Alquiler de Tebeos en Cartagena: Un Viaje a Través de la Cultura del Cómic

La cultura del cómic, o tebeos, ha experimentado un resurgimiento notable, y Cartagena no es una excepción. La ciudad ofrece un abanico de posibilidades para los amantes de estas narrativas visuales, desde tiendas especializadas hasta eventos culturales que celebran esta forma de arte. Este artículo explora el panorama del alquiler de tebeos en Cartagena, destacando su importancia cultural y las experiencias que ofrece.

La Evolución del Tebeo y su Impacto Cultural

Mi relación con la lectura empezó muy pronto, gracias a mi madre, que siempre me animó a leer. De pequeño devoraba libros de El Barco de Vapor y también de Manolito Gafotas. Luego lo dejé durante una larga etapa, sobre todo en el instituto, pero recuperé el hábito en la universidad, y es algo que agradezco mucho. Siento que me habría perdido muchísimas cosas de no haber vuelto a leer. Lo bueno de los libros de relatos es que los lectores siempre encuentran alguno con el que identificarse. Aunque muchos de mis relatos están ambientados en mundos fantásticos, en el fondo hablan de situaciones muy cotidianas: la crisis de los treinta, la explotación laboral, las rupturas amorosas… Son experiencias que, de una forma u otra, nos atraviesan a todos.

Todo comenzó cuando una profesora de prescolar nos enseñó a leer y escribir y sumas y restas a escondidas. Por normatividad, en la escuela pública se debía enseñar a leer y escribir hasta después de los 6 años. Esta maestra nos enseñó antes y recuerdo la emoción de estar rompiendo reglas por algo valioso y compartido. Aprendí y a mi abuela le parecía muy presumible que yo leyera en voz alta ante las visitas. Luego mis padres dejaban libros a mano en casa y seguí, teníamos una colección que traía ciencia, narrativa y poesía y estampas para coleccionar sobre música, países, experimentos. La verdad es que era maravillosa y, en ese sentido, mis padres sólo dejaban esos libros a mano, sin obligar ni exigir nada.

José Antonio Pérez Ledo es el autor de 'El invasor'. J. A.: No lo recuerdo con exactitud. Pero sí te puedo decir que, de pequeño, pasaba un par de semanas cada verano en alguna zona costera con mis padres. A mí, hijo único, la playa me mataba de aburrimiento (lo sigue haciendo), de modo que mi padre tenía un pacto conmigo: él me compraba un cómic cada día y yo disimulaba mi aburrimiento. Ahí descubrí que la narrativa puede salvarte.

A.: Soy el pequeño de cinco hermanas, con bastante diferencia de edad, y en casa toda la familia era muy lectora. Mi padre además compraba todas las semanas los tebeos de Bruguera por lo que empecé a leer con ellos. Más adelante recuerdo que me daba mucha envidia escuchar a todos hablar sobre 'Cien años de soledad', que gustó mucho en casa, pero yo era muy pequeño todavía para leerlo.

Desde que tengo uso de razón dibujo lo que veo y lo que imagino. Descubrí que era una forma de entender las cosas, de conocerlas, de poseerlas. Pasaban a existir y a ser mías. Es un impulso que me viene incorporado de fábrica. No ha sido una elección. Sentía la atracción de las imágenes de los libros de arte, las historietas, incluso los dibujos de los libros de texto. Me gastaba la paga en tebeos y en colores para pintar las paredes… Siendo de Madrid, mi nacimiento en Linares fue casual, mi madre me llevaba al Museo del Prado a pasear los días de frio y lluvia. Luego me compraba en la cantina del museo un pepito de ternera, un bocadillo de filete, y yo era feliz. Aprendí a ver, a mirar, a llenar los ojos para alimentar a las manos, para traducir el mundo a imágenes sobre un papel. Mi relación con el arte surgió de una manera natural, sin querer.

