La trama de "Ataque a los Titanes" siempre se ha caracterizado por su habilidad para generar expectativas y mantener al espectador en vilo. Desde sus inicios, la pregunta sobre qué se escondía en el sótano de Grisha alimentaba una tensión creciente, un misterio que se iba recubriendo de drama mientras la respuesta parecía alejarse. Este idealismo de Eren encontraba justificación en el sacrificio de figuras como Erwin, quien caminó sobre cientos de cadáveres para alcanzar esa verdad. La adaptación de Wit Studio, fiel a su estilo, logró sostener la atención de millones durante más de tres años, subvirtiendo expectativas y sorprendiendo de maneras crueles, incluso en los momentos más críticos.
El episodio 19 de la tercera temporada, lejos de ser el clímax de todo, marca el fin de la trama iniciada en el piloto, pero a su vez, tiende nuevos puentes hacia el futuro. El sótano del padre de Eren, presentado como la respuesta a todo, se revela como otro complicado nudo en una trama retorcida hasta el extremo. La solución a un problema solo desvela una dificultad aún mayor, y el misterio del universo de Isayama, si bien permitía empatizar con los protagonistas, también cocía una progresión narrativa inductiva, donde el detalle más pequeño se analizaba ignorando el contexto general para luego ampliar el escenario.
Ni Levi, ni Armin, ni siquiera Eren pensaban en alcanzar la paz tras conocer la verdad. Se esperaba que esta fuera lo suficientemente dolorosa como para justificar la tiranía y el despotismo sufridos. La llave, que se creía la clave para acceder a un nuevo mundo, resulta no ser tan sencilla. Antes de llegar a ello, Wit nos presenta un interludio de sobreexplicaciones. Tras las intensas semanas previas, el estudio optó por ralentizar el ritmo, preparando la serie para el gran golpe final. Se abandonó el uso reiterativo de primerísimos planos, interpretaciones melodramáticas y piezas musicales transversales, relajando el nivel emocional de las escenas y adoptando un conservadurismo que permitía repasar los estragos de la escaramuza. Armin despierta y recibe la verdad de lo sucedido, mientras la serie recorre el devastado horizonte de Shiganshina.

Este movimiento estratégico no solo conduce a la consolidación de una de las decisiones morales más importantes del anime, sino que la incomprensión lógica de Armin ante la polémica deriva de los acontecimientos desemboca en una explicación que intenta justificar la sinrazón. Una salida sustentada en el complejo proceso racional que Levi cocina en su interior. Sin embargo, el carácter racional y analítico de Armin le impiden comprender del todo la situación. En un contexto claro, Erwin siempre habría sido la opción más sensata, pero la presión oprime el pecho de Armin, recreando en su mente un futuro en el que deba cargar con el infierno que vivía el comandante.
No obstante, esa fue precisamente la premisa por la que Levi optó por sacrificar a su jefe. El calvario de Erwin le permitió recibir la absolución. El descanso llegaba con la muerte, pero no para que otro ocupara su lugar. Levi no le libró de las quemaduras pensando en sus amigos, sino deseando que Erwin viviera en paz. "No me pienso arrepentir de mi decisión", afirma Levi, aportando Isayama un volumen adicional al personaje, reforzando al guerrero que ya demostraba ser invencible por fuera. Su determinación inunda la pantalla de resiliencia. Hange se recompone, mentalizada para ocupar su nuevo puesto en la diezmada Legión, y Eren emprende el camino final hacia el lugar donde todo comenzó.

Cientos de muertes, sacrificios y misiones suicidas después, "Ataque a los Titanes" se prepara para desvelar la verdad oculta. Las calles se envuelven de nostalgia, los recuerdos devuelven la vida a las casas, y la figura de Grisha reaparece en el horizonte. Eren y Mikasa han padecido la crueldad del mangaka en sus propias carnes, pero ni eso perturba el recuerdo de sus infancias. La ternura y el fulgor con el que Wit retrata la travesía hacia el hogar contrastan con la destrucción y el bagaje emocional que cargan sus personajes, pero funciona.
