La historia del cómic español está repleta de personajes que han marcado a generaciones, dejando una huella imborrable en la cultura popular. Desde los pioneros que sentaron las bases del noveno arte en España hasta los autores contemporáneos que exploran nuevas narrativas, el cómic español ha demostrado una rica trayectoria y un potencial creativo innegable.
La Asociación Cultural Tebeosfera publica "Historia de los cómics en España", un libro que nació para mostrar a los franceses la rica trayectoria del cómic español, desde mediados del Siglo XIX hasta el 2023, pero que también es ideal para que los aficionados españoles descubran la apasionante historia de nuestras viñetas. Un trabajo imprescindible para cualquiera al que le interesen los tebeos, que han redactado cinco de los mayores expertos españoles: Álvaro Pons, Antoni Guiral, Antonio Altarriba, Manuel Barrero y Noelia Ibarra.
Los Orígenes del Cómic Español
El historiador y divulgador del cómic Manuel Barrero, creador de Tebeosfera, se encarga del primer capítulo del libro, que comienza a mediados del siglo XIX, con los grabados populares conocidos como aucas o aleluyas, y concluye con el auge del cómic antes de la Guerra Civil, cuando ya se formó una industria que publicaba miles de ejemplares.
Manuel Barrero explica que "Algo que no debemos olvidar es que la historieta es el último medio artesanal y, también, el primero vicario. Es decir, no llevaba pareja una tecnología propia y surgió “okupando” soportes como la prensa y los libros ilustrados. Era un medio nuevo, pero mestizo, que se coló en páginas ajenas para ir desarrollando su lenguaje. Ya se podían atisbar relatos gráficos a modo de historietas al final del primer tercio del siglo XIX en libros y prensa europea, pero en España surgen a remolque de lo que se hacía fuera y no vemos las primeras historietas hechas por españoles hasta finales de la década de 1850, desarrollándose poco a poco durante los 1860 y 1870."
Esos impresos no tenían nada que ver con los que fueron populares después. No eran monográficos, sino productos híbridos, con secciones didácticas, fabulísticas o de pasatiempos, entreveradas con viñetas humorísticas e historietas. De hecho, Dominguín fue una excepción, porque era solo de cómic, mientras que gran parte de los títulos que le sucederían a finales de los 1910 y durante los 1920 (Charlot, TBO, La Risa, Pulgarcito, etcétera) eran revistas con contenido variado, no exclusivamente de historieta. Los primeros cómics “solo con cómic” no se popularizarían hasta la posguerra.
En cuanto a si había una industria del tebeo potente antes de la Guerra Civil, Manuel Barrero comenta: "Deberíamos haber vivido aquella época para poder afirmarlo. Tampoco tenemos cifras de tirada confirmadas, pero lo cierto es que, si comparamos la población alfabetizada de entonces y las tiradas que conocemos de los años 1920 y 1930 -entre los 100.000 y 125.000 ejemplares por número en las revistas más populares-, podría afirmarse que era una industria a tener en cuenta. Yo siempre he sostenido que fue una industria tímida, porque los canales de distribución eran malos, porque nunca se quiso editar pensando en un público objetivo y porque algunos editores jugaron la baza fácil: confeccionar un producto barato, suficiente, sin riesgo, que daba beneficios justos para ir tirando. Apenas hubo innovación en ese periodo, ni técnica ni logística ni en la narrativa de las historietas. No quiero con esto denostar todos los tebeos publicados, pero solo hay que comprobar que Buigas, los Bruguera, Marco y otros editores solían lanzar un producto idéntico semana tras semana, sin pensar en variar los contenidos o en desarrollar ideas nuevas".
No obstante, hubo sellos que sí trabajaron otros modelos e investigaron otras rutas comerciales y narrativas, como Calleja, Ediciones Chicos, Esteller y Sangés o CIAP. El cómic durante su expansión en el siglo XX se definió por su afán popular, comercial, masivo, basando el potencial de la industria en la fragmentación rentable: la venta de muchos productos de corte efímero pero asequibles y fáciles de leer.

