El término "Las Sinsombrero" se ha convertido en los últimos años en una pieza clave para entender y reivindicar el papel de muchas mujeres en la cultura española del siglo XX. Su origen simbólico se remonta a una anécdota protagonizada por Maruja Mallo, Margarita Manso, Federico García Lorca y Salvador Dalí, quienes, en la Puerta del Sol, decidieron quitarse el sombrero en público como gesto de rebeldía. En aquel contexto, el sombrero no era un simple complemento, sino una norma social; prescindir de él suponía desafiar las convenciones establecidas y, en el caso de las mujeres, cuestionar directamente el papel tradicional que se les había asignado. Sin embargo, el término como tal no surgiría hasta 2015, con el documental "Las Sinsombrero", dirigido por Tània Balló, que recupera esta anécdota para dar nombre a toda una constelación de creadoras olvidadas. Desde entonces, el concepto no ha dejado de difundirse y consolidarse en el discurso cultural, agrupando a figuras como Remedios Varo, María Teresa León, María Zambrano o Concha Méndez, entre muchas otras.
Con este necesario preámbulo, se entiende mejor el alcance de "Vanguardia es una mujer", una obra que se inscribe de lleno en esa cadena de reivindicaciones. Firmado por Clara de Frutos, el cómic se centra específicamente en la vida de Concha Méndez. Su punto de partida es tan bello como real: la nieta de una ya anciana y olvidada Concha Méndez decide conservar su memoria, grabando sus recuerdos para, más tarde, transcribirlos.

Aunque el relato de Clara de Frutos se centra en una figura concreta, lo cierto es que podría extrapolarse a muchas otras. La historia de Concha Méndez funciona como espejo de la experiencia de tantas mujeres con inquietudes artísticas e intelectuales que trataron de abrirse camino a principios del siglo XX en un entorno dominado por hombres. A pesar del desfile de personalidades, algo habitual en obras de corte biográfico, el cómic no se hace en absoluto pesado. Más bien al contrario, engancha desde la primera página, y lo consigue gracias a un guion sólido y a un apartado gráfico especialmente cuidado.
El dibujo, de estilo acuarelado y lleno de dulzura, destaca por el uso de las paletas de color, combinando tonos cálidos y fríos con notable sensibilidad. En lo narrativo, resulta especialmente interesante el uso de saltos constantes entre pasado y presente. Es en este último donde la nieta entrevista a su abuela, y donde se pone de manifiesto que, incluso décadas después, persisten reticencias a reconocer el papel histórico de las mujeres y la calidad de sus obras.
En definitiva, "Vanguardia es una mujer" no solo es una obra necesaria, sino también profundamente disfrutable. Su lectura se convierte en un acto de memoria y de justicia, una invitación a redescubrir a figuras que nada tienen que envidiar a sus coetáneos masculinos.
Clara de Frutos: la autora
Clara de Frutos (Madrid, 1993) es la autora de la novela gráfica "Vanguardia es mujer", publicada por Norma Editorial. Como ganadora de la Beca ‘El Arte de Volar’, estudió Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid e ilustración en ESDIP. Posteriormente se graduó en un Máster en “Ilustración para libros infantiles” (MA Children 's Book Illustration) en Cambridge, Reino Unido. Trabaja como ilustradora freelance desde 2013 y también ha trabajado como supervisora de arte en películas para el estudio Teidees (Barcelona), layout artist en Hampa Studio (Valencia) y como concept artist y fondista en el estudio de animación Cartoon Saloon (Irlanda) en varios proyectos, incluyendo la aclamada "Wolfwalkers" (2020) o "My Father’s Dragon" (2022).

