El Aficionado Práctico: Pasión, Compromiso y Valor en la Tauromaquia

La temporada taurina ha concluido, y con ella, la figura del Aficionado Práctico se encuentra en el centro de comentarios y debates. Más allá de los elogios personales, es un momento propicio para reflexionar sobre el verdadero contexto y la dimensión de esta faceta apasionada del mundo taurino.

El Porqué del Aficionado Práctico

Cada aficionado práctico debe tener claro por qué hace las cosas y cuáles son sus metas. Existen múltiples razones para acercarse a la tauromaquia desde esta perspectiva, tantas como aficionados que se atreven a torear. Ignacio Sánchez Mejías, con cariño, nos ha calificado como "frikis del toreo", y aunque a primera vista pueda parecer acertado, es fundamental que el aficionado no se conforme con serlo, sino que muestre su afición. Contrarrestar el mensaje antitaurino con nuestro ejemplo personal, combinando la actividad diaria y profesional con la práctica y el amor por nuestra afición, es una de las mayores contribuciones a la fiesta. Hacemos visible que se puede ser aficionado a los toros y, a la vez, una persona normal.

¿Por qué somos aficionados a los toros? Hubo un momento en nuestras vidas en que vimos un festejo taurino y algo despertó nuestro interés, sintiendo la necesidad de seguir disfrutando de espectáculos taurinos con cierta continuidad, no de forma esporádica. ¿Qué nos gusta de la fiesta de los toros? Cada aficionado tendrá sus legítimas preferencias. Algunos se sienten atraídos por la vistosidad y lo pintoresco de la celebración de una corrida de toros. Muchos se sienten atraídos por la fuerza, estampa y bravura de los toros. Otros muchos, por la capacidad de crear arte, belleza y estética en la lidia. Algunos, por la inteligencia, técnica y gallardía del torero, capaz de burlar las complicaciones del toro.

Los aficionados, al contemplar un festejo taurino, asistimos al enfrentamiento mitológico entre la fuerza de los dioses, que es el toro, y los héroes que aglutinan las mejores virtudes de los hombres: valentía e inteligencia, que son los toreros. Las obras de los héroes se nos antojan sobrehumanas, nos emocionan y las aclamamos cuando salen victoriosos.

La Diferencia entre el Torero Profesional y el Aficionado Práctico

Es imprescindible diferenciar el toreo profesional del toreo aficionado. Torear nos brinda el espejismo de la vanidad y a veces nos puede confundir. Sin embargo, no debemos perder la perspectiva y hemos de tener siempre presente que la distancia entre el último profesional y el mejor aficionado es sideral. Son mundos no comparables, y se confunde quien trate de ponerse en un plano de igualdad. Nos relacionamos con los toreros, nos rozamos con ellos, aprendemos de ellos. Nuestra experiencia nos dice que cuando nos acercamos llenos de verdad y vacíos de interés, fácilmente podemos llegar a ganarnos su respeto y su consideración. Pero insistimos, debemos tener claro que no somos toreros, únicamente aficionados que torean.

El aficionado práctico se distingue del resto de aficionados porque siente la necesidad de dar el paso y desafiar a los dioses. Dejar de ser hombre corriente para asemejarse a los héroes. Pretender ser héroe, sin embargo, tiene enormes riesgos y, a diferencia de los toreros, los aficionados prácticos no disfrutan de fama y gloria, ni tienen remuneración por su labor. Su mayor recompensa, el día que las cosas ruedan bien, es el orgullo de superar sus miedos y el instinto de conservación, ser capaces de domeñar el poder de la naturaleza, sentir de cerca la acometida imparable del toro y mirarle a los ojos tras el remate y decirle: ¡Aquí estoy yo! Es la aproximación a la Tauromaquia más generosa y altruista que existe.

Aficionado práctico toreando un becerro

El Rol del Aficionado Práctico: Aportar, No Quitar

Respetar la fiesta es esencial. ¿Qué aporta el aficionado práctico? Simplemente aficionados con mayor grado de conocimiento, con capacidad de extender en el tendido el criterio y el ejemplo, conscientes en todo momento de que la práctica no es el único camino para convertirse en un buen aficionado, ni es marchamo de superioridad frente a otros aficionados. Sin embargo, debemos advertir que el riesgo de quitarle cosas a la fiesta desde los aficionados prácticos es cada vez más evidente. Quitamos vacas y campo a algunos toreros, encarecemos el precio porque pagamos por torear. Este es un grave peligro de hacer daño con nuestra afición al eslabón más débil de la cadena del toreo.

