Ahora más que nunca limpiar y desinfectar es una tarea vital para garantizar nuestra salud, ya que es básico para evitar posibles contagios. La cantidad y variedad de situaciones y retos que se plantean es enorme y muy variopinto. La elección de productos a usar no es una cuestión baladí y, a menudo puede quedar la impresión de inseguridad al seleccionar uno u otro producto de limpieza para un cometido concreto. Es entonces cuando puede surgir la tentación de producir nosotros mismos un producto más eficaz y versátil que los que hay en el mercado. Es, entonces cuando, si no se tiene el nivel adecuado de conocimientos sobre los productos y procesos físico-químicos de limpieza, podemos iniciar una senda aleatoria que puede comportar un riesgo para las personas que puede ser muy alto, y, por ello, es mejor, y se corre menos riesgo, utilizar productos comerciales homologados y con garantía que, intentar innovar con mezclas que pueden ser más o menos afortunadas. Los mentideros están llenos de propuestas más o menos ingeniosas que pueden conllevar un riesgo alto o un gasto superfluo para los que las pongan en práctica. La mezcla de productos químicos (los agentes de limpieza son productos químicos) si no se tiene un conocimiento básico de los procesos químicos y de las características físico-químicas de cada uno de los componentes de la mezcla no se está en condiciones de diseñar correctamente el proceso y por tanto de poder prever y limitar sus riesgos. Como quiera que hay numerosas comunicaciones, en diversos medios y formatos que, a menudo ensalzan la efectividad de algunos productos que se obtienen por mezcla (en general, no suele ser así, suelen tener lugar reacciones químicas de las que no hay control en su progresión ni de las condiciones de las mismas), se hace necesario aportar los conocimientos básicos acerca de esos procesos y de los productos resultantes. Conocimientos que pueden permitir, en cualquier situación conocer los ejemplos de mezclas de productos de limpieza, reacciones químicas que llevan a la obtención de productos químicos que pueden suponer un peligro importante para las personas que los usen si no disponen de los conocimientos adecuados para la obtención, manejo, aplicación y eliminación de residuos o subproductos generados por su utilización. La actitud más sensata a adoptar frente a comunicaciones que hablan de mezclar productos de limpieza, para conseguir un producto que alcanza un rendimiento mucho mayor que los componentes y, es capaz de realizar operaciones en las que sus componentes no llegaban o eran mediocres, es descartarlo y no probar lo que indican. La realidad es que si ambos componentes experimentan una reacción química es muy probable que el producto de esa reacción no sea útil para ninguno de los cometidos que tenían las sustancias de partida. En la inmensa mayoría de los casos, cuando entran en contacto dos sustancias que van a experimentar una reacción química entre ellas, lo que ocurre es que las propiedades de cada una de las sustancias por separado son completamente diferentes a las que presenta el nuevo compuesto formado como consecuencia de la reacción. El número de ejemplos de lo comentado es realmente muy alto dado que en la mayoría de los casos la adición de una o varias sustancias sobre otra, u otras, provoca reacciones químicas que pueden liberar mucha energía y producir quemaduras a las personas que están operando con ellas e, incluso, incendios e intoxicaciones que puede llegar a ser muy graves.
Comprendiendo la Lejía y el Amoniaco por Separado
Para entender mejor los riesgos, es fundamental conocer las propiedades de cada producto individualmente. Realizar prácticas de limpieza perjudiciales como mezclar lejía y amoniaco nos puede llegar a costar la vida y de forma literal.
La Composición y Uso de la Lejía
La lejía es un producto muy utilizado para limpiar y desinfectar los hogares. En especial, se usa mucho para el baño y la cocina. Sin olvidar su gran poder para blanquear la ropa. Todo ello es posible por su composición, ya que se obtiene a partir de un compuesto químico llamado el hipoclorito de sodio. Su formulación se basa en hipoclorito sódico. Es uno de los productos más utilizados, ya que todos conocemos su capacidad desinfectante y bactericida. Además, cuenta con una gran capacidad de oxidación, por lo que su uso es especialmente efectivo en la limpieza de baños y sanitarios. Es muy adecuado para acabar con todo germen, microorganismo o patógenos y, también, es muy eficaz para eliminar el moho. Como producto químico es peligroso para nuestra piel, por ello debemos usarlo con guantes. La lejía, podemos emplearla en la limpieza de la ropa blanca, pues gracias a su alto poder blanqueador actuará de una forma concentrada en la erradicación de la suciedad. Sus moléculas de cloro atacan a los colorantes produciendo un efecto aclarador, aunque debemos controlar la cantidad de lejía empleada, ya que un uso muy concentrado produce un tono amarillento en las prendas. En cuanto al hogar, consigue desinfectarlo de todo tipo de bacterias y gérmenes, sea cual sea la superficie.

