El Ministerio del Tiempo: Expansión Transmedia y Reflexiones sobre la Humanidad

El universo transmedia de ‘El Ministerio del tiempo’ continúa ampliándose. Siendo como soy muy fan de la serie, estoy feliz de que desde Aleta-Evolution podamos sostener la llama de EL MINISTERIO DEL TIEMPO, esta vez con la anunciada segunda novela gráfica titulada MI TIEMPO SE AGOTA.

‘El Ministerio del tiempo’ vuelve con su segunda novela gráfica. ‘MI TIEMPO SE AGOTA’ es el nuevo episodio que verá la luz el próximo mes de junio, de la mano de su creador Javier Olivares, junto con Pablo Lara, Jaime Martínez y Santiago Ramos. La fecha de salida será el 28 de junio de 2018, y ya estamos preparando varios actos para poder celebrarlo como merece. Para celebrarlo toca presentación, tal y como hicimos el año pasado. Como os anunciamos hace un mes ya queda menos para que la nueva novela gráfica de EL MINISTERIO DEL TIEMPO vea la luz.

‘El Ministerio del tiempo’ amplía su universo transmedia con el cómic de la ficción de aventuras de RTVE ‘Tiempo al tiempo’ es el título del cómic en el que la patrulla deberá encontrar al atacante de Salvador Martí Disponible el próximo 28 de abril.

Portada de la novela gráfica

'Tiempo al tiempo': Una Nueva Aventura en el Ministerio

En esta nueva misión del Ministerio del Tiempo, el subsecretario Salvador Martí es agredido por dos desconocidos. Después de dejarle tendido, sangrando y agónico en el suelo, los atacantes huyen por las puertas temporales. Los distintos agentes de campo, no pueden evitar tomarse este ataque como algo personal, así que no tardan en cambiarse las vestiduras e ir a la captura de los prófugos.

La historia de Tiempo al tiempo juega con tres momentos temporales: la noche de San Daniel (10 de abril de 1865), el día que Salvador Martí aceptó el cargo de subsecretario del Ministerio y la actualidad. El guion de Tiempo al tiempo corre a cargo de Desiree Bressend y El Torres. Desiree Bressend es escritora y guionista especializada en historias transmedia; a la vez que imparte clases en la Universidad Rey Juan Carlos y en la Complutense de Madrid. Actualmente está empezando a trabajar en un canal de youtube donde encontraréis varios videos sobre el proceso de creación de Tiempo al tiempo. Ahora bien, el guionista principal de la historia es el malagueño El Torres.

Gracias a la división en tres tiempos, la historia es ligeramente distinta a los capítulos de la serie de televisión, dónde habitualmente sólo se juega con dos momentos temporales distintos. Esto hace que puedan añadirse más matices y detalles tanto a la construcción de personajes como a la concepción del tiempo. Este último elemento es muy interesante, dado que por la televisión no han hurgado mucho en él. Si nos centramos en la misión del equipo de campo, el argumento sigue la estructura de los capítulos televisivos. Cosa que en ningún momento chirría ni molesta, todo lo contrario: la sensación de conocido contribuye a mantenernos atentos a los sucesos.

Ilustración de la Noche de San Daniel

Uno de los hándicaps con que Tiempo al tiempo tenía que luchar es la comparación visual con la serie. En este sentido, la elección de un tipo de dibujo realista, es un acierto. Cualquier fan de Nacho Fresneda, Aura Garrido y Rodolfo Sancho reconocerá a los protagonistas. Así, aunque no sea lector habitual de cómic, puede sentir cierta inclinación hacia este nuevo formato. Ahora bien, quizás, para que la colección de cómics progrese será necesario abandonar este estilo y apostar por uno más afín al acérrimo lector de viñetas. Por esta razón, me parece destacable la introducción de agentes de campo que no salen en la producción de TVE. De esta manera podrían diseñarse nuevos personajes sin tener que ceñirse en reproducir la fisonomía de un actor.