Usted es un referente en lo que se dio en llamar la Movida de los años 80. Con la Transición, tras la dictadura, nació un mundo nuevo. Mi generación salía entonces de la adolescencia. Nos inventamos la vida. Descubrimos una libertad gozosa. Todo valía. La revolución del 68 nos llegó diez años tarde. Lo pillamos todo con fuerza. El underground, el Punk, el Glam. La Posmodernidad entendida como la destrucción de barreras entre lo culto y lo popular. Hoy lo llamaríamos transversalidad. He leído hace poco que la Transvanguardia, el Pop neoyorquino de Keith Haring y Basquiat y la Movida Madrileña son las verdaderas manifestaciones artística posmodernas. Entonces no sabíamos nada de esto. Hacíamos la vida en la calle. Usábamos el papel impreso como vehículo de conquista del mundo. Revistas, fanzines, posters, postales. Pintábamos cuadros y hacíamos comics. Todo a la vez. Hacíamos revistas que inundaban las calles. La Luna, Madrid Me Mata, Madriz…Queríamos llegar a todos los rincones de la sociedad, desde lo más cotidiano, incluso lo vulgar, hasta los más altos templos del arte y la cultura. Queda de aquella época la búsqueda de una mirada personal. Tratar de no estar condicionados por reglas ajenas. El discurrir de la creatividad por caminos nuevos, inusitados. El amor por la improvisación, el divertimento, lo lúdico. La intención de infectar a la sociedad con lo que se quiere transmitir, con imágenes, ideas y sensaciones. No trabajar sólo para iniciados, o para un gremio que juzga según criterios impuestos en cada momento por el mercado, que es la gran autoridad hoy día en el mundo del arte. Aunque también el mercado es interesante. Nos da ciertas pautas de por donde va la vida y el pensamiento. Todo es interesante.

Cada época tiene su mierda, sus reglas, su sensibilidad. Cosas y conceptos que antes no importaban nada son ahora delicadísimos temas de discusión. Jardines de otros tiempos son hoy campos minados. En los años 70 Antonio el bailarín fue a la cárcel por cagarse en los muertos de Cristo. Blasfemar era delito. Hoy día puedes meterte en un lio por usar palabras que gentes sensibles, pero implacables, duras, en posesión de criterios incontestables, consideran inapropiadas. Pensábamos que la libertad que se conquistó entonces era para siempre, que iría a más. Que eran formas y derechos ganados para siempre. Que va. Nunca ha habido tantas reglas como hay a estas alturas del siglo XXI, tanta “protección” a unos y a otros, la quieran o no. Hoy día hay quien considera que lo lúdico es simplemente frívolo y sospechan del arte que no se compromete con sus ideas, sus dictados y sus compromisos no es válido. Es arte degenerado. No hay un cuadro mental de riesgo, libertad y tolerancia que haga posible aquella posmodernidad para otra Movida social que surja de la calle sin límites ni presiones. Pero están surgiendo otras transversalidades. Los creadores jóvenes se están expresando a través de comics, de diseño gráfico y de videojuegos, de animación, de fotografía. Aunque todo va rapidísimo. A lo mejor el año que viene todo es al revés y vuelve la tolerancia, la relajación, la belleza y la libertad. Hoy día hay una parte del arte que es posible gracias a subvenciones, becas y ayudas que piden unos requisitos concretos, como ser de determinado sexo, edad, nacionalidad o pensamiento, así como imponen una técnica y unos temas, sociales, políticos, sanitarios, ecológicos… a los que hay que adherirse para acceder. Los artistas deben muchas veces contentar y adaptarse a las exigencias de las administraciones públicas u organizaciones convocantes, en lugar de poder expresar sus propios intereses. También hay por supuesto artistas que son muy libres y consiguen ser dueños de sus proyectos. El compromiso personal depende de los medios de disponga uno para hacer lo que le de la real gana. Creo que esto es en el arte y en todo. En los 80 éramos jóvenes y con muy pocas necesidades. Vivir era arte. El compromiso era con la vida.

