Figuras Icónicas de la Comedia Francesa: Un Legado de Risas y Talento

El cine francés ha sido cuna de innumerables talentos, pero pocos han logrado dejar una huella tan profunda y duradera en el corazón del público como los grandes comediantes. A lo largo de las décadas, estos artistas han sabido conjugar el humor con la crítica social, la ternura y una inconfundible personalidad, convirtiéndose en verdaderos íconos de la cultura popular. Desde los gestos exagerados de Louis de Funès hasta la torpeza entrañable de Pierre Richard, pasando por el carisma popular de Fernandel y la modernidad de Omar Sy, el panorama de la comedia francesa es un tesoro de anécdotas, estilos y legados.

Louis de Funès: El Maestro de la Expresión

Si la Marianne es la alegoría de la caída de la monarquía francesa, Louis de Funès representa los códigos de la realeza en el cine. Sus comedias siguen consideradas joyas de la cultura. A pesar de que este jueves se cumplen cuatro décadas de su fallecimiento a causa de un ataque al corazón a los 68 años, la estela de este humorista de origen español sigue iluminando a varias generaciones. Con sus gestos grandilocuentes, los aspavientos, las imitaciones, los gruñidos, las muecas continuas y el exceso a la hora de mostrar sentimientos se ganó el corazón de los franceses. Convertido en ídolo, consiguió que la película La gran juerga (1966) fuera durante 30 años la más taquillera del país hasta que se estrenó Titanic (1997) y entre todos sus trabajos en la gran pantalla vendió en la taquilla más de 160 millones de entradas solo en Francia.

Su padre sevillano y su madre gallega nunca contaron con la aprobación de su familia, por lo que huyeron a Francia para rehacer una nueva vida. Por vía paterna, Louis de Funès desciende del marqués de Galarza y por parte materna de un abogado y político gallego. Antes de adentrarse en un star system controlado Arletty, Jean Gabin o Claudette Colbert, el pequeño Louis se deleitaba con el dibujo y el piano y para ganarse un dinerillo ejercía como barista y pianista en el barrio rojo de París (Pigalle). También trabajó como escaparatista en unas galerías, donde la tenista Germaine Louise Carroyer se fijó en él. Se casaron en 1936, tuvieron un hijo llamado Daniel y se divorciaron seis años después. Con respecto a este matrimonio se corrió un tupido velo, ya que de cara al público se vendió que su única esposa fue Jeanne Barthelémy de Maupassant a quien conoció en una escuela de jazz durante la ocupación alemana, se casaron en 1943 y tuvieron dos hijos, Patrick (78) y Olivier (73). Ella era sobrina nieta del escritor Guy de Maupassant, célebre autor de Bel-Ami, que nació en el château de Miromesnil del siglo XVI.

Louis de Funès en una escena cómica

Jeanne fue el gran amor de su vida, ejerció como agente y tras el fin de la II Guerra Mundial pudo seleccionar los guiones que mejor se ajustaban a su vis cómica. Además, también se encargó de elegir a sus parejas cinematográficas femeninas, pero eso no evitó para que en la última década de su vida Louis tuviera un romance con Macha Béranger, locutora de radio que solía dirigir miradas de complicidad al actor, sentado casi cada noche en la cabina de los técnicos.

A través de sus ancestros, Jeanne heredó el palacio de Clermont en la comuna de Le Cellier, a 27 kilómetros de Nantes. El matrimonio se retiró a esa inmensa propiedad de 30 hectáreas en 1967, donde Louis de Funès dio rienda suelta a uno de sus hobbies favoritos, el cultivo de las especies de rosas más exclusivas. El ritmo de los rodajes y las representaciones teatrales le dejaban tan exhausto que en el invernadero del palacio encontraba la auténtica tranquilidad. Una de las rosas más famosas de Francia lleva su nombre.