El equipo encargado de esta faceta de Tiempo al tiempo está formado por: Jaime Martín autor de Paseando al fantasma y dibujante en Roman Ritual donde trabajó con El Torres. De hecho, la colorista de este comic, Sandra Molina también lo fue en Roman Ritual.

El Ministerio del Tiempo: Un Reflejo de la Identidad Española

El Ministerio del Tiempo es una de las pocas producciones españolas que miman el ser español, sin que suene casposo ni condescendiente. Esta producción de los hermanos Olivares nos ha recordado que tenemos grandes figuras cuya sombra deberíamos estar orgullosos de que nos cobije: Diego Velázquez, Lope de Vega, Pablo Picasso o Federico García Lorca. Nos ha recordado grandes momentos de nuestra historia, antigua y reciente.

Quizás, este país de naciones, de sensibilidades distintas y sentimientos varios necesita crear un relato sincero sobre sí mismo. Donde se abandonen los blancos y los negros, para dar paso al reinado de los grises: no todo es perfecto, pero tampoco todo es escoria. En la medida que esta opinión se extienda y calen entre nuestros artistas, las producciones españolas con sello nacional empezarán a transmitir un mensaje diferente. Dejaremos de lado el relato derrotista y chistoso, para poder afirmarnos como sujetos tridimensionales y complejos.

Análisis Series #15 El Ministerio del Tiempo 1ª Temporada | Análisis a Fondo

Alejandro García Alamán: Psicología, Autoayuda y la Imperfección Humana

Conocí a Alejandro García Alamán (Valencia, 1972) en un foro de Internet en el año 2006. En aquella época, su nick era Agarkala y se dedicaba, como yo, a la ingeniería informática. En el foro hablaba mucho más de historia que de ordenadores y con el tiempo nos contó que estaba estudiando geografía e historia, carrera que terminó en 2013. Más tarde empezó a colaborar en Jot Down a la vez que coincidió conmigo estudiando psicología en la UOC, su tercera carrera universitaria. Obtuvo su Grado en Psicología con mención en Clínica por la Universitat Oberta de Catalunya en 2013. Posteriormente, completó un Máster en Psicoterapia Integradora Humanista en el Instituto Erich Fromm en 2015 y un Postgrado en Terapia Sexual y de Pareja en la Universidad de Barcelona en 2017. En el ámbito profesional, dirige su propio centro de psicología en Barcelona, Hylé Psicología, donde ofrece terapia individual, de pareja y familiar para adultos y adolescentes.

Con un estilo directo y sin pretensiones de academicismo, García Alamán, acaba de publicar Esto es normal (Plataforma Editorial, 2025) donde desmonta los mitos de la autoayuda tradicional y nos invita a reconciliarnos con nuestra humanidad imperfecta. Desde la omnipresente ansiedad de la vida contemporánea hasta las contradicciones del amor y las inevitables meteduras de pata, el autor nos recuerda que lo “normal” no solo es tolerable, sino que puede ser liberador.

Alejandro no pretende ser un gurú ni ofrecer verdades absolutas; de hecho, se declara enemigo de los atajos y las recetas fáciles. La autoayuda tal como está planteada arrastra dos losas muy grandes. La primera, que es una industria y, por tanto, orienta el mensaje hacia lo que más dinero le genera, y la segunda, que cualquiera escribe sobre autoayuda, da igual de qué campo de conocimiento venga. Va a sonar feo lo que voy a decir, pero se paga muchísimo dinero por leer halagos gratis solo por ser quién eres, por ofrecer esperanzas de cambio milagrosas, variantes diversas de la predestinación, y a la vez, que toda esta “suerte mágica” dependa de ti. Solo tienes que dar con la tecla y todo encajará. Creer en esto puede servirte durante un tiempo, pero a la larga no funciona, sobre todo cuando el Universo parece no enviarte señales de nada. Ni tampoco es útil soltar frases categóricas tipo “haz esto y se arreglará lo tuyo”.

