Berserk Capítulo 23 en Español: Análisis Profundo y Consecuencias

¡Continuamos con los análisis de Berserk! ¡Ya llevamos 23 capítulos, cuesta creerlo! Dejamos el anterior capítulo con Griffith incapaz de explicar en voz alta por qué sacrificaría su vida por Guts. El lector debe tener claro es que nadie haría eso por un soldado, da igual lo útil que le resultara. Y mejor aún: Griffith está dejando claro que Guts es, y va a seguir siendo, su prioridad. Con esto aclarado, disfrutemos de la intensa pausa donde la influencia shojo de Miura desborda los paneles durante los que Griffith y Guts se contemplan dramáticamente.

La familia real. Esa a la que Griffith quiere pertenecer. La primera impresión que tenemos del rey de Midland es la de alguien frío, distante y majestuoso. Aparece en una posición de altura, tocado con su corona, su manto real y rodeado de sus protectores para aislarse de los demás. Es, en todos los sentidos de la palabra, un rey tal y como se lo percibe desde las capas más bajas. De hecho… ni siquiera sabemos su nombre, lo cual enfatiza que su posición social es lo que domina su vida. En cierto modo, es prisionero de su posición.

Con todo, el rey es premeditadamente agradable… En el mismo sentido que lo es Griffith. Es más, ambos personajes comparten bastantes características, porque son utilitarios, manipuladores y saben crear una imagen amable. Lo que más les diferencia es la jerarquía y sus ambiciones: el rey ha nacido para ser monarca, mientras que Griffith es un plebeyo que asciende desde el barro. Nuestro rey desea mantener el statu quo, Griffith aspira a romperlo… Todo eso.

Lo llamativo es que los dos tienen un lado oscuro nacido de traumas muy distintos pero que tienen su origen en el autoaislamiento al que se someten ambos. Porque ya sabemos cómo se trata a las mujeres en Berserk. Pero bueno, que el rey no es como los demás nobles. Sabe ver más allá y ha comprobado en sus propias carnes que la aristocracia no sirve para nada, así que recurre a la Banda del Halcón, integrándola en el entramado social para asegurarse de que tengan motivos para defender su reino y no se vendan al mejor postor. Es un buen movimiento… Aunque solo sirve para parchear problemas menores. Midland necesita algo más que un lavado de cara, tiene que cambiar por completo desde su base para volver a ser una potencia. Y está claro que el rey nunca va a dar esos pasos. La situación le tiene tan atado que solo cuando sus propios hombres empiezan a ser masacrados puede hacer un gesto tan radical como atraer a Griffith a su lado: porque ya nadie puede negar que necesitan urgentemente a alguien capaz. Así que la pregunta es si se trata de un rey incompetente o… hace lo mejor con el sistema y las circunstancias dadas. Creo que nunca se profundiza en por qué Midland ha caído tan bajo, pero da la sensación de que es algo sistémico y no fruto del gobierno de este rey, de modo que digamos que su mayor pecado, a parte de ser un abusador incestuoso, es que es conservador. Y cuando las reglas de siempre dejan de funcionar, evidentemente hay que cambiarlas.

Por otro lado tenemos al agresivo Julius, un simple conde en vez duque por motivos que se me escapan porque un heredero al trono debería ser… algo más que un conde…. Bueno, que viene detrás de Charlotte en la herencia. Miradlo confrontar al hombre que va a ordenar su muerte por haber sujetado a la princesa antes de que esta se cayera. Por supuesto, lo esperable sería que le diera las gracias, pero mediante este comportamiento agresivo y el exabrupto que soltó cuando Guts no se arrodilló ante el rey nos vamos haciendo a la idea de su deleznable personalidad.

Seamos sinceros, todo el mundo sabe por qué Griffith ha sido convertido en noble. Sin embargo, hay un acuerdo tácito en no decir estas cosas en voz alta y que permite que los aristócratas mantengan su débil ilusión de poderío. Pero entonces va el rey y reconoce abiertamente que su situación es insostenible, que necesita buenos guerreros y que los únicos a su alcance son plebeyos. La cara de Julius, pues… Habla por sí sola. Irónicamente, para él Guts no existe salvo cuando está cometiendo algún error. Todo su odio se centra en Griffith porque amenaza su autoridad. Y visto lo que va a ocurrir, bueno.

