Banana Fish: Más Allá de las Etiquetas, una Historia de Vínculos Inquebrantables

¡Bienvenidos un día más, lectores y lectoras, a Hanami Dango! Hoy os traemos la recomendación de un anime que ha tocado infinidad de corazones. Banana Fish fue el gran descubrimiento de muchos en la temporada de verano de 2018. Temporada en la que tuvo que luchar por ganarse un lugar destacado entre nuevas temporadas de animes bastante famosos como Shingeki no Kyojin, Free!!.

Antes de hablar de esta obra, nos gustaría aclarar que el anime producido por MAPPA es la adaptación del manga homónimo de Akimi Yoshida, publicado en 1985. Banana Fish (バナナフィッシュ Banana Fisshu?) es una serie manga escrita e ilustrada por Akimi Yoshida, publicada en la revista Bessatsu Shoujo Comic de la Editorial Shogakukan Comics. La historia nos traslada a la Nueva York de los años 80, donde Ash Lynx es un atractivo joven que se ha convertido con el tiempo en un sanguinario asesino. De niño huyó de casa y acabó siendo heredero adoptivo, mano derecha y juguete sexual de “Papa” Dino Golzine, el señor del crimen de la costa este de Córcega. Ash tiene ahora 17 años y mira con desdén el imperio del crimen de su malvado padre adoptivo y prefiere ser más libre con un grupo de matones pequeño pero leal, en las calles.

Año 1973, Vietnam. Un soldado estadounidense pierde repentinamente la cordura tras musitar unas palabras: Banana Fish. Poco después de esto Eiji Okumura, un joven japonés llega a Nueva York como asistente de Shunichi Ibe, un periodista que se encuentra haciendo un reportaje sobre las pandillas callejeras en la ciudad. La naturaleza hizo a Ash Lynx hermoso; las circunstancias de la vida le convirtieron en un asesino despiadado. Un fugitivo criado como el heredero adoptivo y el juguete sexual de “Papa” Dino Golzine. Ahora, a la edad rebelde de diecisiete años, Ash abandona el reino del diablo que lo crió. Pero el espantoso secreto que enloqueció al hermano mayor de Ash en Vietnam ha caído repentinamente en las insaciablemente y ambiciosas manos de papá, y es exactamente el momento equivocado para que Eiji Okamura, un fotógrafo japonés de corazón puro, conozca a Ash Lynx…

Mapa de Nueva York en los años 80

Sinopsis: Este anime nos presenta a Ash Lynx, un delincuente juvenil jefe de una banda que hace trabajos para la mafia estadounidense, y a Eiji Okumura, un joven fotógrafo japonés que ha ido a cubrir una noticia sobre bandas.

La obra fue ampliamente aclamada por la crítica, sobre todo por lo arriesgado de su trama, que se acercaba mucho a ese thriller erótico violento de finales de los 80 y comienzos de los 90 que poblaba Hollywood, algo inusual para un manga japonés. Pero, uno de los elementos más interesantes era su coqueteo con el yaoi (género de manga que destaca relaciones entre dos individuos de sexo masculino), ya que los dos protagonistas, Ash Lynx y Eiji Okumura tienen una relación muy cercana a lo largo de la historia.

El Boys Love o BL es un género que consiste en obras cuyo tema central es la relación amorosa -y/o sexual- entre hombres, aunque eso no significa que solo se centren en el romance. ¿Podemos decir entonces que Banana Fish es un BL? Esta respuesta es simple, no, aunque no podemos obviar la tensión y sentimientos románticos que EXISTEN entre los protagonistas.

En los comienzos del manga de romance entre hombres, las autoras centraban sus historias en internados extranjeros, ya que el comportamiento -homosexual- de sus protagonistas «no podía darse en Japón». Como ejemplo de esta primera oleada encontramos La Balada del Viento y de los Árboles, obra de Keiko Takemiya que fue fruto del movimiento shounen-ai. Posteriormente, a principios de los años 80, surgieron los primeros mangas yaoi que, a diferencia del shounen-ai -que emergió en revistas shoujo (destinadas a un público femenino joven)-, surgieron de los doujinshi, revistas autopublicadas (sin público al que ir dirigidas).

Por lo tanto, aunque ni el anime ni el manga de Banana Fish se enmarcan dentro del BL porque la historia no tiene como eje principal el romance, su manga se publica en pleno surgimiento del género yaoi (término en desuso) y tiene bastantes elementos en común con este.