Usted ha señalado la violencia en la tauromaquia. ¿Cree que puede provenir de la misma sociedad? La tauromaquia tuvo su tiempo. Fue una manifestación, un rito primitivo, de admiración a la fuerza y a la belleza animal, a la violencia del ciclo imparable de la vida y la muerte. Fue la celebración de la astucia y el valor del ser humano y la búsqueda de héroes para el pueblo necesitado de emociones. Hoy día todo eso lo encontramos en las redes, en el cine, en las series. La intolerancia, la envidia, la violencia, la injusticia… siempre estarán presentes en la sociedad. No nos podemos engañar. El ser humano es un depredador implacable. De ahí su éxito como especie. Pero tres pilares dieron estructura a la sociedad occidental: la filosofía griega, el derecho romano y el humanismo cristiano. O sea la defensa contra la ignorancia, contra los abusos del poder en la sociedad y la defensa del más débil, del necesitado. Hacemos cosas malas pero al menos lo sabemos. El arte participa de la violencia. Los encargos y adquisiciones de los poderosos, reyes y papas, gente violenta en general, hicieron posible las artes durante siglos. Hoy día no podemos olvidar que una parte del mercado del arte, especialmente la primera línea, se sostiene con dinero de origen turbio, o al menos dinero generador de inmensas injusticias. Quienes estudian su obra consideran que luego de los años 90 su obra se ha vuelto más intimista. Es verdad que al comenzar en los años 80 el estímulo visual era tan potente que sólo tenía que mirar a mi alrededor y pintar. Al final de la década estaba ya un poco saturado, así que me fui un año a Marruecos, Marrakech y Esauira y después otro a Nueva York, buscando alimento para los ojos. Buscando en soledad contrastes en escenarios tan opuestos, lo que me encontré fue el mundo que sin darme cuenta había surgido en mi interior. La introspección me llevó por otros caminos. El año 1990 termine viviendo en Mallorca, en Sóller, y empezó una nueva etapa más racional, con más referencias literarias y pictóricas. Una obra como metafísica y simbólica. Además fue un cambio de ciclo. En los 80 interesaba en España un arte que nos reivindicase, que fuese netamente nuestro. Así la Movida tuvo un éxito internacional muy rápido. Lo español estaba de moda. Entrados los 90 se quiso equiparar este país con el resto del mundo y se comenzó a potenciar un tipo de arte y pensamiento que nos colocase junto al mundo occidental al que pertenecíamos. Lo internacional triunfó frente a lo nacional. Aún tardó un tiempo en ser denostado lo de los 80, pero todo va y viene.

