Hajime Isayama desenterraba los fantasmas del pasado tras moldear un largo camino de cadáveres con alguna que otra improvisada bifurcación. Hacía del sótano de la familia Jaeger un lugar casi místico, un espacio críptico donde echar a volar la imaginación. Todo parecía indicar que el secreto del mundo, de su mundo, se encontraba ahí. Dispuesto a ser destapado por su protagonista y el resto de valientes. El autor nipón había fraguado una ficción capaz de encandilar a millones y millones de seguidores. Pero mientras profundizaba en la trama de la misma, las respuestas a todas esas preguntas que giraban en torno a su visceral farándula se antojaban cada vez más complicadas de responder. La historia había alcanzado tantos momentos álgidos previamente que las expectativas no podrían ser mayores. Ergo, si satisfacer a tu público es una compleja labor, la de Isayama era una aún mayor. Una hazaña casi heroica.
"Aquel día" regresa a la infancia de Grisha Jaeger y nos muestra cómo es el mundo exterior. Es inevitable comparar el modo de vida de los eldianos en Marley con la situación de los judíos antes y durante la Segunda Guerra Mundial. El gueto de Liberio o la obligatoriedad de llevar una banda identificativa en el brazo es la clara muestra de ello. La diferencia reside en que esos propios eldianos consideran como una monstruosidad los hechos que cometieron sus antepasados, liderados por Ymir Fritz, y, por lo tanto, jamás deben de oponerse a Marley como castigo a esos pecados. La publicación del capítulo 86 («Aquel día») del manga dividió a la comunidad entre aquellos que consideraron convincente la explicación del autor y aquellos que sentían que no era suficiente, que no estaba a la altura de todo ese legado previo. Sea como fuere, Wit Studio termina adaptando el famoso capítulo y hace de «Aquel día» una entrega con un fuerte componente narrativo.
La historia de Grisha comenzaba tras el encuentro de varios libros y una fotografía que ilustraba una parte de su anterior vida. Comienzan a entender la verdad a partir de un elemento anacrónico, un objeto desconocido para ellos pero usual para los otros. Para la civilización que hay tras los muros. Tras su particular confinamiento. Wit Studio empleó poco más de un minuto tras los créditos de «Sótano» para poner el dulce; para sembrar algunas de las respuestas, pero también dejar margen para conjeturas. Porque el escenario mostrado invitaba a pensar en una clase de analogía del nazismo con la inclusión de guetos.
Grisha y Faye, su hermana pequeña, desobedecen la orden de su madre de no cruzar los muros -unos que en esta ocasión distan de los que acostumbramos a ver en la ficción, aunque representan la tangibilización del odio, del racismo y la privación de la libertad-. Una acción determinante para el futuro de Grisha, pues tras el inocente impulso de querer observar un dirigible de cerca se encuentran con la manifestación de ese odio. Dos agentes que custodiaban la zona agreden al joven Jaeger como castigo, como pena por haber salido sin ningún tipo de permiso del agujero donde pertenecen: la zona de internamiento de Liberio. Un escarmiento violento, pero leve teniendo en cuenta el hallazgo del cuerpo sin vida de su hermana al día siguiente. El punto de inflexión en la vida de un Grisha que conocía el rostro del culpable, que odiaba el mundo y sus reglas, y a un padre alienado que trataba de hacer lo mismo con él. Su sangre estaba maldita. Su valor como humano era inferior al del resto. Fruto de los crímenes de sus antecesores.
Todo comenzó cuando en la antigüedad Ymir Fritz, su antepasada, hizo un pacto con el Demonio de la Tierra obteniendo así el poder de los titanes. Antes de morir consiguió fragmentar su alma en nueve titanes, formando el Imperio de Eldia y derrocando al de Marley. El pueblo de Ymir se dedicó durante un largo período de tiempo a oprimir a aquellos pueblos que consideraba inferiores. Una larga época que llegó a su fin cuando los espías de Marley se infiltraron en Eldia y lograron hacerse con el control de siete de los nueve titanes. Así llegó a su fin la conocida Guerra de los Titanes, viéndose obligado el rey de Eldia (Karl Fritz) a exiliarse a la isla Paradis con el resto de los eldianos. Allí levantaría tres enormes muros para protegerse. Majestuosas construcciones compuestas gracias al poder de endurecimiento de miles y miles de titanes. Los eldianos restantes, los que no pudieron escapar a la isla, fueron reubicados a lo largo del territorio de Marley gracias a la benevolencia de este Imperio. Pero claro, esta es la historia escrita por Marley, la que el padre de Grisha intenta inculcar a su hijo para que no le maten o haga que les maten. Todo es tan manipulable que hasta la mentira puede convertirse en verdad. ¿Quién se equivoca? ¿Quién hace lo correcto en un mundo que nunca ha buscado asentarse bajo el paradigma del maniqueísmo?
