La figura de Manuel Godoy, conocido popularmente como "El Favorito" o "El Valido", es inseparable de la del rey Carlos IV y del convulso final del siglo XVIII y principios del XIX en España. Su meteórico ascenso, desde guardia de corps a hombre de confianza de los monarcas, marcó profundamente el reinado de Carlos IV y el destino de la monarquía española.
Manuel Godoy y Álvarez de Faria Ríos nació en Badajoz el 12 de mayo de 1767, hijo de José Godoy y Sánchez de los Ríos, perteneciente a la nobleza de provincias. Tras recibir una esmerada educación, ingresó a los diecisiete años en la Real Compañía de Guardias de Corps, donde ya se encontraba su hermano mayor. Su carrera dio un giro decisivo tras un incidente fortuito en 1788: una caída de caballo le puso en contacto con los entonces príncipes de Asturias, el futuro Carlos IV y María Luisa de Parma.
El ascenso de Godoy fue extraordinariamente rápido, especialmente tras la ascensión al trono de Carlos IV el 14 de diciembre de 1788. En tan solo unos meses, pasó de cadete a gentilhombre de cámara, acumulando títulos nobiliarios y militares, incluyendo el de caballero de Santiago y la Gran Cruz de Carlos III. Este fulgurante ascenso, que le permitió acumular un considerable patrimonio inmobiliario en lugares como El Escorial y Aranjuez, generó numerosas murmuraciones y suspicacias en la corte y en la opinión pública, que a menudo atribuían su éxito a favores reales, incluyendo una supuesta relación con la reina María Luisa de Parma.
Carlos Seco Serrano, en su análisis de la figura de Godoy, señala que, si bien la posibilidad de una relación amorosa con la reina no puede descartarse por completo, la historiografía moderna tiende a darle una importancia secundaria. En cambio, se subraya cómo la Revolución Francesa y sus repercusiones en la Península Ibérica jugaron un papel crucial en la ascensión de Godoy. Ante la inestabilidad internacional y la necesidad de un liderazgo firme, Carlos IV depositó su confianza en Godoy, un hombre libre de las influencias de los antiguos ministros y que parecía capaz de ejecutar la política deseada por el rey.
Durante su gestión como Secretario de Estado, Godoy se enfrentó a un panorama político y militar sumamente complejo. En 1793, ante la ejecución de Luis XVI, primo de Carlos IV, España se sumó a la coalición absolutista contra la Francia revolucionaria. Tras los éxitos iniciales de la Guerra de la Convención, la guerra se tornó desfavorable, obligando a Godoy a negociar la Paz de Basilea en 1795, por la cual España recuperó las plazas ocupadas por Francia. Este logro le valió el título de "Príncipe de la Paz".

Posteriormente, la política exterior española viró hacia la alianza con Francia, firmándose el Tratado de San Ildefonso en 1796. Esta alianza, motivada por el temor a la creciente hegemonía británica y la necesidad de proteger los territorios hispanos de ultramar, supuso un permanente enfrentamiento con Gran Bretaña, que culminó con la desastrosa derrota de la flota franco-española en la batalla de Trafalgar en 1805.
Godoy también se casó con María Teresa de Borbón, condesa de Chinchón, prima del monarca, emparentando así con la familia real. Sin embargo, este matrimonio de conveniencia no impidió que mantuviera una estrecha relación con su amante oficial, Josefa Tudó, con la que más tarde conviviría.
En 1801, Godoy, nombrado Generalísimo, declaró la guerra a Portugal en la conocida como Guerra de las Naranjas, un conflicto breve y decisivo que buscaba aislar a Gran Bretaña. España conquistó varias plazas portuguesas, pero la Paz de Badajoz devolvió la mayoría de los territorios ocupados, a excepción de Olivenza.

A pesar de los altibajos en su carrera y de verse obligado a abandonar temporalmente la Secretaría de Estado en 1798, Godoy mantuvo siempre la confianza de Carlos IV. Regresó al poder y, bajo la creciente influencia de Napoleón Bonaparte, firmó en 1807 el Tratado de Fontainebleau. Este tratado permitía el paso de tropas francesas por territorio español para la conquista de Portugal, pero la presencia de soldados franceses en España fue vista con recelo y contribuyó a la creciente tensión interna.
La política de Godoy también incluyó reformas significativas: suprimió censuras, permitió la entrada de libros enciclopedistas, puso trabas a la Inquisición y autorizó el regreso de los judíos a España. Impulsó la creación del Real Colegio de Medicina, el Cuerpo de Ingenieros y Cosmógrafos, y escuelas de Veterinaria y Sordomudos, entre otras instituciones.
La situación se precipitó en 1808. Ante la inminente invasión francesa, Godoy recomendó a los reyes la huida a América. Sin embargo, el príncipe Fernando y sus partidarios instigaron al pueblo contra Godoy, culminando en el Motín de Aranjuez la noche del 17 de marzo de 1808. Ante la revuelta popular, Carlos IV se vio obligado a abdicar en favor de su hijo Fernando VII.

Poco después, en las Abdicaciones de Bayona, Napoleón forzó a Carlos IV y a Fernando VII a renunciar al trono español en favor de su hermano, José I Bonaparte. Godoy, junto con Carlos IV y María Luisa, inició un largo exilio en tierras italianas. A pesar de que dos decretos de Isabel II en 1844 y 1847 devolvieron teóricamente a Godoy sus bienes, su vida transcurrió marcada por la pérdida de poder y riqueza. Falleció en París el 4 de octubre de 1851.
La figura de Godoy, aunque controvertida, es fundamental para comprender la profunda crisis que atravesó la monarquía española a finales del siglo XVIII y principios del XIX, una crisis marcada por las convulsiones de la Revolución Francesa, las ambiciones napoleónicas y las intrigas palaciegas que desembocarían en la Guerra de la Independencia.
Breve resumen del Reinado de CARLOS IV.
La relación entre Carlos IV y Godoy, marcada por la confianza real y el ascenso meteórico del valido, se convirtió en un símbolo de la debilidad de la monarquía borbónica ante los desafíos de su tiempo, allanando el camino para la invasión napoleónica y la posterior lucha por la independencia de España.