Batman: Asilo Arkham, también conocida como Arkham Asylum: A serious house on a serious earth, es una novela gráfica que marcó un antes y un después en la mitología del Caballero Oscuro. Creada por el visionario guionista Grant Morrison y el excepcional artista gráfico Dave McKean, esta obra se erige como una de las historias más impresionantes del personaje, tanto a nivel argumental como gráfico.
Esta novela gráfica cuenta con dos de los mejores talentos que se podían elegir para un proyecto de esta envergadura: Grant Morrison (guionista) y Dave McKean (dibujante). Morrison es conocido por realizar tebeos donde se trata de forma habitual la paranoia, el cuestionamiento del status quo, la sociedad o la cordura. Perfecto para escribir sobre personalidades tan atípicas como el Joker, Dos Caras o El Sombrerero Loco. Pero aquí da un paso más allá y se adentra en los misterios del sanatorio de Gotham, creando unos textos que rivalizan con autores como Poe o Lovecraft: “mis movimientos a través de la casa se han convertido en algo tan formal como un ballet. Y tengo la sensación de haberme convertido en parte esencial de algún incomprensible proceso biológico. La casa es un organismo hambriento de locura. Es el laberinto que sueña. Y yo me he perdido”.
McKean funde su arte con la desatada y astuta mente de Morrison, acompañando con unos dibujos que son un goce para la vista. Además, se caracteriza por trasladar como nadie el efecto de sinestesia (experimentar más de un sentido a la vez). Mientras disfrutamos de las complejas composiciones de sus viñetas, uno casi puede oler, acariciar y saborear tanto los elementos físicos como las emociones descritas. Este artista juega con todos los elementos visuales que ofrece la historieta de una forma única, con la habilidad de un malabarista.
Este cómic cuenta con dos de los mejores talentos que se podían elegir para un proyecto de esta envergadura: Grant Morrison (guionista) y Dave McKean (dibujante). Morrison es conocido por realizar tebeos donde se trata de forma habitual la paranoia, el cuestionamiento del status quo, la sociedad o la cordura. Perfecto para escribir sobre personalidades tan atípicas como el Joker, Dos Caras o El Sombrerero Loco.
En una angustiosa lucha contra la locura, Batman deberá enfrentarse a sus peores enemigos y descender a lo más profundo de la oscuridad. Si todavía no te has leído esta novela gráfica ya estás corriendo a tu librería especializada más cercana (o comprándola online). La locura es el tema principal de la historia, pero ¿qué es la locura? ¿qué es la normalidad? ¿está loco Batman?
La Locura como Tema Central
La locura es el tema principal de la historia, pero ¿qué es la locura? ¿qué es la normalidad? ¿está loco Batman? La historia se divide en dos líneas temporales diferentes que finalmente confluyen en el presente: la de Amadeus Arkham, el fundador del asilo, y la actual protagonizada por Batman y sus enemigos. Pero ambas líneas temporales tienen una temática común, ambas son un viaje hacia la locura que recuerda a Alicia en el País de las Maravillas (referencia muy reconocida de esta obra) pero también a la mítica película Apocalipsis Now (1979) y a su referente literario El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. Esta última referencia no la he encontrado en análisis anteriores de la novela gráfica pero, a mi entender, es un referente claro, ambas obras son un descenso progresivo hacia la demencia. Tanto en la película de Coppola como en el cuento de Conrad hay un desarrollo espacial mucho más amplio pero comparten con la novela gráfica la temática más general de un progresivo descenso al horror y la locura (también se puede apuntar como referente la película Aguirre, la ira de Dios de Werner Herzog).
“¿Por qué no te quedas un rato más? Yo no quiero estar entre locos”, observó Alicia. “¡Pues no tienes más remedio!”, replicó el Gato de Cuesnire. “Aquí estamos todos locos. Yo estoy loco y tú estás loca.” Por supuesto, la misma regla de tres se aplica a Batman al internarse en el Asilo Arkham, está loco. El propio héroe dice, antes de marchar hacia allá, que “Me asusta que el Joker pueda tener razón sobre mí. A veces me… pregunto si mis actos son racionales.”