Hablemos de Charlotte. Su diseño inicial es uno extraído de Star Wars, igual que lo es el nombre de la Banda del Halcón. Creo que a Miura no le convenció mucho, porque casi de inmediato abandona las dos roscas en las orejas y se decanta por representarla con el pelo suelto o si acaso con un moño. Con todo, la princesa Charlotte no podría ser más diferente de Leia; es tímida, retraída y mimada. El rey se disculpa por su falta de modales, pero no hace ningún esfuerzo por cambiarlos. Igual que el conde, quiere que Charlotte sea una niña eterna. Lo que le separa del Apóstol es que este no quería violar a su propia hija. Además de Star Wars, Charlotte es fruto de la pasión de Miura por el manga shojo.

Griffith contempla a la princesa con una expresión difícil de discernir. Es imposible que no fuera consciente de que hay una princesa heredera que tiene más o menos su edad, pero me creo que se la imaginara distinta y, aunque no tengo pruebas, tampoco tengo dudas acerca de que su cerebro está bullendo con nuevos planes. Con todo, la forma en la que sujeta a Charlotte es fruto de la casualidad, no un primer paso intencional para enamorarla. La historia muestra claramente que tropieza y que Griffith reacciona ayudándola sin segundas intenciones. No solo eso sino que, muy consciente de su posición, es escrupulosamente prudente. Mientras Charlotte se ruboriza por el súbito contacto, Griffith se muestra distante y caballeroso. Esa templanza se mantiene incluso después del bofetón que le arrea Julius, a lo cual Guts también reacciona de inmediato.

Me encantan los paralelismos que está haciendo Miura con Griffith ayudando a Charlotte y ahora Guts saliendo en defensa de Griffith. Sobre todo, es delicioso que empezamos a ver que el Halcón no se anda con chiquitas. Ahora que tiene claro que Julius es su enemigo, protege a Guts y le dedica una sonrisa salvaje al noble, que en su vida ha debido ver algo tan perturbador. Todo mientras Griffith continúa siendo, en apariencia, el ejemplo de la caballerosidad. Y con esto termina el encuentro.

Las consecuencias van a desatar tantas, tantas lágrimas que es difícil expresar lo importante que es. Hay un plano completamente shojo de Griffith y Charlotte contemplándose mientras esta se aleja. Ella aparece sonrojada, un poquito absorta. Es evidente de que acaba de sufrir el flechazo. Puede interpretarse que está diciendo: ojojo, a Griffith le gusta la princesa. Personalmente no lo creo. Miura juega con la ambigüedad y los silencios, sí, pero los enfoca muchísimo hacia la relación homoerótica y homosocial de Griffith y Guts. Más tarde veremos que Guts no tiene remilgos en intentar que Casca se enrolle con Griffith cuando la considera digna de él, pero no llega a decir palabra alguna sobre Charlotte. No shippea a Griffith con la princesa, por decirlo así. El caso es que acabamos de tener un momento muy importante en el que Griffith le ha dicho implícitamente que va a continuar arriesgando su vida por él. ¿Y qué ha hecho después?

Y ahora que hemos terminado con el shojo, pasemos a la política. Tras una breve escena donde los comentarios de unas doncellas acerca de lo hermoso que es Griffith y cómo deja a los verdaderos nobles a la altura del betún en… bueno, en todo, Julius se cruza con el ministro Foss. Si me preguntáis, el rey está lanzando un mensaje hacia los aristócratas que no han dejado de decepcionarlo. Poco a poco, Foss se va asegurando de alimentar el odio de Julius contra estos advenedizos oportunistas y lo tiene bailando a su son.

El fandom tiende a olvidar que Griffith no se arrojó a matar a sus enemigos por simple ambición. No importa lo impactantes que resulten las muertes de Julius y de la reina, por el bien de la narración y para no perder de vista la evolución de los personajes, no hay que pasar por alto que ellos fueron los primeros en declararle la guerra. En respuesta, Griffith defenderá su vida, como es normal. Lo interesante es que los nobles de alta alcurnia perecen ante Griffith, pero alguien como Foss, el verdadero instigador, sobrevive. Más tarde veremos por qué.