El Amoniaco: Un Poderoso Desengrasante
Por otro lado, el amoniaco también es un producto muy utilizado, ya que es un excelente eliminador de grasa. Aunque se suele comercializar diluido en agua, mantiene una gran concentración del mismo. En este caso, hablamos de hidróxido de amonio. La principal ventaja de este producto es su capacidad desengrasante, por lo que se usa con frecuencia para limpiar e higienizar las cocinas. También nos permite conseguir los mejores resultados en cuanto a la limpieza de cristales y espejos o baldosas y azulejos. Como ocurre con la lejía debe diluirse en agua y extremar las precauciones en cuanto a su uso. El principal inconveniente del amoníaco es que desprende vapores tóxicos y un olor muy fuerte que puede irritar nuestras vías respiratorias y los ojos. El amoniaco, por su parte, es altamente eficaz en la erradicación de manchas; de hecho consigue eliminar aquellas que otros productos son incapaces de quitar. Generalmente, suele emplearse como un desengrasante, por lo que resulta idóneo para limpiar azulejos, baldosas, cristales, filtros de campanas extractoras, etc. Gracias al amoniaco también podemos suprimir las huellas de los dedos que suelen quedar sobre los muebles, así como las manchas de sangre, zumo o tejidos.

La Peligrosa Reacción: Mezclar Lejía y Amoniaco
Existen muchas dudas en la actualidad acerca de los métodos correctos de desinfección en los hogares. Y una de las dudas principales es, ¿debemos mezclar lejía y amoniaco? La respuesta es un largo y contundente NO. Aunque ambos productos son ideales para la limpieza, pensar que unirlos puede dar un limpiador aún más potente es un gran error. Estos dos productos químicos juntos crean una reacción química, dando lugar a la cloramina que genera un vapor altamente tóxico. Notaremos irritación en la zona ocular y problemas respiratorios. Cuando limpiamos la casa, queremos que nuestro hogar esté limpio y desinfectado. Quizás en alguna ocasión has pensado en combinar productos, ¡no lo hagas! La mezcla da lugar a una reacción química que genera un gas llamado cloramina (Nh2ci) que es altamente tóxico. Y esto no es todo, dado que si entra en contacto con las mucosas, se descompone para producir ácido clorhídrico el cual es altamente corrosivo y tóxico. En consecuencia: provoca la irritación de las mucosas y quemaduras en la piel.

La lejía (solución acuosa de NaClO) reacciona con el amoniaco (NH3) en disolución acuosa pudiendo producir diferentes cloraminas dependiendo de las relaciones moleculares entre las sustancias que reaccionan. Así, para una relación molar amoníaco/cloro igual o superior a 1 y, el pH es superior a 7 (medida de la acidez del medio; 7 neutro, inferior a 7 ácido, y superior básico), la monocloramina (NH2Cl) es el compuesto que se forma, para una relación de volúmenes VNH3 /VNaClO es mayor de 1/3. La velocidad de reacción viene determinada por la temperatura y el pH del medio. A temperatura ambiente (25ºC) la máxima velocidad de reacción se alcanza a pH =8,3. La reacción que va tener lugar va a producir monocloramina. Como el pH que presenta la solución de hipoclorito y amoniaco es superior a 8,3 se va a producir monocloramina a una velocidad muy alta. La monocloramina (NH2Cl), a 25ºC es un líquido más denso que el agua y soluble en ella, su punto de fusión es - 66oC. A temperaturas superiores a - 40oC es un líquido muy inestable, en disoluciones acuosas concentradas también es inestable. Sin embargo, en disoluciones muy diluidas es bastante estable, de ahí su uso como desinfectante de aguas. La descomposición de la monocloramina en presencia de hipoclorito produce ácido clorhídrico, gas corrosivo y muy tóxico. La OMS fija para la desinfección de aguas una dosis máxima de 3mg/l de cloraminas. Según las normas de la EPA en EE.UU. límite de concentración de cloramina a 4 partes por millón (ppm). A nivel de objetivo de los suministros de agua pública de EE.UU. La velocidad de formación de la monocloramina es muy rápida en muy pocos segundos se alcanza una conversión del 99%. El volumen de gases que se puede producir puede ser importante en relación a las proporciones que puede tolerar el cuerpo humano. Los gases que se desprenden son de alta toxicidad, pueden producir problemas al ser inhalados. Al entrar en contacto con las mucosas se producirá ácido hipocloroso (ClOH), que se descompone el ácido clorhídrico y oxígeno produciendo lesión celular. Así se produce daño pulmonar adicional al iniciarse la cascada de los radicales libres (asfixia, asma, edema pulmonar).