Los Tebeos en la Guerra Civil y la Dictadura Franquista
La Guerra Civil, la dictadura franquista y la censura marcarían la historia de los tebeos durante casi 40 años. El guionista e historiador de cómics, Antonio Altarriba, Premio Nacional de Cómic por "El arte de volar", nos habla de esa época.
Altarriba señala que en algunos casos se trataba de ideología partidista sin tapujos. "Flechas y Pelayos" surge de la unión entre carlistas y falangistas. Bajo la dirección de Fray Justo Pérez de Urbel las consignas franquistas constituían la base de la línea editorial. En 1949 será sustituida por Clarín. Acción católica publica "¡Zas!" y "Trampolín" que contienen un fuerte sesgo doctrinal. Pero las publicaciones comerciales no transmiten tanta carga ideológica como llegamos a pensar. "El guerrero del antifaz" o "Roberto Alcázar y Pedrín", sospechosas de planteamientos fascistas, siguen más las pautas propias del relato de aventuras que el de un discurso ideologizado. "Hazañas bélicas" respira un fuerte anticomunismo.
En cuanto a los autores y personajes que marcaron aquella época, Antonio Altarriba asegura: "Fue una época más de personajes que de autores. Pocos lectores conocían el nombre de quienes dibujaban sus series preferidas. Los personajes cómicos gozaban de bastante notoriedad, Zipi y Zape, Doña Urraca, Las hermanas Gilda. La familia Ulises, Gordito Relleno, Tribulete, también Mortadelo y Filemón. Pero, sin duda el más popular en los años cincuenta y sesenta fue Carpanta. El liderazgo indiscutible en los cuadernillos de aventuras le corresponde al Capitán Trueno".
Antonio Altarriba cree que el esquema narrativo de todas las series de humor de Bruguera está marcado por el fracaso. Todos los personajes tienen un proyecto al principio de cada historieta que nunca se cumple. De hecho, nos reímos de ver cómo, episodio tras episodio, fracasan y reciben golpes. Esta apoteosis de la frustración retrata muy bien la vida bajo el franquismo, con el horizonte social, político y económico muy reducido. Ahí está la condena a ayuno permanente de Carpanta, el desasosiego sentimental de las hermanas Gilda, los malvados propósitos de Doña Urraca, siempre incumplidos o las pesquisas inútiles de Mortadelo y Filemón.

El "Boom del Cómic para Adultos"
Con la llegada de la democracia, a finales de los años 70, nacieron revistas de humor como "El Papus" y "El Jueves", además de publicarse muchas historietas prohibidas hasta entonces. Antoni Guiral, guionista, editor y divulgador de la historieta, nos habla de esa época a la que algunos denominaron 'la edad de oro del cómic adulto español'.
Guiral explica que "la historieta para adultos empieza con la aparición de este medio en España durante la segunda mitad del siglo XIX, ya que básicamente se publicaba en revistas satíricas, por tanto, para adultos. Era difícil hablar de historieta para adultos durante el franquismo, pero hubo algunos apuntes de la misma, tanto en las revistas de Editorial Bruguera (alguna de ellas claramente para adultos, como "Can Can"), como en algunas páginas aparecidas en revistas de humor de esa época".
El proceso fue lento, marcado por la historia y la dictadura y la censura. Ya encontramos cómics para adultos en revistas como "Oriflama" (en 1968) o en fascículos como "Drácula" (1971), y desde 1968, con revistas de terror como "Dossier Negro" y posteriormente "Vampus" y "Rufus", y algunos apuntes de ello en cabeceras como "Mata Ratos", "Gaceta Junior/Tintín" y "Trinca".
