La lejía es, sin duda, uno de los productos más recurrentes y presentes en los hogares españoles en lo que a limpieza nos referimos. Su efectividad frente a gérmenes, bacterias y manchas resistentes la ha convertido en una aliada imprescindible en tareas de limpieza profunda. La lejía es un producto de uso habitual y extendido por muchos países para limpiar y desinfectar los hogares. De hecho, en la actualidad, los dentistas siguen usando la llamada solución de Dakin como antiséptico. La lejía es el desinfectante más usado en el mundo. Imaginar hoy un mundo sin lejía resulta inconcebible, y un retroceso ante el avance de las enfermedades y contagios. En España, la lejía Conejo empezó a comercializarse en 1889 en el norte, extendiéndose en menos de una década a toda la península. No debe confundirse con el elemento químico Cloro, expresado con el símbolo Cl. Ni tampoco con la sustancia desinfectante comúnmente conocida con el mismo nombre; cloro.
Historia y Evolución de la Lejía
Poca gente situaría la lejía entre los inventos que más vidas han salvado en los últimos dos siglos. Hoy es más conocida gracias a su efecto blanqueante en la ropa o a su eficacia en la limpieza del hogar, pero no siempre ha sido así. Se atribuye su alumbramiento al químico francés Claude Louis Bertholet, quien con el tiempo seguiría a Napoleón en sus campañas como parte de su equipo. Inspirado por un elemento nuevo, el cloro, el científico condujo una serie de experimentos basándose en la hipótesis de que esta sustancia podría tener el mismo efecto blanqueante que el oxígeno del aire. Fue en 1785, en el barrio parisino de Javel, cuando Bertholet desarrolló su primera solución acuosa a base de cloro con “un extraordinario poder blanqueante”. Lo bautizó como agua de Javel. Pocos años después, en 1792, el conde de Artois puso en marcha la primera fábrica de lejía de las que se tiene constancia. Bertholet elaboró para ellos la lejía de hipoclorito potásico, la antecesora de la que conocemos hoy. En 1820, el farmacéutico francés Labarraque cambió el potasio por el sodio, dando con su forma definitiva. Hoy en día se sigue usando la misma fórmula.
La lejía siguió siendo una disolución muy popular en la industria textil hasta que Louis Pasteur descubrió a finales del siglo XIX que las infecciones y la transmisión de enfermedades se deben a la existencia de microorganismos con capacidad de propagarse entre las personas. Es entonces cuando una de las propiedades de la lejía que más desapercibida había pasado, su alto poder desinfectante, entra en escena. La lejía pasó a ser fundamental. Era un antiséptico potente, barato y seguro para la erradicación de gérmenes transmisores de enfermedades. Uno de sus primeros usos masivos data de 1897, cuando se utilizó para desinfectar el agua en Kent, Reino Unido, y combatir así una epidemia de tifus. La cloración del agua sigue estando hoy presente en el 98% de los recursos hídricos de Europa. Poco después, en 1900, el químico británico Henry Drysdale Dakin desarrolló la llamada solución Dakin: una disolución diluida de hipoclorito de sodio (lejía) utilizada para la desinfección de heridas. Se empleó masivamente durante la Primera Guerra Mundial como antiséptico en los hospitales de campaña y hoy sigue siendo utilizada por los dentistas.
A partir del siglo XX, el empleo de la lejía se extendió por toda Europa. Cuesta encontrar algún hogar, hospital, restaurante, piscina o planta potabilizadora, entre otros, que no recurra a este producto a menudo o incluso a diario. Además de las propiedades ya mencionadas, con el tiempo se descubrió también que la lejía ayuda a reducir algunos alérgenos, como el polen y los ácaros, responsables de las alergias más comunes. Y que eliminan bacterias como la legionela y la salmonela.
Las primeras botellas de lejía llegaron a España en 1889. El empresario catalán Salvador Casamitjana decidió comercializar el producto bajo el nombre de Conejo-Estrella, que acabaría perdiendo la segunda parte de su apelativo. Empezó en el barcelonés barrio de Sants, pero la extraordinaria acogida del producto, muy valorado tanto por su poder blanqueante como por su poder de desinfección, exigió buscar unas instalaciones mayores, esta vez en Montgat. En un primer momento se vendía a granel y era distribuida por pequeñas marcas de ámbito local por todo el país, transportado en carro. En 1910 Casamitjana Mensa -así se llamaba la empresa fundada por Salvador Casamitjana- abre una sucursal en Zaragoza, la primera fuera de Cataluña. Durante la siguiente década le seguirían Bilbao y Gijón. La compañía siguió creciendo e incorporando marcas. En 1972 nació Neutrex, la primera lejía blanca especial para ropa: contenía fibroprotectores que evitaban que los tejidos amarilleasen. Unos años antes, en 1978, habían aparecido los primeros anuncios televisivos de lejía, protagonizados por un comerciante profesional que conocía y valoraba los productos que vendía. En 1984 se lanza Estrella, la primera lejía limpiadora que incorpora detergente, tras observar que los consumidores le echaban un chorrito de lejía a su detergente habitual para fregar los suelos. En los años noventa llegarían las primeras lejías perfumadas. Pequeñas variaciones sobre una fórmula inalterada más de dos siglos después.