Otras Combinaciones Peligrosas
Es crucial recordar que la mezcla de lejía y amoniaco no es la única combinación peligrosa. Otras mezclas a evitar son:
- Lejía y alcohol: Su mezcla produce cloroformo y ácido clorhídrico, ambos muy tóxicos.
- Cloro y lavavajillas: La mezcla de lejía con limpiacristales, limpiadores WC o lavavajillas produce gas cloro.
Por otro lado, mezclas como vinagre y bicarbonato se neutralizan, perdiendo su eficacia.
¿Qué Hacer en Caso de Exposición?
Si accidentalmente se ha producido una mezcla peligrosa o se ha estado expuesto a vapores tóxicos, es fundamental actuar con rapidez y seguir las indicaciones de los profesionales. Lo mejor que puedes hacer tras la exposición a gases tóxicos es llamar al 112 Emergencias. Ahora bien, si consideras que la situación no ha sido tan terrible, te recomendamos como mínimo llamar al Control de Envenenamientos. Ellos te darán las instrucciones sobre cómo proceder. A grandes rasgos, sería seguir los siguientes consejos:
- Pedir instrucciones específicas al teléfono de Información Toxicológica para evitar daños.
- Volver mucho tiempo después al lugar.
- Una vez dentro abrir una ventana para darle tiempo a los vapores a disiparse.
Primeros Auxilios y Medidas a Tomar
Como siempre, prevalece el adagio “hay que tratar al paciente y no al tóxico”. La mayoría de los pacientes no van a necesitar tratamiento. También es muy importante conocer qué medidas están contraindicadas. Siempre consultar al SIT antes de adoptar cualquiera de las siguientes medidas.
En Caso de Inhalación de Vapores Tóxicos:
- Retirar al sujeto de la zona evitando la contaminación secundaria (esto es, la exposición en los rescatadores).
- Ventilación y oxigenación.
- Ambiente húmedo.
- Buena hidratación.
- Acudir a urgencias (radiografía, tratamiento sintomático).
Si se derrama un cáustico o un irritante sobre la piel:
- Retirar ropa, joyas, etc., que actúan como reservorio del producto.
- Eliminar las partículas sólidas.
- Lavado inmediato con agua durante al menos 20-30 minutos. En ocasiones pueden ser necesarios lavados más prolongados.
- No emplear antídotos químicos, es decir, sustancias para “neutralizar” el corrosivo o cáustico, como el zumo de limón, el bicarbonato, etc. porque se producen reacciones exotérmicas que agravan la quemadura.
- Evitar la auto-exposición en la persona que esté realizando la descontaminación o lavados. Deberá llevar guantes, mascarillas, gafas, etc. y empleará un chorro de agua a baja presión.
Si se da una salpicadura sobre los ojos:
- Retirar las lentillas.
- Lavado con agua o suero fisiológico, retrayendo bien el párpado, durante 10-20 minutos o incluso más tiempo en función del producto.
- Cubrir los ojos con un apósito estéril y acudir urgencias.
Productos de limpieza e intoxicaciones
Realmente es muy importante ser cauteloso con el uso de ciertos productos de limpieza. ¿Limpiar? Por supuesto, pero ante todo con seguridad. Hablamos de los dos productos de limpieza, de uso convencional, más populares. La mayoría de los hogares en España contarán con uno u otro y, probablemente, con los dos. Desde hace muchos años, a la hora de higienizar y desinfectar las superficies nos hemos decantado por alguno de ellos. Solemos tenerlos a mano, sobre todo a la hora de realizar limpiezas generales. Su éxito reside, sin duda, en el hecho de que nos parece que conseguirnos mejores resultados de limpieza. Con la dilución adecuada y siguiendo las instrucciones que se indican en la etiqueta de cada producto, la lejía y el amoníaco no suponen ningún riesgo para las personas. Es más, la lejía es uno de los productos más recomendados para la desinfección de superficies que se tocan con frecuencia en los hogares por su eficacia a la hora de destruir virus, bacterias y hongos.