En España, la historieta ha sido tradicionalmente conocida como tebeo. El término "cómic", aunque más reciente, ha ganado terreno, pero muchos aficionados defienden la riqueza histórica y cultural que encierra la palabra "tebeo". Ambos términos, tebeo y cómic, representan facetas de un mismo medio de expresión, el Noveno Arte.
Los orígenes de la historieta en España se remontan a épocas muy antiguas, con debates sobre cuál fue el primer cómic autóctono. Algunas fuentes citan las Cantigas de Santa María, creadas entre 1260 y 1270, como uno de los primeros antecedentes. Más tarde, en el siglo XVIII, surgieron las aleluyas (o auca en catalán), composiciones impresas con viñetas y rimas.
La Guerra Civil Española y la posterior dictadura franquista impusieron una estricta censura que afectó profundamente la producción cultural. A pesar de ello, las décadas de 1940 y 1950 son consideradas la "edad de oro" del cómic español, un período de gran creatividad y popularidad.

La transición a la democracia trajo consigo una apertura cultural que se reflejó en la historieta. Revistas como El Víbora, Totem y Cairo promovieron un cómic más experimental y dirigido a un público adulto. Sin embargo, la década de 1990 estuvo marcada por una crisis en la industria, con el cierre de muchas revistas y la desaparición de editoriales emblemáticas como Bruguera.
En el siglo XXI, el cómic español ha experimentado una renovación, con la aparición de nuevos autores y la consolidación de la novela gráfica. Iniciativas como el Premio Nacional del Cómic, creado en 2007, han contribuido a la valoración de este medio.
Desde la aparición del primer tebeo, Dominguín, en 1915, Barcelona se consolidó como el principal centro de producción. En los años 30, el medio se popularizó masivamente, con TBO alcanzando tiradas de 220.000 ejemplares en 1935. Durante los años sesenta, las publicaciones de Bruguera, como DDT, DinDan, Pulgarcito, Mortadelo y TBO, llenaban los estancos y eran una fuente de entretenimiento para niños y jóvenes.
Los primeros tebeos de principios del siglo XX, al igual que los periódicos infantiles del siglo XIX, difundían una ideología burguesa y tenían una intención moralizante, dirigidos inicialmente a las clases altas. Durante los primeros años del franquismo, la censura condicionaba la publicación de nuevos tebeos, clasificándolos a menudo como publicaciones unitarias, lo que dificultaba su periodicidad.

La historieta española ha contado con el reconocimiento de premios y distinciones, como las medallas de oro al Mérito de las Bellas Artes otorgadas a Francisco Ibáñez y Purita Campos. Incluso se han erigido estatuas en honor a personajes icónicos como El Capitán Trueno.
En 2002 se creó la Asociación de Autores de Cómic de España para proteger los derechos de los creadores. Actualmente, los festivales de cómic proliferan por todo el país, con eventos como el Salón Internacional del Cómic de Granada, las Jornadas Internacionales del Cómic Villa de Avilés y Expocómic.
La historieta española ha tenido una notable presencia en diversos medios de comunicación, especialmente en la radio en las décadas de 1970 y 1980. Además, ha dado lugar a adaptaciones animadas y series de imagen real, con éxitos como Historias de la puta mili y Makinavaja.
La Revista TBO: Un Hito en la Historia del Tebeo
En 2017 se cumplieron cien años de la aparición de TBO, la revista que dio nombre a todas las publicaciones de historietas en España. Su longevidad, publicada desde 1917 hasta 1998 (con algunas interrupciones), la convierte en un reflejo de la sociedad española y su evolución a lo largo del siglo XX.

El libro "100 años de TBO. La revista que dio nombre a los tebeos" de Antoni Guiral, y la exposición "Humor Blanco de TBO" en el Salón del Cómic de Barcelona, celebraron este centenario. TBO no solo popularizó el término "tebeo", sino que también incidió profundamente en la historia de la cultura popular española.
Frases como "Esto parece un invento del TBO" o "Está más visto que el TBO" se han incorporado al acervo popular, evidenciando la influencia de la revista. Personajes como La familia Ulises ofrecieron un retrato sociológico de la clase media española, mostrando su evolución a través de la adquisición de electrodomésticos y comodidades modernas.
TBO se distinguió por su enfoque festivo y lúdico, a diferencia de las publicaciones infantiles puramente educativas de la época. Aportó grandes talentos como Opisso, Benejam, Coll, y series como Los Grandes Inventos del TBO. Autores como Josep María Blanco Ibarz, continuador de La familia Ulises, dejaron una huella imborrable.
El origen del nombre TBO ha generado diversas teorías, pero la más creíble apunta a una revista cómico-lírica de 1909 con el mismo nombre. A pesar de las intervenciones de la censura, que en ocasiones infantilizaron su contenido, TBO mantuvo su relevancia, reflejando la realidad social y los cambios históricos desde su peculiar perspectiva.
La España del tebeo.
La revista enfrentó diversas etapas, incluyendo un período sin numeración debido a las restricciones de la época. Tras diversos intentos de modernización y cambios de propiedad, TBO sigue siendo un referente ineludible en la historia del cómic español.