Grisha es una víctima más del sistema, alguien marcado desde el mismo día que vio la luz de este mundo injusto. Y vivió así hasta los 18 años, momento en el que entra en contacto con un grupo de rebeldes eldianos. Los Restauradores de Eldia, aquellos que buscan la libertad y librarse del yugo opresor de Marley. Conoce la verdad tras el asesinato de su hermana y, tras ello, decide desenmascarar al diablo, abrazar el posible pensamiento erróneo de que sus antepasados hicieron lo correcto, de que todo lo que muestran los libros de historia de Marley es fruto de la manipulación. Abraza el pensamiento colectivo, sectario. Se convierte en un visionario, un adalid que no duda un ápice en caer en el mismo juego que su odiado enemigo: el de la manipulación. Todo sea a favor de la causa, a favor de la descendencia de Ymir, de los suyos.
El tiempo pasa y su papel en la rebelión se incrementa. Los Restauradores cuentan con un eldiano infiltrado en las filas de Marley apodado como «Búho» que les facilita información privilegiada. Es también el nexo entre Dina Fritz -la última descendiente de la realeza en tierras de Marley- y el grupo. Una fuente de información valiosa que conocía detalles sobre los titanes que nadie más poseía. La clave para devolverle el honor al pueblo eldiano pasaba por recuperar el poder del Titán Fundador que reside en las murallas de aquel «paraíso» insular improvisado. El poder de controlar a todos los titanes, un arma de doble filo enterrada bajo el propósito de un rey cansado de luchar y cuya decisión moldeó el destino de los suyos.
Grisha y Dina terminan casándose y teniendo un hijo de sangre real. Zeke, luz y guía para la victoria del pueblo de Eldia. Ante la medida del gobierno de Marley de utilizar a siete niños eldianos como recipientes de titán y arrasar con Paradise, Grisha decide utilizar a Zeke como herramienta, como espía dentro del ejército de Marley. Conscientemente se convierte en el tipo de persona que siempre ha odiado, en el padre que le inculcó una educación a base de falacias. Hace lo mismo con su hijo, le insta a pensar que Marley miente, que es el enemigo y que él debe vengar a Eldia. Traicionados por su propio hijo, Grisha y el resto de los sublevados son arrestados, interrogados y torturados. Son transportados a un «paraíso» eterno, a las desérticas tierras de la isla Paradis; condenados a vagar sin rumbo como titanes puros.

El escenario es el perfecto símil del de un pelotón de fusilamiento. Grisha ve caer uno a uno a sus compañeros rebeldes. Los soldados de Marley portan fusiles, pero la verdadera potencia de fuego, la bala mortal, la propina la jeringa con el líquido de titán. Eldiano tras eldiano es atravesado por el metal de la aguja, cayendo al vacío y convirtiéndose en entes imperecederos y desprovistos de inteligencia. Un páramo verdaderamente desolador, más aún cuando Dina Fritz se suma a sus filas ante la atónita mirada de su amor. Y en ese peculiar infierno hay dos viejos diablos, dos rostros que el Jaeger ya había visto tiempo atrás. Kruger y Gross, los soldados que le castigaron cuando salió por última vez con su hermana. Siendo este último el artífice de la despiadada muerte de Faye a manos de unos perros. El estímulo y la excitación que recorren el cuerpo de Gross mientras se recrea con su particular juego para con la vida humana llegan a su fin brindándole el mismo desenlace que él otorgaba. El que era capaz de satisfacer el instinto más depravado.