El capítulo cierra con Guts, que ha buscado las alturas para asegurarse de estar solo con el firmamento. Alza su espada, su única amiga, su compañera más fiel, su propio sueño, aunque él todavía no lo sepa, su último recurso para no pensar. No puede evitar ver a Griffith la luna, un astro que tiene una fuerte asociación con el destino en Berserk. Cuando brilla llena, colma el mundo de magia y de otredad. Por otro lado, no importa lo alto que trepe Guts, para él, Griffith siempre estará por encima. Incluso ahora, cuando se encuentran más cerca que nunca, cuando Guts solo necesita un pasito de comprender lo que Griffith quiere de él (compasión, amistad, vulnerabilidad), una parte de él es incapaz de dejar de verlo como alguien distante como la luna. Esta es una imagen que Griffith ha labrado con minuciosidad y que termina por jugar en su contra en situaciones esenciales, pero… La verdad, no es de extrañar que sienta atracción hacia Guts, porque parece el único dispuesto a salvar la distancia que los separa.

Guts repite las palabras de Griffith, que no parecen cobrar sentido para él. Guts es fantástico porque parece incapaz de estancarse; su historia no es una línea progresiva. Y Miura es tan bueno preparando las escenas, dibujando las luces y las sombras, y llevando un ritmo meditativo, que lo que en otra persona podría ser mala escritura, se vuelve pura riqueza. Que Guts compare esta noche despejada con el día en que se acabó su vida con Gambino es intencional. Se trata de Miura dándonos en la cabeza con un mazo para asegurarse de transmitir que este momento es clave. En su día, Guts lo perdió todo. Ahora decide que lo ha ganado. En vez de ser arrojado a los lobos, se siente firme, seguro. Si Griffith puede arriesgar su vida por Guts porque así lo desea, entonces Guts también puede decidir libremente corresponder de la misma forma. Porque la espada es él. Es su vida, su sueño todavía no definido.

"La batalla por la conquista de Doldrey (1)" (ドルドレイ攻略戦① Dorudorei kōryakusen (1)?, titulado "La batalla de Doldrey (1)" en las traducciones de Daruma Serveis Lingüístics para las ediciones de España de Glénat, EDT y Panini; y "La toma de Doldrey (1)" en la traducción de Panini México y Argentina) es el episodio 23 del manga Berserk. Apareció en el número 20 de 1993 de la revista Young Animal, publicada el 8 de octubre.

El rey de Midland tiene un consejo de guerra con varios generales y caballeros, en los que se encuentra Griffith. El general al lado del rey explica que la Guerra de los Cien Años la inició el imperio de Tudor cuando empezó a invadir territorio de Midland. También cuenta que la fortaleza de Doldrey perteneció por siglos a Midland, siendo su principal defensa fronteriza. Pero cuando el imperio de Tudor la tomó, irónicamente se volvió en la principal base de operaciones para invadir Midland. Luego, afirma que es ahora el momento indicado para tomar Doldrey, ya que Tudor se encuentra enfrentando una crisis interna por la sucesión al trono.

Varios generales se oponen, alegando que los Caballeros del Tigre Blanco (de las órdenes más poderosas de Midland) fueron aniquilados casi por completo por los Santos Caballeros del Rinoceronte Púrpura que custodian la fortaleza. Uno de los generales dice a Griffith que incluso su Banda del Halcón no podría lograrlo, esperando que este le afirme que no. Pero para su sorpresa, Griffith afirma que podría si el rey se lo ordena. Los demás discuten que es ridículo, mientras que el rey pregunta sí habla en serio, lo que reafirma el Halcón. Los demás argumentan en contra usando de ejemplo lo sucedido con la orden del Tigre Blanco, pero Griffith afirma que no necesitará más que a la Banda del Halcón. El líder de los Caballeros del Tigre Blanco exclama a Griffith que su ejército tiene menos hombres que el suyo y que son novatos comparados a los suyos, exhortándole a que reconozca su lugar. Los demás coinciden, salvo un caballero llamado Laban, quien argumenta en favor del Halcón. Más tarde, el líder de los Caballeros del Tigre Blanco se muestra molesto ante la decisión del rey.

