El mundo del manga shojo a menudo explora las complejidades de las relaciones románticas, y una de las dinámicas más recurrentes y fascinantes es la que surge entre una estudiante y su profesor. Estas historias, si bien controvertidas, permiten a los autores adentrarse en temas como la diferencia de edad, la autoridad, la madurez y los sentimientos prohibidos. Aunque a menudo se presentan con delicadeza, algunas obras no temen ser explícitas o incluso truculentas, explorando las profundidades psicológicas de sus personajes.
La obra de Asumiko Nakamura, aunque conocida por sus exploraciones más maduras y a menudo explícitas dentro del género yaoi, ofrece ejemplos interesantes de dinámicas entre estudiantes y figuras de autoridad. En Sorano y Hara (2009-2011), Nakamura centra la atención en el profesor Manabu Hara. Muchos lectores se encariñaron con este personaje secundario de la obra raíz, En la misma clase, quien vivió en silencio su amor imposible hacia Rihito Sajô, e incluso alentó a Kusakabe, a pesar de estar tirando piedras a su propio tejado. Sin embargo, Hara siempre fue consciente de su posición como docente y la diferencia de edad, por lo que jamás osó realizar ningún avance. Simplemente vio alejarse, poco a poco, a su amor, sin permitirse hacer nada. Un personaje que con su honestidad y delicada ironía sorprendió para bien. ¿No merecía un poco de felicidad este profesor solitario y su profundo sentido del honor?
La historia principal de Sorano y Hara arranca con un Manabu Hara padeciendo los dolores de la separación y el amor no correspondido. En silencio, en secreto. Decir adiós a Rihito Sajô no está resultando nada sencillo, así que tras tres años de ausencia, decide regresar por los bares de ambiente que antes frecuentaba. Para cambiar de aires, para olvidar un rato su pena. Pero una sombra lo persigue implacable. Incluso cuando impulsivamente se lía con un desconocido, lo elige porque lleva gafas como Sajô. Mortificado por su propio patetismo, deja tirado a su ligue sin dar explicaciones. Lo que parece una anécdota aislada destinada al olvido, brota con gran alegría delante de sus narices el lunes por la mañana, cuando va al instituto a trabajar: la persona con la que estuvo dándose el lote resulta ser un alumno suyo de primer curso. Y lo ha reconocido. Y le habla. Y encima parece que está interesado en él.
Sorano y Hara está compuesto por seis capítulos, 2 episodios especiales y un capítulo final. No todos están dedicados a él y sus circunstancias, sino que Nakamura sobrevuela también por la vida de compañeros y amigos que forman parte de su círculo. Conocemos así a un profesor Hara en su juventud a través de la mirada de otros, mediante pequeños flashbacks. Cómo afrontó su homosexualidad en una sociedad que no lo acepta, sus viejos amores y los nuevos, que tejen el tapiz de su personalidad y las decisiones que toma. Es muy bonito ver crecer los sentimientos de ambos, sus vaivenes y sorpresas. Dos personalidades muy dispares pero que se complementan a la perfección. Sorano es radiante en su espontaneidad y certero en su análisis de las situaciones; no duda en actuar y crear las oportunidades, vive su sexualidad de una manera más natural, iluminando el camino de Hara. A su vez, Manabu es el espíritu de sacrificio encarnado, la moderación y la voz de la experiencia; también lo domina la inseguridad y, en cierta forma, ya se ha resignado a no ser correspondido en el amor.
Los personajes que desfilan, entre ellos Sajô y Kusakabe también, son usados por Nakamura con habilidad para crear una vaporosa muselina de sentimientos y emociones. De esa forma conseguimos entrever la sutileza de sus psicologías, las motivaciones de sus acciones.
Asumiko Nakamura abre el panorama en Sorano y Hara y esboza un retrato de lo que es ser gay en una sociedad hostil y tradicional. No deja de ser un tebeo yaoi, que conste, pero la mangaka no olvida en ningún momento el contexto. Sorano y Hara no es solo un tebeo para nutrir ese apetito casi bulímico por el romance (y el sexo) de las fujoshi, sino que ofrece algo más. No hay denuncia social per se, sin embargo en sus sencillas historias de amor sublimado Nakamura no omite lo feo que puede llegar a ser el mundo también. Sorano y Hara es un manga esponjoso y fresco, muy agradable, y con una candidez especial que no oculta su leve poso de melancolía.

Por otro lado, el manga shojo ha explorado esta temática desde diversas perspectivas, a menudo centrándose en las emociones de la estudiante y su desarrollo personal. Un ejemplo de esta dinámica se presenta en la historia de Izumi, una estudiante de 15 años que mantiene una relación "bastante seria" con Tachibana, su maestro de química de 22 años. Ella es una buena alumna que entra a un colegio de mujeres principalmente porque le gustaba el uniforme, por este motivo, se molesta bastante cuando su sensei se lo desacomoda. Tachibana, por su lado, empieza a impartir clases en el colegio de Izumi por permanecer cerca de ella.