La Experiencia Transformadora del Aficionado Práctico

Desde mi punto de vista, torear, ser aficionado práctico, me ha hecho mejor aficionado a la Tauromaquia. Me ha hecho conocer mejor la técnica del torero, conocer mejor las reacciones del toro, comprobar la maestría de unas suertes y la complicación de otras, saber la importancia de los terrenos y querencias durante la lidia, sentir la responsabilidad y el miedo, descubrir la dificultad y grandeza del temple, aprender a andar en la cara del toro, etc. Este conocimiento me ha hecho dar más importancia a la labor del torero respecto a las condiciones del toro. También me ha abierto los ojos respecto a ciertas premisas asentadas y difundidas en el mundo del toro que no siempre son ciertas.

Ser aficionado práctico me ha enseñado a enjuiciar las faenas por mí mismo, no por lo que cuentan y parece a otros que, en muchos casos, siempre han visto el toro confortablemente desde la barrera. Así, me quedo maravillado de la habilidad de algunos toreros de "sacar agua de pozos secos". Vacas orientadas y peligrosas que volvían a embestir francas tras un par de tandas de muletazos sabiamente administradas por auténticos doctores del toreo. Disfruto escuchando a mayorales y vaqueros hablando de las labores del campo. Me admira descubrir la complejidad de los encastes y familias taurinas que tienen que encarar los ganaderos en su labor selectiva. Me sorprenden las anécdotas y experiencias que cuentan unos y otros de las figuras de ahora y de antaño.

Ser aficionado práctico me ha posibilitado asistir a muchos tentaderos y conocer al toro bravo en su entorno y a sus gentes. Es un privilegio que muchos aficionados del tendido no han podido disfrutar. De este modo, desde principios de la presente década ha proliferado, al menos en España, la organización de cursos para iniciarse como aficionado práctico y, consecuentemente, la creación de numerosos clubs de aficionados prácticos, entre ellos "Aficionados Prácticos de Málaga", del que tengo el orgullo de haber sido uno de sus fundadores.

Mapa de España con puntos representando clubes de aficionados prácticos

Una Tradición con Figuras Históricas y Contemporáneas

Larga tradición han tenido estos clubs en otros países como México, Francia, Ecuador y Perú. Sin embargo, aunque ahora tenga cierto auge en los ambientes taurinos, desde que existe el toreo, siempre han existido aficionados prácticos, y personalidades de otras disciplinas también han sentido la atracción de ponerse delante de una res brava. El primero quizás fue el Rey Carlos I de España y V de Alemania, que mató un toro por el nacimiento de su hijo Felipe II en Valladolid. Le siguió Goya, el magnífico pintor, que toreó en su juventud. Ya en el siglo XX, el famoso actor "Cantinflas", el escritor premio Nobel Camilo José Cela, el cantante flamenco "Camarón de la Isla" y el Presidente de España Adolfo Suárez torearon de forma asidua. Otros famosos lo intentaron al menos por una vez, como por ejemplo los actores Gary Cooper, Ava Gardner o el también premio Nobel Ernest Hemingway.

Es loable el afán por torear de aquellos que ponen en riesgo su integridad física y sus exitosas carreras por experimentar la inigualable sensación de enfrentarse al toro. Sin embargo, tengo tremenda admiración por los maletillas, aficionados prácticos anónimos con una afición tan desmedida que no pierden ocasión de ponerse delante de las reses y que entrenan a diario con la misma constancia y determinación que los toreros profesionales. Éste es el caso de aficionados como Conrado Abad "El eterno maletilla", al que tuve la suerte de conocer en Salamanca, que a los 84 años seguía toreando pese a haber recibido dos fuertes cogidas dos años antes. Por tierras de Cádiz me contaban las andanzas de "Cantito", que a la edad de 70 años iba andando por los caminos de una finca a otra buscando tentaderos con la esperanza de dar muletazos a las vacas una vez rematadas por los toreros.