Por otro lado, sobre una colina, Laban es abordado por otro caballero llamado Owen, y hablan del Halcón. Laban duda que alguien pueda retomar Doldrey, pero al observar al Halcón, piensa que él podría ser el héroe del siglo. Por otro lado, en su campamento, Guts y algunos de sus compañeros (entre ellos Gastón) se encuentran jugando a las apuestas con dados, mientras Casca piensa preocupada por la misión que se avecina. Guts le pregunta que sucede, respondiéndole esta que teme que Griffith pierda la compostura, negándolo con seguridad Guts. Por ello, Casca explica a Guts que el actual supremo comandante general de batalla de Tudor es Genon, el mismo hombre con el que el Halcón llegó a "negociar" hace un tiempo, y ascendió a ese puesto por una alta cantidad de dinero.

Mientras tanto, en Doldrey, Adon es reprendido por el general Boscogn por sus deshonrosas acciones. Boscogn le hace una herida en la cara y le revoca su autoridad militar en consecuencia. Luego, Genon llama a Boscogn, quien le habla sobre la Banda del Halcón. Boscogn reconoce que esa banda nunca ha conocido la derrota, por lo que los considera adversarios a los que temer.

"La víspera" (前夜祭 Zenyasai?, titulado igual en los subtitulos de Anime Onegai; "La víspera del festival" en el doblaje español; y "Víspera ceremonial" en el doblaje hispanoamericano) es el episodio 23 del anime Berserk. Fue estrenado el 17 de marzo de 1998.

Será que en este mundo el destino de la humanidad es controlado por seres superiores, como la Mano de Dios, que designa la fortuna de los hombres.

El grupo de la Banda del Halcón que venía de rescatar a Griffith de la Torre del Renacimiento la noche anterior está siendo perseguido por la guardia real de Midland. Guts pregunta a Judeau si pueden ir más rápido, negándolo este alegando que podrían lastimar a Griffith. El capitán de la guardia real ordena al primer escuadrón a seguir adelante y al segundo a rodearlos. Judeau expresa que de seguir así los capturarán, considerando Guts que no hay de otra que luchar. Casca declara que no será necesario, pero al instante una lluvia de flechas impacta contra varios guardias. El ataque provino desde lo alto de un cañón por parte del pelotón restante de la Banda del Halcón, entre los que se encuentran Corcus y Gastón. Acto seguido, Casca encarga a uno de sus compañeros el cuidado de Griffith, retrocediendo y ordenando a los demás que maten a todos los que están persiguiéndolos.

El grupo encabezado por Corcus desciende al ataque y el grupo principal se abalanza también contra los guardias. Por otro lado, el resto de la banda parecen haber despejado el camino, pero el capitán de la guardia les exclama que se detengan. Para el temor de todos, los guardias se encuentran apuntándolos con ballestas desde lo alto, estando el capitán en el medio tomando a Griffith. Ante la reacción de Guts, el capitán pone su espada cerca del cuello de su líder, exclamando que bajen sus armas y se entreguen a ellos. El capitán los insulta y pregunta si pensaban que rescatándolo podrían empezar de nuevo. El capitán retira con su espada la capa y las vendas que cubrían el demacrado cuerpo de Griffith, ignorando las advertencias de Guts. El capitán afirma que ese hombre es incapaz de luchar, montar a caballo o blandir una espada, expresando que ni siquiera puede levantarse. Todos los miembros de la Banda del Halcón observan devastados ello, mofándose el capitán de que no hay esperanza para ellos. Guts enfurece y se lanza rápidamente contra el capitán, matándolo de una estocada.