Guiral considera que "Quizá el primer paso serio, a mi entender, se da con "El Papus" a partir de 1973. Por mucho que fuera una revista satírica al filo de la actualidad, con textos y chistes, la historieta aparece desde su primer número, y es ahí donde encontramos regularmente cómics para adultos, de humor y crítica social, pero historietas. O sea, es realmente "El Papus" quien da el pistoletazo de salida en lo que respecta a este tema. "El Jueves" llega después, en 1977, y en efecto refuerza esa presencia y la regulariza, pero recordemos que en 1975 nace "Butifarra!" y en 1977 la revista "Trocha/Troya", publicaciones autoeditadas por grupos de autores y autoras plenamente conscientes de estar haciendo historieta para adultos. O sea, que todo fue un proceso lento, pero seguro, y al albor de nuestra situación política".
Con el final de la censura llegaron a España obras míticas del cómic europeo y latinoamericano, algunas prohibidas hasta entonces. Fue a partir de la aparición de "Totem" (1977) y posteriormente de "Bumerang" y "Blue Jeans", con el advenimiento de la democracia, que empezaron a publicarse en España obras para adultos de gran calado, obras de autores argentinos, chilenos, franceses e italianos, básicamente (además de recuperar obras de autores españoles, como Enric Sió), que habían sido publicadas en sus respectivos países entre los años sesenta y setenta. Eso, por un lado. Por otro, estaría el mencionado boom de revistas de cómics para adultos, que podemos situar entre 1977 y 1984, con las mencionadas y, ya con obras nuevas de historietistas españoles, en cabeceras como "1984", "Comix Internacional", "Cimoc", "Cairo", "El Víbora", "Makoki", "Rambla", "K.O. Comics", "Metropol" o "Madriz".
Esa "edad de oro del cómic adulto" coincidió con la crisis del cómic infantil, cuyo mayor símbolo fue el cierre de Bruguera. Los niños acabaron pasándose al cómic de superhéroes. Antoni Guiral explica que "los tebeos infantiles que habían llenado los quioscos con, en algunos casos, cientos de miles de ejemplares semanales, empezaron a declinar efectivamente hacia 1978. Quizá porque no se había producido una renovación de sus contenidos, quizá porque los niños disponían de otros medio de entretenimiento (como la televisión), tal vez porque las nuevas generaciones no se apuntaban como antes al ocio que representaban los tebeos, mientras que las generaciones que habían crecido y se habían formado con esos tebeos infantiles y juveniles, que eran muchos lectores, encontraron en el nuevo cómic para adultos aquello que realmente estaban esperando".
"No hubo un gran relevo generacional de lectores, y ni Bruguera ni otras editoriales supieron, entre finales de los setenta e inicios de lo ochenta, encontrar la fórmula para seguir interesando en la lectura de tebeos a los menores de edad. La caída de Bruguera se debió a muchos factores, uno de ellos es este, pero hubo muchos más, como la mala gestión empresarial, la rescisión de su contrato con la editorial de Interviú, la devaluación del peso mexicano y la prohibición de salidas de divisas de Argentina o el encarecimiento de los créditos internacionales a causa de la devaluación de la peseta con respecto al dólar. Todo esto cuenta".
Y, en efecto, la sensación es que los niños se pasaron de las revistas de Bruguera a los superhéroes. Las ediciones de superhéroes empezaron por parte de Vértice en 1969, pero mejoraron y se institucionalizaron a partir de 1982, con los comic-books primero de Comics Forum (Marvel) y luego de Ediciones Zinco (DC).

El Presente y Futuro del Cómic Español
Noelia Ibarra y Álvaro Pons destacan el gran momento creativo de nuestros autores: "Sin duda, desde el punto de vista creativo se está viviendo un momento de gran fecundidad y calidad, pero que en modo alguno se corresponde con la situación económica de los autores, completamente precaria. La calidad es indudable, plasmada como muestra, en los numerosos reconocimientos que está recibiendo la autoría española. Sin embargo se está generando una disociación entre la realidad del mercado y la creativa, que no tiene que ver estrictamente con el cómic, sino en general con el mundo de la cultura, siempre sometido a dificultades laborales y económicas".