Palacio de Le Cellier, antigua residencia de Louis de Funès

A raíz del Mayo francés, la inseguridad invadía las calles del país, lo que puso muy nervioso a Louis de Funès. Se dice que con el fin de proteger su seguridad y la de sus seres queridos enterró en los jardines del castillo un cofre lleno de billetes y de lingotes de oro. La austeridad le quedó marcada debido a la bancarrota de la empresa de su padre.

Otro de los rasgos que circulan por los ambientes culturales es su carácter difícil que dificultaba el engranaje de los rodajes, pero esta parcela de su vida ha sido desmentida por sus nietos hartos de que se ningunee su imagen. A pesar de estos dimes y diretes su amistad y compañerismo con el cómico Bourvil conllevó que la revista Time les comparara con el dúo Laurel y Hardy. Fue considerado el hombre de las 40 caras por minuto.

Pierre Richard: El Ícono de la Torpeza Encantadora

El pequeño Pierre, con sus abundantes rizos rubios y sus grandes ojos azules, nació en una familia aristocrática de Valenciennes, a 200 kilómetros al noreste de París. Recibió su nombre en honor a Pierre Richard Willm, que era el actor preferido de su madre. Es curioso cómo, desde el nombre que recibimos en la cuna, suele haber un sino que se vislumbra. Hoy, a los 84 años, en Buenos Aires, conserva sus ojos de niño que todo lo descubre por primera vez. “Es bello este lugar”, se asombra. Se refiere a los jardines del Palacio Duhau, donde se encuentra hospedado y donde se desarrolla la entrevista. “Para nosotros, los franceses, la Argentina y América Latina en general, son míticas, con sus grandes espacios y su abundante verde... Oh La Pampa”, dice mientras recorre con la vista admirada el lugar.

Criado por su madre y sus abuelos, ingresó al internado Notre Dame, donde solía distraer a sus compañeros con sus bromas. “Alumno Richard, si usted sigue haciendo reír a sus compañeros no va a llegar a ser nadie en la vida”, le dijo un profesor. “Muy gracioso: evidentemente el pobre hombre se equivocó”, reflexionará luego Richard.

Sin embargo, él tampoco lo supo sino mucho más tarde, cuando fue a ver una película del actor cómico, bailarín y cantante estadounidense Dany Kaye, muy popular en los años 50 y 60, y salió del cine con la firme decisión de convertirse en actor. Aunque, como suele ocurrir, no le sería tan fácil cumplir con sus objetivos: “Vengo de una familia donde todos habían cursado altos estudios. Mi abuela estaba tan angustiada con la idea de que yo fuera actor, que la quise tranquilizar. Fui a la facultad y elegí la carrera más corta que encontré: kinesioterapia, dos años pero lo hice sabiamente, no hice trampa y hasta tengo mi diploma de kinesioterapeuta. De todas formas, una vez que obtuve mi diploma y la tranquilicé, regresé rápidamente al teatro”, explicará Richard.

Es así como, en 1961, debuta en teatro y, ocho años después, en cine con Buenas noches, Alejandro (1967), de Yves Robert, la película donde saltó a la fama Philippe Noiret. Robert le dijo a Richard que más que un actor era un personaje y que no había lugar en el cine francés para él. Un año y medio más tarde, Pierre Richard le llevó el guión de El distraído, que también dirigió, con producción de Robert y es a partir de los años 70, entonces, donde alcanza gran popularidad con películas como Los problemas de Alfred (1972), Alto, rubio y con un zapato negro (1972), El regreso del alto rubio (1974), Se me subió la mostaza (1974), El juguete (1976), El tímido (1978), El golpe de paraguas (1980). En la década del 80, con la producción de Francis Veber, formó la exitosa dupla con Gérard Depardieu, en films como Más locos que una cabra (1981), Los compadres (1983), Mala pata (1986), Los fugitivos (1986). Hubo otros títulos posteriores que no se conocieron tanto en nuestro país, incluyendo un reencuentro de ambos actores en 2015, con la película “Gérard Depardieu, grandeur nature”.

