Desde que Himawari formara parte del inicio de la línea Gaijin de la desaparecida Glénat, el nombre de Belén Ortega se convirtió en uno a seguir. En solo cinco años, tras ver la espléndida "Pájaro Indiano", el impacto que siempre genera el cómic de un personaje tan popular como Marc Márquez y ahora el trabajo de la ilustradora en "Millenium Saga" han confirmado todas las esperanzas puestas en ella.
El inicio de su carrera estuvo marcado por el manga. "Bueno, sí, fue el germen", comenta Ortega. "Ahora valoro mucho más aquellos años. Ya había otras editoriales que habían publicado cosas españolas, pero un grupo tan majo en el que nos vimos tanta gente, luego es verdad que nos llevábamos muy bien, hacíamos esa piña, íbamos a tantos sitios y vendimos tan bien… Porque para la expectativa que se tenía en aquella época, todo el mundo nos abocaba al fracaso y qué va, vendimos bastante bien. Lo recuerdo, la verdad, con muchísimo cariño. Y muchas horas firmando. Ahora que lo recuerdo, la verdad es que firmábamos mogollón para no ser nadie prácticamente y haciendo manga además. Lo que se ve es que tiene mucha afición entre los jóvenes, se ve que despertaba entusiasmo sobre todo en la gente más jovencita."
"Himawari" es una historia de venganza con temas profundos, pero también con mucho diseño. "Cuando yo hice Himawari sí que la premisa era porque me encantaba el Japón feudal, toda la historia ocurre con esa estética, pero luego es atemporal, es una historia de venganza que puede ocurrir en Japón y puede ocurrir actualmente aquí, en Madrid, o en Barcelona. No es algo que tenga que ceñirse exclusivamente a Japón", explica la autora.
Después de "Himawari", Ortega buscó evolucionar y explorar nuevos registros. "Hay un trabajo que hice después de Himawari que no salió, que es lo que recopilo en mi artbook. Trabajé en una película que había de imagen real que se llamaba Bitch Slap y con el productor de esa película quisimos hacer una secuela en cómic que era en rollo americano. Es algo que recopilo en este artbook. Cambié de registro totalmente, quise evolucionar. Hay algunas cositas que sí son manga, pero era en color, un formato más grande, otro tipo de narración, pasé del manga a hacer un estilo algo quizás más americano sin llegar a serlo cien por cien, no salió y de ahí pasé a Pájaro Indiano, porque me quise un poco abrir al mercado francés. Ellos me dijeron que si seguía haciendo manga lo iba a tener un poco complicado."
"Mi obsesión como artista es ser capaz de dibujar todo lo que me proponga y no tener límites ni el techo para no ceñirme únicamente al manga", afirma Ortega. "Creo que la versatilidad es donde reside el auténtico talento, que me puedan plantar mañana para hacer un cómic de lo que sea, por ejemplo que me plantearan hacer Millenium y tuviera la capacidad de hacerlo, o que mañana me planteen trabajar para el mercado americano y pueda hacerlo también."
La artista señala que hacer cómic a color abarca un público bastante más amplio que en blanco y negro. "Suele gustar bastante más", comenta.
En cuanto a la temática de sus obras, Ortega prefiere centrarse en lo personal. "Con el tiempo, cuando hice Pájaro Indiano sí me doy cuenta de que me gusta tratar temas que tienen que ver con vivencias personales, que es de lo que más cómoda me siento hablando. Como me dice mucha gente, soy muy para adentro, planteo a lo mejor cuestiones o cosas que son como lecciones de vida o historias que tienen que ver mucho con las pasiones, con las relaciones humanas entre los personajes."
Relata cómo "Pájaro Indiano" surgió en un momento difícil de su carrera. "Yo en esa época no tenía ningún tipo de salida, veía que todo me iba mal, no salió el proyecto de Estados Unidos… Y entonces hice una historia que no era casual que fuera sobre la persecución de tus sueños, de una persona que lo retoma, que conoce a la chica, que le hace un poco ver que si tú no tienes fuerza y no vas a por ello nadie lo va a hacer por ti."
La elección de referencias para sus personajes es un proceso cuidadoso. "Tomo como referencia y lo que evito hacer es calcar las caras, para nada, porque si no me va a cambiar mucho de un dibujo a otro. Lo que tengo son varias imágenes de referencia y me hago mi visión del personaje, lo adapto para que sea siempre igual", explica. "Me hago una galería con los perfiles, con las fotos que yo creo que me van a ayudar a tener la visión en 3D de esa cara, y luego lo que hago es tomar unas líneas generales que me ayudan a darle más carácter, más humanidad y más personalidad, porque precisamente yo creo que de lo que peca el manga es que todas las caras son muy prototipo."