Y tengo que mencionar al antiguo alumno de la Escuela Taurina Provincial de Málaga, donde yo era codirector, Manuel Rodríguez. Su nombre le ha predestinado para intentar ser torero. Como la mayoría, pese a tener ciertas facultades, las cosas no marcharon lo suficiente bien y su trayectoria como novillero fue corta. Hoy día trabaja como vendedor de vehículos y chófer, pero solamente es una excusa para poder costearse sus desplazamientos por toda España, por las fiestas de los pueblos, jugándose la vida gratis ante toros de hasta 8 años.

La Adrenalina y el Gozo del Aficionado Práctico

No solamente los admiro sino que los entiendo. Entiendo esa necesidad imperiosa por torear, por saber dónde se va a celebrar el próximo tentadero, capea o encierro. Entiendo esa presión en el pecho, esa introspección sobrevenida al acercarse a la finca o al pueblo donde la suelta de reses se va a realizar. Entiendo sus miradas y gestos tras la irrupción de la res en el ruedo. Entiendo su osadía unas veces y su prudencia otras. Entiendo la tensión cuando se aproximan a un toro manso e incierto y la relajación y arrogancia ante una res noble. Siento su concentración y disfrute ante una vaca brava y repetidora y siento la responsabilidad y desánimo cuando tienen que volver a enfrentarse a un novillo complicado que los ha volteado repetidamente.

Y entiendo, sobre todo lo demás, entiendo la satisfacción cuando consiguen llevar la embestida en toda la extensión de su brazo con los lomos del becerro rozándoles los muslos. No pueden ustedes imaginar el gozo que produce conducir la acometida de un animal tan poderoso. La euforia que siente el aficionado tras un buen pase no cabe en su cuerpo. Es una experiencia inenarrable. Uno se siente el rey del mundo. Cualquier descripción que intente realizar se queda corta. Esa sensación es adictiva, es la motivación principal del aficionado práctico, que tras muchos golpes, lesiones, volteretas, de vez en cuando consigue enfrentarse con una res que posibilita desarrollar su conocimiento y estilo.

Primer plano de un torero aficionado enfrentando un toro

Las Cicatrices como Trofeos y la Perspectiva del Conocimiento

Aunque también me duelen los huesos al recordar mi primera voltereta en Añover de Tajo (Toledo), aquel novillo en Alconchel (Badajoz) que me rompió la rodilla, la complicada vaca en Morón de la Frontera, la recia vaca que me dejó "en cueros" en El Viso de Los Pedroches (Córdoba), y tantas otras reses, la mayoría, que no supe entender y a las que no pude pegar un pase por mi falta de conocimiento y técnica. Sin embargo, con el tiempo, esas lesiones son orgullosos trofeos para los aficionados prácticos, como las cornadas son medallas para los toreros profesionales. Y tal es nuestro afán por disfrutar de nuevo del placer de torear que estamos dispuestos a volver a ser volteados, solamente por un segundo de emoción, por la sensación efímera de un eterno muletazo por bajo.

Si tengo que hacer balance, pese a mi maltrecha rodilla, no me arrepiento ni un instante de ser aficionado práctico. Por supuesto que me hubiera gustado ser torero profesional, como a todos los aficionados a otras disciplinas artísticas y deportivas les hubiera gustado destacar en su afición. Sin embargo, por mi experiencia en la formación de profesionales taurinos, en algunos casos se crean elevadas expectativas muy difíciles de alcanzar en un mundo tan complejo como el taurino, por lo que se puede caer en la frustración.

Animando a la Experimentación y la Comprensión

A todo el que se sienta capaz le animo a probar, a torear por una vez, incluso a aquellos que no les guste la Tauromaquia, pues torear te hace comprender y conocer mejor la Fiesta de los Toros. Hace años, cuando estaba estudiando en la Universidad de Málaga, había un estudiante alemán con una beca Erasmus que estaba en contra de la Tauromaquia. Pese a ello, conseguimos convencerlo para asistir a una capea privada que organizamos los alumnos de la Facultad de Económicas. Tras vernos torear se decidió a intentar dar algún pase, pero fue volteado un par de veces. Sin embargo, nos confesó que tras haberlo intentado había cambiado de opinión y entendía la atracción por torear y la grandeza de la Fiesta. Incluso si no hubiera cambiado de opinión, estaría en una posición más legítima para criticar la Tauromaquia.