La editorial Bruguera publica una colección de libros única a través de dos ediciones de lujo, limitadas y numeradas: "Mortadelo y Filemón" (1969-1971) y "El Jabato" (1958). Esta iniciativa histórica rescata personajes legendarios que han marcado a generaciones desde 1950. La edición definitiva que los fans llevan décadas esperando.
En 1958, cuando los quioscos acogían cientos de publicaciones de historietas, nació la que sería una de las colecciones más populares de tebeos españoles, "El Jabato". En esta edición de lujo el lector encontrará las cinco primeras aventuras largas de la que, muy probablemente, es la etapa de máximo esplendor del genio creador de Francisco Ibáñez tanto en guion como en dibujo: "El sulfato atómico" (1969), "Contra el «Gang» del Chicharrón" (1969), "Safari callejero" (1970), "Valor y…¡al toro!" (1970) y "El caso del bacalao" (1971). Todas ellas son grandes obras de la historieta de nuestro país.
En la última parte del volumen se recopilan, cronológicamente, aventuras cortas de varias páginas que el incansable Ibáñez realizó en la misma época en que comenzó a dibujar aventuras largas, con la novedad de que las páginas pasaban de las habituales seis tiras a solo cinco, logrando así que las viñetas fuesen más detalladas, tal como hacía en los álbumes. La calidad de las aventuras cortas de Ibáñez no desmerece en absoluto la de las largas.
La primera aventura de Mortadelo y Filemón apareció el 20 de enero de 1958 en el número 1.394 de la revista Pulgarcito, once años antes de la publicación de "El sulfato atómico". La historia sigue siendo una inspiración importante en el ámbito del cómic donde, “como decíamos ayer”, hay verdaderas obras de referencia.
Hemos hecho una selección de lo mejor de la historia de aquí en cómic contada por autores de aquí. Como todo en la vida, debatible y maleable.
En los años ochenta del siglo pasado, Antonio Fraguas, más conocido como Forges, emprende la titánica labor de hacer un completo y detallado recorrido por la historia de España para asomarse a sus hitos más destacados con su única e inigualable retranca.
El autor valenciano cuenta la historia de su suegro Pablo Uriel, médico y uno de tantos personajes anónimos a los que la Guerra Civil marcó su juventud y el resto de su vida. "Doctor Uriel".
Cristina Durán y Miguel Angel Giner Bou, en colaboración con la periodista Laura Ballester, reconstruyeron con pulso y enorme sensibilidad el accidente de Metro Valencia que segó la vida de 43 personas en 2006 y el posterior proceso judicial en busca de quienes quisieron eludir responsabilidades.
Una estela con una inscripción en honor al auriga Aelio Hermeros en el Museo Arqueológico de Cuenca hizo disparar el “clic” en la mente del guionista Juanrra Fernández para construir una saga ambientada en la Hispania romana en el que se ha cuidado el detalle histórico al máximo a partir de un trabajo de investigación muy ambicioso. "GLORIA VICTIS 1".
La editorial Cascaborra ha cimentado todo su proyecto editorial, literalmente, a contar la historia de España en viñetas. Cuenta con una treintena de álbumes dedicados a "Los últimos de Filipinas", "La toma de Granada" o la batalla del Rif.
Filipinas, siglo XVI. Un clásico con mayúsculas del cómic español reeditado recientemente en un cuidado volumen integral. Hernández Palacios no solo realiza un auténtico recital gráfico en esta obra, que comenzó durante los años setenta del siglo pasado. El autor consolidó un proyecto grandioso y con un intenso trabajo de documentación. "El Cid".
Primera parte de un tándem que completa "El ala rota", donde Antonio Altarriba repasa la biografía de sus padres y, a su vez, la práctica totalidad del siglo XX español. Dos obras duras y demoledoras como pocas en las que brilla un Kim que aporta un caudal inagotable de grandes momentos.