¿Qué es la Lejía y Cómo Funciona?
La lejía, también conocida como lavandina, es el nombre dado a diferentes sustancias que, en disolución acuosa, son un fuerte oxidante y que suelen utilizarse como desinfectante (eficaz contra hongos y bacterias), como decolorantes y en general como solventes de materias orgánicas. El elemento cloro es la base de los blanqueadores más utilizados, por ejemplo, la solución de hipoclorito de sodio, que en disolución acuosa solo es estable en pH básico. La lejía se obtiene industrialmente a partir de sal común (cloruro de sodio) por un proceso conocido como electrólisis. Se trata de hacer circular corriente eléctrica a través de una disolución de sal, como la que utilizamos en las ensaladas, para que al final del proceso se origine un nuevo compuesto químico (hipoclorito de sodio). La lejía puede describirse, pues, como una forma activada de la sal común. Tras su uso, la lejía se convierte de nuevo en sal, y la que llega al sistema de alcantarillado tiene una vida media de un minuto. Así se cierra un ciclo de vida en el cual esta sustancia ha actuado como vehículo para transformar la energía eléctrica en instrumento para blanquear o desinfectar de forma eficaz. Finalizada su función, el medio ambiente recupera simplemente la sal común de la cual nació la lejía, además de una pequeña cantidad de compuestos organoclorados (denominados AOX). El más abundante de estos compuestos es el cloroformo, también producido por volcanes, plantas y algas. La gran mayoría de los AOX son biodegradables, pero una fracción de ellos son volátiles y pueden pasar a la atmósfera tras el uso de la lejía. En cualquier caso, llegan en cantidades insignificantes a la estratosfera, por lo que no están considerados como gases que contribuyan al calentamiento global.
Los productos de limpieza con lejía emiten compuestos que contienen cloro, como el ácido hipocloroso (HOCl) y el gas de cloro, que pueden acumularse a niveles relativamente altos en ambientes interiores con poca ventilación. Agregaron limoneno, HOCl y Cl 2 al aire en una cámara ambiental y luego midieron los productos de reacción usando espectrometría de masas. En la oscuridad, el limoneno y el HOCl/Cl 2 reaccionaron rápidamente para producir una variedad de compuestos volátiles.

Usos Comunes de la Lejía en el Hogar
La lejía es sinónimo de limpieza y desinfección, ya que es capaz de destruir virus, bacterias y hongos. Puede ser, por tanto, uno de tus principales aliados para mantener tu casa impoluta, ya que es ideal para limpiar la lavadora, desinfectar la nevera, blanquear el inodoro, eliminar el moho y acabar con los malos olores. Limpieza y desinfección de superficies. Estrella 2en1 con lejía y detergente y Lejía Conejo pueden utilizarse como limpiadores generales del hogar para una correcta desinfección, ya que son capaces de destruir virus (como los responsables del resfriado común), bacterias (como la salmonela) y hongos. Estrella o Conejo pueden usarse en uso directo o diluirse con agua, siguiendo las instrucciones de dosificación indicadas al final de este artículo. Eliminar malos olores. Blanquear la ropa y quitar manchas. La lejía es un excelente blanqueador y quitamanchas siempre que la prenda lo permita. Desinfectar la nevera. El frigorífico puede acumular un gran número de gérmenes. Limpiar la lavadora. La lejía también es útil para lavar la lavadora. Pon agua caliente y lejía y deja que haga su ciclo normal de lavado. Lavar la lechuga con lejía. Disuelve 2 ml. (1 cucharadita de café) de Lejía Conejo (azul) en un litro de agua y estarás no sólo lavando sino también desinfectando ésta y cualquier otra verdura -también las frutas-.