Esos pocos minutos son suficientes para inducir a Eren en un viaje onírico por lo más profundo de su corazón, para recuperar la única figura paternal de su vida y desmitificarla poco a poco gracias a las experiencias de supervivencia. "¿Podrás ver el laboratorio cuando sepas qué es lo más importante para los demás?", se pregunta si se ha cumplido la condición de Grisha, o si era solo una excusa para ocultar la verdad arrebatada a los habitantes del interior de los muros. Ni una cosa ni la otra. Isayama recurre de nuevo al gris para recrudecer una ambigüedad más perversa que la propia crueldad.
La respuesta no se escondía en el sótano, sino en el propio camino para llegar hasta allí, en todo el aprendizaje derivado de un mundo inexplicablemente tirano. Algo que Wit materializa en la inutilidad de la llave que sirvió como macguffin. Nada es lo que parece, y ese colgante no permitía abrir la puerta de la estancia. "Tus intenciones son la llave", reza una frase, pero Levi irrumpe de una patada en el sótano, descubriendo un nuevo doble fondo de lo que ya es un pozo infinito de mentiras y falsas apariencias. El estudio aguanta la respiración, sosteniendo al espectador en vilo con la sorpresa que sustentaba todo su teatrillo.

Existían muchas formas de ejecutar la escena, y casi todas hubieran sido insuficientes para retratar con fidelidad este punto de inflexión. El director de la adaptación, sin embargo, saca a relucir su habilidad para hacer magia con el ritmo, buscando la simbología allí donde más hace falta y persiguiendo la sombra mientras distrae el ojo del espectador. Todo ello mientras la narrativa se va desligando para decodificar las imágenes. "¿Cómo sabe que no hay gente al otro lado de las murallas?", se pregunta el nuevo alto mando instituido por Erwin, recuperando sus preceptos y volviendo a poner sobre la mesa la teoría de la conspiración. Un giro ideal para dar color a la información que Grisha ocultó durante toda su vida: una fotografía.
Ni el funcionamiento de los titanes, ni la solución al complicado maniqueísmo impuesto por Isayama. La respuesta es un elemento que rompe diegéticamente la ambientación histórica de este universo y empequeñece aún más el mundo germinado dentro de los muros. "La humanidad no se extinguió ahí fuera". El precepto del Comandante por fin justifica su viaje a los infiernos. "Espero que la primera persona que tome este libro sea un aliado". La frase, aparentemente sencilla, esconde un nuevo doble sentido que invita una vez más a replantear todo el juego psicológico de la serie.
El Legado de Grisha y la Fotografía Reveladora
"Ataque a los Titanes" cierra una etapa y se encamina hacia el futuro portando nuevas preguntas. ¿Quién era realmente Grisha? Una escena colocada tras los créditos dibuja lo que parece ser un guiño a los guetos judíos que los nazis implantaron en Polonia durante los momentos previos a la Segunda Guerra Mundial. Con el objetivo de recordar lo acontecido, se hace un repaso por las últimas temporadas, y en concreto, por la tercera.
Tras el regreso a los muros, los miembros de las Tropas de Reconocimiento deben hacer frente a una delicada situación. Erwin debe ser juzgado por las numerosas bajas causadas, aunque la legión sigue adelante bajo el liderazgo de Hange. Un nuevo obstáculo se presenta tras el asesinato del pastor Nick, quien poseía la clave de la presencia de titanes colosales dentro de la muralla, indicando que las Tropas de Reconocimiento no solo tienen enemigos fuera de los muros, sino también dentro. Los soldados deben hacer frente a quienes fueron sus aliados, mientras intentan progresar con el intento de sellar la Muralla María.
Las respuestas al asesinato de Nick se encuentran en un escuadrón interno de la Policía Militar, quienes acechan a Eren. El nuevo escuadrón de Levi recibe órdenes de Erwin, obligando al grupo a moverse y engañar a sus perseguidores. El comerciante Dimo Reeves se une a la causa. Previamente, había enviado a sus hombres para secuestrar a Eren e Historia, afortunadamente sin saber que eran Jean y Armin disfrazados. Levi, Mikasa, Connie y Sasha logran dar con ellos y descubren que Reeves y sus hombres solo seguían órdenes de la Policía Militar. En conjunto, secuestran a dos de sus miembros, Djel Sanes y Ralp. El primero es torturado por Hange y Levi para obtener más información. No obstante, la aparición del despiadado Kenny Ackerman y sus hombres complica el asunto: tras una espectacular persecución por las calles, logran hacerse con Eren e Historia y matar a Dimo Reeves, inculpando a las Tropas de Reconocimiento del crimen.