Más tarde, Guts y la Banda del Halcón se encuentran en un prado en la región fronteriza de Midland. La mayoría de miembros se muestran desanimados y tristes frente a Casca. Guts se encuentra sentado en una roca detrás de ella, observando el horizonte. Guts voltea a mirar el carruaje donde yace Griffith. Corcus, incrédulo ante lo dicho por el capitán, pregunta a Casca sí es totalmente cierto. Ante la nula respuesta, Corcus afirma molesto que se lo preguntará personalmente a él, pero Judeau le dice que desista, ya que el Halcón ya no puede contestarle. Los demás miembros reaccionan ante la aclaración de Judeau y Corcus pregunta si están bromeando. Casca, viéndose abrumada, no responde. Esto hace explotar a Corcus, gritando de frustración. Este se pregunta desesperanzado si acaso no comenzarían de nuevo con el regreso del Halcón, comentando que en un instante fueron rebajados a forajidos que huían en el bosque como si de insectos se tratasen. Añade que a pesar de que más de la mitad de ellos perecieron, aún tenían esperanzas en Griffith. Algunos se derrumban y otros rompen en llanto mientras Corcus habla. Frustrado al asumir la realidad, golpea su espada contra una roca, rompiendo su hoja. Corcus, devastado, se sienta diciendo que sabía que algo así iba a pasar.

Unos miembros preguntan a Casca qué harán ahora, alegando que la Banda del Halcón aún no se ha desarticulado porque la tienen a ella. Judeau contesta recalcando que fue Griffith quien la formó y que todos son conscientes de ello, siendo la razón por la que siguen allí. Judeau añade que Casca es quien ha soportado ese peso durante un año entero, pidiendo que ya no exijan más de ella. Algunos miembros se muestran indecisos sobre su futuro sin líder, por lo que Guts se levanta con aparentes intenciones de decir algo, pero desiste al ver a Casca moverse. Esta se retira diciendo que aún falta encontrarse con la otra unidad y que le den algo de tiempo para pensar. Guts la sigue preguntándole qué pretende hacer después de ello. Casca le pregunta qué pensaba decirles allí, respondiendo Guts que terminen las batallas que empezaron. Casca reconoce su firmeza, pero pregunta si puede decirle ese tipo de cosas a Griffith en su condición actual, lo que impacta a Guts. Casca comenta que todos son débiles y se aferran al sueño de otro, preguntándose qué puede hacer él por los que han perdido en quien aferrarse, si consolarlos o reprenderlos. Guts no responde, pero Casca aferra su cabeza en el pecho de este diciéndole que buscaba a alguien que estuviese junto a ella. Guts pone su mano en la cabeza de ella y Griffith los observa desde su carruaje. Casca, sonriendo, le dice que irá a ver a Griffith.

Casca llega al carruaje, saluda a Griffith con una sonrisa diciéndole que es hora de vendarle. Por su lado, Guts y Judeau se encuentran viendo el paisaje, Guts sentado y Judeau acostado. Judeau comenta que se han metido en un buen lío, añadiendo que es desafortunado despertar en medio de un sueño (ya sea bueno o malo). Entonces, pregunta a Guts qué hará ahora, si piensa irse a entrenar. Guts no responde su pregunta, pero se la devuelve. Judeau supone que invitará a los que quedan a formar un grupo de bandidos, alegando que de esa forma podrán por lo menos cuidar de Griffith. Guts dice que en ese caso, él también lo hará, pero Judeau le recalca que él se ha separado de ellos y que no es su obligación ir tan lejos por ellos. Guts pregunta si ese es su caso, lo que afirma Judeau levantándose, alegando seguir siendo uno de la Banda del Halcón. Judeau le recalca a Guts que es diferente a ellos, ya que ha iniciado su propia batalla. Añade que "dejar atrás a quienes no pueden levantarse" es una regla de hierro de la guerra, concluyendo que de otra forma, no podrá sobrevivir. Entonces, Judeau, con una sonrisa, sugiere a Guts que debería llevarse consigo a Casca, alegando jocosamente que ella es demasiado seria para liderar bandidos, reiterando que debe llevársela.

De repente, su conversación se ve interrumpida por Gastón y otros miembros de la banda. Gastón pregunta a Guts si piensa irse solo otra vez, añadiendo que de ser así, los deje ir con él. Gastón afirma que la tropa de asalto lo ha decidido y que nadie está en contra de ello, clamando los demás que por favor acepte. Gastón concluye que estando a su mando, se les ocurrirá algo.