Entender la historia de un país no siempre supone recurrir a grandes momentos ni a grandes personajes.
Un puzzle terrible que viaja a distintas localidades españolas y a vidas diferentes de mujeres que tuvieron en común ser presas políticas durante los inicios de la dictadura franquista.
Tomando como partida la sentencia del mayor y más terrible atentado en la historia de este país, esta obra reconstruye los hechos y consecuencias de la masacre islamista del 11 de marzo de 2004. Un trabajo encomiable, en el que el rigor y el respeto se sitúan siempre por delante del lucimiento artístico. "Los surcos del azar".
"La balada del norte".
"Lamia". Una ficción con tintes noir en la que el ambiente malsano e irrespirable de la Barcelona de los años 40 se erige como un protagonista fundamental.
Una obra que tiene trampa, ya que "Primavera para Madrid" es una fantasía llena de rostros conocidos de la España del escándalo, la corrupción y el “lo siento, me he equivocado, no volverá a ocurrir”.
Una de las obras más destacadas del prestigioso hispanista Paul Preston, convertida en viñetas gracias al buen hacer del dibujante José Pablo García.
Podría haber sido "36-39", "Una grande y libre" o incluso "Los profesionales". Carlos Giménez, patrimonio nacional del cómic español, ha sabido contar pasajes de la historia de España de manera magistral.
Libro ilustrado encuadernado en cartoné de 96 páginas interiores en color mas cubiertas que contiene 40 biografías breves de los personajes más importantes de la historia. Volumen único.
La historia está repleta de personas que marcaron un antes y un después en el devenir de la humanidad. Un listado de las personas más influyentes en la historia. Es una lista de las cuarenta personas que, según los autores, han sido las más relevantes en la historia de la humanidad. La lista es absolutamente personal y propia, pero seguro que todos nosotros podríamos estar de acuerdo con ella. Ilustrada magistralmente por Àlex Fito, nos ofrece curiosidades, detalles de la personalidad y un breve resumen de sus cualidades.

📜 Historia del cómic en España 📜 Tebeo | Franquismo | Censura | Arte | Literatura 📜
El cómic, como lenguaje expresivo, no puede limitarse únicamente a un camino; ha de haber de todo. Y no fue hasta los años sesenta que aparecieron diversas corrientes que comenzaron a prescindir de esos códigos de género para introducir la realidad de una manera más directa. Llegan la autobiografía, el reportaje, el ensayo, la memoria histórica...
En la era en la que la novela gráfica se ha convertido en el estándar de publicación y los cómics ya son un medio respetable para tratar temáticas serias, es muy habitual encontrar en las librerías obras que aborden las vidas de personajes célebres o históricos. Incluso, muchas veces, se trata de obras de encargo, lo cual demuestra que las editoriales son conscientes del potencial comercial de una biografía hecha en forma de cómic.
La biografía, como género literario, no está exenta de problemas. Si es autorizada no puede esperarse demasiada controversia: se tenderá a la versión más edulcorada y limada del biografiado. Incluso cuando no lo es, la propia motivación del autor puede acercarle a la hagiografía.
Resulta muy revelador que, a pesar de que la historiografía lleve décadas insistiendo sobre la importancia de la historia colectiva y los procesos históricos por encima de las vidas individuales, estas nos sigan fascinando, como si no pudiera la condición humana desprenderse de su necesidad de encontrar individuos singulares, dotados de algún rasgo extraordinario que los haga dignos de admiración y respeto. Que sean faro y guía, o ejemplos moralizantes de lo que hay que hacer o no.
Aunque existen, también, las biografías críticas, hechas desde el estudio académico más que desde la admiración. Obras que buscan explicar la historia a partir de la vida de alguien particularmente imbricado en sus procesos, por su posición política, su trayectoria artística o literaria, o cualquier otro motivo. Incluso en estos casos, el riesgo siempre está ahí: es muy fácil caer en el error de considerar al biografiado un ser humano excepcional, y no un mero hijo de su tiempo.