El escuadrón de Levi debe seguir el rastro a los secuestradores y atar cabos sueltos para llegar a Eren, quien está en manos de Rod Reiss, el verdadero líder de la monarquía y padre biológico de Historia. Kenny Ackerman resulta ser un miembro de la Policía Militar Central y el capitán del Escuadrón de Control Antipersonas. Este se hizo infame dentro de los muros por haber asesinado a decenas de personas, llegando a ser considerado una leyenda urbana. Un día, Kenny pregunta a su abuelo moribundo por qué antiguamente el clan Ackerman era fiel al rey y en la actualidad es odiado y perseguido. El anciano responde que no eran odiados, sino temidos porque no podían ser controlados. Explica que la mayoría de la población compartía una línea de sangre, mientras que la minoría eran los asiáticos y el clan Ackerman, quienes resultaban ser un obstáculo para el ideal del rey de eliminar todos los recuerdos de la humanidad antes de la era de las Murallas para establecer la paz absoluta.
La familia real estaba dotada del poder de los titanes, usado para crear las imponentes murallas. De esta manera, pudieron limpiar los recuerdos de la mayoría y, para completar el ideal, debían silenciar a los clanes restantes. Además de una inmunidad natural a la manipulación de memoria del Titán Fundador, los miembros del clan Ackerman poseen otro rasgo único: el «poder despertado», que, en palabras de Levi, es saber lo que hay que hacer. Este poder no despierta por sí solo y para usarlo es necesario encontrar a un «anfitrión», una persona a la cual proteger, y recibir alguna orden de dicho individuo en condiciones cercanas a la muerte.
Finalmente, Eren e Historia son transportados en un ataúd hasta la capilla de los Reiss. Eren tiene la sensación de haber estado antes allí, por lo que Rod le explica que es producto de sus recuerdos. Cuando él e Historia tocan a Eren, en la memoria de Eren se muestran los recuerdos de una persona desconocida que entra en un pasadizo debajo de una capilla. Allí se transforma en un titán y se enfrenta a otro con forma femenina, para después masacrar a la mayoría de la familia Reiss. También ve, desde el punto de vista de su padre hace cinco años, cómo este le inyecta un suero haciendo que Eren se transformara en titán por primera vez y lo devorara. No obstante, Eren no es el único afectado por sus recuerdos; Historia también queda impactada al ver a la chica, recordando cómo ambas pasaron tiempo juntas durante su infancia, siendo ella quien le enseñó a leer y escribir.
Rod le explica a Historia que esa chica era su medio hermana, Frieda Reiss, y que ella borró todos sus recuerdos para mantenerla a salvo. Cuando Historia pide a su padre volver a ver a su hermana, este les cuenta toda la verdad: ella y toda su familia fueron asesinados hace 5 años por Grisha Jaeger, quien devoró a Frieda para conseguir el poder de la Coordenada. Para que Frieda siga viva en sus recuerdos, Rod le explica a Historia que deberá inyectarse el suero para comerse a Eren y recuperar el poder que nunca les debió ser arrebatado. Si bien inicialmente Historia está dispuesta a seguir las órdenes de su padre, cambia de opinión al no querer convertirse en alguien especial. No se considera una buena persona, pero no quiere devorar a alguien a quien considera un amigo. Es entonces cuando Rod Reiss decide inyectarse el suero para ser él quien devore a Eren.
Todos contemplan cómo Rod se convierte en un titán de tamaño descomunal, incluso mayor que el Titán Colosal. Eren piensa en transformarse, pero teme que su titán no sea lo suficientemente poderoso. En ese momento, ve un frasco en el maletín de Rod con la etiqueta «Acorazado Braun» y toma el líquido antes de transformarse. Más tarde, Eren despierta mientras Armin y Mikasa lo ayudan a salir de su cuerpo de titán. Para su sorpresa, se da cuenta de que fue capaz de endurecer al titán y sostener con él la estructura que estaba por derrumbarse. Eren no puede recordar cómo lo logró, ya que olvidó todo a partir del momento en que tomó el líquido. Pero las tropas tienen ahora un problema mayor: Rod Reiss, convertido en un titán regular de aproximadamente 120 metros, se dirige hacia el Distrito Orvud.