Kruger se destapa como el Búho, el agente infiltrado en el ejército de Marley. Salva la vida de Grisha para, acto seguido, transformarse en un titán y despedazar la flota marleyana. Una nueva oportunidad, tal vez la última. Un reinicio para continuar la rebelión. Para no dejar que se apague la llama. Las piezas se han dispuesto de tal forma sobre el tablero que se facilita su entendimiento. Kruger parece ser el último eslabón de una cadena que termina rompiéndose, liberando a Grisha. Arrojándolo al que en un futuro cercano será su hogar, las murallas de Paradis. Un confinamiento tras otro, pero con la ferviente mirada de quien aún no se ha rendido.
Isayama ha confeccionado a lo largo de poco más de veinte volúmenes un universo distópico tan despiadado como críptico. Cuando un enigma era resuelto, surgían otros inmediatamente después. Durante seis años se ha mostrado impasible, férreo ante la idea de no desvelar la razón que subyace tras el cruento espectáculo, la explicación a algo que poco a poco se iba complicando más y más. Y el resultado, la razón, difícilmente podría haber estado mejor orquestada. Puede no gustar a todos por igual pero, desde luego, es de elogiar que tras tantos años de misterios se logre empacar el conjunto e hilvanar todo como lo hace el autor. Isayama responde a las dudas con cuantiosa información, una variedad de nombres y elementos narrativos para consolidar una trama que nunca ha buscado caer en la simpleza del maniqueísmo. Con referencias bíblicas, mitológicas y claras influencias en períodos convulsos de la historia de la humanidad como el de la hegemonía nazi, sigue en su línea. Shingeki no Kyojin es una oda a la libertad, a sobrepasar esos elevados muros que impiden ver el mar. Pero también es un continuo recordatorio de lo compleja que es la moral. De que no hay buenos o malos. Todos podemos ser ambos. Y que la guerra es un círculo vicioso, una vorágine de la que el ser humano está destinado a perecer ahogado. Porque, como decía, la moral es compleja y aun cuando se cree estar haciendo el bien, se puede estar haciendo todo lo contrario. Grisha es el perfecto ejemplo de ello.
El Origen del Conflicto: Ymir Fritz y el Poder de los Titanes
Hace 1820 años, la humana Ymir Fritz hizo un pacto con el Demonio de la Tierra, quien le otorgó poderes más allá de lo comprensible. Adoptando una forma gigante, fue la primera Titán, y de ella procedería el pueblo de Eldia. Antes de morir, Ymir Fritz dividió sus poderes y los repartió en 9 partes, con lo cual el Imperio de Eldia se formaría. Su crecimiento fue rápido e incesante; el resto de humanos no podía combatir ante la fiereza y fuerza de los eldianos, quienes llegaron a dominar todo el continente después de derrotar a Marley. Con el dominio del continente, inicia la llamada 'Época Oscura', una era donde Eldia sometía de la peor manera posible a cada uno de los no eldianos, llegando a cometer atrocidades e incluso pudo verse un estancamiento tecnológico. La oscuridad duró 1700 años. Tropas de Marley se infiltraron en los estamentos superiores de Eldia, obteniendo el control de 7 de los 9 titanes aparecidos. Lo anterior fue la historia del sometimiento, un sometimiento que siempre le dolió a Grisha.
La Resistencia Eldiana y la Verdad Oculta
A sus 18 años, Grisha hereda la clínica de su padre. Un día llega un hombre llamado Grice, quien le cuenta la verdad sobre lo que sucedió "ese día": Faye fue asesinada por las autoridades de seguridad, quienes le lanzaron perros encima. Luego, Grice recluta a Grisha para la resistencia llamada los "Restauradores de Eldia", donde aprende cómo Ymir Fritz utilizó los poderes de los titanes para mejorar la calidad de vida de su pueblo. Lastimosamente, luego del conflicto con Marley, algunos de ellos escaparon y se refugiaron en la Isla de Paradis, donde se mantienen juntos con algunos poderes de los titanes como el del "Titán Fundador". La resistencia tenía a un infiltrado denominado "El Búho", quien envía a una nueva integrante que tiene sangre real: Dina Fritz. Ella y Grisha desarrollan un romance dentro de la resistencia y finalmente se casan, teniendo un hijo al que llamaron Zeke.