Por el contrario, hoy día, la Fiesta es criticada por muchos que no tienen el más mínimo conocimiento sobre ella, basados en una autoproclamada superioridad moral por la que pretenden imponer su pensamiento único, sin importarles en el fondo el destino del toro bravo como raza animal diferenciada. Desconocen el enorme respeto que tanto toreros profesionales como aficionados prácticos tenemos por el toro, y cuánto lo amamos. Los aficionados prácticos adquieren este conocimiento por ellos mismos, poniéndose en la piel de los toreros profesionales y visitando asiduamente las fincas ganaderas. Ahí radica la importancia de los aficionados prácticos.

Este conocimiento de primera mano ha posibilitado que muchos de ellos se conviertan en excelentes embajadores de la Tauromaquia, proclamando con orgullo en su vida diaria su apasionada afición. La pasión nos mueve a los aficionados prácticos como principal valor y virtud. Somos arrojados en nuestro día a día y resueltos toreando. Difundimos la grandeza del toreo. La Fiesta necesita más embajadores. La Tauromaquia necesita más aficionados prácticos que muestren públicamente el orgullo por su afición.

Un Ejemplo de Pasión y Valor: El Máster de Aficionados Prácticos

Para mi gusto y mi sensibilidad de aficionado, el sábado último en Encina Hermosa, ocho aficionados prácticos demostraron a todas luces que el aficionado práctico tiene su "POR QUÉ". Les hablo de David García, ganador del 1º Máster de Aficionados Prácticos de la Escuela de Tauromaquia de Madrid, celebrado en Encina Hermosa el 3 de Julio; Abel Carpintero, David Fernández, Carlos Hernández, Félix Aguilar, Álvaro Utrilla, Joaquín González y Francisco Torrijos.

El toreo, de todos es sabido, se funda en la relación de torero a toro. Sin esta relación, el toreo no tiene ningún sentido. Pero en Encina Hermosa, la relación torero a toro estuvo presente sobre todo en las dos faenas que propiciaron a dos erales a los que se enfrentaron David y Abel, y que ellos mismos habían escogido días antes. El día fue espléndido, sin gota de viento, nos hizo disfrutar de lo lindo taurinamente hablando. Es difícil fijar la atención del público en los toros, tanto como lo estuvimos los que presenciamos las dos faenas de David y Abel; ¡ni respirábamos! Como anécdota curiosa, les cuento que no puse pasodobles mientras toreaban de muleta, cosa que siempre hago, por la concentración del momento.

Pero nos demostraron claramente el "POR QUÉ" vinieron a Encina Hermosa a enfrentarse a dos erales con cuajo, prueba totalmente nueva para ellos, incluso rehusaron se les diera un puyazo, que lo pedían a gritos, pues según ellos, los novilleros sin caballos se enfrentan a los erales sin picarlos, y ellos no querían ser menos. El eral de David García, "Español" de nombre, apretaba de verdad, pero David lo estrujó hasta el final. Lo toreó por ambos pitones con una torería inusual de un aficionado práctico que se enfrenta por primera vez a un eral; lo toreó tirando de él con un temple y un mando exquisito. Cuando clavó la espada y rodó Español, respiramos todos los allí presentes por la emoción que tuvo la faena, donde David en todo momento demostró ganas, conocimiento de los terrenos, temple y, sobre todo lo principal, ¡valor! para no amilanarse en ningún momento. David, las dos orejas fueron justas, te las mereciste, desde aquí te mando mi más sincero reconocimiento.

Abel Carpintero atesora una afición y un valor desmedido y lo demostró en todo momento, tanto con el capote, que maneja de maravilla, como con la muleta. A su eral "Petaquillo" de nombre, lo toreó con el capote cargando la suerte en varias series de verónicas rematadas con la media de magistral ejecución. Con la muleta pisó terrenos comprometidos y, como estuvo acertadísimo con la espada, consiguió igualmente las dos orejas ganadas a ley.

Contamos así mismo con la presencia de Jesús Pérez "El Madrileño". En sus tiempos en la Escuela de Tauromaquia de Madrid, se enfrentó en muchas ocasiones a "Los Coquillas de Cifuentes". ¿Recuerdas Jesús, Castro Urdiales, Fuentidueña de Tajo, etc.? Esta vez nos acompañó como asesor de los aficionados prácticos, desde su burladero, les fue anticipando los pormenores de la lidia tanto de las becerras como de los erales. El próximo día les contaré lo sucedido con el resto de los participantes presentes en el tentadero.

Aficionados Prácticos Taurinos de Córdoba. Apoyo de los toreros

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