“Aquí donde estoy”, escribían en sus cartas los soldados de la guerra civil española que estaban en el frente para ocultar su posición.
La batalla del Ebro, que se desarrolló durante 115 días entre julio y septiembre de 1938, fue una de las más cruentas, decisivas y con mayor número de víctimas de la Guerra Civil. Fue una de las últimas intentonas del bando republicano de revertir lo que parecía una inminente derrota de los sublevados gracias al decisivo apoyo de la Alemania nazi de Hitler y la Italia fascista de Mussolini. Para conseguir reunir la fuerza militar necesaria para la batalla, el gobierno republicano ordeno una leva masiva entre los que se encontraban los quintos del 41 que fueron enrolados con apenas 17 años, y que fueron conocidos como la quinta del biberón. Ellos fueron gran parte de las víctimas de la batalla y como es habitual pese a luchar por un gobierno democrático y legitimo han pasado años sin el reconocimiento que merecían.
Gabriel León Honrubia (1920-2021) luchó con tan solo 18 años en la batalla del Ebro como parte de la llamada “quinta del biberón” del ejército republicano. El cómic se basa en dos fuentes de un valor incalculable: por una parte, la correspondencia que Gabriel León mantuvo con su familia desde el frente durante los 115 días de la batalla más cruenta de la guerra civil. Su familia conservó y atesoró 54 cartas que permiten entender cómo percibió un chico tan joven el infierno al que había sido arrastrado, su capacidad de resistencia ante la adversidad y sus estrategias para mantener a flote su salud mental y la de su familia.

Por otra parte, la guionista, María Castro Hernández, pudo conocer a Gabriel León cuando este estaba a punto de cumplir 100 años y grabó largas conversaciones con él, que darán lugar a un documental que se estrenará en Filmin a finales de año. El título del cómic, y del futuro documental, está extraído del encabezamiento de muchas de las cartas que Gabriel les enviaba a sus familias en las que no podía revelar su posición por si caían en manos enemigas.
A punto de cumplirse 90 años desde el inicio de la guerra civil, el historiador Roc Salvadó Poy subraya en el epílogo del cómic que “vivir una guerra de adolescente, cuando se inicia la conciencia de la vida, es una gran incongruencia. Gabriel, nuestro protagonista, sobrevivió a esa incongruencia y, como tantos jóvenes de su generación, guardó los recuerdos del desastre y el de los compañeros sacrificados en el campo de batalla. Miedo, dolor y desconcierto fueron su día a día. A él y a todos los que en ella lucharon les marcó para siempre”.
“Un viaje a la batalla del Ebro a través de los ojos de un biberón centenario”.
“Aquí donde estoy” es un tebeo que recuerda nuestra historia, pero lo hace desde la memoria personal de Gabriel León. Las preocupaciones de León en la batalla eran por comer, por tener ropa, por la higiene y por no preocupar a su familia. Es cierto que vio y vivió cosas más oscuras y que estaban atentos a lo que sucedía en el mundo, como la invasión nazi de Checoslovaquia.

En sus páginas nos encontramos con una historia contada desde el presente que aborda la batalla desde un punto de vista humano y antibelicista, no como un relato pormenorizado y repleto de datos centrado en los mandos y estrategias que convierten a las víctimas en frio números. Todo lo que nunca encontramos en los manuales de historia. A lo largo del cómic vemos de primera mano cómo fue el insuficiente entrenamiento previo, la falta de material apropiado tanto para combatir como para protegerse de las inclemencias climáticas, las bajas de compañeros cercanos, sus intentos por no preocupar a su familia salvando en sus cartas la censura o la dificultad para realizar actividades básicas como comer o lavarse entre los peligros del frente. Un relato que nos pone frente a frente al horror de la guerra, pero sin la necesidad de mostrarlo de forma explícita.
Ese carácter de relato personal es lo que más valor le da al cómic, ya que son unas experiencias que en todo momento se perciben como muy vividas y reales, con ese toque de inocencia de alguien que era poco más que un niño cuando las tuvo que vivir y relatar, pero que marcaron por completo su existencia. Al igual que nos ha sucedido como sociedad por la cantidad de heridas sin curar y muertos sin enterrar que siguen quedando.
Uno de los recursos mejor usados del cómic es que gran parte de la historia se la cuenta un casi centenario Gabriel a un joven actual de apenas diecisiete años que tiene la suerte que el no tuvo de vivir en un país donde puede permitirse el lujo de seguir siendo un simple adolescente. Algo que no valoramos mucho y que deberíamos empezar a hacerlo ante el resurgimiento de las ideologías que dieron el golpe de Estado del 36 acabando con una Democracia de pleno derecho como en la que vivimos hoy en día, por mucho que los herederos ideológicos de la dictadura fascista proclamen casi a diario en una estrategia de bulos, agitación en las calles y falsedades que ya emplearon los meses previos al golpe de estado con la aquiescencia de parte de los poderes fácticos.
Aunque nos relate sucesos terribles el cómic tiene un toque de humor que esta sacado directamente de las cartas que enviaba Gabriel a su familia en las que trataba de ocultarles entre bromas sus vivencias más terribles. En esas cartas no hay espacio para el miedo o la muerte, pero si para chistes sobre los piojos o los bombardeos y, por encima de todo, a sus ganas de volver verlos. Como extras en el cómic nos encontramos con muchas de ellas, algunas usada para realizar y otras no, que sirven para que comprendamos mucho más de sus experiencias. Además, tenemos un prólogo escrito por María Castro Hernández en los que nos habla de la génesis del proyecto y un epilogo del historiador Roc Salvadó Poy.
La batalla del Ebro (I)
Como ya hemos podido comprobar en otros cómics de Tyto Alba como las recientes El infinito en un junco (Debate), Jekyll & Hyde (Bang) o El olvido que seremos (Salamandra) estamos ante un autor en plena madurez que domina a la perfección el lenguaje del medio pulsado los resortes necesarios para que historia fluya a la perfección gracias a un narrativa muy bien medida y planificada. En este cómic usa las agudas para dar a las escenas de batalla un toque brumoso que va perfecto como podemos ver en la escena nocturna en la que Gabriel y sus compañeros cruzan el Ebro para fijar sus posiciones. Algo que contrasta con la luminosidad de los momentos en el presente en los que visitan esos mismos lugares.
En "Aquí donde estoy" María Castro Hernández y Tyto Alba firman un necesario y soberbio ejercicio de memoria histórica que sirve para que las vivencias de Gabriel y sus compañeros de la quinta del biberón no sigan en el olvido para las nuevas generaciones.

“Creo que tenemos una deuda con esta generación. Fueron chavales que sacaron de sus casas con 17 y 18 años (hasta 27.000 formaron la ‘quinta del biberón’). Este libro tiene disponibilidad inmediata”.