Pierre Richard en una pose característica

Fue por aquellos tiempos, hace unos 40 años, que Pierre Richard nos visitó por primera vez. “Tengo un muy buen recuerdo de la Argentina, así que cuando me llamaron de Mar del Plata dije, sí. Yo adoro, adoro, y sé que me aman mucho”, dirá luego, en Buenos Aires, en diálogo con Ñ.

“Yo era muy tímido, aunque lo soy todavía: hay momentos o lugares donde no quiero entrar porque hay mucha gente y tengo ganas de atravesar las paredes. Y luego, pasa, sí, luego pasa. Antes no, pero ahora, bueno, me adapto. Pero mi timidez se curó por el hecho de que me volví tan popular, terminé por habituarme a que la gente me mire, o a que la gente me sonría. Lo era, pero ahora ya no lo soy o no lo soy mucho.”

“Sí, porque el factor común “distracción-torpeza”, es -finalmente- inadaptación al medio en el que uno vive. Que yo lo soy de hecho, aun ahora, que se puede decir que encontré mi lugar en la sociedad porque estoy siempre un poco en la frontera. Yo soy de una familia donde mi lugar era el del “primito”; luego, en la familia de los actores, siempre he sido marginal. No digo que no tengo amigos, tengo muchos amigos, pero quiero decir, no voy a las galas de actores, no voy a los festivales de cine, a priori no voy , aunque tengo muchos amigos, evidentemente, pero estoy siempre un poco en el borde. De hecho, mis amigos no son forzosamente actores. O sea que es una suerte de inadapatación natural que tengo.”

“Bueno uno puede bromear y no ser gracioso, hay gente que hace bromas a los otros pero que no es graciosa. Hay gente que es graciosa porque es su manera de ser. Yo no sé cuál es mi manera de ser, pero suelo decir que soy un pesimista alegre. Quizás soy alegre para combatir mi pesimismo.”

“Sí, claro. En El distraído, que fue mi primer filme, era un filme burlesco, poético, pero yo hacía una crítica a la publicidad. En mi segundo filme, Los problemas de Alfred, era a propósito de las cosas estúpidas de la televisión, embrutecedoras, que no vuelven a la gente más inteligente al fin de cuentas. Yo no digo que siempre todo debe ser cultural, pero hay cosas verdaderamente embrutecedoras y estúpidas. Al menos, así lo era en Francia.”

“También, en El golpe del paraguas, a mi personaje lo confunden con un tipo que tiene que matar a un comerciante de armas, era una crítica del mercado de armas. Para mí los que comercian con armas son asesinos. En el filme, el que hacía de comerciante de armas dice: “No es porque vendo armas que digo tiren”, una hipocresía.”

“Voilà! Cuando la publicidad invade nuestras vidas, nuestro buzón de cartas, nuestras paredes, nuestras calles, con esos grandes carteles, esa especie de lavado de cerebros, como en mi primer filme, una sátira de la publicidad invasora.”

“Sí, desgraciadamente, ahora es peor, pero en fin, yo no tenía la pretensión de curar el mundo. Entonces, es verdad que me serví de ese estilo de films burlescos para denunciar las cosas absurdas de la vida.”

“Bueno, está Chaplin, está Buster Keaton, quizás me identifico más con Keaton. Me gusta mucho también Jerry Lewis y Jacques Tati, en Francia, eran verdaderamente maravillosos. Son todos esos actores que, finalmente, se expresan de una manera gestual, eso no quiere decir que no son físicos sino que tienen un carácter muy particular, con un perfil psicológico muy personal, pero para mí fue espontáneo, es algo que salió espontáneamente en mí. Cuando yo veía a Chaplin era muy joven y todavía no sabía que sería actor pero, cuando comencé a entrar en esta profesión, cuando hice cursos de teatro, instintivamente, espontáneamente entré en los personajes poéticos, burlescos, y denunciadores.”

