El mundo del humor y la actuación en España presenta una rica diversidad de talentos, y no todos se alinean con la izquierda política. A lo largo de los años, numerosos actores y cómicos han desarrollado sus carreras sin adherirse a esta ideología, a menudo enfrentándose a un panorama cultural que, según algunos, tiende a favorecer las posturas progresistas.
En el ámbito de la crítica política a través del humor, encontramos ejemplos notables. Los alcaldes de Valencia, por ejemplo, han sido objeto de escarnio por parte de monologuistas. Si Rita Barberá fue criticada por el actor Xavi Castillo, su sucesor Joan Ribó ha encontrado un demoledor crítico en el cómico Rubén García. Los estilos de Castillo y García son muy diferentes. En el caso del primero, no dudaba en disfrazarse de alcaldesa y zaherirla cada vez que tenía ocasión. García, en cambio, es bastante más respetuoso y prefiere la crítica directa al político de Compromís, mirando a cámara. Ambos monologuistas han tenido un antecedente en la crítica fallera en el humorista Toni de l'Hostal, que hizo una versión del famoso "Ring of Fire" del cantante country estadounidense Johnny Cash con el título de "les putes falles", y que en materia política prefería la crítica autonómica, especialmente a Eduardo Zaplana.
La figura de Daniel Guillén, conocido en X como Manuel de Barcelona, ilustra cómo el humor puede divulgar y entretener. A partir de junio de 2021, Guillén comenzó a compartir en tuits, acompañados de vídeos, historias de protagonistas, actores o humoristas. No tardó en hacer reír a una red social que cada vez se iba encrespando más, conseguir fama y lograr que miles de personas estuvieran pendientes cada miércoles a lo que contaba. Su éxito y constancia, sumado a las peticiones de sus seguidores de que hiciera un recopilatorio, ha terminado con Guillén publicando el libro "Hazme Reír: de Chaplin a los Chanantes, momentos inolvidables de la comedia". Esta obra de la editorial Temas de hoy puede ya considerarse un espacio de consulta único de la historia del humor español e internacional. Guillén se define como aficionado a la comedia, la risa y a todo lo que despierta el buen humor. "Siempre que se puede hay que intentar reír", afirma.

El proceso de creación de sus hilos y capítulos del libro se basa en encontrar un tema, una película o una serie, y a partir de ahí explicar una anécdota concreta. Con un centenar de hilos hechos desde junio de 2021, la selección para el libro se basó en ver cuáles de ellos podrían tener un encaje mejor en el formato papel. Una de las historias que más le ha llamado la atención es el choque entre Jimmy Kimmel y Matt Damon, una historia muy divertida que en el hilo funcionó muy bien gracias al soporte audiovisual, pero que Guillén supo trasladar al formato libro mediante una relativa ficción con extractos de artículos de prensa reales y conversaciones inventadas. Los hilos también le han permitido descubrir figuras que tenía conocimiento relativo, pero no la grandeza que tenían, como George Carlin, que en Estados Unidos es un dios de la comedia y en España no es tan conocido. Entre sus referentes, Guillén admira el universo de los Monty Python, la trayectoria de John Cleese, la genialidad de Rowan Atkinson como Mr. Bean y en series históricas como Blackadder, o el mismo Ricky Gervais. En Estados Unidos, destaca la vigencia de casi 50 años de "Saturday Night Live".
La serie "Fawlty Towers" es considerada por los británicos como el mejor producto televisivo que han hecho. Su estreno en España en 1981 en TVE no tuvo el éxito esperado, y aunque se dice que pudo haber algo de censura, Guillén cree que el problema radicó en la dificultad de trasladar el conflicto idiomático de ingleses con un camarero español que no hablaba inglés a la televisión española. Sin embargo, cinco años más tarde, las cadenas autonómicas sí apostaron por ella, y en TV3 se convirtió en un hito. El personaje de Manuel era muy divertido porque en la versión española hablaban en catalán y el extranjero hablaba en castellano, pero era mexicano y no de Barcelona. Pasaron muchos años sin saber que ese personaje que hacía reír tanto era originalmente catalán.
En cuanto a lo que hace reír a Guillén, le gusta todo lo que sea un punto de comedia. Le encantaría que hubiera un programa tipo "Saturday Night Live" en España, similar a "Vaya Semanita" en Euskadi o "Polònia" en Cataluña, pero que no sean solo sátira política. Disfruta viendo sitcoms como "Poquita Fe", series como "Asesinatos en el Edificio" o "Fleabag", o un monólogo. Se considera un público fácil.
