El Corazón Roto de Kakashi: Una Historia de Traición y Dolor

Las peleas entre la pareja siguieron por varios días. Si bien no hubo golpes, ni ningún intento de agresión física otra vez, las ofensas verbales de parte de Iruka no cesaban. Kakashi discutía y le gritaba también, pero sin llegar a ofender al moreno, que bien merecido lo tenía.

La frustración y la rabia por parte del albino llegó a su punto límite. Cegado por todo ese sentimiento negativo, el pelos de plata se desquitaría con el pobre castaño, de una manera muy sucia y vil. Kakashi volvió a citar a Tenzô en el mismo hotel donde se habían visto las últimas veces.

El albino se mostraba ansioso, y un poco de nervios también le acompañaban; pero aun así, estaba determinado a llevar a cabo su plan. Dio un respingo al oír tocar la puerta, miró su reloj, sin duda, debía ser Tenzô. El joven era puntual, de modo que no había dudas. Respiró profundo y se tomó unos segundos para recomponerse y mostrar una actitud tranquila que estaba lejos de sentir.

Abrió la puerta y lo primero que vio fueron esos ojitos brillantes con esa dulce mirada que a Tenzô le era imposible ocultar cada vez que miraba a Kakashi. Ver a Tenzô, era como ver a un cachorrito cuando ve a su amo, quien lo ha maltratado y él tan solo olvida y vuelve a mover su colita en señal de amor.

-Hola. -Adelante. Llegas puntual, como siempre. -Sí, en realidad, llegue hace rato, pero esperé a que marcara la hora. -¿Por qué tanta prisa en llegar? -Eh, bueno... me alegré cuando me dijeron que te había pedido. Pensé que ya no volverías a buscarme -se le escapó una risita nerviosa-. Aparte, quería decirte que me siento mal por lo que pasó la... -Olvídalo, no fue tu culpa. -Si lo fue. Si no me hubiese acercado a ti, no habría pasado nada. Me siento mal por causarte problemas con tu pareja. -Ya te dije que no es tu culpa. Ahora, ¿qué te parece si hacemos algo rico en la cama?

Kakashi se acercó a Tenzô y depositó un corto beso en los labios del castaño. Un hermoso rubor se formó de inmediato en las mejillas de Tenzô. Aquel beso fue suficiente para acrecentar el deseo que el joven tenía por estar con el albino. Hizo de lo de siempre, y Kakashi le esperó sentado al borde la cama.

En pocos minutos, el castaño se acercaba a él con el cabello húmedo y oliendo a hierba fresca. A Kakashi le gustaba ese aroma y al verlo aproximar, se puso de pie y lo acercó a él cuando Tenzô se detuvo. Aspiró su olor y esta vez sí le dio un beso apasionado. A estas alturas, Tenzô había echado a un lado sus reglas, solo con Kakashi, claro está. Para ser justos, ya no le negaría nada al albino.

Pareja besándose apasionadamente

Los besos se fueron tornando más calientes y ya era hora de echar a andar el plan. Kakashi fue desvistiendo a Tenzô con tanta delicadeza como si fuera una hermosa virgen. Solo cubierto por su ropa interior, el joven no quiso ser el único casi desnudo en la habitación. Para equilibrar la balanza, soltó el botón de la camisa de Kakashi, pero el albino se lo impidió diciéndole que aún no.

Ante la duda que creció en Tenzô otra vez, el hombre retomó su ataque pasional contra los labios y el cuerpo caliente del castaño, quien estaba completamente entregado a Kakashi y se olvidó que debía hacer su trabajo como antes; en vez de eso, disfrutaba el momento que estaba viviendo y dejó al hombre blanco llevar el dominio.

Ahora, el albino dejó de besarlo, y lo que vio fue unos ojos, que a pesar de estar entrecerrados, mostraban que estaban totalmente perdidos en amor. Ni siquiera la dulce mirada fue capaz de disuadir al pelos de plata a dar marcha atrás. Le habló al oído:

-Voy a compensarte por todo el tiempo que no nos vimos. Quiero que hagamos algo diferente esta vez. -El corazón de Tenzô se aceleró y mostró una hermosa sonrisa. Antes que pudiera decir algo, envolvió sus labios con un beso tan apasionado que arrancó un gemido sonoro y el susurro sensual del nombre del albino, haciendo estremecer al pelos de plata por primera vez. No le fue nada difícil a Kakashi embrujar a Tenzô. Lo tenía dominado a su antojo. Lo que no esperaba era la reacción suya al oír pronunciar su nombre con tanta pasión por el chico castaño.