Eren está listo para dar su vida de nuevo, pero Historia lo interrumpe al explicar que la familia Reiss intentó por generaciones, sin éxito, deshacer el lavado de cerebro y que Grisha probablemente robó la Coordenada para romper este control mental sobre los habitantes de los muros. Eren recuerda las últimas palabras de Grisha, diciéndole que si quería proteger a Armin y a Mikasa, tendría que aprender a usar ese poder y que sus recuerdos le enseñarían cómo hacerlo. Una vez que llegan al Distrito Orvud, las Tropas Estacionarias han preparado la evacuación de los civiles, pero Erwin le pide al capitán que la detenga, pues planea usar a los civiles como señuelo para atraer a Rod al exterior del Distrito Orvud. Tras varias rondas de cañonazos, Rod se alza sobre la muralla apoyándose en ella. Eren se transforma en titán después de que Armin y Sasha inutilizan las manos de Rod, haciéndole encorvarse y perder altura, luego se aproxima a la boca del titán y arroja explosivos en su interior. El enorme cuerpo de Rod vuela en pedazos e Historia procede a cortar la parte principal, asesinándolo.
Algunas horas después de la batalla, Levi regresa a las ruinas de la capilla Reiss y halla a Kenny recostado en un árbol, siendo el único miembro de su escuadrón que ha sobrevivido tras el derrumbe de la cueva. Dos meses después del ascenso de Historia Reiss al trono, las Tropas de Reconocimiento inician la misión para recuperar la Muralla María en el distrito Shiganshina y descubrir la verdad sobre el mundo que yace oculta en el antiguo hogar de Eren Jaeger. Tras partir del distrito Trost y viajar por el territorio de los titanes durante toda una noche, la legión consigue llegar a Shiganshina. Una vez allí se da inicio al procedimiento de sellado de los agujeros en el muro María, el cual será llevado a cabo por Eren. El bloqueo de la abertura hecha por el Titán Colosal es un éxito y a continuación se procede a sellar el agujero abierto por el Titán Acorazado. Las cosas se complican cuando Reiner Braun es descubierto por un soldado en el interior de la muralla. Aunque Levi intenta asesinarlo, fracasa y Reiner acaba transformándose en titán. Eren hace lo mismo en respuesta y ambos inician una batalla en el interior del distrito.
Por otro lado, el Titán Bestia aparece acompañado de varios titanes. Con ayuda de otro titán que se mueve a cuatro patas, bloquea las rutas de escape del ejército al separar a los soldados de los caballos e inicia su propio ataque al arrojar piedras dentro del distrito, matando a varios soldados. Tras escuchar el rugido de auxilio del Titán Acorazado desde Shiganshina, el Titán Bestia toma un barril en el que se encuentra Bertholdt en su interior y lo arroja hacia la ubicación de Reiner. El Titán Bestia es derrotado por Levi gracias a un plan suicida formulado por Erwin, en el cual mueren los soldados restantes y el propio comandante. Sin embargo, cuando Levi cree que tiene al usuario del titán apresado, aparece el misterioso titán cuadrúpedo y se lo lleva.

Mientras tanto, Bertholdt en su forma de titán es vencido por Eren con la ayuda del sacrificio de Armin, quien sufre fatales quemaduras al actuar como distractor. El usuario del Titán Bestia aparece en el lugar en el que se encuentra Eren. Este parece conocer a su padre, pues dice que no se parece a él y le ruega que le crea, que ambos son víctimas de las acciones de Grisha Jaeger. A su vez, Reiner cae una vez más por un ataque conjunto de Hange, Mikasa y el resto. Tras su derrota, Hange le pregunta qué es el estuche de metal que trató de alcanzar antes de que le cortaran los brazos, estudiando la probabilidad de que se trate de un recurso de último minuto para suicidarse. Reiner le responde que es una carta que Ymir le confió para entregársela a Christa.