El manga shōjo (cómics femeninos japoneses) entró en un período de importante desarrollo creativo a partir de la década de 1970, caracterizado por la aparición de nuevos estilos narrativos y visuales, y el ascenso de las artistas de manga en lo que anteriormente había sido una categoría dominada por creadores masculinos. Mangas como La rosa de Versalles (1972-1973) de Riyoko Ikeda establecieron escenarios no japoneses y personajes andróginos como motivo común para el manga shōjo, mientras que se originaron obras de Moto Hagio, Keiko Takemiya y otros artistas asociados con el Grupo Year 24. El Grupo Year 24 también fue pionero en el desarrollo del shōnen-ai (romance entre hombres) como un subgénero distinto del manga shōjo. El grupo shōnen-ai de principios de año 24 normalmente representaba escenarios europeos o japoneses históricos romantizados, aunque las obras que representaban la homosexualidad de artistas no asociados con el grupo, como Fire!, también fueron influyentes.

La creadora de Banana Fish, Akimi Yoshida, hizo su debut como artista de manga en 1977, y originalmente se inspiró para seguir una carrera en manga después de ver una proyección de reposición de la película Midnight Cowboy de 1969 mientras estaba en la escuela secundaria. La película, que describe la relación entre unos estafadores en la ciudad de Nueva York, tuvo un profundo impacto en Yoshida y la influyó para crear obras que replicaban sus temas de estrechos vínculos espirituales y fraternales entre hombres.

Yoshida no tenía una composición fija para la trama de Banana Fish desde el principio; Si bien tenía una idea general de la historia de la serie, los detalles de la trama y los personajes se desarrollaron a lo largo de su serialización. Debido a la influencia de Midnight Cowboy, Yoshida buscó crear Banana Fish como una historia centrada en una relación emocionalmente intensa entre dos personajes, que se convirtieron en Ash y Eiji. Originalmente, Ash fue concebido como un personaje alegre inspirado en los protagonistas del manga shōnen, ya que Yoshida buscaba contrastar a los protagonistas malhumorados típicos de sus otras obras, mientras que Eiji fue concebido originalmente como un personaje femenino.

El estilo de Yoshida como artista de manga, ejemplificado por Banana Fish, se desvió significativamente del típico manga shōjo de su época en términos de narrativa, personajes, escenario, estado de ánimo y estilo visual. El escritor y traductor Frederik L. Schodt señala que si bien las obras de Yoshida se adhieren a ciertas convenciones del manga shōjo como homoerotismo textual y subtextual, al mismo tiempo adopta "un estilo artístico completamente masculino, evitando flores y ojos saltones en favor de trazos apretados y atrevidos. escenas de acción y líneas de velocidad". Renunció a muchas de las convenciones shōjo popularizadas por el Grupo Year 24 (diseños de personajes muy estilizados, enfoque en el romance y la fantasía, escritura grandilocuente) en favor de obras de arte simples y realistas, paneles que se centraban en personajes y acciones sobre fondos y entornos, y secuencias de acción frecuentes. Sus personajes están dibujados con proporciones realistas, contrastando tanto los "cuerpos esbeltos" típicos de los hombres en el manga shōjo como la "anatomía hiperdefinida" típica de los hombres en el manga shōnen (manga para niños).

La apariencia física de muchos de los personajes de Banana Fish se basa en figuras públicas de la vida real: la apariencia de Ash se basa en el tenista Stefan Edberg en los primeros capítulos de la serie antes de pasar a un diseño basado en el actor River Phoenix, mientras que Eiji es Basado en el actor Hironobu Nomura. Yoshida comparó este proceso de seleccionar figuras de la vida real para representarlas como personajes con el casting de una "película de acción de categoría B". El autor desarrolló un interés en River Phoenix después de ver su película de 1986 The Mosquito Coast mientras visitaba los Estados Unidos; No sabía que Phoenix también apareció en la película Stand By Me de 1986, que había visto anteriormente, y quedó intrigada por el rango de Phoenix como actor dadas las diferencias entre los dos personajes.

Retrato de Ash Lynx y Eiji Okumura

A pesar de algunos de sus evidentes fallos, Banana Fish es capaz de hacer sumergir a cualquiera en un viaje emocional y de autodescubrimiento. De esperar con anhelo ese final feliz que tal vez nunca llegue. De ver más allá de una simple demografía.

La adaptación también recibió el aplauso de la crítica, sobre todo por la actualización de la historia, dándole un lavado de cara. Las escenas de acción están perfectamente diseñadas y el ambiente y el tono del anime hacen que olvides muchas veces que estás viendo animación. 'Banana Fish' rompió las reglas en los 80, y quiere volver a hacerlo en 2020.