La velocidad de la vida nos ha venido por tener acceso a medios que nos permiten trabajar mucho más con el mismo esfuerzo. Los viajes son baratos y rápidos. El tiempo se comprime. Las herramientas digitales nos ahorran procesos y pasos que eran lentos y trabajosos. Los materiales nos llegan prácticamente de inmediato, así como la información. Podemos hacer muchas más cosas en el periodo de una vida. Saliendo de la adolescencia, a finales de los 70, cuando empezaba a estudiar en la Escuela de Arquitectura, empecé a trabajar en una vieja imprenta, una linotipia del Madrid decimonónico, junto a lo que fue la universidad Central de San Bernardo. Las viejas máquinas Minerva de golpe vertical, las impresoras de rodillo, los tipos de madera, los metálicos, la caja baja y la caja alta, los fotograbados, el olor a plomo derretido de la linotipia, y el querido olor a tinta, la música de las maquinas funcionando. En la oficina del señor Gil, el encargado, se reunían viejos tipógrafos anarquistas, inventores de tintas y jubilados de artes gráficas que me apadrinaron. Aprendí en un par años, tardes enteras escuchando y viendo trabajar a un ritmo magníficamente lento e inoperante. Luego llegó el offset, la fotocomposición, las prisas y un mundo nuevo que terminó con aquel. Este proceso lo he vuelto a vivir cíclicamente en las últimas décadas. Siempre a más rápido. El mundo digital ha terminado con todo lo anterior. El antiguo AC y DC con Cristo como referencia temporal, debería ser sustituido por ASJ y DSJ, antes y después de Steve Jobs. Es decir 2009 es el nuevo año cero, cuando se presenta el IPhone y por ende los Smartphones en general. Es un mundo nuevo. Quizás ahora la Inteligencia Artificial sea otro aún más nuevo, antes de que hayamos podido digerir el anterior. Somos la generación que ha vivido tres siglos. Mi infancia se desarrolló en unos escenarios que podían haber sido del siglo XIX. Burros en los caminos, casas en el campo con agua de pozo, sin electricidad, sin televisión, lumbre para calentarse, caminar mucho, curas, monjas y niños por las calles, ir de visita y miedo y fascinación por lo desconocido. Con el turismo y la Transición llegó el siglo XX. De alguna manera con la muerte de Franco terminaron las guerras carlistas, que tuvieron a España en el atraso desde 1833 hasta 1975. Es un enfrentamiento continuo de más de cien años enfrentando a unos españoles con otros. Así lo he sentido siempre. El siglo XX llegó con mucho retraso pero nos pusimos al día lo más rápido posible. Y llegó el siglo XXI, poco a poco al principio, eclosionando en 2009. Aparecieron unas herramientas digitales nuevas que permitían plantearse nuevos retos técnicos por precios asumibles. Propuestas impensables en esos siglos anteriores. Ha sido una oportunidad para darle a mi obra una dimensión nueva, el movimiento, y la posibilidad de las proyecciones públicas en fachadas. Obras de dimensiones colosales, comparables a los grandes murales que he tenido la oportunidad de realizar. Hoy día no concibo una exposición importante, sea institucional o en una galería privada, sin la presencia de piezas tecnológicas digitales: esculturas hechas con impresoras 3D a partir de archivos de modelados digitales y piezas en movimiento proyectadas en grandes formatos o en monitores generando instalaciones experienciales. La visión y la interpretación de la obra cambia con estos componentes digitales, generando un cuerpo intelectual nuevo. ¿Cómo es su experiencia en la incursión del cine de animación? Llevaba estudiando y valorando el movimiento en toda mi obra desde el principio. El movimiento de las personas, especialmente de las de ciudad. Quise entonces dar el paso de trabajar sobre el movimiento, poner a los dibujos a moverse con una perfección hipnótica. En 2007 tuve la oportunidad de trabajar un año en El Cairo, Egipto, con una productora de animación, financiado por un productor independiente de Misisipi. Una historia rocambolesca. Era más barato que en cualquier otro sitio, pero no había allí conocimiento ni tecnología para lo que estaba buscando. De ahí pasamos a trabajar en Madrid, tras un breve paso por Potsdam en Berlín, y con más medios entramos en la tecnología del siglo XXI. Con una nueva productora, Magic Films, y nueva financiación, trabajamos con modelados 3D y captura de movimiento, desarrollando softwares para conseguir el objetivo: el movimiento perfecto. La culminación de este proyecto fue la proyección en Madrid en 2015, sobre la fachada del edificio de Tabacalera. Usted es autor del nombre Madriz, revista emblemática de los años 80. El amor al papel impreso. Creo que generacionalmente somos los últimos acumuladores de papel en todas sus manifestaciones. Libros, cartas, postales, revistas antiguas, revistas nuevas, catálogos, cuadernos de notas, notas sueltas, agendas viejas, comics…Nuestra vida y nuestro conocimiento está sobre papel. Cuando Blanca Sánchez comisariaba la gran exposición de La Movida en 2007 me decía que le producía mucha ternura el hecho de que las casas de todos nosotros eran muy parecidas. El horror vacui en las paredes, llenas de papeles y recuerdos, salpicadas de fotos, de dibujos, unos enmarcados y otros con chinchetas, de pinturas grandes y pequeñas. Anaqueles llenos de libros y objetos en los que reconocerse. Y pilas de libros y pequeñas esculturas y discos de vinilo. Un desorden grato, confortable, estimulante. A principios de los 80 entendimos que eran las revistas el medio de infiltrarnos en el mundo. Y lo hicimos. Además donde se podían juntar poetas con músicos, con pintores, con filósofos, con fotógrafos, con diletantes y con amantes del conocimiento y también de la diversión. El haber participado en aquellas revistas y después en otras como Sur Exprés, El Europeo o El Canto de la Tripulación me ha dejado una forma totalmente transversal de entender la cultura. Usted fundó Port Said Ediciones, especializada en la edición de carteles que sirvió para difundir su obra y de otros muchos artistas. Sí. España era entonces un país pobre. No lo sabíamos, pero los materiales eran malos, de poca calidad. No había papel bueno, ni pinturas con pigmentos suficientes. Se editaba pobremente, ahorrando en todo. La fotomecánica se pagaba por cm2, y por lo tanto se hacía pequeña. El papel era de poco peso y poca calidad. Viajando por Europa vi que existían otros mundos. Los alemanes en aquella época eran los dioses de las artes gráficas. Editaban maravillas impensables para nosotros. Por otro lado éramos, y somos, un país de grandes talentos artísticos desaprovechados. Así nació Port Said Ediciones. Con la pequeña inversión de un grupo de amigos empezamos a hacer fotomecánicas enormes, las imprentas se escandalizaban, y a editar sobre papeles de altísima calidad y gramaje, creo que alrededor de 300 grs o más. Los autores eran, éramos, pintores y dibujantes españoles como Mariscal, Ceesepe, Navarro Baldeweg o José Guerrero entre otros. El estreno fue glorioso. Fuimos a presentar la propuesta al Festival de Angulema en Francia. El primer día habíamos vendido toda la producción. Tuvimos que pedir que nos reenviasen material desde la imprenta en Barcelona. Los años siguientes seguimos editando obras de autores españoles, dándoles difusión en formatos de gran calidad. Personalmente muchas de mis obras de entonces terminaron siendo carteles que me encontraba después por toda Europa, incluso por Estados Unidos, a lo largo de los años. Su novela gráfica Sic Transit o la muerte de Olivares es considera el inicio de la nov...

