Agustín Durán es uno de los humoristas que ha sabido explotar no solo el humor manchego, sino también la ruralidad y la vida del campo, la crudeza de la vendimia o la recogida de la aceituna.
Desde 2002 llevaba recorriendo con sus "tontás", como él mismo llama a los chistes que hace, los bares, las salas y las fiestas de infinidad de pueblos de Castilla-La Mancha parecidos a su querido Picón, donde llegó a ser alcalde un tiempo después.
Durante una buena temporada, hasta que pudo vivir exclusivamente de hacer gracia, tuvo que compatibilizar las actuaciones con su trabajo de profesor de piano en la Escuela de Música de Miguelturra.
Agustín Durán es uno de los últimos hijos predilectos de la retranca manchega, de la que en las últimas décadas ha germinado el crecimiento de estrellas de la comedia como José Luis Coll, José Mota, Goyo Jiménez o los 'chanantes' Joaquín Reyes o Ernesto Sevilla.
El humorista explica que en su casa siempre les ha gustado mucho reírse de todo, de ellos mismos y entre ellos, y siempre ha disfrutado de ver cómo la gente se lo pasaba bien con las tonterías que hacía o con las cosas que decía. Cuando estaba en el cole había una asignatura que se llamaba "Dramatización" y la maestra les ponía a hacer teatrillos, gags...
Agustín Durán señala que ser humorista requiere ser un poco payaso y que te guste que la gente se ría con tus tonterías, pero detrás de cada monólogo, actuación o chiste siempre hay una preparación. Detrás de un vídeo de dos minutos ha habido un tío horas con un cuaderno preparándolo.
El humorista se describe como un tío raro de pelotas. Cuando empezaba a tener edad de salir a dar una vuelta por las noches, sus amigos se iban por ahí y a él no le sacabas de su casa. Él estaba deseando que llegasen los viernes para quedarse viendo en la tele a Cruz y Raya, que empezaba a las 9 y media. Siempre ha sido un niño como desactualizado dentro de los de su edad. Sus amigos le hablaban de Indiana Jones y él a ellos de 'La Vaquilla', la de Alfredo Landa.
Respecto a Cruz y Raya, Agustín Durán confiesa que es José Mota su referente, claro. Siendo paisanos, una de las cosas más bonitas que le ha pasado es haber recibido una llamada telefónica suya diciéndole que si quería participar en uno de sus programas de televisión.

El humor manchego se caracteriza por reírse mucho con ellos y de ellos mismos, y así es más difícil que la gente se enfade con lo que dices. La forma en la que los castellano-manchegos afrontan su propia realidad ha hecho que en todos los puntos de España se tenga un cariño especial a su humor. Y también influye que los que han estado en primera línea han sido muy, muy buenos: José Luis Coll, José Mota, Goyo Jiménez, todos los chanantes...
Agustín Durán resalta la riqueza del lenguaje manchego, mencionando palabras como "gobanilla" (muñeca) o expresiones como "esrriñonao" (doblado de dolor o de cansancio) o "escuerzo" (persona encorvada) o "tísico" (muy flaco). Tenemos muchas palabras que hacen que nuestro humor sea especial, pero también las entienden en Bilbao o en Barcelona.
El humorista desmiente la idea de que la gente de los pueblos sea tonta o modorra. Destaca que han conseguido que haya gente que pague por vendimiar o que haya turistas que vengan de Estados Unidos y suelten 50 euros a la hora por coger aceitunas. Esto dice mucho de su imaginación y de que están más espabilados de lo que muchos se creen. "No seremos tan tontos", afirma con una carcajada.
A Agustín Durán le gustan los temas que tienen que ver con el campo, con la agricultura o con las injusticias que se sufren en el mundo rural. En sus espectáculos son básicos y funcionan igual en un pueblo de Cuenca que en Barcelona. Muchas cosas de las que dice en el escenario se las han regalado los pueblos. Cuando llega a los sitios, lo primero que hace a la gente de allí es preguntar por los motes, porque tiene un bloque del espectáculo en el que cuenta los más graciosos.