Los psicólogos sabemos o deberíamos saber que no funcionamos así, pero entiendo que cuanto más convincente suenas, más se te escucha. El impacto lo vemos en terapia, cuando te viene gente creyendo en fantasías de éxito y de evitación del malestar, que además quieren solucionar ya mismo. Personas que piensan que lo que sienten no debería estar ahí, porque lo han leído en alguna parte. En el libro mencionas: “La inagotable y cada vez más agresiva autoayuda no parece estar contribuyendo demasiado a mejorar la satisfacción vital de su público objetivo”.

Características contraproducentes de la autoayuda hay bastantes, pero creo que la más importante es esta llamada a que todo te importe muy poco. A que no te afecte lo que te pasa, desprenderte de cosas, desapegarte … en fin, hay distorsiones del estoicismo que dan miedo, más cerca de la psicopatía que de otra cosa. Si alguien me ataca, me provoca o intenta dañarme, y sobre todo si ese alguien es importante para mí ¿cómo no me va a afectar? Te sueltan sin rubor que aportes o apartes, o que no te rodees de gente que no te haga sentir bien todo el tiempo. Eso es imposible, llamar a las personas a la evitación conduce al malestar y a la soledad. La otra es el individualismo atroz. Si evito el malestar, evito el contacto con los demás - o con los que no hagan lo que quiero en cada momento, que son todos -, y mi satisfacción con la vida depende únicamente de lo que yo decida, pues ya me dirás el panorama que te queda. Estás solo, abandonado a tu suerte y encima lo que te pase es por tu culpa.

Escribí el artículo como spin off del doctorado en psicología, que espero acabarlo este año. He investigado sobre auto presentaciones en Tinder, buscando patrones medibles mediante análisis de datos, y ha sido un proceso increíblemente interesante. Allá también buscamos “cerrar un trato” inmediatamente con alguien ideal que nos aporte todo lo que necesitamos, pero sin tener que renunciar a nuestra independencia … vamos, una fantasía donde ganamos todo y no pagamos nada. En ese momento creo que leí más de noventa papers y dos libros sobre el tema. Apasionante y agotador, pero muy instructivo aprender cómo nos condiciona una aplicación en esto de buscar el amor y cómo tendemos a estereotiparnos para gustar.

Gráfico sobre la importancia de la conexión humana

El mayor obstáculo para mí es la falta de tiempo, real y autoimpuesta. Llevamos vidas absolutamente sobrecargadas de exigencias: trabajo, estudios, familia, vida social, realización personal … todo a la vez. Para mucha gente el dedicar tiempo a conocer bien a una persona implica ir jugando al Tetris con la agenda. Este es el de fondo, pero los demás serían la inmediatez (queremos tenerlo todo ya) y la evitación de posibles experiencias desagradables, como el miedo al rechazo, la frustración de que las cosas no vayan como habíamos pensado o la renuncia a decidir unilateralmente. A esto de hacer lo que te dé la gana en cada momento sin reparar en el otro muchos lo llaman fluir.

Sí, sin duda. Querer y ser queridos es el motor principal que mueve a los seres humanos. Las personas hacemos cosas loquísimas para ser bien vistos, valorados y amados por los demás, incluso mentir como bellacos. Hacerse pasar por lo que no eres solo para que te aprecien es un clásico eterno que no pasa de moda. Sentirme útil también es un fenómeno relacionado con el amor, en este caso en la doble vertiente interna, porque me ayuda a apreciarme, y externa, porque los demás me ven interesante y capaz. Buscamos relacionarnos con quienes nos transmiten seguridad. Es decir, con quien creemos que sabe lo que hace en la vida, nadie es tonto y en el fondo nos sabemos falibles. Fíjate si es importante sentirse útil. Por otra parte, la falta de amor nos “enferma”, esto es una obviedad en psicología.