“Yo amo hacer reir, hacer reir es extraordinario. Cuando actúo en el teatro y la gente rie es formidable, en el cine es bueno también pero a mí me gusta verlos reir. Hacer filmes serios es mucho más fácil. Es mucho más difícil hacer reir que hacer llorar. La risa es muy complementaria de la emoción, y lo que a mí me gusta mucho son las dos. Un payaso que muere es mucho más triste que un actor dramático que muere. Porque cuando muere un payaso, la gente dice: “No es posible, me hacía reir tanto”, uno no dice eso de un tipo que te hace llorar. No sé por qué.”

“Yo no soy un payaso triste, soy alegre, tengo una mirada completamente lúcida y crítica de la sociedad pero yo no estoy triste, puedo ser soñador pero no es lo mismo. Soñar es una manera de borrarse, uno se escapa, uno se escapa de la realidad, hay momentos en los que me aburro, me escapo.”

“Me voy de la realidad, a cualquier parte. Uno de mis sueños es conocer el sur de la Argentina, yo siempre amé el calor, siempre amé los grandes espacios, tengo dos o tres sueños, uno es conocer el sur de la Argentina y, aun quisiera ir más lejos, quisiera conocer la Antártida, quiero ver todo a lo largo un paisaje completamente blanco antes de que desaparezca.”

“Sí, se sabe cuándo se va pero no cuando se vuelve.”

“En todo caso, sin ir tan lejos, hasta la Antártida, pero sí, los grandes espacios de la Patagonia, me gustaría mucho conocerlos, la Pampa, el Ártico y la Polinesia, sería sublime conocerlos, es parte de mis sueños. Y ahora tengo la impresión -es el pesimista el que va a comenzar a hablar- de que hay que apurarse porque el planeta está por pudrirse. No estoy preocupado por mí sino por mis nietos. Estoy absolutamente consternado por la rapidez con que avanza el deterioro del planeta y, sobre todo, la indiferencia general con respecto a este tema. El Amazonas está por desaparecer, la gran selva, los mares y los ríos contaminados, millares de plásticos flotando en el agua. El pesimista está hablando ahora. Me doy cuenta de que a todo el mundo le resbala.”

“Ellos no son nada, ellos son gerentes, son los lobbys los que tienen el poder, los que gobiernan. Los jefes de Estado son gerentes. Si el mundo fuera una tienda, los jefes de Estado serían los gerentes, los propietarios serían el lobby.”

“¡Ah, claro, vienen todos los gerentes! Se reúnen y dicen: “¡Sí, sí, lo vamos a hacer!” ¿Y entonces, qué? Nada de nada. Dicen: “Sí, sí, vamos a hacerlo” ¿Y? Nada. No pasa nada. Son solamente poses. Yo lo lamento por mis nietos. No por mí porque no voy a estar, sino por ellos. Dentro de 30 ó 40 años todo estará perdido. En 30 años ví la diferencia del clima. Llueve cuando no debe llover, hay granizo en julio ¡Granizo en julio! Hay inundaciones y los grandes calores en Europa. ¡45 grados en Francia! ¿Cuándo en Francia se vivió esto? ¡45 grados en París, no es normal! Y la gente está contenta y dice: “¡Ah, sí, qué lindo el calor, qué lindo día hace, hay 30 grados en noviembre, es formidable!”. Están locos.”

Fernandel: El Alma Popular de Marsella

Figura clave del cine francés de los 30 a los 70, Fernandel marcó a varias generaciones con su humor, su acento cantarín y su carisma único. De Marsella a París, pasando por los grandes escenarios europeos, encarnó el alma cálida y popular de la Provenza. Nacido Fernand Joseph Contandin el 8 de mayo de 1903 en Marsella, Fernandel es una de las figuras emblemáticas del cine francés de pre y posguerra. Inconfundible gracias a su rostro expresivo y su acento cantarín, está considerado un monumento del arte 7ᵉ, especialmente en el registro cómico.