Una buena biografía debe ser crítica, no evitar la controversia -lanzarse a ella de cabeza, más bien-, contrastar fuentes y, en fin, investigar a fondo la cuestión. Aportar algo nuevo a los estudios de la persona, nuevas perspectivas sobre su obra o documentación inédita que permita conocer mejor su vida y, más allá de ella, entender cómo influyó y fue influido por su tiempo.
No me interesan las biografías que omiten aspectos controvertidos o que no encajan en el relato que se construye; porque esto no puede olvidarse: una biografía es un relato, una narrativa que, para que no se descontrole, debe evitar, al menos, la novelización. Prefiero las biografías que se saben historiografía que las que, con el loable objetivo de ser más accesibles, acaban metiéndose en camisas de once varas.
¿Cuáles son, entonces, los principales problemas a los que se enfrenta un cómic biográfico? En primer lugar, el trabajo inmenso que supone realizar una biografía pormenorizada, matizada y con múltiples voces en ella. Hablamos de años de trabajo, que rara vez se invierten en un cómic de estas características, y más si hablamos de un trabajo de encargo.
Pero, en segundo lugar, quizás habría que admitir que, como lenguaje, el cómic no parece muy adecuado para exponer toda la documentación que habitualmente se vuelca en una biografía en prosa, donde la densidad de la información tiende a ser muy diferente. Exige estrategias distintas, porque, mientras que el texto explica, el dibujo muestra. No cabe el estilo indirecto y eso lo aboca a la dramatización de los hechos y las fuentes. Es decir: al biopic.
Se dice mucho que el cómic es un lenguaje elíptico, pero, en realidad, el texto crudo lo es más: el texto no necesita reconstruir un suceso en sus detalles, escenario y diálogos, ya que le basta con enunciarlo. Sin embargo, el cómic, como el cine, sí tiene que hacerlo, a no ser que renuncie a lo visual y se entregue a la exposición verbal con algún soporte ilustrativo. No es nada fácil, por otra parte, reproducir en un cómic el diálogo de fuentes y la exploración documental que caracteriza a las buenas biografías académicas.
Quizás lo más peligroso del biopic es que trata a una persona real como si fuera ficticia y le atribuye un arco de personaje, a menudo con tendencia a la caída y redención, muy del gusto, por ejemplo, de las películas estadounidenses. Y solo hay que ver alguna reciente, como "Bohemian Rhapsody" y su tratamiento de la figura de Freddy Mercury.
Otro de los peligros tiene que ver con el atractivo del propio biografiado, que puede acabar siendo el valor principal o incluso único de la obra, por encima de los formales. De esto hay muchos ejemplos. Muchos cómics biográficos, sin llegar a ese extremo, asumen una idea básica que puede ser problemática: en el fondo, muchas veces subyace el mismo aliento que animaba a aquellas biografías de los años cincuenta, como la colección "Vidas ilustres" de la editorial Novaro: simplificar unos hechos complejos y hacerlos digeribles para el lector infantil o juvenil. O para el lector adulto sin tiempo o ganas de leerse un libro de cientos de páginas.
Pero, si estamos de acuerdo en todo lo anterior, ¿cuál es, entonces, la manera en la que el cómic puede acercarse mejor al género biográfico? Debería ser obvio: a través de la explotación de los recursos específicos del dibujo y de lo visual. Hagamos aquello que es imposible hacer en otro medio, juguemos con los valores subjetivos que aporta la modulación del estilo, con las metáforas gráficas y con la representación no naturalista, para crear algo totalmente diferente.
