El mundo del cómic, tradicionalmente dominado por figuras masculinas, ha recorrido un largo camino para dar cabida y reconocimiento a las autoras. A pesar de que el cómic, como medio de expresión narrativa visual, es accesible para todos los públicos y ha sido importante en la educación infantil, la transmisión de estereotipos de género y la propaganda política, su historia ha estado marcada por la invisibilización de las mujeres creadoras.
Los cómics, definidos como historietas resueltas con viñetas dibujadas acompañadas de globos y textos breves, se publican en serie en tiras o páginas de periódicos o en cuadernillos independientes. Su función principal es entretener, y aunque no todo cómic tiene que ser chistoso, si provoca la sonrisa consigue llegar a una mayor audiencia. En este medio existen autoras y autores de guiones chispeantes y dibujantes extraordinarios de ambos sexos. Sin embargo, también hay bastante zafiedad y vulgaridad, lo que obliga a rebuscar para encontrar obras que merecen la pena.
A pesar de que han recibido menos publicidad, siempre ha habido autoras de magníficos guiones y excelentes dibujos. El cómic feminista de calidad denuncia, con humor, el egoísmo masculino y las injustas relaciones entre géneros que persisten debido al dominio patriarcal. Autores como Sempé, Reiser, Quino, Forges y Álvarez Rabo han mostrado sensibilidad hacia estos temas. Siguiendo la línea de Ana Merino, desde los años 70 del siglo XX, las mujeres han creado un cómic alternativo y feminista que narra con humor vivencias propias o de mujeres reales, creíbles y próximas. En él se reflejan los sentimientos y la sexualidad femeninos, no distorsionados por una visión androcéntrica. Este cómic, a menudo autobiográfico, permite que las lectoras se reconozcan en él. En el cómic feminista, las autoras expresan su malestar al sentirse marginadas en un mundo injusto, desigual y patriarcal. El análisis de estas obras desde la perspectiva de género revela la imagen femenina y los roles atribuidos según el sexo.
Pioneras y la lucha por el espacio
La historia del cómic femenino se remonta a los inicios de la popularización de la tira cómica. Se considera a Richard F. Outcault, creador de "The Yellow Kid" en 1895, como el padre oficial de la historieta actual. Sin embargo, sus primeros trabajos estaban firmados como "CRO" para ocultar que era una ilustradora, Cecilia Rose O’Neill, lo que evidencia la dificultad de las mujeres para ser reconocidas en la época. Rose O’Neill, autodidacta, ganó un concurso de arte a los 13 años y en 1901 publicó su primer cómic, los Kewpies. También escribió relatos, novelas e ilustró libros.
En 1907, Nell Brinkley llegó a Manhattan para reflejar el concepto de "mujer nueva", representando a mujeres de clase trabajadora activas e independientes. Más tarde, en 1939, creó "Mopsy", una muchacha independiente e ingeniosa inspirada en ella misma.
En el ámbito de los superhéroes, "Miss Fury" (1941) fue la primera protagonista de acción creada por una mujer, Marla Drake. Su traje revelador causó controversia, y se enfrentaba a villanos en un triángulo amoroso.