El Premio Mandarache y la Promoción de Lectores Jóvenes

De nuevo, la diversidad de géneros y temáticas reina entre las obras finalistas del Premio Mandarache de Jóvenes Lectores. Borja Echeverría (Pamplona, 1988) es el autor del libro de relatos 'Al universo no le interesa tu vida' (Versátiles). Por su parte, la mexicana Maricela Guerrero (Ciudad de México, 1977) entrelaza el lenguaje poético con el científico en 'El sueño de toda célula' (Kriller71). José Antonio Pérez Ledo (Bilbao, 1979) y Alex Orbe (Barakaldo, Vizcaya, 1973) suman fuerzas en la novela gráfica 'El invasor' (Astiberri), que aborda la situación de jóvenes migrantes que intentan sobrevivir en los márgenes de la sociedad y el papel de las redes de apoyo organizadas fuera de las instituciones.

Tras los encuentros virtuales con los lectores, los autores charlarán presencialmente con los cartageneros el jueves 9 de abril. A las 9.30 horas en el Auditorio El Batel se reunirán con 1.400 estudiantes. Durante toda la mañana habrá talleres, firmas de libros y diversas actividades distribuidas por todo el auditorio hasta las 13.30 horas. Por la tarde, a las 18.00 horas en el Museo Arqua se celebrará un nuevo encuentro con los autores como parte del taller Libreta Mandarache; y a las 19.30 horas en Fundación Mediterráneo (c/ Mayor), una nueva cita con los clubes de lectura municipales abierta al público general. Un día antes, el miércoles 8, visitarán el Batel los finalistas del premio Hache, cuyas lecturas están dirigidas a lectores de entre 12 y 14 años. Los finalistas son Pedro Mañas, May López y Beatriz Jiménez de Ory.

¿Leer nos hace mejores personas? No creo que leer nos haga mejores personas de forma automática; eso depende de cada uno. Pero sí pienso que la lectura nos abre a nuevas perspectivas, nos permite ponernos en la piel de otros y entender mejor cómo se sienten. En ese sentido, puede ser una herramienta muy poderosa.

Depende de qué consideremos ser mejores personas, pues eso depende de quién lo determina o para qué. Creo que lo que nos hace devenir mejores personas -que para mí significaría querer ser más amables, tener relaciones más sanas y amorosas con quienes nos rodean y con el mundo- implica tener voluntad de que así sea y que para eso puede ser que un libro nos inspire a tener otra actitud ante la vida o tomar decisiones más conscientes. Lo que sí creo que puede hacer la lectura por nosotros y en colectividad es ayudarnos a entrenar el pensamiento crítico. El pensamiento crítico tiene una característica muy valiosa y es que reconoce que la inteligencia por sí misma no es suficiente, por lo que, para que una inteligencia se exprese como pensamiento crítico es importante que esté al servicio de la humanidad.

J. A.: No sé si el lector se verá reflejado en la historia, la verdad. No es algo que considere necesario. Uno puede leer una historia protagonizada por un psicópata y pasarlo estupendamente sin necesidad de identificarse con él.

A.: Aparecen tres protagonistas de distintas edades y condiciones, donde cada uno sufre un tipo de soledad diferente.