Como hemos dicho anteriormente, la animación de este anime es envidiable. La paleta de colores vivos que han elegido encaja a la perfección con los escenarios estadounidenses que a menudo veremos repletos de coloridos grafitis y hacen destacar la belleza de Ash y de su melena siempre dorada. Otro detalle que nos ha gustado mucho de Banana Fish es el cambio de vestuario de los personajes durante el transcurso del anime.

Algo que nos ha gustado mucho es la diversidad racial presente en la obra. Nos gustaría unir esto con un tópico muy presente en los animes y mangas: que la historia se desarrolle en el extranjero, pero que siempre haya un personaje japonés o medio japonés involucrado.

Volviendo a la adaptación de Banana Fish, debemos resaltar que su gran problema es la velocidad con la que quiere abarcar tanto. No olvidemos que su manga consta de 110 capítulos que han sido juntados a presión en los 24 episodios que tiene el anime. Debido a esto hay abruptos cambios de escenario y de tiempo. Sin embargo, con el paso de los episodios el ritmo va disminuyendo levemente y llegados al final no es algo que nos termine molestando del todo. Entendemos que hayan decidido dar velocidad para no omitir más cosas de las que ya se han omitido. Pues, aunque el anime ha tenido que prescindir de bastantes escenas, la historia principal no se ha visto gravemente afectada.

Por último, nos gustaría resaltar el papel que tienen nuestros dos protagonistas en la obra, ya que la química que hay entre los dos, y esta vez no nos referimos solo a románticamente, ¡es maravillosa! Nadie es perfecto, y esto lo saben ambos, lo comprenden y asumen. Para Ash, Eiji es la tranquilidad que siempre ha buscado, es esa familia estable, ese lugar cálido al que volver; mientras que para Eiji Ash es algo novedoso, salvaje y herido, como un cachorro en cierta medida. Alguien que se ha criado en un mundo de bestias, pero que aunque lucha por su propia supervivencia es capaz de tenderte la mano amablemente. En definitiva, y a pesar de ser el mayor, Eiji convertirá a Ash en su foco de admiración y será de quien sacará experiencias y vivencias.

Banana Fish rompe con los tropos de un género y realiza una encomiable labor de representación. En una sociedad de prejuicios y etiquetas, hay una tendencia tóxica y retrógrada a crear y asociar roles de género. Se distingue y se prefabrican comportamientos y personalidades masculinas y femeninas. Cuando en una relación se sale del binomio hombre-mujer, existe cierta propensión a encajar dichos estereotipos en, por ejemplo y siguiendo el caso de la serie, la relación entre dos hombres. Se tiende a hacer una distinción, en esclarecer qué rol ocupa cada uno de los agentes de la relación. Jugar a un absurdo quién es quién carente de significación alguna.

Por su personalidad y actuación, Ash Lynx ostentaría el rol de personaje rudo, fuerte, de cierta incapacidad emocional. Sería, dicho de manera banal, el agente más masculino de la relación. Por el contrario, Eiji Okumura sería un personaje más débil, frágil, pero con una capacidad emocional muy superior. Sin embargo, la autora reniega de cualquier concepción arcaica y patriarcal e iguala a sus personajes. Les otorga una gran dimensión y espacio para complementarse. Ofrece una visión natural y humana de ambos, sin prejuicios. Porque tal vez Ash tenga una habilidad portentosa para moverse en entornos hostiles y utilizar armas de fuego, pero es un personaje extremadamente frágil en lo emocional. Ambos personajes tienen carencias, miedos, pero se retroalimentan entre ellos y barren los tópicos.

El hito de Yoshida es el de construir una relación en total sintonía. Una balanza en completo equilibrio. Donde sus protagonistas aprenden uno del otro y son mejores cuando están juntos. Que, a fin de cuentas, de eso tratan las relaciones de verdad. Y lo consigue a través de una trama de violencia explícita, trifulcas entre distintas bandas del crimen organizado y un complot a gran escala.

En definitiva, Banana Fish es un anime ligero que se disfruta mucho y que tiene una trama muy interesante. No tenemos dudas de que sus protagonistas van a hacer que te enamores de ellos y se van a hacer un huequito en tu corazón.

Leí TODO Banana Fish para que tu no lo leas 🍌🐟 | Sans Reyes

Banana Fish pone punto final a su historia con su vigésimo cuarto episodio. La adaptación de la emblemática obra de Akimi Yoshida ha sido una de las protagonistas de un año 2018 que poco a poco va desvaneciéndose, esfumándose, y dando paso a una nueva ración anual de prometedores estrenos. Muy probablemente Banana Fish figure en la gran mayoría de listados a mejores títulos del año. De hecho, ocupa un preciado espacio en nuestra propia “gala” anual. Y es que la serie de MAPPA acierta con holgura en muchas de sus facetas para consagrarse como una ficción altamente disfrutable y memorable; aunque no exenta de fallos, claro.