Pero no se trata únicamente de la locura de Batman y Amadeus Arkham, Morrison se detiene especialmente en analizar la psicología de Dos Caras y el Joker. Para ello utiliza el personaje de la psicoterapeuta Ruth Adams que evalúa a ambos y al propio Batman más tarde. Es sorprendente la terapia que lleva a cabo con Dos Caras: sustituye el dólar de plata con una de las caras marcada (2 posibilidades) por un dado (6 posibilidades), más tarde por una baraja de cartas del tarot (78 posibilidades) y finalmente tenía intención de sustituirla por un ejemplar del I-Ching. La psicoterapeuta dice que ha sido un éxito pero el pobre Harvey Dent no puede decidirse ni para ir al baño. El mismo Batman le dice a Adams que ha destruido su personalidad a lo que ella responde “A veces tenemos que destruir algo para reconstruirlo, Batman. Así es la psiquiatría”. La psiquiatría se muestra como una ciencia inútil para curar a los pacientes, por esto mismo el bienintencionado Amadeus Arkham acaba alienado y encerrado en su propio Asilo.
El análisis que expone la psicoterapeuta de la psicología del Joker es todavía más interesante: “Es bastante posible que sea una especie de supercordura. Una nueva y brillante alteración de la percepción humana. Más adaptada a la vida urbana a finales del siglo XX.” Opina que está más allá de todo tratamiento y que no es correcto definirle como un “loco”. El Joker no tiene ningún control sobre la información sensorial que recibe del mundo exterior, se deja llevar por los estímulos exteriores. El Joker acaba siendo un espejo oscuro de nosotros mismos. “Se ve como el rey del caos, y al mundo como teatro del absurdo” dice Ruth Adams. Al final volvemos al viejo conflicto: el caos y la anarquía frente al orden (Batman). Desde luego el Joker es más libre que cualquiera de nosotros, no tiene límites morales pero su libertad interfiere con la de sus víctimas. Al mismo tiempo carece de todo sentido (concibe el mundo como un teatro del absurdo). Desde luego no se detiene ante lo políticamente correcto como se puede comprobar en su acoso sexual a Batman. Morrison acentúa la homosexualidad del Joker pero, como acabamos de ver, se trataría de un mero espejo inverso de la propia figura asexual de Batman.

El Legado de Amadeus Arkham
Desde la infancia Amadeus Arkham ya conoció la existencia del lado oscuro, el de la magia y la locura. Se insinúa que su padre abusaba sexualmente de él: “Al final, mi padre viene a buscarme. Le ruego que no me lleve al túnel del amor”. La alienación de su madre (impresionante la escena de su renacimiento al otro lado) marcó su vida que dedicó a “la prevención de sufrimientos como los de mi desdichada madre”. Pero la muerte de su mujer y su hija a manos de uno de sus pacientes, “Perro rabioso” Hawkins, hace que pierda la razón y acabe ingresado en su propio asilo. Lo primero que hace al ver a su familia muerta es asumir el papel de su madre alienada: “Poco a poco, metódicamente, me pongo el vestido de novia de mi madre y me arrodillo”. Un año después quemará vivo a Hawkins en la mesa de electroshock. Comienza a pensar que forma parte de la casa que “es un organismo hambriento de locura”, de esta forma se confirman las sospechas de su infancia sobre el encantamiento de la casa. A continuación decide enfrentarse al dragón (la sinrazón) y pierde: “No soy capaz de discernir donde acaba el dragón y donde empiezo yo”. La revelación final es que lo que atormentaba a su madre era un murciélago (Batman) y que la locura de su madre es su herencia y su legado. También recuerda que degolló a su madre para liberarla. Finalmente comprende su destino: “Debo contener las presencias que vagan por estas salas”. En 1929 intentó matar a su corredor de bolsa y acabó internado en el asilo.
El guion de Morrison es muy complejo, también incorpora referencias a la mitología cristiana (el Arcángel San Miguel y el dragón, el mismo Jesucristo, etc.), a la simbología del Tarot, a la magia, a Jung, a Aleister Crowley, etc. Incluso veo una pequeña referencia al mismísimo Spiderman cuando Amadeus Arkham rechaza ayudar a la policía en la búsqueda de “Perro rabioso” Hawkins que ha escapado, las consecuencias serán fatales para su familia (muy similar a lo que le pasa a Peter Parker con su tío Ben). Aunque aquí no se incide demasiado en el tema de la culpabilidad.
Un Apartado Artístico Revolucionario
Una gran parte del éxito de Arkham Asylum se debe al magnífico apartado artístico de Dave McKean. No soy de los que piensan que el guion de Grant Morrison tiene un valor mucho menor en esta novela gráfica. Creo que, visto el texto anterior, queda demostrada la complejidad, valentía y riqueza de las ideas desarrolladas por Morrison (mucho más complejas que las desarrolladas por Alan Moore en La broma asesina por ejemplo). Pero volvamos al trabajo de McKean que merecería una entrada del blog dedicada únicamente a hablar de su talento. Nos encontramos ante una auténtica obra de arte, una de las cumbres expresivas del mundo del cómic, que utiliza una amplia variedad de recursos para plasmar gráficamente el guion de Morrison: del expresionismo pictórico a la fotografía y el collage, pasando por el dibujo a lápiz. Es una de esos cómics que consiguen crear un microcosmos propio a través de numerosos elementos de diseño como los collages de las páginas iniciales, las diferentes tipografías, las imágenes de fondo del cómic, la rotulación, el estilo artístico etc. Hay mucho más arte y talento en este cómic que en muchas galerías de arte contemporáneo.