Hange intenta obtener más información de Reiner, pero este rehúsa, por lo que Hange decide cortar su cuello con una cuchilla. Antes de que pueda quitarle la vida, Jean interviene, pues pueden robar su poder de titán, tal y como dijo Erwin antes de la expedición, al tener el capitán Levi en su poder el suero y salvar así la vida de alguien. Notando que Armin aún respira, Eren le pide a Levi el suero para salvar su vida, pero en ese momento un soldado, Floch, llega cargando en su espalda a un Erwin también gravemente herido. Al verlo Levi decide usar el suero en él. Eren rechaza la idea, por lo que Levi le dice que, mientras Erwin esté vivo, la solución más lógica es dárselo a él y en un acto de impulso golpea a Eren arrojándolo al suelo. Finalmente, Levi se queda a solas con los cuerpos de ambos, pero, cuando va a inyectarle el suero a Erwin, este lo aparta de un manotazo. Este gesto del comandante no es a propósito, sino que lo aparta inconscientemente al estar recordando en sus últimos momentos su infancia. Y este gesto, aunque inconsciente, es suficiente para hacer cambiar de parecer a Levi. Erwin había dedicado toda su vida a justificar la creencia de su padre sobre el mundo y a explorar la verdad y, para lograr su objetivo, tuvo que deshumanizarse. Levi respeta a Erwin y sabe que morir es la única forma de poder liberarlo. Erwin se había convertido en un demonio y, a diferencia de Armin, en un esclavo de su sueño. Eren y sus compañeros observan cómo Armin, convertido en titán (quien fue inyectado con el suero por Levi), devora a un Bertholdt incapacitado y pidiendo ayuda desesperadamente, convirtiéndose así en el nuevo Titán Colosal.

Después, Eren junto a Mikasa, Hange y Levi llegan a las ruinas de la vieja casa de los Jaeger y, una vez allí, entran al sótano. Aquí descubren todo sobre el misterioso pasado de Grisha Jaeger y el verdadero origen de los titanes. Y es que la vida continúa más allá de las murallas. Al regresar a la Muralla Rose tras haber triunfado en la misión, Eren y Mikasa son encerrados en prisión como castigo por haberse enfrentado a su superior Levi. Durante su estancia en los calabozos, Eren y Armin verifican la información encontrada en los libros de Grisha con respecto al mundo exterior y la verdadera naturaleza de los titanes, comparándolos con los recuerdos que Eren obtuvo de Grisha. Los diez supervivientes de la misión a Shiganshina acuden a una reunión del ejército en la que también está presente la Reina Historia para discutir los resultados de la última expedición y la información conseguida sobre el mundo exterior en los libros de Grisha.
Durante la conferencia, Eren piensa en aquella vez que golpeó a Dina, preguntándose por qué solo pudo usar la Coordenada en ese momento. Al recordar que Dina era una descendiente de la familia real, llega a la conclusión de que, si tocara a un miembro de la realeza que ha sido transformado en titán, tal vez podría usar el poder del Titán Fundador, pero también llega a la conclusión de que decir la verdad podría poner en riesgo a Historia. Un año después de la batalla en Trost, tras nueve meses eliminando a los titanes con ayuda de unas guillotinas instaladas en los muros, y por primera vez en seis años, las Tropas de Reconocimiento realizan una expedición al exterior de la muralla María. Durante el trayecto, se encuentran a un solo titán. Eren denota que su presencia indica que se encuentran cerca de la frontera, donde el país de Marley transforma a los eldianos en titanes. La legión llega a la frontera, y posteriormente, al océano, cumpliendo así por fin el sueño de Armin.