La lejía es adecuada para desinfectar superficies inertes. No se recomienda aplicarla en las manos, el cuerpo o los animales. Su efectividad como agente potabilizador de agua ha hecho que el uso de la lejía esté incluido en el Real Decreto 3360/1983, de Reglamentación Técnico-Sanitaria. La Organización Mundial de la Salud, por su parte, la aconseja como método eficaz para la desinfección de agua bebida en zonas del Tercer Mundo sin acceso a agua potable.
Desinfección eficaz: Guía completa para usar lejía correctamente
Precauciones y Errores Comunes al Usar Lejía
"La lejía es muy efectiva, sí, pero también muy agresiva y tóxica. Usarla mal es más común de lo que pensamos y puede tener riesgos reales", señala. Su advertencia no es aislada. Un estudio realizado en 2021 por la compañía de electrodomésticos Beko, reveló que la lejía es el producto más utilizado en la limpieza del hogar por un 48% de los encuestados, y que un 40% ha aumentado el uso de productos químicos en las tareas del hogar en los últimos años. Estos son los más importantes:
- No usar guantes: "La lejía puede ser altamente tóxica para la piel", dice Andrea. Manipularla sin protección es una de las prácticas más frecuentes (y menos recomendables). Un descuido con la lejía puede acabar en una quemadura, incluso también puede caer en nuestra ropa y deteriorarla de forma permanente.
- Mezclarla con agua caliente: Un error muy extendido. Aunque parezca lógico pensar que el agua caliente potencia su acción, en realidad la inhabilita y puede generar gases de cloro, también tóxicos. Siempre que vayas a utilizar lejía, dilúyela en agua fría o templada.
- Usarla sin diluir: No siempre es necesario aplicar la lejía directamente. De hecho, suele ser contraproducente. La mayoría de las lejías comerciales ya están pensadas para ser diluidas, y hacerlo mejora su rendimiento y reduce riesgos. Eso sí, la experta no recomienda "siempre leer bien la etiqueta del producto antes de usarlo".
- Mezclarla con amoníaco: un rotundo NO: Este es el error más grave que señala Andrea, y siendo clara, dice que "la combinación de ambos productos libera gases tóxicos".
- Usarla en materiales inapropiados: No todo puede limpiarse con lejía. La experta desaconseja su uso en lana, seda, lino, madera y ciertos metales. En estos materiales, puede causar daños irreversibles. Además, al aplicarla sobre superficies metálicas, por ejemplo, es fundamental aclarar muy bien para evitar la corrosión.
La lejía puede tener efectos negativos en la salud, especialmente si no se utiliza de manera adecuada. La inhalación de sus vapores puede irritar las vías respiratorias y, en contacto con la piel, puede causar irritaciones o reacciones alérgicas. Además, su mezcla con otros productos químicos, como los limpiadores a base de amoníaco, puede liberar gases tóxicos peligrosos.
La lejía puede tener efectos negativos en el medio ambiente si se usa en grandes cantidades o se desecha incorrectamente. Sin embargo, cuando se utiliza y se diluye adecuadamente, su impacto puede ser minimizado. La efectividad de la lejía depende de la concentración correcta. Usar una solución demasiado concentrada no solo es innecesario, sino que también puede ser peligroso. La proporción estándar para la desinfección doméstica es generalmente una parte de lejía por nueve partes de agua (una solución al 10%).

Consideraciones de Salud e Impacto Ambiental
La lejía es un producto de limpieza comúnmente utilizado en hogares e industrias por su efectividad en la desinfección y blanqueamiento. Sin embargo, a lo largo del tiempo, han surgido numerosos mitos sobre su uso y efectos. Si bien es cierto que la lejía puede ser tóxica si se ingiere, inhala o entra en contacto directo con la piel en grandes cantidades, su uso adecuado y diluido la hace segura para la limpieza doméstica. Aunque la lejía es muy efectiva para desinfectar y blanquear, no es adecuada para todas las superficies o tipos de suciedad. Por ejemplo, no se debe usar en superficies metálicas, ya que puede causar corrosión, ni en prendas de ropa delicada, ya que puede dañarlas. La mezcla de lejía con otros productos de limpieza, especialmente aquellos que contienen amoníaco o ácidos, puede producir gases tóxicos que son extremadamente peligrosos para la salud. La lejía sí puede perder efectividad con el tiempo, especialmente si se almacena de manera incorrecta. La exposición al calor, la luz solar y el aire puede descomponer sus componentes activos.