Otra trama que involucra a un profesor es la de Ayu, quien fue rechazada por un chico, pero eso no la entristece, ya que cree que siempre se deben decir los sentimientos sin pensarlo demasiado. Un día, ve al guapo profesor Hiromitsu rechazar a una buena chica, y aún cuando intenta acercarse a él, sólo recibe el constante bullying de su profesor por preocuparse por cosas que para él no valen la pena.
La historia de Suzume Yosano, una estudiante de primer año que se muda a Tokio, también presenta un romance profesor-alumna. Nunca ha tenido un novio antes, pero por casualidad conoce a un apuesto joven que le tiende una mano cuando ella más lo necesitaba, eso genera sentimientos que ella nunca había sentido; sin embargo, resulta que el apuesto joven sería su profesor, Satsuki Shishio. Mientras tanto, un compañero de clase, Daiki Mamura, se sentirá atraído por Suzume.

Una estudiante de primer año con apariencia masculina, que viene de una familia adinerada y es muy hábil en artes y deportes, también se ve involucrada en una dinámica interesante. Al igual que Kae, es una fujoshi, también tiene su propio círculo donde publica sus obras. Esta estudiante es la mejor amiga de Kae y también una fujoshi y otaku. La trama de Watashi ga Motete Dōsunda (conocida como Kiss Him, Not Me) gira en torno a Kae Serinuma, una joven con sobrepeso que cursa su segundo año de preparatoria y secretamente es una fujoshi, quien tiene el hábito de emparejar en una relación romántica cada vez que ve a dos chicos llevándose bien. La muerte de su personaje de anime favorito hace que se estrese y pierda peso rápidamente, por lo que ahora se ha convertido en una chica atractiva para sus compañeros de clases, cuatro de los cuales la invitan a salir. Aunque esta serie se centra principalmente en las relaciones entre compañeros, el contexto escolar y la exploración de la identidad y los afectos son elementos clave del género.
Otras sinopsis exploran situaciones similares:
- Kako posa como modelo para su profesor de arte del instituto.
- Uni es una chica prodigio con una actitud reservadamente fría que es elogiada en todo menos en Inglés. Un día, insulta al profesor de Inglés temporal y él la oye.
Estas narrativas, a pesar de las convenciones y las sensibilidades modernas, continúan siendo un pilar en el manga shojo, permitiendo a los lectores explorar escenarios románticos que desafían las normas sociales y se centran en la intensidad de los sentimientos juveniles.
Estudiante. Profesor. Un vínculo secreto que podría lograr que nos expulsaran a ambos
A pesar de que el manga shojo suele centrarse en las protagonistas femeninas, el género yaoi, como se ve en la obra de Asumiko Nakamura, también aborda la perspectiva masculina y las complejidades de las relaciones entre hombres, incluyendo aquellas que involucran a figuras de autoridad y sus estudiantes. En Antiguos alumnos (2012-2013), que es una continuación de En la misma clase y Sorano y Hara, se exploran las vidas de personajes que ya son adultos, presentando un cómic más maduro y realista. Nakamura enseña más a menudo sus elegantes garras, trabajando con los perfiles psicológicos de manera minuciosa y precisa. Nadie escapa a la crueldad de Nakamura, ni siquiera el frágil Sajô, con esa personalidad tan deliciosamente exagerada de uke, puede huir de sus requerimientos sádicos.
Las historias que se van desgranando en Antiguos alumnos son distintas entre sí; la obra transmite la sensación de un mosaico, donde cada tesela es única y diferente, pero que en conjunto ofrece una visión unificada. Quizá los cuentos que menos han interesado al crítico hayan sido los de Sajô y Kusakabe, por su decepcionante insipidez y redundancia. El profesor Arisaka, por otro lado, ha contribuido con lo mejor de Antiguos alumnos. Las consecuencias de su doble vida años atrás son plasmadas por Nakamura con mucho acierto, haciendo hincapié en un profundo sentimiento de culpa por ser como es. Un sentimiento que comparte, por cierto, con Sajô. Arisaka y Sajô a veces parecen la misma persona, aunque en distintos momentos temporales. Me ha encantado poder ver a Sorano crecidito y a Hara enfrentándose a un enorme dilema vital y familiar, pero en general este Antiguos alumnos no ha dejado de parecerme una curiosidad sin más. Se trata de un cómic algo irregular, con algunos momentos excelentes, intimistas y de gran intensidad; y otros bastante del montón.
Personalmente, la crítica se queda con Sorano y Hara. La historia taladró el corazón con su ternura, y no resulta tan desmadejada como los cuentos de Antiguos alumnos, donde Nakamura se dispersa más. Asimismo, debo admitir que Antiguos alumnos es bastante más variado, y trabaja temáticas ya habituales en las obras de esta autora, que en Sorano y Hara apenas se rozan.
Como remate final, cabe mencionar que Asumiko Nakamura comenzó en febrero de 2018 un nuevo manga donde retoma las vidas de Rihito y Hikaru, titulado blanc. Se serializa en Opera, y se espera que llegue a España.