El estilo de dibujo de Dave McKean es realmente el acertado para esta historia que se aleja del realismo que imperaba en los cómics debido al éxito de historias hiperrealistas de la época como The Dark Knight Returns (1986), de Frank Miller, o Watchmen (1986), de Alan Moore, y vemos una historia mágica y onírica más al estilo The Sandman, con una profundidad psicológica que rompe las barreras de un cómic normal.

El propio Batman es representado con una cualidad casi etérea, más como una presencia o un espíritu que como un personaje físico. Esto contrasta con la representación de otros artistas, como el estilo hipertrofiado de Jim Lee, lo limpio e icónico de Brian Bolland, o la brutalidad de Frank Miller. McKean utiliza todo lo que tiene a mano, y cualquier técnica que se nos pueda ocurrir; desde el mix media al collage, pasando por múltiples tipos de pintura y materiales hasta el uso de fotografías retocadas.
¿Sobrevalorado o Vanguardista?
Es uno de los motivos por los que pienso que esta novela gráfica está infravalorada, especialmente en su sentido artístico. Vaya paradoja, una de las novelas gráficas más vendidas de todos los tiempos no obtiene el reconocimiento crítico que merece. Esperamos desde el blog Terrores poner nuestro granito de arena para que se empiece a comprender y valorar esta cumbre del arte popular de finales del siglo XX.
A pesar de su éxito, no todo el mundo celebró este cómic. Para su realización tuvo que pasar por algunas correcciones editoriales. Por otro lado, el ya mencionado Alan Moore, eterno rival de Morrison, calificó a Arkham como un trabajo pretencioso del cual solo rescataba el extraordinario arte de Dave Mckean. Años después el propio Morrison reconoció que no se sentía del todo cómodo con lo que hizo en ese trabajo, que clasificó sardónicamente como "art school comic".
Sin embargo, incluso hoy en día, más de 30 años después de su publicación, la gente habla con admiración y asombro de Arkham Asylum. Es una mezcla de collage, pintura, lápiz, psicoanálisis y poesía que cuenta, con cierta cualidad onírica, cómo los pacientes tomaron control del hospital psiquiátrico de Gotham. Es una colección de escenas decadentes, delirantes y patéticas. Por ejemplo, para que Two Face trascienda la moneda con la que echa volados para tomar decisiones, le dan 78 cartas de tarot, así esperan que su número de opciones aumente y, eventualmente, se cure de su obsesión con las dualidades. Después, por el testimonio de una terapeuta, nos enteramos que el Joker ha sido diagnosticado con supercordura, es por eso que a veces es un bufón, otras un anarquista y otras un asesino psicópata. En contraste con el carácter líquido del Joker, a Batman se le ve rígido, furibundo e inútil ante el caos que reina en Arkham; no soporta sentirse analizado ni verse reflejado en la locura de sus enemigos.
La ambición de Grant Morrison es acompañada por un Dave McKean pletórico. Ambos entregan aquí uno de esos cómics con páginas inolvidables, combinando narrativa, arte y diferentes técnicas como la pintura y el collage. ¿Qué otro estilo habría quedado mejor? ¿El hipertrofiado de Jim Lee? ¿Lo limpio e icónico de Brian Bolland? ¿La brutalidad de Frank Miller? Para los que buscan historias sencillas de superhéroes y villanos, Arkham Asylum no es la mejor obra para ellos. Pero para aquellos que buscan una experiencia profunda y perturbadora, esta novela gráfica ofrece una visión única de Batman y su mundo.
30 DETALLES ALUCINANTES DE BATMAN ARKHAM ASYLUM - ¿Los conocías todos?
Batman: Asilo Arkham es una experiencia onírica en todos los sentidos. El estilo de dibujo de Dave McKean es realmente el acertado para esta historia que se aleja del realismo. Se aleja del realismo que imperaba en los cómics debido al éxito de historias hiperrealistas de la época como The Dark Knight Returns (1986), de Frank Miller, o Watchmen (1986), de Alan Moore, y vemos una historia mágica y onírica más al estilo The Sandman, con una profundidad psicológica que rompe las barreras de un cómic normal.