Dejó los labios de Tenzô para decir:

-Voy a vendar tus ojos.

Tenzô se puso un poco nervioso, Kakashi lo advirtió y le dijo: -Confía en mi -y lo besó de nuevo para tranquilizarlo. El castaño seguía nervioso, pero asintió. Kakashi vendó los ojos del joven y siguió con la rutina de besos. De una manera rápida, ató las manos del chico.

-¡Por favor, no quiero estar atado! ¡Eso no! -Pidió, casi en una súplica. -¿Te niegas a complacerme? -Susurró al oído del temeroso chico. -No, pero esto no es necesario. Haré lo que quieras; no tengo límites para ti. Pero, por favor, desátame, por favor. -Repitió, ya empezando a sospechar que algo se traía Kakashi entre manos.

Para no arruinar el plan, el albino se permitió algunas libertades, como acariciarlo y besar su cuerpo respetando de no acercarse demasiado a su miembro, el cual ya estaba respondiendo a todo el roce de las manos y los besos que estaba recibiendo. Con cuidado lo fue acostando para colocarse encima de él. Cuando logró que el castaño se relajara de nuevo, se levantó.

Tenzô oyó el teclear de un móvil y volvió a sentir miedo, entonces preguntó:

-¿Eso que suena, es tu teléfono? -Sí, pido un servicio.

Tenzô pasó su lengua por sus labios dando a mostrar la ansiedad que sentía. Oyó la voz del albino pedir un servicio para la habitación. Después de colgar, se volvió hacia el chico. Aquel cuerpo que Kakashi nunca se tomó la molestia de ver, ahora le mostraba un sensual lunar que tenía Tenzô en el lado derecho, un poco más abajo del ombligo. El pelos de plata se inclinó y besó con una leve succión aquel lunar, provocando gemidos de placer en Tenzô. Fue empujando poco a poco hasta que el castaño quedó boca abajo recibiendo más y más caricias y besos en todo su cuerpo.

Mapa de Konoha con hoteles marcados

En pocos minutos tocaron la puerta. Kakashi se levantó y cubrió el cuerpo del joven con una sábana. Kakashi hablaba con alguien, pero Tenzô no podía oír lo que decían. Se hizo silencio a excepción de unos pasos que se aproximaban, luego se detuvieron y una puerta se cerró.

-Llegó lo que pedí para ti. Espero que te guste. Pero tienes que esperar un poco más, deberá estar listo para ti en pocos minutos. -¿Qué es? Quiero verlo. -Espera, no estés tan ansioso. Kakashi quitó la sábana y volvió a posicionarse sobre Tenzô dándole otra ración de besos y caricias mientras pasaban los minutos. También quiso dejar un recuerdo doloroso sobre la piel del castaño, succionando y luego mordiendo algo fuerte su glúteo izquierdo, provocando un grito moderado por parte de Tenzô. -Lo siento, no me pude resistir -dijo susurrándole al oído, para luego levantarse y dar una palmada en su bien formado trasero.

Tenzô se quejó un poco, pero guardó silencio. Un sonido casi imperceptible, pero que el castaño estaba seguro de haber oído, captó su atención. -¿Qué fue eso? Parece el sonido de una puerta. -Debe ser en la habitación de al lado. -¿Podrías desatarme? No... me siento cómodo. Por favor. -Espera -ahora oyó ropa caer al piso, que se suponía era Kakashi desnudándose-. Bien, voy a desatar tus manos, pero voy a poner una mordaza en tu boca. Si te comportas mal, te ataré de nuevo. -¡¿Una mordaza?! ¡No! ¡No seré tan ruidoso! ¡Lo prometo! -Tranquilo, mi gatito. Es parte de la diversión. Te va a gustar. -¡En serio, no lo hagas. Es... una tortura para mi! Es suficiente con tener los ojos vendados. ¡Por favor! -Confía en mi. Será algo que no olvidarás.