"Ataque a los Titanes" ha ido construyendo parte de su trama alrededor de la misteriosa llave que cuelga del cuello de Eren. Tras conocer que información muy valiosa podía aguardar a los protagonistas en el sótano de la casa de los Jaeger, este se ha convertido en el gran misterio de la serie. Desde el 19:40, Selecta Visión comparte a través de su página web el simulcast del anime de "Ataque a los Titanes" en versión original con subtítulos en español. La semana pasada despedíamos al personaje de Erwin y Armin recibía una segunda oportunidad tras devorar al Titán Colosal. El episodio inicia con un Armin que poco a poco parece despertar, movido por la voz de un Bertholdt todavía suplicante. Dado lo acontecido en la primera parte de la tercera temporada, ya sabemos que el ritual para transmitir poderes es tan íntimo como horroroso. Los lazos de sangre desempeñan un papel fundamental, ya que así es más fácil acceder a recuerdos que podrían ser vitales para la existencia de la humanidad, tal y como ha hecho durante generaciones la familia real. Que Armin y Bertholdt, dos personajes muy parecidos en muchos aspectos, pero en lados opuestos en el campo de batalla, hayan sido colocados juntos no es una coincidencia. Bertholdt y Armin son tranquilos, no llaman la atención y pasan a un segundo plano cuando están cerca de sus amigos más fuertes, más extrovertidos y confiados. Los dos rebosan inseguridad en muchas ocasiones. Armin se ha aprovechado de eso para atacar a Bertholdt donde más le duele, pero Bertholdt en episodios anteriores ha demostrado saber aprovecharse también de la poca confianza que tiene Armin en sí mismo para hacerle dudar.
El desconcierto inicial de Armin al despertar es entendible. ¿Cómo es posible que hayan elegido su vida por encima de la del comandante Erwin? Hange es sincera y tampoco lo tiene muy claro, pero la decisión de qué se debía hacer con el suero, llegada la situación, la debía tomar Levi y, por lo tanto, no tiene por qué cuestionarla. Al liberar al comandante del demonio en el que tuvo que convertirse en vida para hacer llegar a las Tropas de Reconocimiento hasta donde están, lleva a Armin a tener que cargar en parte con una gran responsabilidad. Hechas las explicaciones, Hange, Levi, Eren y Mikasa ponen rumbo a casa de los Jaeger. Es curioso el cambio de estilo de dibujo en la primera mitad del episodio. Eren y Mikasa vuelven a su hogar, al lugar en el que todo empezó y el espectador, también. Wit Studio modifica las líneas y regresa a un diseño que recuerda mucho más al que vimos en la primera temporada. Pero, aunque la idea es buena, la ejecución no lo ha sido tanto. Los cuerpos y las caras están mal dibujados, llegando incluso a estar deformes en algunos planos, y los movimientos son torpes, casi erráticos. Ya en la puerta del sótano, descubren que la llave de Eren no es la adecuada. Levi, que siempre ha sido más un hombre de acción, la abre de una patada. Sin embargo, dentro de la habitación no parece haber nada en especial, sino que se trata de un simple despacho. No obstante, Levi insiste en que si Grisha Jaeger quería que fueran hasta allí era por algo y ese algo tiene que estar escondido. Será Mikasa la que dé con la solución por accidente, al recoger una copa que tira sin querer. En el interior de dicho cajón hay tres libros. Este descubrimiento habrá decepcionado a más de uno por unos instantes, al menos hasta que Eren y Mikasa abren uno de ellos. Los cuatro se topan con algo que no habían visto nunca antes: una fotografía, a la que acompaña un mensaje de Grisha: el mundo, tal y como se cree en los muros, no fue exterminado nunca. Esta revelación supone un antes y un después en la trama de "Ataque a los Titanes". Desde que la historia inició, se había contado que lo poco que quedaba de la humanidad había sido confinada entre muros, en los que se protegía de los titanes que la devoraban. El gran sueño de Erwin y su padre era comprobar si la teoría de que había más humanos fuera era cierta. El señor Smith tenía razón. Dentro de las murallas han vivido en la ignorancia y en el exterior existe una sociedad aparentemente mucho más desarrollada que la suya. La primera prueba es que ninguno de los personajes sabía que lo que tenían entre manos era una fotografía. Ya después del ending, el episodio continúa y nos muestra a dos niños pequeños, uno de ellos Grisha. A excepción de esa escena post-créditos, Wit Studio adapta viñeta a viñeta uno de los capítulos del manga de Hajime Isayama que más quebraderos de cabeza ha dado a sus lectores. Con la llegada al sótano, se abre la puerta para las teorías.