J. A.: Sospecho que no. Nos hace quizá más cultos, más conscientes de que, en el mundo, existen otras miradas, otras formas de entender y de sentir.

A.: No sabría decirlo, yo no leo con ese objetivo en todo caso.

Ilustración de personajes de cómic diversos

El Papel de las Tiendas de Cómics y el Alquiler

Aunque el texto proporcionado no menciona directamente tiendas de alquiler de tebeos en Cartagena, sí se desprende la importancia de las publicaciones y la cultura del cómic en la ciudad. La existencia de eventos como el Premio Mandarache sugiere una comunidad lectora activa y un interés creciente por este medio. Las tiendas de cómics, ya sean físicas o virtuales, juegan un papel crucial en la difusión y accesibilidad de estas obras. El alquiler de tebeos, una práctica menos común hoy en día pero que tuvo su auge, permitía a los lectores acceder a una amplia variedad de títulos sin la necesidad de comprarlos, fomentando así la exploración de nuevos géneros y autores.

Historia del cómic en España. (Exposición)

El Futuro del Cómic y la Cultura Impresa

El amor al papel impreso. Creo que generacionalmente somos los últimos acumuladores de papel en todas sus manifestaciones. Libros, cartas, postales, revistas antiguas, revistas nuevas, catálogos, cuadernos de notas, notas sueltas, agendas viejas, comics…Nuestra vida y nuestro conocimiento está sobre papel. Cuando Blanca Sánchez comisariaba la gran exposición de La Movida en 2007 me decía que le producía mucha ternura el hecho de que las casas de todos nosotros eran muy parecidas. El horror vacui en las paredes, llenas de papeles y recuerdos, salpicadas de fotos, de dibujos, unos enmarcados y otros con chinchetas, de pinturas grandes y pequeñas. Anaqueles llenos de libros y objetos en los que reconocerse. Y pilas de libros y pequeñas esculturas y discos de vinilo. Un desorden grato, confortable, estimulante.

A principios de los 80 entendimos que eran las revistas el medio de infiltrarnos en el mundo. Y lo hicimos. Además donde se podían juntar poetas con músicos, con pintores, con filósofos, con fotógrafos, con diletantes y con amantes del conocimiento y también de la diversión. El haber participado en aquellas revistas y después en otras como Sur Exprés, El Europeo o El Canto de la Tripulación me ha dejado una forma totalmente transversal de entender la cultura.

Sí. España era entonces un país pobre. No lo sabíamos, pero los materiales eran malos, de poca calidad. No había papel bueno, ni pinturas con pigmentos suficientes. Se editaba pobremente, ahorrando en todo. La fotomecánica se pagaba por cm2, y por lo tanto se hacía pequeña. El papel era de poco peso y poca calidad. Viajando por Europa vi que existían otros mundos. Los alemanes en aquella época eran los dioses de las artes gráficas. Editaban maravillas impensables para nosotros. Por otro lado éramos, y somos, un país de grandes talentos artísticos desaprovechados. Así nació Port Said Ediciones. Con la pequeña inversión de un grupo de amigos empezamos a hacer fotomecánicas enormes, las imprentas se escandalizaban, y a editar sobre papeles de altísima calidad y gramaje, creo que alrededor de 300 grs o más. Los autores eran, éramos, pintores y dibujantes españoles como Mariscal, Ceesepe, Navarro Baldeweg o José Guerrero entre otros. El estreno fue glorioso. Fuimos a presentar la propuesta al Festival de Angulema en Francia. El primer día habíamos vendido toda la producción. Tuvimos que pedir que nos reenviasen material desde la imprenta en Barcelona. Los años siguientes seguimos editando obras de autores españoles, dándoles difusión en formatos de gran calidad. Personalmente muchas de mis obras de entonces terminaron siendo carteles que me encontraba después por toda Europa, incluso por Estados Unidos, a lo largo de los años.

Portada de un cómic clásico español

Aunque el concepto de alquiler de tebeos pueda parecer anticuado en la era digital, la pasión por el cómic en Cartagena y en general sigue viva. Los eventos culturales, las librerías especializadas y la creciente producción de novela gráfica aseguran que esta forma de arte continúe evolucionando y atrayendo a nuevas generaciones de lectores.

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