La explosión creativa tras la dictadura en España
A finales de la dictadura franquista, en 1973, Marika Vila comenzó a trabajar en la industria del cómic, siendo la única mujer en la agencia barcelonesa Selecciones Ilustradas. En esa época, el llamado "cómic femenino" buscaba educar a las niñas en los roles de género impuestos por la sociedad. Los tebeos femeninos durante el franquismo, como los de la colección "Azucena", eran conservadores y presentaban personajes como leñadoras, princesas y hadas, donde la protagonista ascendía socialmente si era piadosa y dócil. A partir de 1965, las historias románticas ganaron terreno, con excepciones como "Florita", "Mary Noticias", "Lily" o "Esther y su mundo".
Tras la muerte de Franco, la industria del cómic español experimentó una explosión de títulos y creatividad gracias a la libertad post-censura. La revista "El Víbora", surgida en 1979, fue rupturista y contestataria, aunque las mujeres autoras no fueron bienvenidas, siendo Laura Pérez Vernetti la única en hacer una portada en los 80. En contraste, la revista "Tótem", también en 1979, dedicó un número especial a las mujeres autoras, incluyendo a Marika Vila, Mariel Soria y Montse Clavé.
Muchas autoras de los años 70 y 80 se vieron obligadas a recurrir a la autoedición y autodistribución. Isa Feu, colaboradora de "El Víbora", fue criticada por su obra "Corazón Loco" al abordar la sexualidad de forma diferente a los autores masculinos.
Antologías y reivindicación
En 1992, se publicó "Los derechos de la mujer", la segunda antología de cómic hecha exclusivamente por mujeres, con la participación de Marika Vila, Mariel Soria, Annie Goetzinger, Chantal De Spiegeleer, Cinzia Ghigliano, María Alcobre y Laura Pérez Vernetti. En 1993, apareció la tercera antología, "Cambio el polvo por el brillo".
En 2016, la periodista Elisa McCausland señaló la ausencia de mujeres entre los nominados al premio a mejor obra de autoría española en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona. En enero de 2024, el Ministerio de Cultura y la Asociación Sectorial del Cómic presentaron el "Libro Blanco del Cómic en España" para analizar la situación del sector.

Pioneras en el cómic franco-belga y español
En la escena del cómic franco-belga, Claire Bretecher (1940-2020) debutó en 1962 y se hizo conocida por su serie "Les Frustrés". En 1976, un grupo de autoras creó la revista feminista "Ah!", dibujada exclusivamente por mujeres, abordando temas como la menstruación, el sexismo y el aborto.
En la década de 2000, una nueva generación de artistas mujeres emergió en el mercado francés, impulsada por el Gran Premio a Florence Cestac en Angulema (2000), el éxito de "Persépolis" de Arjane Satrapi, la explosión del manga femenino y el lanzamiento de la colección "Traits féminines" en 2002.
En España, Nuria Pompeia destacó como pionera feminista en los años 70 con viñetas reivindicativas. Otras autoras notables incluyen a Roberta Gregory, Mary Fleener, Claire Bretécher, Maitena, Julie Doucet, Debbie Dreschler, Cathy Ghisewite, Phoebe Gloeckner, Jessica Abel, Lynn Johston, Marjane Satrapi y Mirta Lamarca.
Isabel Bas Amat (1931) fue la primera mujer en dibujar en "TBO" en 1967. Carmen Barbará (1933) lanzó su obra más rompedora, "Mary Noticias", en 1962. María Pascual (1933-2011) comenzó su carrera en 1955 y dibujó para editoriales como Toray y Bruguera. Purita Campos (1937-2019), galardonada con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, es una de las autoras más populares, conocida por su obra "Esther y su mundo", que alcanzó una gran tirada internacional.
El cómic feminista y la denuncia social
El cómic feminista, a menudo autobiográfico, permite a las lectoras identificarse con las historias y reflexionar sobre la sexualidad femenina sin distorsiones androcéntricas. Las autoras expresan su malestar ante un mundo injusto, desigual y patriarcal. Este tipo de cómic analiza la imagen femenina y los roles de género.

Visibilidad y reconocimiento actual
Aunque el camino ha sido largo, cada vez son más las mujeres que entran en el mundo del cómic como autoras, logrando visibilidad y reconocimiento. Proyectos como "AWARE: Archivos de Mujeres Artistas, Investigación y Exposiciones" buscan recuperar y contextualizar la obra de artistas femeninas. Sin embargo, la brecha de género persiste, como lo demuestran las estadísticas sobre la representación de artistas en museos y la presencia de obras creadas por mujeres en el mercado.
La obra "Alimentar a los fantasmas" de Marion Agustin y Sala Colaone, que narra el viaje de dos adolescentes en busca de artistas mujeres en un museo, es un ejemplo de cómo el arte y la investigación pueden visibilizar la contribución femenina a la historia del arte, incluyendo el cómic.
HISTORIA DEL CÓMIC 1. Los Orígenes.