Es increíble pero, más de 3 décadas después de su publicación pienso que hoy en día sería imposible que una editorial como DC Cómics publicara una novela gráfica como ésta por su carácter políticamente incorrecto. Una cosa es reeditar la novela gráfica más vendida de todos los tiempos y otra publicar una obra nueva tan provocadora como esta. Las reacciones serían furibundas.

Batman: Asilo Arkham relata cómo Batman es obligado a pasar un día en el Asilo Arkham, la cárcel de dementes de Gotham City, donde tendrá que verse las caras con diferentes psicópatas que ha encerrado él mismo allí. Este cómic, de relativamente poco tamaño (se hace corto de lo impresionante que es), es una experiencia onírica en todos los sentidos. El estilo de dibujo de Dave McKean es realmente el acertado para esta historia que se aleja del realismo que imperaba en los cómics debido al éxito de historias hiperrealistas de la época como The Dark Knight Returns (1986), de Frank Miller, o Watchmen (1986), de Alan Moore, y vemos una historia mágica y onírica más al estilo The Sandman, con una profundidad psicológica que rompe las barreras de un cómic normal.
A pesar de que Batman ha estado en incontables apuros, nunca le he visto enfrentado a una amenaza que, de alguna forma u otra no pudiera manejar. Hasta aquí. Unos villanos que son proyectados con una presencia formidable, especialmente el Joker más terrorífico e impredecible imposible y un Dos Caras indescriptible, siendo ambos, mis personajes favoritos de la historia. Una historia que bien podría ser una pesadilla de Batman, por su diálogo con el Sombrerero Loco y la forma en que vemos plasmado al propio Batman; más que un elemento físico parece una presencia, un espíritu sin unos rasgos muy definidos más allá de su silueta. Va más allá de la atmósfera y la trama oníricas, y plantea también serias preguntas y reflexiones acerca de la locura y las enfermedades mentales, desde las típicas; ¿son los locos realmente locos o todo lo contrario? o ¿realmente los criminales con afecciones psicológicas graves son responsables de sus actos?
Batman: Asilo Arkham es una obra tan aclamada como esta, ha pasado por múltiples ediciones de todo tipo; sin ir más lejos, en España fue publicada incluso en formato Absolute por Planeta DeAgostini. En el americano tenemos tanto un trade paperback (TPB) como una edición a tamaño oversized, en tapa dura. En el español, hasta hace poco teníamos únicamente el tomo de la línea de Grandes Autores dedicado a esta obra de Grant Morrison, que también recogía el guión original anotado y múltiples bocetos del propio Morrison. Pero con la Colección de Novelas Gráficas de DC de Salvat, en junio llegó la entrega #59 que recogía Asilo Arkham y Batman: El hombre que ríe de Ed Brubaker y Doug Mahnke junto con algunos bocetos de Morrison y una interesante historia del Batman de Len Wein (Batman #327) que trataba por primera vez la retorcida atmósfera de locura del Asilo Arkham.
La verdad es que con el concepto de "mejor detective del mundo" nos podríamos echar unas buenas risas, porque siempre ha sido más un "postureo" que una realidad. Muy pocas historias de Batman, y especialmente del Batman post-Crisis se basan en actividades deductivas. En las pre-Crisis, por contra, lo que solía hacer era meter los datos en su "Supercomputadora", que le hacía el trabajo, o se trataba de Enigmas más bien simplones para que disfrutaran los niños.
Reconociendo los méritos que tiene la obra, se me atragantó totalmente From Hell. Formato: Cartoné, 216 págs. Durante un aciago 1 de abril, los internos de Arkham logran hacerse con el control del hospital psiquiátrico, secuestrando a los trabajadores del centro. Empezaré sincerándome: No soy un enamorado de Asilo Arkham como muchos son, aunque lo soy de Batman y de todo lo que esta perturbadora obra contiene. Cuando lo leí empezaba a interesarme por Morrison por su curioso trabajo en Animal Man y, obviamente, me había quedado alucinado de que se pudiera hacer un cómic con el estilo gráfico de McKean. Y aun con todo, pese a su popularidad, me hace sentir como con un placer culpable. Si habéis venido a leer una disección de esta novela gráfica (no me veréis usar a menudo este término) siento decepcionaros. No es mi intención, y cuando terminéis de leer esta reseña espero haberos hecho entender por qué.