El Legado y la Traición
Años más tarde, el gobierno de Marley anuncia que el Rey Fritz les habría declarado la guerra, así que reclutarían a niños eldianos para obtener los poderes titanes, siendo reconocidos como "honorables ciudadanos de Marley". Grisha ve la oportunidad de recuperar el poder del Titán Fundador si Zeke obtiene uno de los poderes titanes, así que comienza a presionar a su hijo a convertirse en un guerrero, inculcándole sus pensamientos radicales sobre Eldia y entregándolo a las autoridades de Marley. Más adelante, Grisha entendería que había cometido el mismo error que su padre al tratar de hacer esto, debido a que su hijo, al cumplir los 7 años, los delata junto a toda la resistencia. Los "Restauradores de Eldia" son condenados a vagar por la Isla Paradis convertidos en titanes. Pero antes Grisha es torturado para conocer la identidad de "El Búho", pero no logran sacarle nada de información.
La Transformación y la Segunda Oportunidad
Todos los rebeldes son transformados en titanes en la frontera con Paradis, incluyendo a Dina Fritz, quien toma la forma de la misma titan que devoró a la madre de Eren. Cuando ella se transforma, Grisha grita y Eren despierta de su sueño, revelando que sus memorias se conectaron con las de su padre ahora que ya conoce toda la verdad. Al volver con Grisha, este enfrenta al guardia de seguridad que asesinó a su hermana, por lo que es sentenciado a morir luchando contra un titán en lugar de ser transformado en uno. El soldado Kruger fue quien golpeó a Grisha cuando este era niño. Kruger parece haber esperado el momento en el que el sargento quería diversión para revelar la verdad a ese niño que lo perdió todo. Empuja al sargento, dejando que lo coma un titán que él mismo Gross había transformado, y le dice que él es El Búho. Acto seguido le muestra su transformación en titán y destruye los barcos y asesina a los soldados. Kruger posee al titán que luego poseerá Eren. Esto fue una revelación impactante para Grisha, pues la audiencia no conocía o tenía poco de ese sujeto.

Wit Studio se embebe de esa actitud proactiva que impregna el mangaka sobre las viñetas, para afrontar con determinación el tramo narrativo más importante de toda la obra; abandonando transiciones innecesarias, y dejando atrás el tono reiterativo de la pasada semana. El flashback que servía como cliffhanger y baipás para el arco narrativo, se descubre como un racconto de corta duración por el que el estudio va navegando mientras introduce decenas de nombres nuevos, y construye el tan perseguido lore de la saga. El relato se merece un detenimiento aparte.
Las referencias son conscientes y están plasmadas con claridad pero también con intencionalidad, en un equilibrio proporcional perfecto. Mientras "Ataque a los titanes" bucea en su propio pasado para dar sentido a la crueldad con la que disfrutaba recreándose, va aportando su propia personalidad al lore. Y es que no solo se perciben trazos de otras grandes sagas del género en su universo, sino también pinceladas de periodos importantes de la historia; desde los guetos judíos con los eldianos encerrados en la zona de internamiento de Liberio, hasta la propia Biblia con la figura divina de la fundadora y el posterior retrato desdibujado del héroe mártir en Grisha. La relatividad moral aparece para aplacar cualquier atisbo de estructuración que facilite el juicio de valores rápido, nadie es bueno ni malo. El libre albedrío y la naturaleza humana siguen siendo los dos factores con los que juega el mangaka para impedir encauzar la historia por senderos maniqueos. ¿Respuestas? Sí, pero sin perder de vista la fórmula del éxito.
El rey de Eldia construyó tres murallas en la isla de Paradis y huyó de allí con su gente. Los nombres siguen apareciendo uno tras otro en lo que podría haberse convertido en una saturación de información para el espectador. Sin embargo Wit logra volcar una adaptación del manga dispersa, fluida, de una claridad asombrosa. Y lo hace mientras va cocinando la trama que contextualiza el pasado de Grisha y conforma su leyenda como salvador de los suyos. Es su padre quien narra la historia, quien confiere al relato de un sesgo ideológico que hace imposible abandonar la sensación de inseguridad a la que Isayama tanto le gusta recurrir.