Sin llegar a ese extremo, no obstante, es posible encontrar interesantes ejemplos de cómics biográficos más o menos ortodoxos con la materia que tratan. "Dublinés", de Alfonso Zapico, debería ser el canon de cómo hacerlo: un cómic que no amontona la información, que se detiene cuando debe y que asume la responsabilidad de la documentación para realizar un retrato razonable de James Joyce, que no evita sus muchos defectos y tiene siempre una perspectiva crítica con su figura y su época. Posiblemente, de ser dibujado hoy, este libro se beneficiaría de toda la experiencia acumulada por Zapico, ahora embarcado en su mejor obra, "La balada del norte", aunque su pericia entonces le valió el Premio Nacional de Cómic.
En esa misma línea de biografía con afán global encontramos muchas obras. Por ejemplo, la reciente "George Sand. Hija del siglo", de Séverine Vidal y Kim Consigny, que se enmarca en la pujante corriente de herstory y recupera la historia de una intelectual francesa del siglo XIX, cuya vida llena de pérdidas, pero también de transgresiones, activismo político y producción literaria febril, mantiene por sí sola la atención durante la lectura de las más de trescientas páginas, porque en este libro las autoras optan por la vía de la amplia extensión para acercarse a la densidad de las propias memorias de la biografiada y su correspondencia, prácticamente la única fuente.
Otras biografías, aunque tengan como principal objetivo ofrecer una reconstrucción dramática de una vida, tienen un uso de lo gráfico más elaborado. Una de las más notables es "Annemarie", de Susanna Martín y María Castrejón. Es un nuevo ejemplo de herstory, que se acerca a la vida de la fotógrafa y escritora de Entreguerras Annemarie Schwarzenbach, y que es fruto del trabajo de documentación de varios años, lo que denota, por parte de Martín -impulsora inicial del proyecto-, un interés claro en la figura de Schwarzenbach.
Las autoras, en este caso, no pretenden contar toda su vida, y en sus elecciones de a qué dar más peso ya hay un posicionamiento y una mirada que no pretende ser objetiva. El apartado visual da más juego: el dibujo de Martín es liviano, y se centra más en las atmósferas y estados de ánimo que en la ambientación minuciosa de la época. Aunque es una dibujante poco dada a las explosiones gráficas, muy contenida y eficaz, las crisis y brotes psicóticos que provocan a la protagonista su adicción a la morfina le permiten soltarse y usar colores y trazos con fines expresivos. Hay en "Annemarie" una conciencia de que hay que darle un sentido a elaborar la biografía de Annemarie Schwarzenbach en forma de cómic y no en cualquier otra y, en consecuencia, lo visual tiene siempre un sentido y un porqué.
La importancia de lo gráfico se eleva aún más en una de las biografías más ambiciosas del cómic reciente: "Andy", de Typex. Se trata de un volumen de 560 páginas que recorre la vida de Andy Warhol, con especial detenimiento en la década de los sesenta, su época más productiva. En este cómic confluyen varias cuestiones que permiten al autor realizar un retrato del personaje que trasciende el biopic estándar: en primer lugar, la amplia extensión hace posible abarcar mucha información y dedicar páginas a conversaciones y textos que construyen una psicología de Warhol, determinada por su carácter introvertido y su extrema fragilidad. Pero, además, en el apartado visual, Typex adopta un estilo mutante para ajustarse al tono que le pide cada sección del libro o etapa en la vida del artista, o incluso cada época.
El mito es el protagonista absoluto de otra obra de gran envergadura: "Bowie", de Steve Horton, Michael Allred y Laura Allred. De hecho, es un ejercicio de mitomanía pura, que sin embargo funciona porque desde un primer momento renuncia al rigor o a la intención de trazar una biografía ajustada a la realidad. El equipo creativo está mucho más interesado en una exploración de la iconografía de David Bowie, especialmente en su etapa de Ziggy Stardust -aunque, de forma resumida, se alcance su muerte-, y el apartado gráfico es espectacular. La gracia aquí está en ver a Bowie representado en algunos de sus conciertos más recordados, en la galería de celebridades de la época que se pasan a saludar por sus páginas y, en definitiva, en el carácter casi mesiánico que tiene Bowie para ciertos fans.