Seis años después de comenzar la pesadilla, la serie se enfrenta a sí misma intentando justificar un paseo por el infierno casi injustificable. "Ataque a los Titanes" afrontaba su tercera temporada con la promesa primero de derrocar a la monarquía y desmontar su tóxico sistema propagandístico, y segundo con la misión de desvelar el secreto del sótano de Grisha; ese macguffin que incitaba a Eren a emprender su viaje, y que siempre había servido como pretexto para que Wit obrara narrativamente a su antojo. El teatrillo de mentiras y cliffhangers había funcionado increíblemente bien, pero la historia debía superar su punto de inflexión más importante. El episodio 19 de la tercera temporada venía a dar respuesta al secreto del laboratorio con un pasaje nostálgico por la infancia de los protagonistas, y un mensaje alentador de cara a las nuevas generaciones supervivientes. Y todo ello orbitaba en torno a una sorpresa que muchos no han sabido valorar en su justa medida.
¿Tanto tiempo esperando para una simple fotografía? Lo que encuentra primero Mikasa y después el resto de supervivientes en ese doble fondo escondido bajo el suelo de la estancia resulta ser un simple objeto. Un artilugio que requiere del espectador cierta capacidad analítica para comprender las implicaciones contextuales que arrastra de cara al devenir de la adaptación. Algo que se puede desconstruir en dos dimensiones ciertamente diferenciadas.
Por un lado, encontramos la implicación más rápida y directa, lo que tiene que ver con el pasado de Grisha y las tribulaciones narrativas que Wit había ido tejiendo en torno al ambiguo pasado de Eren. La fotografía muestra a su padre de joven junto a una niña. Este elemento novedoso de guion se ve posteriormente ampliado en una secuencia post-créditos que pone nombre a los personajes y los contextualiza en un nuevo escenario. Hablamos de Grisha y de su hermana pequeña Faye. Lo más impactante sin embargo no son ellos. Lo que realmente desgarra la naturaleza del universo de Isayama es el lugar donde se encuentran; una ciudad ajena al mundo interior de las murallas, en el que el mangaka parece trazar paralelismos claros con los guetos de la Segunda Guerra Mundial. Murallas interiores, estética de principios del XX, y un símbolo distintivo que recuerda inevitablemente a la discriminación racial contra la comunidad judía.
"La humanidad no se extinguió ahí fuera". Las palabras impresas por Grisha en el reverso de la fotografía abren la ventana a la parte crucial de la revelación. No se trata tanto de conocer el origen del padre de Eren, sino de comprender que la monarquía no era la única mentira impuesta para maquillar el pasado. Erwin tenía razón al afirmar que los libros de historia estaban manipulados con algún tipo de intención. Que no todos murieron fuera de las murallas.
El aparato propagandístico perfila un estamento superior de origen desconocido con el que tendrá que lidiar "Ataque a los Titanes" en su futuro. Y lo tendrá que hacer normalizando lo que ahora se convierte en un nuevo universo lleno de posibilidades. Aquí entra en juego el aspecto simbólico más determinante de la revelación, si lo aproximamos desde una perspectiva narrativa.
"Esto no es un dibujo. Se llama fotografía", la respuesta de Levi ante la actitud naíf de Eren es una metáfora directa al espectador. A la sensibilidad emocional a la que había sometido el anime a todos aquellos que metían un pie en su universo. La ausencia intencionada de información lograba multiplicar el efecto de los sacrificios, y daba preponderancia máxima a los mensajes inspiradores de los supervivientes. Pero también desdibujaba inteligentemente el mundo de Isayama.
Los titanes y la humanidad. Ese maniqueísmo simplista contrastaba de forma intensa con el matiz de grises infinitos con el que el mangaka construía a sus personajes, y daba forma al fuerte componente moral y ético de la historia. La fotografía entra en acción no solo como un punto de inflexión para la trama, sino también como un cambio de paradigma. Wit rompe diegéticamente la serie con un elemento ajeno a la cronología ficticia en la que se ambientaba. Las implicaciones de combinar tecnologías de distintas épocas en un mismo punto de la historia son múltiples, y no han sido pocas las obras literarias y cinematográficas que lo han explorado en el pasado. Choques culturales, civilizaciones arrojadas a entenderse en una jerarquía natural y desigual de poderes, y en última instancia, inestabilidad. "Ataque a los Titanes" ahora abraza conceptos inéditos sin terminar de soltar el poder simbólico que posee la mentira.