La lobotomía inducida por el miedo que padece el progenitor pone la primera piedra en su camino para abrazar el fanatismo y el idealismo ciego. Grisha ve cómo el régimen que mantiene a su familia repudiada socialmente, asesina a sangre fría a su hermana de tan solo 8 años. Cómo ocultan información y salen impunes. La carga emocional es tan intensa, que cuando con 18 años entra en contacto por primera vez con una célula de resistencia, su destino ya está grabado a fuego. "¿Quién se equivoca, el mundo o yo?" La búsqueda de una identidad es recurrente a lo largo del episodio, pero la deriva se construye sola. "Probablemente ambos".
Isayama no duda en jugar con fuego arrojando a su protagonista al borde del populismo más ciego. No hay convergencia clara, pero es explícito el espíritu que el autor recoge del nacimiento de Hitler como figura heroica en la Alemania derrotada de entreguerras. Grisha aporta esperanza a los suyos, y manipula la información para reforzar sus ideas totalitarias. "Somos la gente de Ymir ¡Los elegidos de los dioses!". Su ideal de venganza se va tiñendo de odio, mientras el error moral se equilibra haciendo de los dos bandos un mismo eslabón propicio al clásico fratricidio de guerras.
Con esa base narrativa y temática establecida, Wit comienza a tender puentes con el elenco principal de la serie por los que va discurriendo los condicionantes para empatizar. Y es que aunque todos los personajes y las localizaciones son nuevas, el parentesco entre Grisha y Eren facilitan un cierto apego emocional de cara al espectador. Cosa que Isayama además refuerza inteligentemente al incluir en el puzle la figura de Dina Fritz, y especialmente la de Zeke; reconvertido este último en la gran revelación del episodio. ¿No era un enemigo? A pesar del esfuerzo creativo depositado para poner las primeras piedras del lore, el mangaka no pierde de vista el juego de ideas y significados que está sembrando en la mente del espectador. Cómo se van encajando las piezas de cara a dar sentido al sinsentido que conformaba la serie. ¿Son Eren y compañía los villanos? ¿Lo son los titanes? La equidistancia de la serie termina de saltar por los aires cuando Grisha comete el error de su vida, y queda retratado como un villano. Inducir a su hijo al adoctrinamiento al que le sometió su padre solo ahonda en el nihilismo con el que Isayama confeccionó las bases de "Ataque a los titanes". Y no se queda ahí.
Zeke traiciona a los suyos para proteger a sus abuelos, y empuja a su padre y a sus camaradas a una muerte segura en el desierto de Paradis. La elección moral parece haber sido tomada, solo hasta el momento en el que aparece contra todo pronóstico el primer villano arquetípico de toda la saga. La revelación de Kruger -el oficial que se compadeció de Grisha tras la muerte de su hermana- como el Búho -infiltrado entre los hombres de Marley- queda sepultado por el aterrizaje pestilente y flemático de Gross; un malo clásico cuyo impacto se ve multiplicado por la vehemencia de sus palabras en un universo reacio a absolutos.
💥 SHINGEKI NO KYOJIN - El origen de los titanes y la guerra de Marley y Eldia |Sol Naciente
"Aquel día" demuestra que el mangaka no es uno de esos autores que deja cosas a la improvisación. Si bien este episodio presenta más dudas de las que inicialmente se tenía, no es menos cierto que las piezas poco a poco empiezan a encajar. Es asombroso que los compañeros de Grisha fueran precisamente los mismos titanes que arrasaron con Trost. Qué ironía que fuera la primera mujer de Grisha, aquella que le prometió antes de ser transformada que no importaba que los separaran porque ella lo encontraría, la que acabara con la vida de su segunda mujer. Menos casualidad es todavía que Zeke de pequeño jugara con un muñeco exactamente igual que él en su forma de titán. Tras este episodio, se produce un punto de inflexión y Ataque a los titanes da un salto de calidad. Aquellos que sigan el anime estarán confusos y se harán muchas preguntas, pero esa es también la magia de esta historia. Hajime Isayama la reinventa y da un giro inesperado a la trama de manera sublime. Ya no es la historia que muchos creían conocer, todo eso ha llegado a su fin.