El humor ha servido también para hacer reivindicaciones sociales. El caso de Miguel Gila y su experiencia en el bando republicano es un ejemplo. Guillén tiende a pensar que los cómicos son gente más de izquierdas y lo ve más asociado a la izquierda que a la derecha. Cuando la gente de izquierda hace humor, sí tiene esta vertiente de ser punta de lanza revolucionaria o de querer poner el dedo en la llaga en cosas que no funcionan a nivel social. El vídeo de Pantomima Full sobre el alquiler es un ejemplo de cómo los humoristas tienen mucho que decir y siempre hay algo más si rascas. Gila convirtió las penurias que vivió en la guerra en humor, aunque también fue un poco egoísta porque exorcizaba así sus demonios.

Sobre la posibilidad de hacer chistes sobre gays o enanos, Guillén, al igual que Ricky Gervais, opina que se puede hacer humor de todo, siempre y cuando no sea para herir. La frontera está en hacer un chiste para atacar. Hay cómicos que usan el humor para reírse de sí mismos, lo que les da pátina para reírse de otras cosas siempre y cuando no ofendan. Considera que no se puede vetar un chiste sobre un colectivo si es divertido y hace reír a ese colectivo. Los chistes son palabras, pero no tienen por qué ser ofensivas. Aunque entiende que algunas personas se puedan ofender, cree que no están diseñados para herir.
Existe la percepción de que en el panorama mediático español, especialmente en la televisión y el cine, los cómicos y actores más conocidos son o parecen ser de izquierdas. Se sugiere que para hacer reír al público, hay que abrazar ciertas ideologías. Sin embargo, hay voces que discrepan de esta visión, señalando que muchas estrellas televisivas, cineastas y youtubers no tienen una ideología conocida, ya sea por ser un asunto personal o por temor a que su "salida del armario ideológico" les dañe el bolsillo. Se comenta que "no se puede ser de derechas" en la industria audiovisual española, y que el panorama es asfixiante en favor de los cómicos progresistas. Se mencionan ejemplos como David Broncano mofándose de Vox, Ignatius Farray gritando "¡Fascismo del bueno!" en los teatros, Ibai Llanos desmantelando argumentarios, "El Intermedio" riéndose del PP, las presentadoras de "Estirando el chicle" defendiendo un feminismo combativo, y El Jueves publicando monográficos sobre "fachas".
No obstante, se argumenta que figuras como Pablo Motos, José Mota, Miki Nadal o Florentino Fernández, así como cineastas como Santiago Segura, elaboran sus propios "artefactos ideológicos", aunque se refugien en el costumbrismo o el surrealismo para evitar abordar un análisis de la actualidad que les delataría ideológicamente. Pablo Iglesias, por ejemplo, considera que programas como el de Pablo Motos son mucho más importantes que los de La Sexta, ya que llegan a audiencias masivas y actúan como un dispositivo ideológico más eficaz que los programas informativos: el entretenimiento. Motos es visto como un actor ideológico relevante, comparable a Jorge Javier Vázquez, con quien cualquier candidato progresista querría ser fotografiado.
Julio Somoano advirtió hace más de una década sobre la guerra ideológica del entretenimiento aparentemente apolítico. Señaló que en series como "7 vidas", muchos protagonistas se consideran de izquierdas, mientras que el único que dice ser del PP es un personaje marginal. Se sospecha que las películas y series cómicas españolas han sido el mejor antídoto contra la corrección política (y la ideología woke). A pesar de las críticas de algunos sectores progresistas, el éxito económico de la comedia popular española es innegable, como demuestran las sagas "Ocho apellidos vascos" y "Torrente", o producciones como "Aquí no hay quien viva", "La que se avecina", "El pueblo", "Machos Alfa" y "Muertos S.L.". Laura Caballero, de los hermanos Caballero, considera que sus series son una especie de vacuna contra la corrección política estadounidense, y que reírse se ha convertido en un deporte de riesgo.

El menosprecio cultural hacia la comedia es algo verificable, según el actor Carlos Areces, quien al consultar el archivo de premios Goya, encontró escasas incursiones de la comedia entre los galardonados, a diferencia del drama. En los Oscar, la situación es similar. Los Globos de Oro, sin embargo, a menudo premian musicales como mejor comedia. Se concluye que lo que más espanta al progresismo español es la tradición cinematográfica que representan Paco Martínez Soria, Alfredo Landa, Manolo Escobar, Mariano Ozores y el dúo Pajares y Esteso. A la izquierda le cuesta digerir el arquetipo del "hombre genuinamente español, portador de las supuestas virtudes de la raza, que se resiste a la modernidad a brazo partido".