Fernandel nació en el barrio de Camas, en el número 72 del bulevar Chave (distrito 5). En la esquina del bulevar Eugène Pierre y el bulevar Chave hay un busto suyo en bronce, obra de Jacques Choquin. Vivió en el barrio de Trois Lucs (distrito 12), en la famosa Villa des Mille Roses, situada actualmente en la avenida Fernandel. Allí vivió con su esposa y sus tres hijos, entre ellos Franck Fernandel, que siguió los pasos artísticos de su padre.

Fernandel poseía también una segunda residencia en Carry-le-Rouet, con vistas al puerto. Marsella siempre ha desempeñado un papel central en su vida y su carrera. Sus papeles, impregnados del espíritu de la ciudad de Marsella, contribuyeron a difundir la cultura de la ciudad mucho más allá de sus fronteras. Fernandel sigue siendo una fuente de inspiración y un eterno embajador de su ciudad natal. Más allá de sus funciones, Fernandel transmitió la imagen cálida, popular y auténtica de Marsella y de la cultura provenzal.

Busto de Fernandel en Marsella

Aún hoy, Marsella rinde homenaje a Fernandel a través de nombres de calles, estatuas y actos culturales. Se dice que el apodo de «Fernandel» se lo puso su suegra. Al ver a Fernand tan entregado y deseoso de ayudar a su hija Henriette, se dice que ella se rió y dijo: «¡Bueno, ahí va su Fernand!»

Fernandel hizo reír a generaciones de personas con sus inimitables expresiones faciales en películas de culto como Don Camilo, Le Schpountz, La Cuisine au Beurre y Ali Baba et les Quarante Voleurs. Apareció en más de 125 películas, incluidos varios papeles dramáticos, como La Vache et le Prisonnier, Naïs (basada en Emile Zola), Regain y Angèle (basada en Jean Giono), todas ellas dirigidas por Marcel Pagnol. Con Marcel Pagnol rodó nada menos que 13 películas, entre ellas La Fille du Puisatier (1940) y Manon des Sources (1952). Actuó con algunas de las mayores estrellas de su época, y él mismo fue una auténtica celebridad.

Además de su carrera cinematográfica, Fernandel fue un popular cantante y cómico. Títulos como Félicie aussi, Le Tango corse o Ignace siguen siendo emblemáticos.

Omar Sy: La Nueva Ola de la Comedia Francesa

Omar Sy (Trappes, Isla de Francia; 20 de enero de 1978) es un actor, humorista y comediante francés. Omar es hijo de un matrimonio de origen mauritano y senegalés. Empezó a trabajar a los 18 años, entre los años 1996 y 1997, en Radio Nova, donde conoció a su socio, Fred Testot. Después, en Canal+, trabajó junto a Jamel Debbouze y participó en la emisión de Le Cinéma de Jamel. Desde 2005, el programa Service après-vente des émissions es adaptado por Canal+ a una duración total de 2 o 3 minutos.

En 2011 protagonizó la película Intouchables junto a François Cluzet, donde interpretó el papel de Driss, un joven delincuente de los suburbios franceses que es aceptado en el trabajo de cuidador a domicilio de un millonario tetrapléjico aristócrata, Philippe. Esta película obtuvo 21'49 millones de espectadores, el primer puesto en la taquilla francesa en el año 2011, así como el logro de ser la tercera película más vista en la historia de la taquilla francesa. El 24 de febrero de 2012 recibió el premio César al mejor actor por su actuación en la misma. El 30 de diciembre de 2012, Omar fue elegido como la personalidad preferida de los franceses, según la clasificación establecida por el Journal du dimanche, superando al actor Gad Elmaleh.

Omar Sy en una escena de

En 2021 participó en una serie producida por Netflix, Lupin.