En este sentido, la posibilidad no ya de error, sino de imperfección, se vuelve inaceptable. En la gente joven se ve clarísimo, vienen a terapia absolutamente aterrorizados, abrumados por lo que creen que tienen que conseguir para sobrevivir a la vida adulta. El fantasma de la falta de oportunidades y el fracaso si no se plantan antes de los treinta con dos carreras, tres masters y ocho años de experiencia. Es una locura, la “rat race” se nos ha ido de las manos.

Afirmas que “La vida contemporánea es cada vez más compleja, individualista y competitiva”. Aquí voy a sonar un poco estoico, y no me gusta simplificar en una frase lapidaria, pero que suelte lo que pueda y se quede con lo imprescindible. Querer no es poder, es una frase horrible. Es un proceso doloroso, porque implica renuncias, pero examinar qué estás haciendo, para qué y qué puedes descartar al final te ayuda. Es que muchas veces no vas a poder, y aunque puedas, nos empeñamos en querer conseguir cosas que bien pensado ni nos hacen falta, ni nos hacen bien. Ah, y siempre, siempre, da igual lo que te digan sobre productividad, perseguir sueños y demás, guardarse espacio para descansar. Epicuro venía a decir que los humanos buscamos el placer, pero si por ese camino sufrimos más que disfrutamos, estamos haciendo el tonto. Bueno, más o menos. Diría que si estás bien como estás, te quedes más rato en la zona de confort.

Bueno, porque en esta fantasía de productividad máxima no puedes fallar. Un error te manda al vagón de cola, a la montonera de inútiles y fracasados de la que ya nunca podrás salir. Salvo si ya te has conseguido la etiqueta de exitoso, entonces da igual lo que hagas. A Elon Musk le explotan los cohetes, Zuckerberg puede cagarla con Meta y etcétera, pero a esos se les perdona todo porque ya son triunfadores. Que levante la mano el psicoterapeuta que no se eche al cuerpo cada semana al menos una decena de sesiones alrededor del error y la culpa que arrastran los pacientes por cualquier vicisitud humana. Lo asimilamos a fracaso, pero solo si el resultado es peor del esperado.

Una de las afirmaciones más interesantes del libro es que “La mayoría de nuestras meteduras de pata son inocuas”. Jajajajajaja no. No siempre, cuando te has colado y está reciente, quieres esconderte bajo tierra una temporada. Es normal sentirse fatal cuando te equivocas, solo podemos hacer una valoración más justa una vez que la emoción ha pasado. Y aún así, la mayoría hemos picado en esto de “no puedes fallar”. Pero cuando te das cuenta de que tu vida sale adelante incluso sobre un montón de errores de apreciación - somos malísimos prediciendo -, aprendes a relativizar. Cuando me dedicaba al análisis de datos, descubríamos decenas de errores de código que llevaban incluso años ahí y nadie había reparado en ellos. Se tomaban decisiones de negocio sobre datos falsos y la empresa ahí seguía, ganando dinero a espuertas.

Hay varias fantasías con el error, como que es aprendizaje y no siempre es así. Tendemos a cometer errores similares, obviamente. Aceptar la propia vulnerabilidad es el único camino hacia estar satisfecho con uno mismo. No es tanto “arreglar” lo que no me gusta de mí, hay características que no se pueden eliminar, sino asumir que tengo un flanco vulnerable, que a veces no sé qué hacer, que meto la pata, que hay cosas de mí de las que no estoy orgulloso, pero las acepto. Los celos, los deseos de venganza o la vergüenza son emociones, están ahí y las experimenta cualquiera en las condiciones adecuadas. Me pueden estafar y tomar el pelo y eso no me hace tonto. No las toleramos ni en nosotros mismos, ni en los demás. Para mejorar mi capacidad de conectar con los demás y de entenderme, necesito leerlas, comprender qué me están diciendo y después decidir mi curso de acción. O inacción, puedo no hacerles ni caso, tampoco es cuestión de endiosar mi mundo emocional. Mi cuerpo puede hacer una mala lectura de una situación, no pasa nada.