Podría hablar de su habitual maniobra para hilvanar un giro de guion tras otro, de los retazos de drama bélico de su propuesta o la señalización de la corrupción de los sistemas gubernamentales. Sin embargo, prefiero analizar el porqué -para mí- Banana Fish es un auténtico éxito. Porque es una obra capaz de acabar con las etiquetas. De ponerse por encima de las mismas. De fraguar y desarrollar una relación de amor natural entre dos hombres. El éxito de Banana Fish se traduce, por extensión, en un éxito de representación LGBT en el medio.

Nunca me han gustado las etiquetas o los estereotipos. Creo que es un grave error tratar de homogeneizar lo que, de manera natural, es heterogéneo -salvo contadas excepciones-. Aunque entiendo los fines comerciales de la categorización y, ciñéndonos a la industria del cómic japonés, también comprendo la finalidad de las demografías. Pero claro, una cosa es que lo entienda y otra muy distinta que me muestre a favor de ello. Porque en incontables ocasiones suponen más un obstáculo que un impulso positivo. Son ese árbol que impide ver la frondosidad del bosque.

Abrazando a su demografía, Banana Fish es un shōjo debido a las características de la revista donde se publicó. Ergo, la audiencia a la que se dirige está compuesta por un público femenino adolescente. Sin embargo, la ficción que presenta queda lejos de la rigurosa solidez de ese concepto. El término “shōjo” que acompaña Banana Fish supone el primer punto de discordia. El primer prejuicio. Porque una historia “para chicas adolescentes” tal vez puede herir la vigorosa masculinidad de muchos hombres. Tal vez puede hacer peligrar su nivel de testosterona con el paso de unas pocas páginas o un par de capítulos. Cuando en realidad, la obra de Akimi Yoshida ofrece una historia capaz de seducir a cualquier género y cualquier edad. Una obra que con más de 30 años a sus espaldas es capaz de sentirse actual, de trascender en el tiempo.

Por otro lado tenemos el romance entre los protagonistas de la serie. Un prejuicio que, sobre todo, tiene que ver con el tratamiento que se le da a las relaciones entre hombres en muchas otras obras. Historias erigidas bajo la construcción de situaciones inverosímiles, una pasmosa celeridad en los tiempos y fases de la relación, cierto grado de toxicidad o presencia de tropos absurdos y la sobreexplotación de recursos como el del abuso sexual. En cierto modo, la relación entre ambos jóvenes es una de pureza. Libre de cualquier nocividad. Ash es un personaje moldeado a base de golpes, con un pasado que ha condicionado su comportamiento y su forma de ser actuales. Pero, de repente irrumpe en su vida Eiji, alguien diametralmente distinto a él. Una persona en la que poder depositar total confianza sin temor a perjuicios. Un oasis de sosiego. Un faro cuya luz sirve de guía. Ambos son como la noche y el día, pero el magnetismo entre ellos es instantáneo. La chispa inicial poco a poco va prendiendo, convirtiéndose en una candente llama incapaz de extinguirse. El sentimiento de camaradería, de hermandad, es palpable durante todo el desarrollo. Pero ese sentimiento permite entrever otro más pasional, el del amor. El de ser capaz de sacrificarse uno mismo por el bienestar del otro. Esta evolución no es fortuita, no sucede de un momento a otro. Es como una melodía cuya fuerza va in crescendo, alcanzando cotas máximas al final de la partitura. Y si antes he mencionado la pureza de su relación, también es por esto mismo. Por lo natural e increíblemente orgánico de su unión. Por la sutileza y los pequeños detalles. Porque la única escena donde se muestra “algo más” entre ellos de manera explícita sucede en el tercer capítulo, y no es más que un beso con fundamento argumental. El sentimiento se demuestra a través de actos, ya sean minúsculos o extraordinarios. Una cómplice mirada, un cálido abrazo, el esbozo de planes de futuro.

Hasta aquí la recomendación de hoy, lectores. Nos encantaría saber qué os ha parecido, podéis decirnos si en vuestro corazón también hay un sitio especial para Ash y Eiji o, si por el contrario, no os ha parecido para tanto. ¡Nos encanta leeros! Podéis decírnoslo en nuestras redes sociales o en nuestro canal de Discord.

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