El caso de la película "La familia Benetón" (2024), protagonizada por Leo Harlem, generó controversia. Se denunció que, si bien el personaje aprende a querer a sus hijos adoptivos de distintas culturas, no se explicita que haya adquirido respeto por sus culturas y ascendencias. La crítica sugiere que no basta con querer y cuidar a los hijos de la hermana, sino que también hay que hacerse multiculturalista para limpiar cualquier rastro de arraigo nacional. La batalla se comprende mejor con el aforismo de Julio Llorente: "A la corrección política no hay que oponerle su antónimo, la incorrección política, sino su distinto, la verdad".
En este contexto, declaraciones como las de Josema Yuste, humorista y parte del dúo "Martes y Trece", cobran relevancia. Yuste ha reivindicado la independencia del arte frente a ideologías, afirmando que "la cultura no es de izquierdas, que la gente no se equivoque. La cultura es de los artistas y nosotros se la brindamos al público". Defendió su libertad de expresión, instando a muchos artistas a "salir del armario" y a no callarse cuando algo es evidente, "cueste lo que cueste".
Yuste también expresó su postura crítica sobre la situación política actual, señalando que "la gente que no está de acuerdo, los socialistas… Voy a hablar muy claro: los que no están de acuerdo, lo pagan caro". Hizo alusión directa a la situación interna del Gobierno, afirmando que "en el Gobierno, el que no está de acuerdo con el presidente, lo paga caro". Advirtió sobre el riesgo de expresar opiniones contrarias al oficialismo, esperando que a los artistas que piensan y dicen lo que piensan, y que no están a favor de muchas cosas de este Gobierno, como es su caso, "no le pase algo".
Se menciona que oficialmente no hay futbolistas gais ni cómicos españoles de derechas, a excepción de humoristas veteranos como Paco Arévalo, Felisuco, César Cadaval o Josema Yuste (o fallecidos, como Mingote, Tip o Arturo Fernández). Silvia Abril declaró hace dos años: "Seguro que conozco algún cómico de derechas, aunque no soy muy consciente de ello, ni qué humor puede haber en ese jardín".
La izquierda se ha apoderado del ámbito artístico, como afirmó Don Arturo Fernández en una entrevista. Él, que llenaba teatros y se mantuvo hasta el último instante en pleno éxito, jamás recibió un duro de las instancias públicas. Su compañía, que daba trabajo a mucha gente, dependió siempre del talento de ese gran actor que sabía morcillear como nadie. Pero era de derechas y no pedía perdón. Tenía un éxito de público y taquilla que dejaba a los "comicastros" de manifiesto y paguita verdes de envidia. Por eso no se le hacen homenajes, como tampoco se representan obras cómicas de Alfonso Paso o Álvaro de la Iglesia; si acaso, alguna de Miguel Mihura. Cuando se supo que dos cómicos comunistas, Miguel Maldonado y Facu Díaz, se negaban a continuar trabajando en el Teatro Pavón ante lo que calificaban como "una cesión a la ultraderecha", porque la dirección alquiló el local para la presentación del documental "El Gran Engaño", en el que diferentes personas explicaban el procés catalán desde un punto de vista crítico, algunos se vieron obligados a reír. Dos partidarios de la dictadura del proletariado llamaban ultraderechistas a personas como Francesc de Carreras, Joaquín Leguina o Carmen de Rivera. Claro que la izquierda suele tildar de facha a Boadella, Pérez Reverte o Fernando Savater.
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El caso de Tip iba más allá: se reclamaba falangista. Se cuestiona si hoy contratarían a Tip en "El Hormiguero" para que deleitase con ese prodigio de surrealismo que es el monólogo acerca de la gamba que adoptaron en su casa. Se pregunta si se aceptarían los chistes de Chiquito donde aparecen de una manera blanquísima los "mariquitas". Y ya no se mencionan las posibilidades que tendrían hoy en día Summers, Pepe Da Rosa, Ozores, Esteso, incluso Miguel Gila, que en teoría era de los suyos. En otros países, los Hermanos Marx, Jack Benny, Bob Hope o Lucille Ball fueron destacados anticomunistas.
En conclusión, el panorama de actores y cómicos no de izquierdas en España es diverso y, en ocasiones, controvertido. Si bien algunos artistas reivindican la libertad de expresión y la independencia del arte frente a las ideologías, otros señalan una tendencia cultural que podría dificultar la visibilidad de posturas no alineadas con la izquierda. A pesar de ello, el humor popular y políticamente incorrecto sigue cosechando éxitos económicos y conectando con una parte significativa del público.