En el libro señalas: “Una vida satisfactoria no puede basarse en la evitación de situaciones desagradables o emociones negativas”. Ya el hecho de aceptar que van a ocurrir es un avance. ¿Cómo sé que las acepto? Cuando no me asustan, aunque no me gusten, claro. Algo en lo que insisto mucho en terapia es en poner en foco en la capacidad de la persona para sobreponerse a estas situaciones y lo basamos en su propio historial. Muchas personas se cuentan el relato de su vida de maneras desastrosas. En todas nuestras fantasías de catástrofe las desgracias nos pasan por encima, y nos vemos impotentes para hacer nada, cuando no es verdad. Ir por la vida con la confianza de que, si me pasa algo desagradable, un conflicto o una pérdida, voy a saber qué hacer da mucha tranquilidad. O que no habrá nada que hacer, pero de alguna manera sobreviviré. La pérdida puede ser un evento devastador del que no me recupere del todo nunca, por supuesto. Pero los humanos somos bichos resistentes, tenemos una capacidad de echarnos a la espalda grandes dosis de sufrimiento y salir adelante francamente admirable. Una herramienta que infravaloramos es el mecanismo del olvido, aunque funcione muy bien, pero claro, es involuntaria y hay que dejar que haga su trabajo.

En primer lugar, toda esta retórica de la competitividad, la ambición, ese rollo de “el mundo es una jungla”, “si no eres el depredador, eres la presa”, “no te fíes ni de tu padre”. Esta basura nos la tragamos desde bien pequeños. Las personas no somos tontas, tú oyes esto, te miras y piensas “¿y cómo se supone que voy a hacer yo todo eso?”. Que lo más probable es que ni quieras pisar cabezas ni comerte a nadie. Además, a la mínima que tienes algún rasgo visible que no entra en la norma social, la has cagado. Si estás muy gordo, muy delgado, eres demasiado alto o demasiado bajo, no ves bien, se te cae el pelo, hablas lento o no pronuncias bien… te van a señalar. Así es complicado llevarse bien con uno mismo. No estoy diciendo que una persona no necesite desarrollar habilidades para defenderse en la vida, porque las dificultades van a aparecer, y en ciertos momentos es verdad que solo podrás contar contigo, pero la presión social negativa es excesiva. En general, tendemos a ser más tolerantes con los demás que con nosotros mismos. Y a creernos más importantes de lo que somos, en el sentido de imaginar que los otros piensan más en nosotros de lo que realmente lo hacen.

¿Son las altas expectativas causa de conflictos internos y con otros? Las altas expectativas son una consecuencia de altas exigencias sociales. Solo nos querrán si somos perfectos, si no nos equivocamos nunca. Hay un tipo de protagonista de películas que es el tipo que lo sabe todo, que ha anticipado lo que va a pasar y lo que van a hacer sus oponentes. Se anticipa a todo y lo hace bien, acierta. Estos personajes son agentes secretos, exmarines o científicos, pero también pueden ser psicópatas, con todo lo que conlleva. A muchísimas personas les encantan porque representan el mito de la infalibilidad, del que sabe lo que hace. Yo también he estado ahí, pero ahora me aburren mortalmente. Acertar siempre es mentira, y si fuera verdad, sería un rollo patatero. Si se lo pedimos a los demás, ni te cuento dónde nos colocamos, en la antesala de la soledad.