Bun Hay Mean: Una Trágica y Breve Carrera

El cómico y actor Bun Hay Mean, conocido por su participación cintas como Asterix y Obelix y el reino medio, ha muerto a los 43 años tras una caída desde el balcón en su domicilio del distrito 17 de París. La agencia que representaba al intérprete es quien informó de su trágico fallecimiento. "Es con infinita tristeza que debemos anunciar la trágica muerte de nuestro amigo, nuestro gran artista, Bun Hay Mean", informó su productor, Philippe Delmas, en un comunicado. "Según la información que tenemos, fue justo antes de que se fuera, y mientras intentaba recuperar su teléfono que había caído en el canalón de su balcón, que Bun resbaló y cayó varios pisos", añadió acerca del incidente.

No obstante, fuentes policiales informaron a Le Parisien que el móvil del actor, también conocido como Chinois Marrant, fue encontrado en el canalón y se observó la presencia de un cenicero en el alféizar de la ventana. Asimismo, el medio también informa que la policía parisina ha abierto una investigación para esclarecer las circunstancias del incidente.

Nacido en Lormont, Gironda, de madre china y padre camboyano, Bun Hay Mean fue descubierto a mediados de la década de 2010 por Alais Degois, el entonces director del Jamel Comedy Club. Su espectáculo sin complejos, donde criticaba clichés y tópicos, causó furor entre el público. Pero la carrera del cómico despegó bajo la batuta de Guillaume Canet en Astérix y Obélix y el reino medio, donde interpretó al villano Deng Tsin Qin, aunque también tuvo papeles secundarios en filmes como El chef, la receta de la felicidad o Les Mèchants. El fallecimiento de Hay Mean, quien estaba preparando una nueva gira por Francia de su espectáculo Kill Bun, y que iba a comenzar en Montreal el viernes, ha causado conmoción entre los fans y compañeros de profesión. El mundo del espectáculo vuelve a estar de luto.

El conocido humorista francés Bun Hay Mean ha fallecido este jueves, 10 de julio, a los 43 años de edad en París. Según medios franceses como Le Parisien, el actor fue hallado sin vida esta misma mañana tras caer desde el octavo piso de un edificio en el distrito 17 de la capital francesa. Los servicios de emergencias acudieron al lugar de los hechos rápidamente, pero desafortunadamente no pudieron hacer nada por la vida de uno de los comediantes más famosos de Francia. Por el momento se desconocen las circunstancias de su trágica muerte, pero la policía ya baraja dos hipótesis: accidente o suicidio.

Numerosos familiares y amigos se han pronunciado en las redes sociales tras conocer la noticia. ''Hemos pasado por todo juntos, desde las más grandes risas locas hasta los más grandes desastres. Siempre has sido un enigma para todos y especialmente para ti mismo. Eras parte de Bun. Rara, incluso mágica. Para bien y para mal. Nunca tendremos la oportunidad de arreglar lo que hay que arreglar. Lo lamento profundamente. Mereces encontrar la paz, sufriste mucho sin dejar nunca de dar a los demás'', escribía el artista Kheiron. ''Me faltan las palabras y la tristeza es inmensa'', aseguraba el comediante Donel Jack'sman en sus redes.

Nacido en 1981 en la ciudad francesa de Lormont, Bun Hay Mean, de familia chino-camboyana, saltó a la fama a principios de la década de 2010. Justo en esa época fue cuando conoció a su gran amigo Kheiron, quien fue el encargado de darle su apodo más famoso: “Chino Gracioso”. Sus inicios en el mundo del espectáculos no fueron fáciles, pues comenzó en pequeños teatros y espectáculos de comedia stand-up. Pero su suerte cambió en 2014 cuando se unió al programa de humor Jamel Comedy Club de Canal +. Posteriormente, también pudo montar dos espectáculos en prestigiosos escenarios parisinos, donde se consolidó como una de las figuras más importantes de la comedia francesa. Además de estar centrado en sus espectáculos, el humorista también sacó tiempo para trabajar en la gran pantalla.

Jacques Tati: El Maestro del Humor Visual que Revolucionó el Cine Francés #JacquesTati #CineFrancés

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