La gente no suele entender por qué se considera a Grant Morrison un guionista provocador, porque no es simplemente que le guste usar ideas que otros no se atreven a tocar, es que además le gusta nadar contracorriente. Este Asilo Arkham surgió del escenario dejado por Frank Miller y su aproximación a Batman vista en El regreso del Caballero Oscuro y Año uno, una racional, medida y sólida caracterización del personaje como nunca se había visto. Y a eso, para bien y para mal, se reduce todo. Se trata de un argumento tan básico, tan elemental, que no podemos evitar sentirnos atraídos por él. El nudo de la historia es un recorrido por los pasillos del manicomio enfrentando a Batman con sus más clásicos villanos, que aunque siendo benévolo diré que no es ninguna maravilla, está enmarcado por una presentación y un desenlace a mi gusto impecables. Paralelamente a la historia protagonizada por Batman se nos explica la vida de Amadeus Arkham, de quien podemos decir que es el “origen” de todo, tanto del asilo como de la maligna comunidad de enfermos que viviría en él. Es la historia de un hombre loco que poco a poco se percata de ello, lo que tampoco le impide dejarse llevar por su demencia. Tampoco entraré en detalles argumentales, pero es aquí donde reside el interés en la parte central del cómic, cuando el que hay por las acciones de Batman decae. Sin embargo considero que el modo en que Morrison liga ambas tramas es bastante pobre, dando al clímax una justificación que no se pedía.
Muchas veces he leído que Batman se enfrenta a sus miedos en Arkham Asylum, como si fuese una de las virtudes del cómic. Si lo es lo siento pero no lo veo. En el caso de que Killer Croc simbolice una parte de la psique, Maxie Zeus otra y el Sombrerero Loco otra, todos esos enfrentamientos se resuelven del mismo modo: a hostias. Vaya, que si se trata de metáforas creo que están incompletas. No me sirve de nada que haya símbolos si no hay un mensaje. Es como el hecho de que la historia esté estructurada como una casa: muy bonito, muy interesante, pero a mí no me aporta nada como lector. Quisiera señalar que en Asilo Arkham fue la primera vez, que yo recuerde, que se presentó a Killer Croc como un ser prácticamente animal. Mucho más interesante encuentro lo implícito a la historia, toda la simbología que contiene en cuanto a la vida de Arkham, el modo en que conecta con Batman y todas las ideas que los propios personajes dejan caer a lo largo de las páginas. Hay un exceso de símbolos, pero entre ellos que encontraremos pequeñas perlas de la psicología del Hombre Murciélago, y no son precisamente los explícitos. Particularmente fascinante me parece la charla del Sombrerero Loco, amigo de la locura y tal vez más cercano a comprender las intenciones del guionista, quien dice que tal vez Arkham es una cabeza y que ellos no son sino sueños en su interior. Tal vez la cabeza del propio Batman…
Amadeus Arkham y Batman entran en el asilo en sendas escenas que reflejan la una a la otra como si encontrasen ante las puertas de un infierno que únicamente está en sus cabezas. Escenas como estas, sumadas a un desarrollo extraño, en el que incomoda ver ese Batman tan frágil, y en el que se salta de situación como en un sueño, hacen de la lectura de Asilo Arkham una experiencia casi onírica, huyendo del realismo que Miller había marcado con sus obras incluso a nivel narrativo. Morrison explicó que su caracterización de Batman en esta historia no era sino una crítica al personaje como se le había representado en los 80, violento, decidido y casi psicopático, pero que solamente era una versión, y no implicaba que posteriores trabajos suyos fuesen semejantes.
No olvido a la otra gran estrella de Asilo Arkham, y es Dave McKean, un ilustrador que muchos echamos de menos en los cómics. Es muy difícil encontrar en otro dibujante que haya mostrado la locura del Joker tan gráficamente, con solo mostrar su rostro. McKean compone impresionantes páginas, sobrecogedoras imágenes que acompañan perfectamente a las ideas más perversas de Morrison, y convierte esta novela gráfica en un auténtico cómic de terror. Tras Morrison muchos han tratado de penetrar los muros de esta institución con la esperanza de rescatar algún resto del manjar que el escocés y McKean nos ofrecieron, pero el éxito no ha sido fácil de conseguir. Además, tras esta historia, debieron de reformar Arkham y le hicieron paredes de papel, porque cada año bisiesto los internos se fugan en masa esperando que a estas alturas de la vida aún nos produzca alguna sensación de peligro.

En definitiva, Batman: Asilo Arkham es una obra maestra que trasciende el género de superhéroes, ofreciendo una profunda exploración de la locura, la psique humana y la propia naturaleza de Batman. Su influencia perdura, y su estatus como obra vanguardista y aterradora sigue intacto.
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