerdo más claramente. Su calidad será mejor o peor, pero sin duda el efecto que me producen al mirarlas de nuevo es un enorme cariño y un cálido recuerdo de aquellos plácidos días de niñez.

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DRAGON BALL: ÁLBUMES ESPAÑOLES AÑOS 90

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Tras esto, el jugador que comienza la partida debía lanzar un tazo volador contra la torre. Para ello, debía encajar otros dos de sus tazos a través de la hendidura de uno de ellos, sujetando el primero de forma vertical con una mano y el segundo de forma vertical con la otra. Después, el jugador debía tirar hacía sí mismo del tazo situado horizontalmente, dejando el otro fijo.

Ilustración de un juego de tazos

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