Actualmente, recorre España con '20 años de tontás', el show con el que repasa cómo ha sido su trayectoria como humorista.
El humorista relata que hace ya bastantes años vivió unos momentos de angustia muy complicados porque pensaba que se iba a morir cada día. Era muy hipocondríaco y ya estaba casi empadronado en urgencias. Estaba en la cama, se iba a quedar dormido y se despertaba pensando: "¿Ves? Ya te estás muriendo". Pasó una época muy jodida hasta que le hicieron todas las pruebas del mundo, el médico le dijo que el problema estaba en su cabeza y le puso un taco de recetas. Compró todos los medicamentos en la farmacia, llegó a su casa de Picón y dejó la bolsa encima de un armario. No se tomó ni una pastilla y le dio por correr. Desfogaba su ansiedad corriendo y no tenía término medio. Se quedó más chupado que el tobillo de una perdiz.
Agustín Durán confiesa ser un tío que no tiene conocimiento ninguno. Ha llegado a quedar entre los diez primeros en carreras populares. Pero se empezó a lesionar, a tener cada vez más trabajo y desde que tiene hijos no tiene tiempo para correr. Muchas veces tiene que elegir entre darles una guantá a los niños o comerse una bolsa de cortezas de guarro. Y si le ves te das cuenta de que no les ha puesto la mano encima en la vida.
Sobre la actuación, el humorista afirma que el que ha pagado por verte no tiene la culpa de lo que a ti te pase. Ellos quieren ver al Agustín Durán de las tontás. Hay que echarse una manta por encima, como los canarios, y sacar lo que la gente quiere ver. También es verdad que el escenario tiene un poder increíble y que, para él, es una terapia semanal. Le ha tocado actuar en situaciones delicadas, después de una desgracia importante, y las dos horas de espectáculo han sido terapéuticas. Cuando está en el escenario él no tiene problemas. Su único problema es que la gente se divierta. Que haya personas que gastan su tiempo y su dinero para ir a verte... Vive en un agradecimiento constante.
Agustín Durán comenta que le gusta que la gente que viene a verle participe, hablar con ellos, que le digan cosas... Es verdad que a veces corre el peligro de que alguien quiera ser más gracioso que tú. Si lo consigue, muy bien; pero si es igual de gracioso que una apendicitis la cosa se complica. Pero a él lo que más le fastidia encima del escenario es tener a alguien muy cerca y ver que está como en un tanatorio. Aunque haya otros 999 riéndose, está pendiente nada más que de la cara de ese tío. Algunas veces han venido a verle al acabar y a decirle que se lo habían pasado muy bien.
Desde siempre ha intentado que su humor sea muy global, del que se puedan reír desde los más pequeños hasta los mayores, y eso le hace pisar menos charcos que otros compañeros. Pero es verdad que cada vez le da más vueltas a las cosas, porque no tiene ganas de meterse en líos. Esa actitud muchas veces hace que se pierda un poco de gracia por el camino, pero es que hoy en día es muy fácil meter la pata sin tener intención de meterla.
El humorista confirma que cada día sale alguien nuevo que se enfada hasta cuando le dicen buenos días. Es complicado.
Agustín Durán fue alcalde con 24 años y posiblemente no estaba todavía bien madurado para algo tan importante, pero salió con más amigos de los que tenía, fue bonito y el balance es positivo. La oportunidad de ser alcalde surgió por una desgracia. La que se iba a presentar era su tía, que se mató en un accidente de tráfico. Para convencerle se tiró un poco de su sentimiento y se juntó con que él lleva siendo un propagandista de su pueblo desde que estaba en el colegio. Para él, el mejor regalo que podía hacerle a sus amigos que no tenían pueblo era invitarles dos o tres días a Picón. En los cuatro años que fue alcalde se dio cuenta de lo complicado que es y de lo atados que están los desgraciados que tienen que trabajar en los pequeños ayuntamientos de España costándoles su dinero. Tienes que tomar todas las decisiones poniéndoles cara, no hay horarios...
El humorista relata una anécdota de cuando hubo una reunión de alcaldes a la que no le dejaron pasar. Llevaba barba, un sombrero y un pañuelo palestino. Se pensaban que no tenía pinta de ser de los suyos (se presentó por el PP). Le hizo tanta gracia que ni forzó la situación. Se fue y así tenía algo que contar para siempre. Cuando eres alcalde de un pueblo pequeño, muchas veces te sientes abandonado por tu propio partido. Luego vienen y te dicen: "Oye, que hay elecciones europeas. Hay que poner carteles".

Preguntado por tres humoristas del momento que no se pueden perder, Agustín Durán podría nombrar 37, pero elige a tres amigos que le hacen mucha gracia. Disfruta mucho con Fran Pati, que es de La Roda y tiene una capacidad creativa de la leche. Martita de Graná, que es una persona a la que quiere y con la que tiene la suerte de poder trabajar codo a codo, es una currante de categoría. Y admira cada día más a Eva Soriano, que se lo curra lo más grande y ahora mismo la tenemos hasta en la sopa, que es mucho menos de lo que se merece. La pájara, con el talento que tiene, debería dar los telediarios, el tiempo y hacer el horóscopo por la noche.