Las redes sociales han desbordado todo esto, porque el sesgo de deseabilidad se multiplica exponencialmente. Encima con el efecto reforzador casi infinito que tienen los algoritmos estos que te ofrecen más de lo mismo a diario. Aunque esté en el sofá haciendo el bichobola porque estoy triste, si me voy a un restaurante, le tomo una foto a un plato y la subo, automáticamente otras personas van a pensar que tengo una vida chulísima. Pero yo seguiré triste, y ellos quizá también por comparación. Las redes son un reflejo de un estereotipo, el éxito vital medido en una foto o un vídeo corto. Es increíble hasta donde llegamos a trampear con filtros y trucos de cámara para que parezca que somos felices y perfectos.

Los occidentales sobre todo, pero no solo, nos enfocamos mucho en hacer. Encontrar una acción resolutiva, una intervención que finiquite cualquier problema de forma definitiva. Tomar iniciativas. Nos cuesta un horror aplazar, esperar o diferir. Le llamamos procrastinación a cualquier táctica dilatoria, incluso a tener paciencia y esperar el momento oportuno para actuar. Somos un desastre dando soporte emocional, por ejemplo, porque suele consistir en estar y no en hacer. Si tu pareja está triste por algo, no le vas a quitar tú la tristeza, no eres el protagonista. Pero puedes quedarte a su lado por si te necesita. O le preparas un caldito, con eso basta. Nos ponemos misiones que nos superan, muchas veces movidos por las ganas de ayudar. Con puntos de vista más sanos me refiero un poco a...

Infografía sobre la importancia de la autoaceptación

Las producciones culturales, en todas sus expresiones, son un autoretrato del momento histórico, social y cultural en que nacieron. Dicho así parece una idea metafísica y rebuscada, pero si ponemos unos ejemplos esta sensación debería desaparecer. Tomemos tres ejemplos: un libro, una película y un comic. El primero he intentado que fuera el más obvio, así tenemos Madame Bovary de Gustave Flaubert (1821-1880). Una novela escrita en 1856 y que retrata a la burguesía francesa de la época. El autor plasma la época que vive, dándonos un retrato realista de su tiempo. Por esta razón, autor y obra son considerados clave en el movimiento literario llamado realismo. Vamos al segundo ejemplo, la película que Amy Farrah Fowler nos ha destrozado a todos: En busca del arca perdida. Aunque la película se estrenó en 1981, la historia se sitúa durante la Segunda Guerra Mundial. Esta obra es un retrato de la sociedad americana de la guerra fría: el miedo a la amenaza externa conocida, el orgullo de «lo estadounidense siempre prevalece» y arrogante en el “nosotros derrotamos a la Alemania de Hitler”. Sutilmente, envía un mensaje a los rusos: si pudimos con ellos, también con vosotros. Finalmente, un comic: Thor, la diosa del trueno. La serie de Marvel que empezó a publicarse hará unos años y que ha arrastrado polémica. Esta historia retrata nuestro momento histórico y social en tanto que preocupado por el feminismo.

Esta manera de entender las producciones culturales como retratos de la moral, intereses y preocupaciones del momento en que fueron concebidas, tiene una curiosa consecuencia. Cuando, en las películas catastrofistas de producción hollywodiense los protagonistas consiguen salvar al mundo, metatexualmente pasan dos cosas. En primer lugar, aplica lo dicho hasta ahora: los estadounidenses se repiten a sí mismos que son la salvación del mundo. En segundo lugar, esa historia contribuye, inconscientemente, a introducir la idea “nosotros salvamos al mundo” en la mente de todos los que ven la película. Así, una producción cultural, no solamente nace de una idea colectiva, sino que la perpetúa. En otras ocasiones, intentará ir contra ella, lógicamente. Esto es lo que pasa en la película Balada triste de Trompeta donde Alex de la Iglesia coge una cosa que los españoles sabemos: nuestra realidad política está aún dividida por la concepción de las dos Españas. Y, con una historia donde no aparecen políticos, periodistas ni académicos, acaba lanzando un mensaje: esto tiene que cambiar. Por tanto, todo el universo de El Ministerio del Tiempo también nos intenta decir algo sobre nuestra realidad.

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