La lejía puede tener efectos negativos en el medio ambiente si se usa en grandes cantidades o se desecha incorrectamente. Sin embargo, cuando se utiliza y se diluye adecuadamente, su impacto puede ser minimizado. La efectividad de la lejía depende de la concentración correcta. Usar una solución demasiado concentrada no solo es innecesario, sino que también puede ser peligroso. La proporción estándar para la desinfección doméstica es generalmente una parte de lejía por nueve partes de agua (una solución al 10%). Aunque la lejía es muy efectiva contra una amplia gama de bacterias y virus, incluyendo el coronavirus, no actúa instantáneamente. La lejía es una herramienta poderosa en la limpieza y desinfección, pero como con cualquier producto químico, es crucial usarla con conocimiento y precaución.
En la actualidad la reglamentación vigente de las lejías de uso doméstico establece que las concentraciones de hipoclorito sódico sean del 3,15 al 6,3% (20 y 60 g Cl activo/L de producto), de modo que no causen reacciones cáusticas. Existe información limitada de las tendencias estadísticas sobre el envenenamiento mundial por hipoclorito de sodio. El mecanismo general de los oxidantes es su capacidad para introducir átomos de oxígeno, sulfuro o halógeno. Al ser un álcalis, cuanto más básica sea, mayor será la importancia de las lesiones que produzca en el organismo, como por ejemplo necrosis por licuefacción (el tejido se convierte en una masa líquida viscosa), saponificación de grasas o desnaturalización de proteínas. Los daños que se producen en el organismo pueden ser variables en función de la vía y tiempo de exposición (ingestión, por contacto, inhalación), propiedades físicas, y cantidad y concentración de producto que alcanza en el organismo.
Ingestión: las mucosas son las primeras afectadas por la ingestión de lejía y principalmente se verán afectadas las mucosas de la boca, faringe y esófago, y en consecuencia se verá afectado el resto del sistema digestivo. La ingesta de pequeñas cantidades va a producir irritación leve de la faringe y esófago, y rara vez va a causar gastritis (pequeñas cantidades pueden ser neutralizadas por el pH ácido estomacal). Exposición dental: el hipoclorito de sodio es usado por dentistas para limpiar conductos radiculares, y es seguro siempre que el hipoclorito permanezca dentro del conducto. Inhalación: las mucosas más afectadas serán las del sistema respiratorio. Inhalar altas concentraciones (en un espacio reducido sin ventilación) puede provocar disfonía (pérdida del timbre normal de voz por lesión en la laringe), dificultad respiratoria, tos, disnea, traqueobronquitis y edema agudo de pulmón. Exposición cutánea: cuando este tóxico entra en contacto con la piel, puede causar irritación cutánea o hipersensibilidad dérmica. Estas irritaciones pueden apreciarse de manera inmediata o de manera retardada. Exposición ocular: por lo general este tipo de exposición, va a generar lesiones leves. Lo más característico son las lesiones corneales, debido a una alteración superficial de su epitelio que generará molestias que van acompañadas de ardor. Es una recuperación bastante rápida (entre 1 o 2 días). Toxicidad hematológica: el hipoclorito sódico es capaz de descomponerse en agua y en ácido hipocloroso cuando se junta con el plasma. El ácido hipocloroso, induce a la hemólisis, porque modifica las proteínas de la membrana. Estos son algunos detalles que se necesitan para poder realizar un buen diagnóstico, otros pueden ser pistas que ayuden a ello como el olor del cloro tan particular y tan fácil de detectar.
Las intoxicaciones por productos del hogar se producían de manera accidental (70-80% de los casos) en niños menores de 5 años, cursando la mayoría de las veces de forma asintomática y sin requerir intervención terapéutica. En un 10% las intoxicaciones se producían por errores de dosificación, y en un 9,8% se producían de manera voluntaria en niños mayores de 12 años con fines suicidas. Si los daños están en la piel o en los ojos, se lavará la zona afectada con suero fisiológico o agua. Si la intoxicación es producida por cantidades pequeñas, se va a diluir con agua, leche o leche albuminosa. Si, en cambio, la intoxicación es producida por cantidades muy grandes, se debe administrar leche albuminosa (cuyo mecanismo de acción ya se ha explicado en las intoxicaciones de cantidades pequeñas), protección mediante antibióticos, corticoides (aunque este solo debe administrarse si se produce un edema en la faringe o en la glotis). Hay muchas posibilidades de recuperación si se le aplica el tratamiento apropiado y lo más rápido posible. Está totalmente contraindicado en una intoxicación por lejía el carbón activo.

En conclusión, a pesar de que la lejía sigue siendo una herramienta poderosa para la limpieza del hogar, su uso debe estar siempre acompañado de información y precaución.