El universo de "Las Sinsombrero"
Estos últimos años el mundo del cómic está reivindicando a las Sinsombrero, esa generación de mujeres artistas y escritoras que convivieron con la Generación del 27, como Maruja Mallo, Remedios Varo, María Teresa León, María Zambrano o Concha Méndez (1898-1986), una de las poetas más importantes de su época y una de las mujeres que más luchó por la igualdad de género. Su apasionante vida la recrea la madrileña Clara de Frutos en su primera novela gráfica, "Vanguardia es una mujer" (Norma editorial), gracias a la que ha ganado la beca de la fundación El Arte de Volar.
"La idea surgió en 2017 -nos comenta Clara-, como el proyecto final de un máster que hice de ilustración infantil. Quería hacer algo sobre las mujeres en la historia del arte. Porque desde pequeña quería ser artista. Me gustaba mucho la música, la literatura, la pintura… Pero apenas aparecían escritoras y en los museos apenas había cuadros pintados por mujeres. Y escuchando un podcast sobre Buñuel me pregunté si en la Generación del 27 había mujeres”.
“Entonces descubrí el documental de Las Sinsombrero (Tania Balló, Manuel Jiménez Nuñez, Serrana Torres, 2015), donde, por primera vez se hablaba de estas mujeres no como esposas de Alberti o Altolaguirre sino como unas artistas realmente importantes de esa época. Además, también se hablaba de ellas como una comunidad, ya no solo dentro de este grupo mixto de la generación del 27, sino que también ellas tejían sus propias redes de apoyo mutuo. Descubrir a estas mujeres me resultó muy inspirador.
Pero… ¿Por qué de entre todas esas Sinsombrero eligió a la poetisa e impresora Concha Méndez? “Al principio quería hablar de todas ellas como conjunto, porque todas vivieron grandes historias llenas de rebeldía. Sobre todo, porque en aquella época eran ciudadanas de segunda, que no podían ni votar. Pero allí estaban, rompiendo las normas del arte y de la sociedad”.
“Pero finalmente me decidí por Concha Marquéz -añade-, porque me sentí muy identificada por su poesía y por su inquietud ante la vida. Su primer libro de poemas se llama 'Inquietudes' y su poesía habla de todo lo que quiere conseguir, de todo a lo que aspira. Todo el rato le decían que ella no podía hacer eso ni lo otro, ni siquiera la dejaban salir de casa en su juventud. Pero, aún así, ella fue a por todas. Su forma de vivir la vida me pareció muy inspiradora”.
“Otro motivo fundamental por el que elegí a Concha -añade-, fue porque era de las mujeres más sociables del grupo. Aunque todas se conocían, ella fue la que más se relacionó, tanto con las Sinsombrero como con los hombres de la Generación del 27. Y de las que participó más activamente en las actividades del Liceo Femenino, el grupo feminista más importante de la época”.
“Por último -continúa Clara-, me emocionó mucho la forma en la que están escritas sus memorias. Se las dictó a su nieta en el exilio, porque ella nunca regresó. Formó una familia en México donde vivió hasta el final de sus días. Ella no quería escribir sus memorias porque le parecía algo demasiado serio, y al final accedió a que su nieta, que estudiaba filología, grabara todas sus experiencias y anécdotas en casetes. Luego su nieta escribiría el libro manteniendo muchas de las frases literales de Concha”.
“Me emociono cada vez que leo ese libro -nos confiesa la autora-, por la forma que tenía Concha de ver el mundo, de contar las historias: tan bonita, tan poética, con tanta luminosidad y tanta vida.

Un mundo de contrastes: Vanguardia y Tradición
Podían ser artistas de vanguardia, pero no votar. Una cosa curiosa es que, en aquella época, antes de la II República, las mujeres podían ser artistas de vanguardia, pero no votar. “Me parece un momento histórico apasionante -asegura Clara-, con esas tradiciones del pasado chocando con esas innovaciones que estaban poniendo el mundo patas arriba”.
“Concha lo cuenta en sus memorias -añade-, cuando tenía diez años, pasaban coches de caballos por la Puerta del Sol y apenas unos años después se fue a ver el primer avión que llegó a Madrid en la inauguración del aeropuerto de Barajas. Nosotros alucinamos con haber visto nacer internet, pero ellos pasaron de ir en caballo a volar”.
“Era un mundo lleno de contradicciones -continúa-. Por eso hay tantas historias de mujeres que se abrieron camino en esta época, porque vieron que el mundo estaba cambiando y ellas podían formar parte de ese cambio.
Conoció a la Generación del 27 a través de Buñuel
Hasta hace pocos años estas mujeres eran conocidas casi únicamente por ser novias o esposas de los autores de la Generación del 27. “Si, muchas eran parejas de esos autores, aunque también teníamos a la poeta Ernestina de Champourcín, que era una fan de Juan Ramón Jiménez, al que seguía a todas partes”.
“Maruja Mallo, por ejemplo, estudió Bellas Artes, donde coincidió con Dalí, pero Concha pertenecía a una familia burguesa muy tradicional y no le dejaban frecuentar esos círculos. Ni siquiera estudiar, porque a los 14 años la sacaron del colegio. Pero su familia veraneaba en San Sebastián y allí conoció a Luis Buñuel con el que tuvo una relación de siete años, los que Buñuel estuvo estudiando en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Pero Buñuel no estaba de acuerdo en compartir espacios creativos con las mujeres, como podemos comprobar en varias de sus charlas. Por eso le contaba todo sobre sus amigos de la Generación del 27 pero nunca quiso que Concha participase. Nunca se los presentó”.
“Su relación terminó cuando Buñuel se fue a París y la familia de Concha no le dejó ir con él -continúa la autora-. Entonces ella llamó a la Residencia de Estudiantes un día, con la buena suerte de que la cogió el teléfono Federico García Lorca, que era el mayor defensor de la incorporación de las mujeres a los espacios culturales. En las memorias de varias de las Sinsombrero Lorca aparece como un apoyo fundamental para ellas”.
“Y fue gracias a Lorca como descubrió a ese grupo de intelectuales, pero también la poesía -añade-.
"Quería ser piloto de avión"
Tras eso, Concha también decidió abandonar las restricciones de la casa familiar y recorrer el mundo. “Ese es otro de los motivos por los que conectó con ella -afirma Clara-. Desde muy pequeña miraba los mapas y tenía mucha curiosidad por descubrir el mundo. Hay una anécdota que me gusta mucho y es que de pequeños les preguntaron a ella y a sus hermanos qué querían ser de mayores. Ellos no contestaron, pero ella dijo que piloto de avión o capitán de barco”.
“Uno de sus libros más conocidos y de los que a mí más me llegan es el de 'Canciones de mar y tierra', que escribió durante sus viajes a Londres, Buenos Aires… donde creo que ella experimentó esa libertad. Todavía hoy en día se hace raro ver a una mujer viajando sola, así que imagínate en esa época. Pero para ella, esa libertad era su gasolina creativa”.