El trabajo en "Marc Márquez: la historia de un sueño" presentó desafíos únicos. "Bueno, con Marc Márquez tenemos la limitación porque la moto tiene que ser exactamente como era, el circuito… Cuando trabajas con personas tan famosas y con un entorno tan hermético, todo está muy calculado, todo está muy cerrado, la verdad es que no había mucho margen de maniobra. Es un cómic oficial, y todo era muy políticamente correcto."
Sin embargo, Ortega destaca la libertad artística que tuvo. "A mí en concreto no, me resultó muy fácil trabajar con Óscar Valiente, tuve muchísima libertad artística dentro de todas las guías que yo tenía que tener. Y luego fue un mix en el que yo me encontraba capaz de hacer Pájaro Indiano, que era como medio manga y medio BD y creo que funcionó muy bien porque, será que me vieron precisamente por eso apta, tuve que hacer un estilo con el que me sintiera a gusto, no tuve que inventarme nada raro, el color también muy bien aunque al principio nos costó encontrar a alguien, pero cuando lo encontramos dimos con el color adecuado para mi dibujo."
En cuanto a la metodología de trabajo, Ortega prefiere la libertad creativa. "Cuando es tu historia, como me pasó a mí por ejemplo con Himawari, yo no tenía propiamente un guion escrito como necesitas cuando trabajas con alguien para entender exactamente que es lo que quiere, sino que yo trabajaba la sinopsis al mismo tiempo que iba haciendo el storyboard. El método es totalmente diferentes", señala. "Trabajo haciendo una sinopsis de los capítulos y luego voy desarrollando conforme voy dibujando, y cambio muchas cosas, eso también te da libertad para improvisar."
La obra "Millenium Saga" representa un hito en su carrera. "Millenium, por ejemplo, ha sido para mí todo un regalo por esos años que yo he estado tan mal. Llegué a un punto en el que no me salía nada y me pregunté si a lo mejor lo tenía que dejar, si a lo mejor el cómic no era lo mío. Y mira, al final soy la misma pero con más experiencia."
"Millenium, en Francia, en Europa, está superconsolidado como un best seller, es una novela de culto, sobre todo en Estocolmo, donde transcurre la historia", explica. "La editorial tiene los derechos en exclusiva para seguir haciendo algo sobre esta serie, que es lo bueno, porque lo que estamos haciendo es algo de una manera oficial y seria, no estamos explotando la gallina de los huevos de oro así porque sí."
Ortega se siente motivada por la coherencia del proyecto. "Lo que se está haciendo es que, como las adaptaciones de las novelas tuvieron tantísimo éxito, han cogido al mismo guionista que las adaptó para seguir la historia. Entonces creo que dentro del universo están haciendo algo muy coherente, están manteniendo realmente vivo lo que es el espíritu de los personajes, no lo pervierten, no se están yendo por las ramas, sino que sigue con un contexto político muy actual, trata el tema de Wikileaks, los papeles de Panamá… A mí me motiva muchísimo."

Respecto al uso del desnudo femenino en su obra, Ortega lo considera un elemento potente. "El sexo, como arma, es muy potente para las mujeres. Ella lo que utiliza es eso, que puede parecer quizá el recurso tópico de la chica, aparte de que visualmente la desnudez femenina es algo que me gusta mucho dibujar, pero yo creo que lo demostraba más bien por el uso tan potente, que todos lo sabemos, de la sexualización de la mujer y el poder que tiene una mujer desnuda. Es un arma muy potente y lo sabemos todos. El desnudo femenino se está criminalizando desde hace siglos y siglos. Y eso sigue siendo así. Esa escena era un poco por eso, por el poder que tienen los desnudos femeninos y cómo la gente, incluso las mujeres, somos conscientes de que utilizamos el sexo como un arma."
Belén Ortega es una de las profesionales del cómic más reconocidas en nuestro país. Su primera obra obtuvo el Premio al Mejor Manga Español en Ficomic y en 2010 ganó el premio a Mejor Ilustrador en Expomanga. Otro de sus grandes éxitos llegó en 2016 cuando publicó de la mano de Norma Editorial la biografía del tricampeón mundial de motociclismo ‘Marc Márquez, la historia de un sueño’. Su gran éxito y el gran reconocimiento a su carrera llegó ese mismo año realizando la serie de tres libros ‘Millenium’.
Nominada en 2024 al Eisner en la categoría de Mejor Historia corta por su trabajo en la etapa de Wonder Woman centrada en Trinity, la hija de la mujer maravilla, Belén Ortega es una de las dibujantes de cómic contemporáneas más reconocidas. En su bibliografía destacan títulos como Batman: Urban Legends o Batman. Belén Ortega se licenció en Bellas Artes por la Universidad de Granada y fue becada en Japón. En 2010, debutó como profesional con el manga Himawari, premio nacional. Los trabajos más recientes de Belén Ortega para América incluyen su participación en Batman #136, la antología ‘Batman: The Brave and the Bold’ #4 y la nueva etapa de Wonder Woman, donde ha ilustrado las back-up stories centradas en Trinity, además de una historia de Wonder Woman para DC’s Tales from Earth-6: A Celebration of Stan Lee.
Durante la Masterclass “Se puede vivir del cómic” Belén Ortega nos animó a los asistentes a dedicarse a algo que realmente les apasionase, y lo más importante: luchase por sus sueños a pesar de la complejidad de estos. Disfrutamos de una Masterclass interesantísima de la mano de una gran profesional como Belén Ortega, que no solo nos habló de su trayectoria profesional y de su obra, si no que impartió una lección de optimismo y lucha a todos los asistentes.

La artista se ve a sí misma como la misma persona que cuando empezó, pero con más experiencia. "Cuando tú empiezas, como que no tienes perspectiva, es como si entraras a una habitación que no ves límite ni puerta alguna, tú entras a ver qué pasa. Y cuando ya tienes un poco de recorrido te acaba aclarando sobre dónde quieres ir, qué quieres hacer, cómo funcionan las cosas, ya te has pegado un par de traspiés buenos que te hacen ver claramente. Las experiencias tan malas que he tenido por otro lado también las agradezco, porque me han enseñado mucho."