Mientras tanto, Casca venda un brazo a Griffith mientras piensa que no sabía que sus manos fueran tan pequeñas y que él intentó apoderarse de todo con ellas. Casca reflexiona que con sólo ponerlas en su hombro, él podía aliviar su miedo, pensamiento que paradójicamente le hace temblar. Casca, abrumada, piensa que ahora tiene que hacerlo ella. El tazón de agua con el que Casca limpiaba las heridas con un pañuelo se derrama mientras esta le venda, por lo que esta pide disculpas asegurándole que buscará otra manta. Para su sorpresa, Griffith se abalanza sobre ella, quedando en una pose sugestiva. Casca, incómoda y confusa, exige al Halcón -quien parece intentar besarle el cuello- que pare, levantándolo un poco con sus brazos. Ante ello, Griffith tiembla mientras mira a los ojos a Casca. Casca lo mira con pena y posa su brazo sobre su espalda.

Más tarde Casca se encuentra devastada de rodillas arrecostada en la llanta del carruaje. Esta se levanta al escuchar a Guts preguntarle sobre Griffith, agachando la cabeza con los brazos cruzados explicando que se quedó dormido. Al notar el comportamiento de Casca, Guts pregunta si algo está mal. Ella afirma que realmente no, pero sus lágrimas la delatan. Molesto, pregunta si acaso llora por nada, y si algo le pasó a Griffith. Casca le exige que se detenga, abalanzándose a su pecho. Esta pide que le perdone, ya que no puede irse con él, alegando que Griffith ahora es tan pequeño y frágil. Llorando, afirma que no puede abandonar a Griffith en ese estado, disculpándose de nuevo. Guts dice que él tampoco puede hacerlo, pero Casca le recalca que él no se aferraría al sueño de alguien, preguntando si es cierto que él pelea sus propias batalla. Entonces, Casca le dice que si él es para Griffith su amigo e igual, tiene que irse, incluso si estará solo. Griffith los escucha y observa perplejo desde el carromato.

De repente alucina con su versión de antaño preguntándole a qué le teme en ese lugar, lanzando y enterrando su espada cerca de él, apuntándole en dirección a un resplandeciente castillo sobre una colina. El Griffith real grita y se aferra tembloroso a su "espada", viendo a su versión de niño correr en dirección al castillo, diciéndole que siga, que aún no ha jugado lo suficiente y que el sol aún no se ha puesto. Ante ello, Griffith grita más fuerte y repetidamente. Guts y Casca se percatan de ello y que el carromato se ha empezado a mover. Casca afirma que Griffith no debería poder hacer más que arrastrarse, preguntándose si los escuchó. Guts monta otro carromato, diciéndole a Casca que avise a Judeau y a los demás. Guts se apresura desesperado, maldiciendo en su mente. Griffith conduce el carromato mordiendo la cuerda por el medio, afirmando en su mente que ya descansó bastante y que irá ahora, persiguiendo a su versión de niño por lo que él ve como el callejón donde jugaba. El carromato se tropieza con una roca, saliendo volando Griffith.

En ese instante, Griffith tiene otra alucinación. En ella, se encuentra sentado en una sala con su rostro regenerado, vistiendo una camisa y un manto que cubre sus piernas. Ahí mismo se encuentra Casca, quien viste un atuendo femenino normal. Esta abre la ventana, preguntándole si estaba durmiendo, disculpándose por ello, alegando que debía dejar pasar la brisa. Casca pregunta si estaba soñando con el pasado. Ante esa pregunta, Griffith supone que todo fue un sueño. Casca menciona que no han visto mucho a sus amigos últimamente, preguntándose qué estarán haciendo, preguntándose también si "él" -aludiendo a Guts- seguirá blandiendo su espada en algún lugar. Detrás de Griffith en la pared, yace el escudo de la Banda del Halcón por delante de una espada. Casca comenta que cuando piensa en ello, todo lo que pasó desde entonces, suena como un sueño. Casca regaña a su hijo "Guts" por molestar al perro "Pippin", ordenando a "Guts" que se lave las manos y venga a comer. Casca comenta que mucho ha pasado y que ahora sólo son recuerdos, considerando que está mejor con ese estilo de vida, con él y el niño, sólo ellos tres. Mientras Casca le está dando una cucharada de sopa, Griffith piensa que es cierto, que esa paz y tranquilidad no están mal. Al levantarse, Griffith nota que se acaba de dislocar el brazo derecho. Ante ello, Griffith ríe como un maníaco. Al ver una estaca -generada por la madera que se romió del carromato- clavada en la tierra, Griffith intenta suicidarse enterrándosela en el cuello, pero no tiene el valor para hacerlo, desistiendo al recibir una grave herida. Ante ello, sufre una crisis, llorando frustrado.