El mundo de la edición y la poesía
Concha se casó con el poeta y editor español Manuel Altolaguirre, junto al que editó muchas de las obras fundamentales de la Generación del 27. “Tras vivir un tiempo en Buenos Aires -nos comenta Clara-, Concha regresó a España coincidiendo con la República y, por mediación de Lorca, conoció a Manuel, de que se enamoró. Aunque lo que a mí me interesa más en el cómic es ese mundo de la edición”.
“Se compraron una imprenta manual y la instalaron en la habitación de un hotel sin decirles nada. Eso me parece precioso, que gente creativa como ellos también apoyarán a la cultura. De allí salió 'El rayo que no cesa', de Miguel Hernández, también publicaron a Rosa Chacel…”
“Además -continúa-, como artista me gusta mucho explorar técnicas y me encantan el grabado y la estampación. No podía dedicar mucho a esos procesos, pero si hay una escena en el cómic en la que cuento como usaban esa imprenta.
Dibujando la poesía de Concha
Hablando de eso, Clara de Frutos también “deja caer” algunos versos de Concha en las viñetas de este cómic: “Cuando hablamos de mujeres artistas a veces nos centramos demasiado en sus vidas y nos olvidamos de su obra. Por eso he querido dar espacio a su poesía. Y juntar la vida y la poesía de Concha me permite entender mejor la conexión entre lo que vivió y lo que escribió”.
“No quedarme con un poema o una imagen aislada, sino entender su contexto y lo que estaba pasando detrás de la creación de cada obra -añade la dibujante-. Por eso incluyo varios poemas que conectan directamente con momentos vitales suyos. Y también de alguna otra poeta”.
“Si os fijáis, esos versos los he escrito a mano, directamente sobre las viñetas, a diferencia del resto del cómic, que está rotulado digitalmente -nos explica-. También es una forma de homenajear a esas pintoras de la época, como Maruja Mallo. Porque, aunque la protagonista es Concha, dedico algunas páginas a otras artistas. Por ejemplo, hay una escena en la que van a una verbena que, poco a poco, va transformándose en uno de los cuadros de Maruja. Y es que Maruja pintaba las verbenas a las que iba con sus amigas. También lo hago con los cuadros de Ángeles Santos, que tenía una depresión bastante fuerte en esos momentos. Y reflejo esa depresión gráficamente.

"Este cómic tenía que hacerlo a mano"
En cuanto a por qué ha usado lápices y acuarelas para este cómic, Clara de Frutos nos comenta: “Es mi técnica favorita. Me gusta mucho probar otras, como el grabado o el guache, pero siempre vuelvo. La técnica digital la uso para trabajos de encargo y animación, pero estas cosas más personales disfruto más haciéndolas a mano, aunque sea un proceso mucho más largo y costoso”.
“En cuanto al color -añade la artista-, cada escena tiene un tono particular. A veces uso una gama muy cálida de acuarelas para dar una pátina de nostalgia a una escena concreta.
Las Sinsombrero también sufrieron las consecuencias de la Guerra Civil
No solo los poetas de la Generación del 27 murieron en la Guerra Civil o sufrieron el exilio. También las Sinsombrero. “En el cómic me centro en lo anterior a la guerra -nos explica Clara-, pero es cierto que ellas también se tuvieron que exiliar, como Concha. Otras como Albertina, resistieron hasta el final. Y la escritora María Teresa León tuvo un papel fundamental en la salvación de los cuadros del Museo del Prado. Sin olvidar que escribió mucho teatro social durante la guerra”.
“Las guerras -añade-, suelen estar muy masculinizadas, se habla de ella desde las perspectivas de los soldados, pero las mujeres, los niños, los civiles, también las sufrimos. No hablo mucho de eso en el cómic, pero me gusta recordar a toda esa gente, que, en medio de una guerra, también defendió el arte y la cultura”.
“También hablo de la gente que huyó y de la que se quedó, como la escritora Carmen Conde. Ella conoció a una mujer y ambas perdieron a sus maridos durante la guerra. Acabaron siendo pareja, pero tuvieron que vivir siempre en las sombras. Ella acabó siendo la primera mujer que entró en la Real Academia de la lengua. Hay muchas historias en una guerra, aunque casi siempre nos fijemos en la parte más militar”.
El legado de Concha Méndez
En cuanto a lo que Clara de Frutos ha aprendido de Concha Méndez: “Me quedo con sus ganas de comerse el mundo, de afrontar con valentía todos los problemas. Vivió muchos episodios muy duros, dramáticos y tristes, pero ella recuerda su vida de manera feliz. Hay un momento en sus memorias en que le dice a su nieta que se hizo antimonárquica porque “el rey era muy feo”.