La voz sensual de Kakashi era como un calmante de efecto inmediato para Tenzô. No apagó sus nervios, pero tampoco protestó y dejó a Kakashi actuar, a pesar de que seguía percibiendo algo extraño en el ambiente.

Sintió como era desatado. Unas manos quitaron la única prenda que vestía y levantaron sus caderas. Tenzô entendió e hizo el resto, manteniendo las caderas firmes esperando la penetración.

La fuerte embestida derribó al castaño sobre la cama, sus dos manos fueron sostenidas con fuerza siendo penetrado completamente. Tenzô no pudo dar rienda suelta a un grito que quiso escapar y que se transformó en un fuerte quejido. Su interior ardía y latía por la brutalidad ejercida. Instintivamente se sacudió, pero no pudo liberarse.

-Shhh, shhh, shhh -fue lo que oyó Tenzô. El sonido cerca de su oído hizo que el castaño se fuese tranquilizando y empezó a relajarse un poco. Cuando volvió a estar quieto, Kakashi habló otra vez.

-Bien, llegó el momento de la sorpresa. Voy a quitarte la venda, pero debes mantener los ojos cerrados hasta que yo te indique. Tenzô accedió y al instante sintió como las manos que lo sostenían lo soltaron mientras la venda era retirada de sus ojos. De manera inmediata fue asido de nuevo, pero ahora el agarre en sus manos se intensificó.

-Puedes abrirlos -le dijo el albino cerca del oído.

Tenzô no podía creer lo que vio al abrir los ojos. Era el mismo Kakashi que estaba frente a él, con una sonrisa infame. Entonces, ¿si Kakashi estaba frente a él, quién era el que estaba sobre él?

El castaño quedó inmóvil, aún no procesaba lo que estaba pasando. Kakashi lo tomó del cabello con fuerza cuando Tenzô giró su cabeza intentando ver quien era el otro hombre.

-Espero que te guste la sorpresa. Y si no, lo siento por ti, pero es tu trabajo complacer a un cliente. Después de todo, para esto es para lo único que sirves. Te lo recuerdo, porque parece que lo olvidaste. -Soltó el cabello del chico para dirigirse al otro sujeto que no era otro que Ebisu-. Es todo tuyo. -Gracias -fue todo lo que dijo, mientras aprisionaba más a Tenzô, quien luchaba para soltarse. -¡No olvides que estas cumpliendo la fantasía sexual del gatito. Si es necesario, átalo de nuevo -dijo el albino, abandonando la escena y cerrando la puerta tras de sí. -Así que te gusta rudo, ¿eh? Eso no es problema para mí. Bien, gatito. Ahora, maúlla para mí. ¡Ah!, lo siento, me olvidaba que estas amordazado.

Tenzô quedó tan pasmado que ya no luchó más para soltarse. Dejó a Ebisu hacer lo que le viniera en gana. Solo quería que terminara pronto. Después de todo, ya estaba siendo abusado y no podía cambiar eso.

Los golpes bajos de la infidelidad - Walter Riso

-¡Ahhhh! ¡Deseaba tenerte! Aunque me hubiese gustado que fuese de otro modo, menos violento tal vez, pero así te gusta. Yo también lo disfruté -susurró Ebisu en el oído de Tenzô.

Apenas Ebisu salió de dentro de Tenzô, le retiró las sogas que decidió colocarle, aun cuando el joven no intentó liberarse. El castaño se quitó la mordaza, tomó su ropa y se vistió lo más rápido que pudo. Se marchó sin arreglarse, apenas abotonó su camisa y pantalón. Ni siquiera pasó las manos por su despeinado cabello. Pudo haber golpeado a Ebisu, quien se encontraba a la expectativa y a poca distancia del chico, pero eso no pasó por la mente desequilibrada de Tenzô. Estaba atónito por lo que había vivido y solo quería salir de allí. Su moral estaba en el piso y su corazón, roto.

Ilustración de un corazón roto

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