Pero hay aún otro tipo de cómic biográfico muy interesante: aquel para el que el personaje biografiado y su obra son un punto de partida para llegar a otro sitio. En España hemos tenido, recientemente, muy buenos ejemplos de esta corriente. Quizás el más importante ha sido "Las meninas", de la pareja creativa formada por Santiago García y Javier Olivares, y que obtuvo el Premio Nacional de Cómic. Que la obra se titule como uno de sus cuadros más conocidos y no directamente con el nombre de Velázquez ya nos indica por dónde va a transcurrir: se trata de analizar la influencia del cuadro en artistas posteriores, pero también va mucho más allá y profundiza en el concepto de obra maestra y qué es lo que hace que una pieza llegue a serlo.
Dado que, en realidad, se sabe poco de la vida personal del pintor, García y Olivares ni siquiera intentan ser fieles a ella: muy al contrario, insisten en que "Las meninas" no es una obra de historia ni una biografía. Velázquez, transmutado en una caricatura fluida y cambiante por arte del trazo de Olivares, es el vehículo de una tesis en torno al arte, a la inmortalidad del artista y, en última instancia, a la naturaleza del poder. Es un pintor de corte que ambiciona convertirse en noble entrando en la Orden de Santiago y que pinta con la decidida intención de pasar a la historia.
El anacronismo, en cierto modo, está presente en "Goya. Saturnalia", de Manuel Gutiérrez y Manuel Romero. Porque, aunque haya un esfuerzo claro por reflejar la penúltima etapa de Goya, en la Quinta del Sordo -antes de marcharse a Francia tras la restauración del absolutismo-, su mirada interpreta las claves de su pensamiento y del momento político que atravesaba el país desde una óptica actual que tiene muy presentes los problemas de hoy. Es imposible no pensar en la lectura presentista de la relación del pintor con Fernando VII, o en sus gritos de rabia contra la muchedumbre que lo acosa por afrancesado.
Pero la obra es también una aproximación a una de las etapas más interesantes de su pintura, que intenta elucubrar en qué estado mental y bajo qué intenciones se elaboraron las impresionantes pinturas negras, con las que Goya anticipaba la modernidad y fue un expresionista avant la lettre. "Goya. Saturnalia" es una obra oscura en su discurso -en algunos momentos puntuales, quizá demasiado-, pero que logra transmitir la zozobra vital de Goya con un grafismo sucio, angustioso y barroco, plasmado sobre una plantilla de nueve viñetas regulares que pocas veces se rompe, y que esquiva la tentación, siempre presente, de imitar el estilo pictórico de su protagonista.
Como en "Las meninas", asistimos a la exploración de la influencia de Goya en pintores posteriores -Bacon, Picasso o Rothko son algunos de los que aparecen-, aunque, en este caso, se concreta en una secuencia final, que remite de manera obvia a "From Hell", de Alan Moore y Eddie Campbell, y la apoteosis de su protagonista, el doctor William Gull, que asciende a la eternidad tras morir.
"La mentira por delante", de Lorenzo Montatore, es muy diferente a las dos anteriores. En este caso, el autor toma a uno de sus mayores referentes, Francisco Umbral, y se propone trabajar no sobre su vida, sino sobre sus escritos.
Cineasta, poeta, en definitiva artista en el amplio sentido de la palabra. Su condición sexual planea como causa de su asesinato, pero muchas dudas se albergan acerca de ella. Obra donde se intenta abordar la vida de un genio, de una de esas personas excepcionales que revolucionan el campo que desarrollan, en este caso: el piano. "Love in vain: Robert Johnson, 1911-1938" de Mezzo, J.M. King, una biografía en cómic de Martin Luther King / Jr. "Logicomix: una búsqueda épica de la verdad" / Apostolos Doxiadis y Christos H. "La niña de sus ojos" / Mary M. "Los últimos días de Stefan Zweig" / dibujo, Guillaume Sorel.
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