El sol se está poniendo e inesperadamente para Griffith, el colgante con su beherit carmesí había vuelto a sus manos al encontrarlo en el mismo charco. Asombrado sentado de rodillas, levanta con su mano el colgante, recordando cuando lo compró a una adivina en su adolescencia. En ese momento, la adivina se encontraba encapuchada presentando el beherit, también conocido como el "huevo del rey supremo", afirmando que quien lo posea está destinado a conquistar el mundo a cambio de su propia sangre.

Mientras cabalga el carromato, Guts se cuestiona si fue él quien lo condujo a ello y si fue quien le trajo todo eso. Frustrado, se pregunta qué debería hacer, qué es lo que quiere Griffith de él y qué pasará una vez que lo alcance. De repente, nota que se empieza a obscurecer el cielo. Los miembros de la Banda del Halcón encabezados por Casca se aproximan al lugar. En medio del camino, Corcus divisa el carromato de Guts más o menos cerca y el carromato roto de Griffith en el lago, avisando a sus compañeros. En ese mismo instante, los demás se preguntan qué está pasando. En ese momento, se estaba llevando a cabo lo que aparenta ser un eclipse solar. La sangre derramada del cuello/hombro de Griffith cae en su beherit, y este empieza a abrir sus ojos. Griffith nota a un exaltado Guts aproximándose a él. Griffith grita que se aleje de él, pero por su condición, nadie puede entenderle. El eclipse se consolida, apareciendo centenares de personas desnudas con un aspecto inhumano en el lago. Casca y los demás se preguntan si son miembros del ejército de Midland. Guts, aterrorizado, piensa desconocer qué son, pero está seguro de que son peligrosos. El Halcón mira asustado a Guts, repitiendo dos veces en su mente que se aleje de él, alegando que si le pone su mano en su hombro, jamás volverá a... pero Guts posa su mano en el hombro de Griffith justo como este pensó. En ese momento, al mirarse a los ojos, el beherit acomoda su rostro y procede a gritar llorando sangre. Al instante, una onda cubre toda el área donde están los presentes. Esto provoca una transformación en el escenario donde se encontraban: el cielo repleto de rostros humanos, tanto frescos como descompuestos y el suelo convertido en rostros gigantes que parecen colinas, estando compuestos a su vez de más rostros de menor escala. El narrador declara que "se han adentrado en las tinieblas... donde les espera la desesperación. Y caerá sobre ellos la traición, confusión, lágrimas, sollozo, soledad.

Póster de Griffith

Ilustración de la Familia Real de Midland

Escena de Guts y Griffith contemplándose

Berserk (1997): La tragedia más brutal jamás animada | Resumen y Análisis

Como se detalló en el artículo del episodio anterior, la trama del combate contra los Caballeros del Perro Negro es eliminada, siendo sus perseguidores guardias reales de Midland encabezados por el capitán que originalmente rechazaba la decisión del rey de Midland de llamar a tales infames caballeros. Las reflexiones del grupo de rescate de la Banda del Halcón sobre Griffith y su posible última vez en Wyndham son omitidas. Cuando Judeau expresa que no hay otra opción que luchar, Casca expresa con temor que no pueden, lo que cambia con la inesperada lluvia de flechas disparadas por el pelotón restante de la banda. En el manga, previo a dicha situación, Guts y Pippin retroceden a luchar contra los Caballeros del Perro Negro para darle tiempo a Casca de activar una trampa con explosivos, derribando un puente para intentar bloquear a sus enemigos. Al seguir sus perseguidores en pie, varios miembros de la Banda del Halcón se encuentran en la ruta activando varias trampas contra ellos. En el manga, se deja en claro que el pelotón restante de la Banda del Halcón era comandado temporalmente por Corcus, cosa que no se afirma del todo en la serie. Seguido del punto anterior, se añade...

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